jueves, 29 de abril de 2010

Kafka: El camino a Ramses.

Al igual que hay una trayectoria elíptica en la seducción de Karl Rossmann y su huida para ocultarse por la decisión sexual de una criada y las consecuencias en el núcleo familiar autoritario de la pequeña burguesía, hay otra trayectoria, real e imaginaria, que se sobrepone a la primera en forma de fortuna, para llevar a Karl a un proceso plutocrático con su tío el senador Edward Jacob y hasta su caída final e irracional en el futuro del camino a Ramses.
No hay en el joven Karl ningún saber del orden necesario en las necesidades naturales y su satisfacción mediante el trabajo vendido en el mercado laboral. De las condiciones de compra y venta de la fuerza de trabajo. Ignora las relaciones jurídicas de compra venta de la fuerza de trabajo. La pequeña burguesía de artesanos, mercaderes, agricultores, se ocultan el concepto del trabajo como el intercambio de cantidades del mismo por un salario, que repone las cantidades de energía física consumidas. La pequeña burguesía se somete al capital mediante la sumisión de la ignorancia. Karl Rossmann va de una idealidad de hidalguía a las burlas pícaras de adversarios en el camino de su experiencia, que se percatan de su ingenuidad ante el muro de la realidad. La novela “El Quijote” sirvió para descubrir la historia como un proceso de modificación de la realidad y el retraso con respecto a ella de la idealidad del tiempo pasado. El aprendizaje brutal del sufrimiento al trastocar la idealidad con la realidad.
Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), dramaturgo, poeta y novelista español, autor de la novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, produce el concepto de los retardos ideológicos con respecto a la actualidad de la historia. Hay en la caracterología de los personajes de Franz Kafka una actitud cervantina desmitificadora y crítica de la aventura de la fe y las riqueza metalizadas y mercantilizadas y la pobreza del pícaro marcado por el látigo y los grilletes.
Karl Rossmann experimenta la picaresca cierta y desafortunada del pragmatismo mercantilista, la visión del poder político y económico de su tío, y su expulsión del Paraíso plutocrático sin culpa. La ideología de la culpa oculta su pecado imaginario. La debilidad de carácter de Karl Rossmann proviene del ocultamiento del éxito social en la conducta deshumanizada de los Otros. Sin embargo, su voluntad de persistir en la regularidad de una conducta recta le hace soportar las quebraduras de las intenciones ajenas.
Al final de su expulsión de una clase social de la que participaba aprendiendo inglés, gestión administrativa para futuros negocios, y los ocios en la hípica y el uso del piano, decidió picarescamente, que desconociendo la dirección de la ciudad de New York, bien le vendría entonces una dirección cualquiera a su fortuna.
Llegó a una pequeña posada, miserable y extraña, solicitando la cama más barata. La descripción de la posada recuerda las posadas marginales de los suburbios. “En virtud de su pedido fue despachado por el dueño escaleras arriba, con un ademán, que parecía destinado a un dependiente suyo, y allí arriba lo recibió una mujer desgreñada, fastidiada por aquella interrupción de su sueño, que casi sin oírlo lo llevó, rogándole constantemente que anduviera sin hacer ruido, a un habitación cuya puerta cerró después, no sin haber echado antes su aliento a la cara con un “sstt”
La posada que presenta Franz Kafka tiene reminiscencias de la novelística de Charles Dickens (1812-1870). Pero el novelita inglés, construye la narración desde la crítica social fabiana del desprecio del capitalismo salvaje de inicios del siglo XIX. Franz Kafka sitúa consciente a su personaje ante las variantes del capitalismo competitivo inglés al capitalismo monopolista de los grandes magnates norteamericanos del siglo XIX.
Las posadas suburbanas de los barrios de New York marcan la pobreza artificial e intencional de bajos salarios y altas ganancias de arrendamiento del XX. La época económica de Charles Dickens es predominante en el auge del ferrocarril, la caldera de vapor y la industria textil. La época de Franz Kafka es la del automóvil, y todos sus agregados industriales, militares, y las vías de transporte terrestre de personas y mercancías con automóviles y camiones. El automóvil permitió la construcción de barriadas suburbiales y la industria petrolera.
El capitalismo competitivo del siglo XIX acaba en 1900 ante la aparición de la centralización bancaria y las concentraciones industriales. La producción de bienes reales correlaciona empleo y productividad. Los sectores industriales competitivos del siglo XIX desaparecen por ser producción con alto empleo y baja productividad. Las emigraciones de finales del XIX y XX se integran en un ciclo de desempleo crónico. La alta productividad de las empresas monopolistas industriales disminuyen la ocupación absoluta.Aparecerán divisiones empresariales, que asuman el paro de las empresas de alta productividad.
Esta es la paradójica situación migratoria y el vagabundaje de los personajes kafkiano del camino a Ramses: de la búsqueda mítica de oro en California a la miseria.
Ya Karl Rossmann llega a América, con masas emigratorias que forman ejércitos de reserva industrial y bajos salarios. Franz Kafka detiene intencionalmente a su personaje Karl, en el último capítulo de América, en El Gran Teatro integral de Oklahoma: el futuro imaginario de los continentes vacíos y el reparto de las tierras libre de propiedad, bajo la alternativa de la pequeña propiedad o la propiedad latifundista. Ambas alternativas dan diferentes formaciones de masas sociales de parados y empleados. La gran propiedad da bajo empleo y alta capitalización industrial, el reparto de la pequeña propiedad, alto empleo y baja capitalización industrial. En ambas situaciones bajos salarios.
Para continuar con el relato, Franz Kafka hará que Karl corra la cortina de una claraboya de la pequeña habitación de la pensión.” La habitación tenía dos camas, pero ambas estaban ya ocupadas. Karl vio a dos hombres jóvenes unidos en un pesado sueño y que no parecían ser muy dignos de confianza, en principio porque sin un motivo razonable aparente dormían vestidos: uno de ellos tenía puestos los zapatos.” Franz Kafka une juventud, pobreza, emigración y huida. Y estos rasgos marcaban una emigración de alta dificultad integradora. La carencia de identificación legal y el hondo sueño de los están huyendo de las autoridades policiales.
“No podía exponer a ningún peligro ese baúl que acababa de recobrar ni el dinero que llevaba” (…) Por lo demás, procedía, lógicamente con mucho cuidado, y al andar y al maniobrar con las cosas se esforzaba muchísimo por no despertarlos” Al abrir el baúl:”No faltaba nada en absoluto. En el bolsillo secreto no sólo estaba el pasaporte, sino el dinero que también había traído de su casa.” Karl sabía que su seguridad personal era su dinero. Entre él y la sociedad sólo había intercambio universal de dinero. (…) Karl se enteró de que los huéspedes eran mecánicos, Delamarche y Robinson, que desde hacía mucho tiempo no habían conseguir trabajo en New York, y que en consecuencia, habían llegado a una situación verdaderamente miserable. "Robinsón tenía intención de irse a Butterford, separada de New York por unos días, según se decía había vacantes.” (…)"La mayor parte del tiempo, caminaron en silencio.(…) Empezaron luego las caravanas de vehículos que llevaban víveres a New York: avanzaban de modo tan interrumpido, en cinco filas que ocupaban todo el ancho del camino, que nadie hubiera podido cruzarlo.(…) No había peatones, ni iban hacia la ciudad vendedores de feria, verduleras, como allí en el país de Karl; sin embargo, de vez en cuando surgían grandes automóviles chatos que llevaban una veintena de mujeres de pie con canastas a la espalda, quizá verduleras, que estiraban el cuello para ver bien el tránsito y de esa forma la esperanza de hacer el viaje más rápido.( …) Sobre unos vehículos, que llevaban diferentes leyendas, leyó Karl, no sin que se le escapara un leve grito, ( Se admiten obreros portuarios para la compañía de transportes Jacob.) El vehículo avanzaba muy lentamente y un hombrecito, encorvado, encogido y vivaz. Apostado en la escalerilla de coche, invitó a los tres paseantes a subir. Karl se refugió tras los mecánicos, como si en el vehículo pudiera estar el tío en persona y pudiera verlo. Estaba contento porque también rechazaron la invitación los otros. (…) Delamarché le pidió que le hiciera el favor de que no meterse en cosas que no entendía; que ese modo de contratar a la gente era una estafa infame y que la casa de Jacob tenía muy mala reputación en ese sentido en todo el territorio de Estados Unidos.”
De una manera fulminante, Franz Kafka nos introduce los mercados de trabajos clandestinos. Su información delata la formación de un mercado de trabajo oculto, que presuponía bajos salarios y largas jornadas de trabajo. Las luchas sindicales de los trabajadores de Estados Unidos eran por el control de la oferta y demanda de trabajo por un sindicato obrero. Extraordinaria captación kafkiana de la relación de explotación de trabajadores legalmente indefensos y empresas multinacionales organizadas. Un enfrentamiento del capital y el trabajo absolutamente actual. Las tendencias a la explotación de los trabajadores son de larga duración y coercitivas hasta formar tendencias cronológicas regresivas.
Franz Kafka abre las escenas de las situaciones económicas, despejando la niebla que las cubre. Sabe que el saber no se nos entrega de manera inmediata. El pensamiento ingenuo da a la visión inmediata la evidencia. De ahí sus confusiones ideológicas y pasionales.
Sobre el camino a Ramses, dice Kafka: “La niebla había desaparecido totalmente y en la lejanía figuraba una alta cordillera cuya ondulada cresta atraía la mirada hacia una nube aún más distante, atravesada por los rayos del sol. A la orilla del camino había campos mal labrados, que rodeaban grandes fábricas levantadas en terrenos libres, ennegrecidos por el humo.” Kafka nos indica la formación del valor de los terrenos de construcción industrial, desde la ocupación libre, hasta el valor diferencial económico, que implica terrenos mal labrados, que aumentan al precio creciente de la construcción industrial e inmobiliaria especulativas. Pero además nos deja el testimonio de la relación espacial de las fábricas y las viviendas en donde vivían los trabajadores. Sobre las que se ejercen arrendamientos altos y bajos a los lugares de las fábricas.
“En las grandes casas de la vecindad, aisladas y esparcidas titilaban muchísimas ventanas con muy diversos movimientos e iluminación, y en todos aquellos débiles balconcitos atendían a sus numerosos quehaceres mujeres y niños; mientras a su alrededor, ya descubriéndolos a la vista, ya ocultándolos, flameaban y se hinchaban con el viento matinal trapos y prendas de vestir colgados o tendidos. Si las miradas, deslizándose sobre las casas, se alejaban de ellas se veían volar las alondras en lo alto del cielo; más abajo las golondrinas revoloteaban a escasa altura de las cabezas de quienes iban en los vehículos.” Ciertamente Kafka no describe una barriada industrial y las labores domésticas de las mujeres y niños. El trabajo familiar de la mujer son ingresos no pagados al trabajador. Estas barriadas obreras, que circundaban las industrias, serían el modelo de crecimiento suburbano que arrastraba el automóvil y causaba el efecto multiplicador de la inversión y el empleo en el desarrollo capitalista. Posteriormente, este modelo quedará subdesarrollado en las barriadas de favelas, circundantes a las ciudades, de las emigraciones de los pobres con escasas oportunidades de trabajo estable y altos índices de pobreza extrema.
Luego de algunas peripecias de Karl, con la actitud picaresca de Delamarche y Robinsón, sobre el dinero de Karl, divisaron el letrero de Hotel Occidental.” Y después de recibir Karl el encargo de traer tocino, pan y cerveza se fue hasta el Hotel Occidental”.
Añade Kafka: “Seguramente había una gran ciudad no muy lejos, ya que el primer salón donde entró se encontraba repleto de una ruidosa multitud. Delante de la barra, que se extendía a lo largo de una de las paredes principales y de dos paredes laterales, corrían sin cesar muchos camareros con delantales blancos que les cubrían el pecho, y que no obstante no alcanzaban a satisfacer a los impacientes parroquianos, porque desde muy diferentes lugares, se escuchaban y volvían a escucharse continuar maldiciones y puñetazos en las mesas. Nadie se fijaba en Karl. Entonces Karl vio, unos pasos más adelante, a una señora de cierta edad, quien hablaba riéndose con unos parroquianos. (…) Si dijo Karl, no puedo conseguir nada aquí.” Karl experimenta el aislamiento de individuo y la multitud de competencia.
-Venga entonces conmigo muchacho, dijo ella.
Para Karl, comenzaba su trabajo en el Hotel Occidental. El emigrante encuentra empleo precario en el camino a Ramses.

lunes, 19 de abril de 2010

Kafka: El fogonero.

La paradoja de Franz Kafka es introducir al personaje de Karl Rossmann, de la novela América, en la corriente emigratoria, en las fases de descomposición de las estructuras sociales en Asia y en Europa. Expulsa a su personaje “a vivir” dentro de acontecimientos históricos, que difícilmente comprende. Padece las extrañezas del que nunca alcanza la interpretación exacta, por su debilidad de carácter ante los antagonismos sociales de opresores y oprimidos. Las secuencias capitulares de esta vida novelada transcurren en los vericuetos de la pobreza marginal y las respuestas voluntarias e imperativas del personaje a coacciones violentas. No es un personaje que entrevea una finalidad a las relaciones de poder que lo oprimen. Su huida está enajenada, en cuanto sus experiencias vitales no se sobreponen la simbología imaginaria de escapar de entornos hostiles, que se le aparecen de improviso, sin que haya voluntad de que éstos sucedan. Dentro de una sociedad, en la que ha sido arrojado por un hecho en el que no ha participado con libertad y riesgo, y en la que debe persistir más por voluntad del que se resigna a un entorno hostil. La pregunta esencial es cómo Franz Kafka elige, a un personaje de la estructura psíquica de Karl Rossmann, para unos de los procesos migratorios más trascendentales de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. La vida ordenada de Karl Rossmann fue truncada por la seducción sufrida por una sirvienta de la familia y su huida obligada ante la oposición familiar, a esta vergüenza y a sus consecuencias económicas y legales. La debilidad del carácter de Karl Rossmann lo narra Franz Kafka en el en episodio de la seducción del joven Karl. “Entonces Karl la observaba tímidamente, sólo al pasar, por las rendijas de su puerta un poco entreabierta. A veces corría y saltaba y, con risa de bruja, retrocedía de pronto sobresaltada si Karl le cerraba el paso. A veces cerraba la puerta de la cocina después que Karl entraba y conservaba el picaporte en la mano hasta que él pedía salir. (…) Una vez dijo “Karl”, y lo condujo entre gestos y suspiros, en medio de su asombro por tan imprevisto modo de apostrofarlo, a su cuartito, que cerró con llave. Empujándolo se colgó de su cuello en un brazo, y mientras pedía que la desnudarse, en realidad lo desnudó a él y lo acostó en su cama, como si desde ese momento no deseara dejárselo a nadie y sólo desease acariciarlo y cuidarlo hasta el fin el mundo.(…) Después ella se acostó junto a él; quería conocer sus secretos, pero él no tenía ninguno que confiarle y ella se enojaba, en broma o en serio; lo sacudía, auscultaba el latido de su corazón y entregaba su pecho para una ocultación semejante, pero no consiguió inducir a Karl a que lo hiciera; apretó su vientre desnudo contra el cuerpo del joven y buscó tan asquerosamente con la mano entre sus piernas que Karl agitándose, intentaba sacar la cabeza y el cuello fuera de la almohada; luego empujó el vientre algunas veces contra él, que se sintió invadido por la sensación de que ella era parte de su propio ser, y quizá fue ese el motivo del terrible desamparo que lo embargo en ese momento. Llorando llegó finalmente a su propia cama, luego de haber escuchado los deseos reiterados que ella expresó de que se volvieran a ver”. La ruptura psíquica de la conciencia del mundo en el joven Karl. La conciencia abierta a la verdad de la realidad ocasiona un terrible desamparo. El individuo se encuentra expuesto a la necesidad y a su frustración. Sus lágrimas encierran la despedida de un adolescente tímido y su entrega a la historia de las relaciones sociales alienadas.
En la novela América, 1912-1913, Franz Kafka nos entrega las desventuras del emigrante: Karl Rossmann. Lo paradójico de la novela de Franz Kafka es portar a su personaje por los movimientos emigratorios del siglo XIX y principios del siglo XX. En momentos históricos claves de las corrientes demográficas universales que transforman las condiciones económicas y políticas de las simetrías conservadoras de la sociedad. La transformación de los excedentes económicos agrarios por los cambios cualitativos y cuantitativos de producción y consumo de los modos de producción asiático y medieval. La capitalización de la agricultura se habrá se constituir por la reducción de las masas de campesinos y la aplicación de nuevos métodos de cultivo y el incremento de excedentes económicos destinados a la exportaciones y pagos de las deudas externas por los préstamos del capitales internacionales. Tanto la emancipación de los siervos de la servidumbre y el cambio legal de los gremios de artesanos se habrán de basar en un mercado abierto a la variabilidad de los precios por la competitividad de la ofertad de mercancías y la debilidad de la demanda. La improductividad tecnológica se penaliza con la quiebra mercantil. La ineficiencia del capitalismo primitivo no resistirá la concentración de capital tecnológico y financiado por el sistema financiero. Todas estas causas económicas liberaron millones de hombres de las sujeciones agrarias atávicas y el bajo nivel de las estructuras gremiales. Arrojados por la necesidad de sobrevivir, millones de emigrantes estuvieron contenidos, por el futuro de la fantasía y la violencia, en la búsqueda de los países que les facilitaran sus subsistencias y la liberación de la aristocracia del Medievo. Decenas de millones de europeos, asiáticos y africanos huyeron en busca de trabajo y asentamiento en tierras remotas. Estas migraciones marcaban el final de una época históricas, donde los hombres se unían de por vida al dominio señorial o comunal. La población, producción, el dominio político y el simbolismo ideológico, reproducían una sociedad de propietarios de rentas agrarias capitalizables y una burguesía de ganancias industriales e intereses crecientes. Se modificaba la industria con reducciones de cantidades de trabajo y salarios. Los vinculos de dominantes a dominados se iban volviendo anónimos. Los hombres valían lo que ganaban en dinero. Las experiencias vitales alienadas de las masas se trasladaban al fetichismo del dinero. La extinción de la alienación de la religión y del poder político sagrado produjo relaciones capitalistas, que exigían la aparición de las ganancias industriales a gran escala y la legalidad de los salarios. El fetichismo del dinero marcaba la transformación del hombre en una mercancía que se vendía en un mercado laboral por un salario en dinero, que reponía las condiciones existenciales. El capitalismo tenía que realizar las ganancias del precio de producción en la circulación monetaria y por tanto la lucha por la competencia.
En este mundo alienado por el fetichismo del dinero, Franz Kafka presenta a su personaje Karl Rossmann. “De repente se encuentra ante la estatua de la diosa de la libertad, que desde hacía un rato la observaba, como si ahora estuviera iluminada por un rayo sol mucho más intenso. Su brazo surgió con la espada en un renovado movimiento, y en torno a su figura soplaron los aires libremente”. El sentimiento de Karl Rossmann es el habitual al de los emigrantes que llegan a New York por primera vez. Construyen la metáfora de la libertad. Una visión del futuro sin el vasallaje europeo. En medio de esta esperanza, Karl Rossmann: “Notó con consternación que se había olvidado su propio paraguas abajo, dentro del barco". Buscando su paraguas se encuentra con un fogonero, que se lamenta de sus dificultades laborales, y de sus conflictos de jerarquía con su superior Shubal. Inmediatamente Karl, se identifica con el sufrimiento del fogonero. Luego Karl y el fogonero establecen, con los oficiales del buque y Shubal, un proceso de veracidad o falsedad por las quejas del fogonero. Éste queda derrotado y vejado y Karl no logra sacarlo del atolladero. Es su primer fracaso entre su piedad y el disimulo de los demás. Con Karl Rossmann, Franz Kafka anticipa un montaje de secuencias de hechos novelados, que recuerdan las fotográficas del cine mudo y en particular, por lo imprevisto, de las películas de Buster Keaton. Las situaciones conflictivas aparecen en sucesión incausada, que enlaza un episodio con otro. Kafka sitúa los acontecimientos en los límites de la radicalidad absoluta de la sorpresa. Es una sorpresa de hechos, sin creencia en su veracidad. En medio de la confusión del carbonero y Shubal, los oficiales de marina y los testigos de la parodia, Karl conoce a su tío el senador norteamericano Edward Jabob. El cual ha recibido una carta de la criada seductora comunicándole la llega a New York de Karl. Con elevado altruismo el senador acoge al sobrino. Lo lleva a su mansión y lo instala allí, donde le revela la carta de la sirvienta que lo ha seducido. La lectura de la carta obliga a Karl a recordar la humillación de su seducción. En la Casa del Tío, Karl observa la fragmentación humana en la actividades de una gran ciudad:” Visto desde arriba parecía una confusa mezcla en la que se hubieran derramado esbozos siempre nuevos de figuras humanas y de techos de vehículos de toda especie; y desde allí se levantaba otra capa más de confusa mezcla, nueva, multiplicada, más salvaje, formada de un ruido, tierra y olores, y todo esto recogido y penetrado por una luz poderosa, constantemente dispersa por la cantidad constante de los objetos, llevados lejos por ellos y traída cuidadosamente otra vez, y que para el ojo embelesado cobraba una corporeidad inmensa, como si en cada momento, en infinitas repeticiones, alguien estrellarse con toda sus fuerza, sobre esta calle, un cristal que cubriera todas las cosas.” En esta imagen de Franz Kafka se descubre la revelación mística y la modernidad metropolitana. Esta sensación mística, lo vuelve cauto.”En realidad él debía examinar y contemplarlo todo, sin dejarse apresar por las cosas”. El desasimiento místico de una realidad desordenada y hostil: una clase social divergente que representaba el senador Edward Jacob. La cual va a provocar el desenlace hostil entre tío y sobrino a cuenta de la marcha a una casa de campo en las afueras de New York. Allí Klara, el señor Poullender y el señor Green lo degradan física y mentalmente. La plutocracia del capital comercial lo va a humillar intensamente a través de la carta que le dirige el tío. “Contra mi voluntad decidiste alejarte de mi lado esta noche, y a si es, mantén la decisión durante toda tu vida; sólo entonces habrá sido una decisión varonil. (…) Si el señor Green olvidara darte tu baúl y tu paraguas, recuérdaselo”. La expulsión de la mística unitiva está realizada. Karl Rossmann tendrá que marchar por el camino de Ramses. Es el itinerario de un emigrante en busca de un empleo.

lunes, 5 de abril de 2010

Kafka : El castigo de Amalia (2)

Olga, hermana de Amalia, ambas hijas de la familia Barnabás, le cuenta al Agrimensor K los acontecimientos que sucedieron a ésta con respecto al funcionario del Castillo Sortini. El funcionario Sortini le envía una carta a Amalia y ésta despide despectivamente al mensajero y la rompe. Olga le cuenta al Agrimensor K que, “la carta era de Sortini,” y llevaba sólo por dirección el alias de la muchacha del collar granate. La carta respondía a la sensación de belleza que Amalia causó al funcionario Sortini. Añade Olga: “La carta estaba escrita en los términos más vulgares y obscenos que jamás había oído, y tuve que adivinar el sentido según el conjunto. (…) Todo lo esencial puede ser cierto, pero lo esencial es que Amalia no fue al hotel de los señores. (…) Pero Amalia, al no ir al hotel, hacía que la maldición cayera sobre nuestra familia y los malos modos que sufrió el mensajero resultaban imperdonables.” La maldición implica un castigo divino o sobrenatural que afecta no sólo Amalia exclusivamente, sino a la familia. La estructura familiar expresa vínculos punitivos generales.
“¿Pero de qué fatalidad me hablas?- preguntó K. ¿Y de qué abogados? No podía castigarse, ni con más razón castigarse a Amalia, a causa de la infame conducta de Sortini.
Sí- respondió Olga, se podía. No en un proceso legal, y no se la ha castigado directamente, pero la han castigado, a ella, toda nuestra familia, y empiezas a entender sin duda la gravedad de este castigo. Esto te parece increíblemente injusto, pero eres el único que opina así del pueblo. (…) Pero nosotras sabemos que las mujeres no podemos impedir amar a los funcionarios, pues los aman incluso antes, aunque lo nieguen obstinadamente cuando ellos las miran.” Olga considera autoridad y amor en las acciones activas y pasivas de la predestinación del poder.
Al comparar la situación de reprobación de Amalia y la suya, el Agrimensor K le dice a Olga:” Han jugado conmigo, me han echado de todas partes; aún juegan conmigo, pero ahora es necesario más ceremonia. He ganado de algún modo terreno y eso ya es algo. Tengo, tan ínfimo como sea un puesto, un verdadero oficio; tengo una novia que descarga del trabajo de mi profesión cuando otros asuntos me reclaman; me casaré con ella y me convertiré en miembro de la comuna.” El Agrimensor K no se halla en comportamiento conflictivo imaginario con los funcionarios del Castillo. Aunque su situación personal se vaya degradando en la búsqueda ingenua de su integración en la comuna.
Al contrario del entreguismo del Agrimensor K, Olga se abate por ella y su familia con los correctivos, que aguardan a su familia. La actitud de Amalia, ante la solitud de un funcionario del Castillo, indefectiblemente habrá de acercar efectos persecutorios de pobreza, aislamiento y hostigamiento de la comuna sobre su familia. Por la evidencia de la desgracia de la familia de Olga, Franz Kafka se plantea la racionalidad moral de culpa y expiación.
Al no encontrar la racionalidad, introduce los efectos del poder sobre los dominados. Franz Kafka se pregunta por la medida de equivalencia moral de culpa y castigo, ocultos e irracionales, en los actos de dominantes a dominados. Franz Kafka medita, en una coyuntura concreta de la historia, el concepto de las relaciones de poder. Éste incluye la presencia precaria de integración de las minorías en los conflictos de las sociedades europeas de la última década del siglo XIX a 1914. La novela “el Castillo” desvela también las dificultades sociales de permanencia en el poder de una minoría y sus métodos de superar las contradicciones que provocaban los desequilibrios catastróficos. La Gran Guerra se llevará al basurero de la Historia a los señores del Castillo y a su burocracia.
Franz Kafka debía conocer, como cualquier ciudadano ilustrado de su tiempo, la propaganda xenófoba interna de la superestructura del poder gubernamental, cuya finalidad era sobredeterminar, los conflictos económicos de las clases medias bajas, con la intolerancia religiosa y nacionalista. Las secuelas ideológicas de la intolerancia aparecían en una propaganda panfletaria, que habría de recaer en las minorías del odio de las clases medias bajas en bancarrota y de los intelectuales antiliberales. Las clases medias bajas sufrían las consecuencias de su decadencia desde la crisis económica de 1873, y su continuidad en los ciclos depresivos sucesivos y la desaparición legal de sus prácticas económicas e ideológicas gremiales. La concentración de capital de las nuevas unidades empresariales monopolistas y la superproducción de mercancía, con su tendencia al decrecimiento de los precios, las ganancias, la demanda, y la escasez de dinero crediticio, trasladaban la intolerancia xenófoba a los grupos de clase media baja. Esta clase media baja será la mayor protagonista en la aparición de la intolerancia prefascista ante grupos sociales liberales. Los líderes de la clase media baja nunca enlazaron los ciclos depresivos económicos a la estructura del crecimiento del capital industrial, mercantil y financiero, que conllevaba la desaparición de las empresas familiares gremiales. La inversión de la pobreza de la clase media baja en odio xenófobo constituyó la base de la propaganda revanchista y antiplutocrática de los grupos de extrema derecha. La miseria ideológica de la clase media baja fue exaltada por la propaganda política de extrema derecha, que incitaba al odio al liberalismo, la democracia, el sistema parlamentario, el antisemitismo y el antifrancmasonismo. La organización de grupos que exaltaban el poder de la violencia eran minoritarios, aunque su término fuese la eliminación violenta del enemigo político. Tanto los grupos de violentos de los Camelots del roi de Acción francesa, los violentos de Enrico Corradini, fundador de la Asociación Nacionalista italiana, perseguían la desorganización política de sus oponentes socialdemócratas o liberales. Los que están fuera de la comuna son los réprobos. Los apartados de la convivencia comunal. Los movimientos ideológicos conservadores de finales de siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX establecen la situación del réprobo como alguien que carece de comunidad. Para Charles Maurras, los judíos, los protestantes, los francmasones, eran los protagonistas de la acción diabólica contra la nación francesa. Eran la Anti-Francia. Lo habitual del nacionalismo de derechas era la antítesis de la democracia, pues la libertad e igualdad debían ser sustituidas por la obediencia y la disciplina. La difusión masiva del panfleto de los Protocolos de los sabios de Sión, desde 1905, que pretendía introducir, en las fijaciones de la conciencia política los detalles de una conspiración judía internacional para dominar el mundo. La propaganda preparaba la conducta vengativa. La intoxicación xenófoba formaba la lucha ideológica. Una ideología que incidía, en la crisis socioeconómica de las sociedades europeas, con la prensa y los libros, en difusores intensos de odio a las minorías de baja cobertura legal.
Es intencional, referente al odio y ocultamiento, la pregunta que se hace Franz Kafka a través de su personaje Olga: “¿Qué sabemos nosotros de los pensamientos de los señores?” La pregunta definitiva del hombre sobre un mundo social, que se le aparece dado y oculto. La marginalidad excluyente de las minorías había sido una constante histórica de clase en los sistemas sociales de dominio de clase. Los esclavos, los vasallos, los proletarios forman la base de dominio en el desarrollo de la Historia. Franz Kafka explica en el Castillo las acciones totalitarias de los centros de poder ocultos en el Castillo. Las articulaciones burocráticas que actúan para mantener los equilibrios de la violencia turbia de los que desobedecen y resisten a la opresión irracional. La Voluntad Totalitaria, que rige el movimiento de la historia, perpetúa la crueldad del odio y la ignorancia en las relaciones sociales de progreso.
Olga comunica, al Agrimensor K, la incertidumbre que había originado el rechazo de Amalia a la exigencia sexual del funcionario del Castillo. Amalia no quiere ser materia, un Objeto para Otro. Su actitud concreta, su valor de desobediencia para un Otro, que relaciona supervivencia con degradación. La culpa abstracta de Amalia incluye la finalidad ideológica y utilitaria de la culpabilidad y la expiación. ¿Hay que expiar por una culpa que sólo está en el pensamiento de los señores del Castillo? La pregunta de Franz Kafka pertenecía a la respuesta ante la propaganda xenófoba que se difundía en su época. Franz Kafka describe un Estado totalitario, donde las personas aparecen átomos de masas sociales angustiadas. Por esto dice Olga: “Se dice con razón que todos somos del Castillo”. Franz Kafka sospecha y delata el dominio de la culpa totalitaria que se ignora. La culpabilidad de Amalia permite a Franz Kafka discernir la culpa irracional, la desobediencia y la segregación. La falta que se comete desde la codificación legislativa. La desobediencia a cumplir lo que se ordena. La segregación como separación de un grupo social por razón de sexo, raza, cultura, o ideología. Confiesa Olga al Agrimensor K la segregación que padece su familia desde la desobediencia de Amalia y el aislamiento totalitario familiar: “Era sobretodo, miedos aparte, a causa del lado molesto de este asunto, por lo que se habían separado de nosotros, para no saber nada, para no hablar ni pensar en ello, para no ser alcanzado de una forma o de otra.(…) No éramos nosotros, no era nuestra familia quien estaba en juego, era sólo el asunto, y nosotros en función de que estábamos mezclados en él. Si, pues, olvidando el pasado, hubiéramos hecho el simple gesto de acudir, y demostrar con nuestra actitud que el asunto ya no nos inquietaba, cualquiera que pudiera ser el motivo de nuestra paz, y si el público hubiera adquirido así la convicción de que dicha historia, fuera cual fuese, no volvería a discutirse, todo se había arreglado y habríamos hallado en todas partes la solitud de antaño. (…) Pero en lugar de hacer esto, nos quedábamos en casa. No sé qué esperábamos, probablemente la decisión de Amalia. Había tomado el timón de la casa la mañana que recibió la carta y aún lo conservaba. Sin estallidos, sin órdenes, sin súplicas, únicamente con silencio. Nosotros, naturalmente, discutíamos mucho, de la mañana a la noche, todo era un cuchicheo continuo. (…) Barnabás, que entendía muy pocas cosas, no cesaba de reclamar enloquecido, explicaciones, siempre las mismas. Él sabía bien que los años descuidados que esperaban a los demás niños de su edad no existirían nunca para él. (…) Amalia no sólo debía llevar la pena, sino que comprendía el motivo. Nosotros sólo veíamos las consecuencias: ella vio las causas, el fondo. Confiábamos en no sé qué pequeños medios, pero ella sabía que todo estaba decidido. (…) Empezamos, no obstante, a sentir la pobreza. Los ahorros de nuestros padres se acabaron, nuestras fuentes se agotaron, y fue justamente en aquella época cuando los desprecios empezaron a manifestarse. Se dieron cuenta de que no teníamos fuerza suficiente para deshacernos de la historia de la carta y eso ya no se toleró (…), pero sentían la necesidad de cortar todo vínculo de unión con nuestra familia. (…) No se habló más de nosotros como de seres humanos, no se pronunció más nuestro apellido, se nos denominaba Barnabás, nombre del más inocente de todos, hasta nuestra casucha adquirió mala fama. (…) Todo lo que nosotros éramos, todo lo que teníamos, caía bajo un mismo desprecio”. Franz Kafka nos dejó en el castigo de Amalia uno de los textos históricos más brillantes de su narrativa sobre la culpa irracional y la segregación.

jueves, 25 de marzo de 2010

Kafka: El Agrimensor K (1)

Franz Kafka inicia el capítulo Primero de su novela “el Castillo”, presentando a su personaje central, el Agrimensor K, ante una orografía imprecisa, que le habrá de servir para introducirlo en las articulaciones objetivas y extrañas de una metáfora metafísica, que unifique realidad y la duda de lo real fuera de los sentidos. Franz Kafka definirá su estilo literario sobre la descripción de la extrañeza del Agrimensor K y el mundo social, que va pareciendo sorpresivamente. Todo cuando le llega es inesperado y desconcertante. Como si estuviera en un escenario, donde aparecen personajes inmotivados al tema principal de la acción dramática. El Agrimensor K capta la presencia del Otro como un suceso incausado. Su percepción de la realidad de los demás se desenfoca en la racionalidad, que le exige las circunstancias taxativas del asombro. Las motivaciones de sus deseos se pierden en las deformaciones de los objetos, las personas y las circunstancias. Parece haber una sobredeterminación maquinal que establece acciones simbólicas, que conllevan el caos testimonial de la indefensión del individuo ante las manifestaciones de presencias insistentemente ausentes e incoherentes. Hay un inconsciente colectivo que se inhibe ante actos individuales que se no se ajustan a los indicadores del significado humano-racional de la existencia. El sentido de lo buscado se emboca en lo irracional. La acción de un Dios en el mundo se hunde en la arbitrariedad. Los personajes kafkianos están en un espacio que se recorre sin encontrar la motivación. Al igual que el clown que anda tropezando y excusándose con los espectadores, los individuos kafkianos están en la complicidad imaginaria del orden insinuado. La risa de lo absurdo expresa la incapacidad del individuo para llegar al ajuste del deseo y lo real. Franz Kafka deforma la realidad del mundo al llegar a una trama establecida sobre las imágenes de un espejo convexo. Las imágenes se abalanzan sobre el lector, pequeñas y curvas. El lector y los personajes se corresponden a las simetrías de un desorden intencional, siempre oculto y siempre insinuante. La paradoja de la espera sin esperanza. El destino se oculta en los individuos-personajes que se amontonan en habitaciones extremadamente estrechas y oscuras. Allí se habla de los señores del Castillo. Al igual que los murmuradores de las favelas hablan de la fuga a las ciudades industriales para esconderse por millones en la oscuridad de los guetos innominados. El Agrimensor K habla de su llamada por los señores del Castillo. Pero sólo recibe evasivas y gesto de miedo de sus interlocutores. K es un individuo perdido en una sociedad que oculta la verdad. La inanidad lo envuelve en el histrionismo de la gente perdida en la desesperanza. El ser abandonado espera la señal luminosa de la justicia. El poder nuca está en lo imaginario. Se esconde y reaparece seriado y oculto en los asilos de los señores del Castillo. Los individuos están dentro de un existir que se deshace fuera de ellos mismos. En un juego de azar de vivir esperando. Las intenciones de los señores nunca están claramente manifiestas. Están en la circularidad degradante del tiempo. En su repetición incausal. Una combinación de circunstancias aleatorias que hacen de lo humano la oculta resignación.
Los servidores del Castillo están en la espera del Agrimensor K. Los gestos de decepción no le impiden continuar. Las clases sociales abandonadas están presentes en la historia por la continuidad de su explotación económica. La ideología del ocultamiento del mal conlleva la arbitrariedad del silencio y el desamparo. El Agrimensor K siempre está en el escenario de un destino que no encuentra realidad, que sustantive el significado de su existencia. No encuentra el Ser que lo concrete. Su situación es la búsqueda incesante ante la degradación en la perspectiva del poder ajeno.
Para el Agrimensor K, la vaciedad de lo existente se vuelve incoherente al establecer una relación de contigüidad entre realidad y absurdo. Hay una intencionalidad oculta en lo vivido, que desajusta las conclusiones lógicas de deseo y la realidad. Estos desajustes introducen el malestar angustioso en la conciencia desconcertada del Agrimensor K. Su pretensión de atribuirle coherencia a sus actos le llevará a soportar un mundo que se hace sin finalidad. Actos y palabras del Agrimensor K que se desajustan en los rituales de sobrevivir dentro de la incoherencia. Sus palabras se desgajan en fragmentos inaudibles y actos que se multiplican sin finalismo. Las palabras introducen la culpa de los deseos sin realidad. Los imaginarios frustrados de las construcciones del lenguaje introducen los impulsos constructores del monólogo interior. Los rollos de fragmentos, rutinarios y justificadores de una arqueología que se desplaza en la ambigüedad de la irrealidad del tiempo. El sinsentido de la conciencia ante el compromiso. El Agrimensor K habrá de insistir, en actos y explicaciones, que le deben dar conformidad a la llamada recibida por los señores del Castillo. Su unidad individual anexa deseos en los delirios del absurdo. El agrimensor K se hallará ante una realidad vacía de sentido. K no recibe la esperanza ante la presencia material del Castillo. Su historia comienza en la imposibilidad de ver la realidad. No hay una situación de claridad precisa en el acto de mirar y encontrar el Castillo. Querer ver el objeto de la esperanza le lleva a aguardar una visión que lo emancipe de la exterioridad. La experiencia de haber vivido le constata lo imaginario de la realidad. La pasión se instituye en un querer ver fuera de la ceguera del simbolismo. Descender, a la realidad de la niebla y la noche, implica penetrar por detrás de los símbolos. El Agrimensor K establece su deseo en una correlación de acontecimientos que nunca lo llevan a concretar su pertenencia al dominio del Castillo. Los sucesos se precipitan sobre él en las conductas inconsecuentes de personajes perdidos en la niebla de la ingenuidad. Franz Kafka llevará después al Agrimensor K al Castillo. Se encontrará ante la divergencia del deseo y lo real.
”En suma, todo lo que veía desde lejos, el castillo respondía a lo imaginado. No era ni un viejo castillo feudal ni un palacio de fecha reciente, sino una vasta construcción de algunos edificios de dos pisos y un gran número de casitas prensadas las unas a las otras; si no se supiera que era un castillo, se habría podido pensar que era una aldea. K no vio nada más que una torre, y no pudo discernir si ésta formaba parte de una vivienda o de una iglesia. Bandas de cornejas describían círculos en torno a ella.” La intensidad máxima del deseo no tiene más límite que su decepción.
La paradoja de Franz Kafka (1883-1924) es llevar la época mitológica de la cultura aristocrática de Luis II de Baviera (1845-1886), al absurdo de una aldea. La mente política de Franz Kafka habría de implicar la acción imaginaria de la política internacional de Luis II de Baviera con respecto al imperialismo bismarckiano y el nacionalismo independentista de Bohemia. Los actos de la demencia neorromántica de Luis II y la voluntad bismarckiana de constituir un imperio alemán sobre la cultura de la aristocracia prusiana. Los nacionalistas del imperio Austro-Húngaro observan que los actos políticos de Luis II de Baviera eran contradictorios: el apoyo militar a Austria en la Guerra Austro-prusiana (1866), su alianza a Prusia en la Guerra Franco-prusiana (1870-1871). Al final la incorporación de Baviera al II Imperio Alemán y la zona geográfica del nacionalismo de Bohemia. El agrupamiento del poder del Estado prusiano conmocionó la época de Franz Kafka y se acercó al absurdo de la pasión política. La sociología del poder militar y económico del sistema bismarckiano implicaba el predominio de los terratenientes prusianos y la subordinación de la burguesía a este poder desde 1848. Una minoría dominante, proveniente de un modo de producción medieval, controlaba los aparatos institucionales del Estado. Se abría un desfase en la estructura política institucional con respecto a la estructura económica. Las relaciones sociales estaban temporalmente desfasadas de la producción capitalista y del poder de un Estado medieval. Los desarrollos desiguales políticos y económicos del Imperio Austro-Húngaro y del II imperio alemán inevitablemente llevarían a la I Guerra Mundial. Franz Kafka que muere unos años después descubriendo a los Señores y a las ruinas del Castillo de II Imperio alemán.
La fábula kafkiana del Castillo y de los señores de la aldea implicaba el conocimiento del desfase de las aristocracias absolutistas, su envejecimiento y degradación, el finalismo militar del modo de producción feudal, y el auge del modo de producción monopolista capitalista.
La paradoja del absurdo kafkiano del Agrimensor K es intencional y revolucionaria al argumentar sobre la aportación anacrónica de Luis II, gran mecenas del arte y de Richard Wagner, la construcción de diversos castillos. En particular, el Castillo de Neuschwastein, palacio real construido en Baviera por Luis II. Inspirado en las leyendas mitológicas. En un estilo románico medieval, sus espacios escenifican las óperas de Richard Wagner. Lohengrin dio lugar a la gran cámara y el salón del trono de estilo bizantino, con su techo abovedado, decorado con estrellas. Tannhäuser, se dispuso un jardín de invierno y una cueva de estalactitas. El salón de música situado en el cuarto piso estaba dedicado a Parsifal. Aunque la vuelta del pasado mítico deviene en la enfermedad mental de Luis II, su poder de hacer reconstruye lo imaginario en la sintomatología de la enfermedad. Franz Kafka lleva al Agrimensor K, en una crítica nihilista por la inutilidad del retorno de una minoría aristocrática. No era ni un viejo castillo feudal ni un palacio de fecha reciente, sino una vasta construcción de algunos edificios de dos pisos y un gran número de casitas prensadas las unas a las otras; si no se supiera que era un castillo, se habría podido pensar que era una aldea. El Agrimensor K no vio nada más que una torre, y no pudo discernir si ésta formaba parte de una vivienda o de una iglesia. Bandas de cornejas describían círculos en torno a ella. La conciencia lúcida de Franz Kafka une la decadencia de la aristocracia a las ruinas arqueológicas de su destino. Franz Kafka testimonia la desaparición de una época histórica. La búsqueda pragmática de la dependencia, del Agrimensor K, con respecto a la autoridad de los señores del Castillo, es la experiencia individual de la desesperación lúcida en la historia. El Agrimensor K persevera en el finalismo imperativo de ser servidor de los señores del Castillo, pues su realidad social es la dependencia. Se ha propuesto servir a los Señores del Castillo para existir verdaderamente. Quiere convenir los términos de su hacer de agrimensor con la dependencia de la voluntad ajena. Estar en la voluntad de Otro que le asegura la suya. En una época de persistente persecución de las minorías étnicas y lo desplazamientos emigratorios de los pequeños artesanos, el Agrimensor K se propone penetrar en las relaciones de dependencia del Conde del Castillo. Los movimientos históricos de fuga de la realidad buscan la protección de un Señor, que elimine la inseguridad. La historia de la supervivencia depende de una voluntad extraña.
K quiere ser legitimado en unas relaciones contractuales que lo vinculen a la seguridad dominante de los señores del Castillo. El Agrimensor K está en las nuevas relaciones económicas del siglo XX. Éstas imponen la vinculación del “hombre desnudo” a los modelos de propiedad jurídica de los medios de producción y de subsistencia. Las masas sociales venden la posesión de su fuerza de trabajo a los poseedores de dinero y a sus posiciones dominantes de poder político. Los medios de producción y subsistencia pertenecen a las clases sociales política y jurídicamente hegemónicas. Las masas urbanas se incluyen en el crecimiento de la concentración de capital industrial y financiero y en la producción del excedente económico de las ganancias. El individuo aislado necesita el fetiche de la seguridad de los poseedores. El fetichismo de la sustitución de las cosas por hombres. El mercado de mercancías convierte las relaciones humanas en relaciones de dinero, que realiza el coste de producción y la ganancia obtenidas por las cantidades de trabajo no pagadas en la reproducción y revalorización del capital anual. La circulación del dinero no crea el valor, pero si la realización del mismo en dinero.
Cuando el Agrimensor K llega al Castillo y a la aldea del siglo XIX, aún el Estado medieval de casta, rango y rentas agrarias, rige la miseria de millones de campesinos. Franz Kafka traslada al Agrimensor K a una situación ahistórica medieval. Lo lleva a la Aldea medieval. Al vasallaje del miedo. Es un alejamiento del hombre desnudo capitalista al hombre del miedo medieval. El Agrimensor K entrará en la escenificación de las dependencias primarias del vasallaje. Se entrelazan las dificultades existenciales del Agrimensor K y el absurdo anacrónico de los mandatos de la burocracia del Castillo. La insistencia de K es pertenecer a Otro. K no se incluye en el absurdo de la casta y lo sagrado. Sólo quiere confirmar su contratación por los señores del Castillo. Los contrasentidos de sus actuaciones, ante el poder feudal, no integran su dependencia en enlaces jurídicos de hombre-salario. El absurdo kafkiano radica en la traslación paradójica de una conciencia actual a una situación histórica de un ser inactual. La opresión de la conciencia desgraciada de K proviene de la falta de coherencia con la realidad de sí mismo y lo fantasmagórico de las situaciones medievales de los sirvientes del Castillo. Quiere llegar a alguien con autoridad, que ratifique su contratación como agrimensor. Pero ese alguien nunca aparece y es suplido por mensajeros, alcaldes, burócratas, camareras, posaderas, que confirman sumisión a las llamadas de los señores del Castillo. K comprende mal que su razón de existir no exige la presencia del señor del Castillo. La pasión y la coherencia de sus actos se vuelven inútiles. Las propuestas del Agrimensor K no son oídas ni entendidas. Se vuelven absurdas ante la docilidad fatalista de los intérpretes de la historia del Castillo.
Para comprender la situación psíquica y social del Agrimensor K es necesario introducir el concepto de la estructura-pánico. La estructura-pánico la describe Kafka en el funcionamiento de la burocracia del Castillo. El Agrimensor K asiste a los contrasentidos burocráticos de la anulación de su contratación laboral. Todo individuo está dentro de la estructura- pánicos de lo inerte en algunos momentos de su vida. La inmovilidad de un ser que descubre su posición de dependencia en la mirada de un poder que no te ve. Es lo inerte absoluto de la nada psíquica y lo inerte de las relaciones inhumanas. Todo comienza cuando el Agrimensor K se entrevista con el alcalde de la aldea:
El Agrimensor K hasta ahora no tenía nunca que defender nada más que objetos invisibles y lejanos en nombre de señores también lejanos e invisibles. Estaba sometido a un orden que él ignoraba. Sólo hay una pregunta: ¿Y qué era su vida fuera de la vida del Castillo? Su existencia se había convertido en servicio y su servicio en existencia. “El alcalde, un hombre gordo, amable y afeitado, estaba enfermo; tenía un grave acceso de gota y recibió a K en la cama.
-He aquí a nuestro agrimensor, dijo e intentó incorporarse para saludar; pero no logró conseguirlo y se volvió a echar sobre lo almohadones mostrando las piernas como excusa. (…)
“Usted está contratado como agrimensor, pero no necesitamos ningún agrimensor. No habrá para usted el menor trabajo
“Pero cómo el posible- gritó K. No hice este interminable viaje para ser despedido ahora.”
“Puedo explicar cómo se ha producido este imperdonable error. En una Administración tan vasta como la administración condal, puede suceder por casualidad, que una oficina decide esto y la otra aquello, ellas se ignoran entre sí, el control superior es uno de los más exactos y es así como puede producirse a veces una pequeña confusión. (…) Mizzi, mira, por favor en el armario, en el armario, quizás encuentres allí el decreto. (…) La mujer abrió de inmediato el armario. K y el alcalde miraron. Cuando el armario se abrió cayeron al suelo gruesos legajos, enrollados como haces; eran expedientes especiales, la mujer asustada se echó a un lado de un salto.
-Tal vez abajo, abajo, gritó el alcalde.
- Dócilmente la mujer hundió los brazos en los papeles, sacando los documentos a fin de llegar a los de abajo. Los documentos cubrían la mitad de la habitación. (…)
- Debes buscar un papel sobre la palabra agrimensor que esté subrayada en color azul. (…)
El silencio lo inundó todo, sólo se huía el crujido de los papeles, el alcalde incluso parecía dormitar un poco. Se escucharon unos débiles golpecitos que hicieron volverse a K hacia la puerta. Eran los ayudantes naturalmente.(…) Los ayudantes se lanzaron sobre los papeles, pero los manoteaban más que examinaban.(…)
-Nada se hace aquí irreflexiblemente- repuso el alcalde.
-¡Nada!- dijo K. Pero entonces…¿ y mi convocatoria?. (…)
- Nosotros respondimos a ese decreto dando las agracias y comunicando que no necesitábamos ningún agrimensor. Pero esa respuesta no parece haber vuelto a la oficina A, sino por error a la oficina B. (…)
-Solo digo que me divierte- dijo K-, porque me ofrece el resumen de la ridícula confusión que puede, en determinadas circunstancias, decidir la vida de un hombre. Hay legajos que se refieren a una petición y posterior su negación.
Pero el testimonio del contrato, la prueba de su petición no aparece. La realidad está escondida. La irrealidad solapa la obligación que se ha adquirido con el agrimensor. K busca la prueba, que se confirme su contratación por el señor del Castillo. Pero tanto los aldeanos como los señores del Castillo están fuera del siglo XX. La producción medieval del siglo XX está unida a un hombre aislado y anónimo. La dependencia social de los señores medievales se ha sustituido por la dependencia del equivalente universal del dinero. La voluntad de los señores del castillo está desapareciendo en el período histórico kafkiano. El absurdo de las relaciones imaginarias medievales causará en K una psicosis de carencia de finalidad trascendente. La vaciedad de su identidad personal le hará un ser imaginario en un mundo de irracionalimo burocrático. K va perdiendo la coherencia de sí mismo, intentando establecer lazos de dependencia con el Castillo. La llamada que ha recibido de los señores del Castillo se convierte en un tránsito por los pasajes residuales de las masas de campesinos abandonados del siglo XX. La aldea kafkiana es un asilo, en el que se refugia lo sagrado de las conciencias vigiladas por los burócratas de un Estado de castas de señores y siervos en la estructura del pánico de lo sagrado.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Kafka: La Muralla China.

El narrador declara sus convicciones sobre la organización de la construcción de la Muralla China. Introduce inmediatamente la contradicción de una muralla de contención de los enemigos exteriores y los grandes espacios de penetración de los adversarios por la misma. Hay un sinsentido en la finalidad defensiva de la muralla. “El extremo norte de la Muralla China ya está concluido. Dos secciones convergieron allí, del sureste y del suroeste. Este sistema de construcción parcial fue aplicado también en menor escala por los grandes ejércitos de trabajadores, el oriental y el occidental. Este era el procedimiento: se formaban grupos de veinte trabajadores, que tenían a su cargo una extensión cercana a los quinientos metros, mientras otros grupos edificaban un trozo de muralla de longitud igual que se encontraba con el primero. Una vez producida la unión, no se seguía la construcción a partir de los mil metros edificados: los dos grupos de obreros eran destinados a otras regiones donde se repetía la operación. Naturalmente que con ese procedimiento quedaron grandes espacios que tardaron muchísimo en cerrarse: algunos lo fueron años después de declararse oficialmente que la muralla estaba concluida. Se afirma que hay espacios vacíos que nunca se edificaron; aseveración, sin embargo, tal vez sea una de las tantas leyendas a que dio origen la muralla y que ningún hombre puede verificar con sus ojos, dada la magnitud de la muralla.”
La contradicción de la Muralla China, para el narrador, es que ésta se había concebido en defensa militar ante las invasiones de la Naciones del Norte. Pero, ¿qué defensa puede ofrecer una Muralla discontinua? ¿Nos quiere explicar el narrador que las construcciones técnicas militares de los imperios se realizaban de una manera inconsciente por la dirección de la burocracia imperial ante la invención de enemigos imaginarios? ¿ No es necesario que se tensen y adiestren las fuerzas imperiales con imaginar un enemigo exterior? ¿Por qué no habrían de producir las causas irreales efectos irreales? ¿No es el individuo mismo el efecto de fuerzas y resistencias inconscientes? ¿La Muralla China impediría que penetraran en el imperio las naciones enemigas? En algunos intervalos del texto, la voz de narrador es audible, en secuencias realistas y acomodos a las circunstancias del momento actual. En otros pasajes de la narración, su voz se vuelve ritmo melódico imperceptible como el canto de la alondra en la orilla. Como si el narrador quisiera ocultarse de la verdad y del castigo, disimular sus conocimientos de la manipulación ideológica de los constructores de la muralla. La voz del miedo del narrador es ambigua, ya que su narración debe lindar la astucia y el conocimiento de la realidad sin deformarla con figuraciones oníricas. Las vacilaciones del narrador sobre la eficacia de la muralla se extiende a la validez social del Imperio.”La más oscura de nuestras instituciones es indudablemente el Imperio. Por cierto que en Pekín, en la Corte, hay alguna claridad sobre la materia, pero esa misma claridad es más ilusoria que real”.
Las dudas de la eficacia de la Muralla China evidencian el escepticismo del narrador sobre la utilidad social del Imperio para las comunidades de campesinos chinos. El escepticismo del narrador continúa: “A medida que uno desciende a las escuelas elementales, van despareciendo las dudas, y una cultura superficial inflada monstruosamente en unos pocos preceptos seculares, que a pesar de no haber perdido nada de su eterna verdad, resultan indescifrables en ese polvo y en esa niebla”. Son las huellas de lo verosímil de la verdad y de la leyenda. Su voz se angustia y se entrevera incesantemente del deseo de que el pueblo fuera interrogado sobre sus necesidades, ya que el Imperio tiene el pueblo como sostén. El narrador medita en la diferencia del dictamen de la corte en la construcción de la muralla, y el veredicto del pueblo sobre las necesidades reales del Imperio. Diferencia la voluntad de la sociedad de los aparatos militares y burocráticos del Estado.”En torno del emperador se reúne una brillante y sin embargo oscura muchedumbre de cortesanos- maldad y hostilidad disfrazada de amigos y servidores-, el contrapeso del poder imperial, perpetuamente dirigiendo al Emperador dardos envenenados”
El análisis político del narrador penetra en la permanencia de la comunidad de campesinos chinos frente a las dinastías imperiales.”En las escuelas se enseñan el orden de las dinastías, pero la incertidumbre general es tan grande que hasta los mejores letrados se dejan arrastrar por ellas. Emperadores muertos hace siglos suben al trono en nuestras aldeas”
El narrador conoce los desarrollos desiguales de los intereses de los campesinos y los de la corte Imperial. De todo ello deduce que al carecer de emperador, no se está muy lejos de la verdad. Para cubrirse de su ataque al modelo de Estado imperial, el narrador confiesa:”Lo digo y lo repito: no hay pueblo más fiel al emperador que nuestro pueblo”. La doble moral se desliza en los murmullos políticos del narrador. Conoce la naturaleza convencional del poder del Estado y la permanencia de la comunidad de campesinos como mantenedora económica del Imperio.
No hay en el narrador temor por la continuidad del proceso histórico de la comunidad de campesinos en la Nada de las dinastías imperiales. La diversidad de matices políticos kafkianos manifiesta su conocimiento del Estado del imperio de los Habsburgos y de las estructuras que lo mantienen en la Historia del Poder. La conciencia del narrador reflexiona en la complejidad de las relaciones imaginarias de la Corte Imperial y en la necesidad de perdurabilidad de la comunidad china. La crisis que puede provocar la reacción imperativa del emperador en el uso distributivo de la tierra y en la relación de propiedad y dependencia. Desde la propiedad comunal hasta el enfeudamiento de la misma por la aristocracia. El narrador investiga las condiciones ideológicas que hacen de la conciencia real de la comunidad de campesinos y de la corte una visión imaginaria de la historia. Al narrador se le presentan las situaciones sociales como límites de la potencia de la aldea y las exigencias aniquiladoras de dominio de los Emperadores. Conoce que el sistema tributario ahoga a los aldeanos en los niveles de subsistencia para contribuir al excedente económico que sostiene a la corte imperial. “Si de todos estos hechos se deduce que carecemos de Emperador, no estará muy lejos de la verdad”
Las relaciones imaginarias de la Corte Imperial con respecto a la aldea forman una pátina bajo la cual quedan las relaciones reales de dominio. La narración, su fabulación, tiene la intencionalidad de mantener el Fetichismo de la Corte Imperial fuera de la comunidad de campesinos. Las obras incesantes de las masas de trabajadores en la Muralla China los defienden de las agresiones feudales del Imperio. El narrador construye la muralla Imperial, abierta a la ineficiencia militar, en una defensa de la comunidad de campesinos, que los aleje del peligro del crecimiento contributivo de los gastos imperiales. El narrador percibe la existencia del Imperio chino como una situación social opresiva de la corte imperial sobre los campesinos. El narrador trae y lleva, duplica y pega, lo real de la aldea a lo imaginario de la Corte y a sus emperadores muertos. La cultura de los campesinos chinos enseña que los ritmos cíclicos de la temporalidad histórica se vuelven ciclos intemporales en la desmemoria colectiva. El ciclo repetitivo del sometimiento a poderes ajenos se olvida para adentrase en la parábola de comunidad. El narrador estructura las convergencias y divergencias de la comunidad, la tierra y el poder político. En los huecos de la Muralla China están esperando las masas de campesinos que no posen la propiedad de la tierra, y el dominio represivo y conjuntivo del Emperador real y el Emperador imaginario.
La leyenda de la Muralla China arrastra la imposibilidad de lo concreto real. Pero la enseñanza moral de la parábola de la Muralla China es la absoluta imposibilidad de que las relaciones de poder puedan ser defendidas construyendo murallas, que impidan las invasiones de los enemigos externos. La armadura de todo Poder tiene puntos débiles de ataque. El punto débil de escudo del Imperio Chino es la afirmación de que hay espacios vacíos que nunca se edificaron. Los países enemigos atacarán la muralla bajo el convencimiento de que penetran por los espacios vacíos de la muralla. La coyuntura revolucionaria, externa e interna, ante un poder absoluto, establece el análisis de las relaciones de poder en los puntos débiles de su armadura defensiva. La consecuencia moral de la parábola está ahí. No hay ningún poder que resista las contradicciones que originan sus relaciones desiguales de estructurales materiales e ideológicas. El narrador lo dice:”La Muralla tenía que ser una defensa para los siglos que vendrían” La obsesión de mantenerse en la estrategia de conservación de lo existente es una ideología. Kafka se percata de las contradicciones de ruptura de los sistemas sociales:” los individuos tratan de comprender con todas sus fuerzas las órdenes de la Dirección, pero sólo hasta cierto punto, luego dejar de meditar. No quieras penetrar demasiado en las órdenes de la Dirección. El río de la historia crece hasta penetrar en las tierras de su ribera para secarse miserablemente luego de llegar el verano” La meditación heraclitina de que el hombre no entra dos veces en el agua fluyente del río determina la meditación del narrador kafkiano.
Franz Kafka (1883-1924), escritor judío checo, anticipó la opresión y la angustia del siglo XX. Hay en la voz anónima de Kafka una insistente convicción de la transitoriedad de las relaciones de poder absoluto. La voz del narrador es de un campesino chino que está presente y ha contribuido a la construcción de la Muralla China. Un narrador que penetra desde las deficiencias técnicas de la construcción de la Muralla China hasta el concepto de Historia Imaginaria y de lo efímero de todo poder político ante las luchas sociales de dominantes y dominados. Sabe que estas luchas, externas e internas, lograrán los efectos destructivos de los niveles estructurales que componen el Todo del Poder. La narración de la construcción de la muralla china de Kafka muestra el conocimiento político del escritor checo sobre la perdurabilidad del Imperio Austro-Húngaro. Su juicio político es el de la imposibilidad de que exista continuidad en la Unidad de Poder Imperial de la dinastía de los Habsburgos, en los espacios abiertos de los conflictos del nacionalismo de las naciones que componían el Imperio. La Muralla China del Imperio Austro-Húngaro no resistirá los enfrentamientos del nacionalismo alemán, húngaro y eslavo.
Sin embargo, el narrador, a la vez que niega la autoridad del sistema centralizador del Imperio, afirma la continuidad de la aldea de campesinos chinos, que siempre subsistirá frente a los Emperadores. Estos desparecen en la discontinuidad petrificada del olvido. Carecen de existencia real en la comunidad china. Para el narrador, fuera de la comunidad de campesinos sólo hay fragmentos arquitectónicos de poder, partículas de sólidos que flotan en el aire y se posan sobre sujetos y objetos carentes de memoria. Kafka estuvo detrás de la Muralla China que fue Imperio Austro-Húngaro. Vivió el final de la caída del Imperio Austro-Húngaro y pudo comprender la magnitud de los espacios abiertos en la parábola de la Muralla China (1918- 1919). Al final de su compromiso con la verdad, la temporalidad cerrada de un cáncer le causó la muerte un 3 de junio de 1924.

sábado, 27 de febrero de 2010

Francisco Asís y el ángel ( y 5)

James Ensor (1860-1949), pintor belga, cuyos retratos muestran la visión de una sociedad en la que se entrecruzan diferentes estratos ideológicos, económicos, jurídicos y religiosos, en una coyuntura internacional de crisis europea, y de dos contiendas militares universales.En su sociedad los conflictos se deforman construyendo analogías totalitaria y apocalípticas. Desarmonías del hombre natural y el hombre dominado. La progresividad de las relaciones de producción se convierte en la fantasmagoría de desarmonías represivas. Una sociedad que establece su destino en el inquietante peligro de la Gran Guerra del 1914-1918. Las sociedades militarizadas esconden los previsibles conflictos militares entre la unidad política de dominio del Estado y la simulación participativa de la moralidad. El antagonismo adaptador de las deformaciones fluyentes de Poder y Cultura.
Dentro de las estructuras de la sociedad, los individuos se vuelven réplicas de los poderes ideológicos del Estado, que institucionalizan la legitimidad de la soberanía del pueblo.- Nación. Las réplicas particulares de los individuos conscientes inician líneas de fuga mental ante las situaciones concretas de los poderes políticos e ideológicos. El hombre huye de su sombra social que han cosido a sus talones Las sombras de la sujeción dan homogeneidad vigiladas y estructurada en la estremecedora consecuencia del miedo a dejar de existir por efecto de los actos ajenos.
La huida de Ensor se da en sus modelos pictóricos que esperan la llegada medievalista de un Nuevo- Reino, que haga del individuo una promesa de trascendencia.
El Nuevo Reino del siglo XX está más cargado de arcaísmos que de propuestas que racionalicen los peligros universales. Los modelos de Ensor están agrupados en el lienzo, quisieran ocupar el espacio entero en un afán de mostrar su inquietud de personajes desarraigados y estrictamente solitarios, a la espera de una llamada que los liberes de su no ser.
En la sociedad de Ensor el hombre está alienado de su supervivencia económica respecto a su supervivencia de ciudadano de un Estado- Nación. En Ensor, las relaciones ideológicas retroceden a formas religiosas que ya no se corresponden con los conflictos económicos y políticos de modos de producción capitalistas avanzados. La proposición de la filosofía del derecho político hegeliana de que la sociedad civil es la verdad del Estado, de que la esencia de la sociedad civil es la existencia del Estado, se diluye en la formación abstracta de autoritarismo que hace de la sociedad una abstracción. Esta abstracción convierte a los individuos en máscaras. Ensor devuelve al individuo el refugio de parecer Otro. De manera que, todo individuo es en cuanto está enmascarado. La sociedad civil se enmascara en la máscara Universal del Estado. La perfección del individuo es la de poseer la máscara Universal. Un individuo vive extremadamente junto a otro, si su máscara es idéntica a la de Todos. La identidad es el orden. Toda máscara que le devuelva la interioridad es reconocida parte de la Universalidad del Orden. Las máscaras reflejan la suya. La metafísica del encubrimiento de un hombre antagónico presenta peligrosidad y extrañeza. La perplejidad de estar vivo se relaciona con la dependencia de la necesidad de continuar en la sexualidad y la muerte. No hay relaciones lúcidas de un ser que al escrutar su destino deduzca su falsedad.
En las pinturas de James Ensor hay una sociedad que se asoma a la escena de la historia, pero se aterra de su debilidad y entonces se disfraza para convertir la angustia del tiempo en la paradoja de un no querer Ser independiente, pero dentro de una máscara generalizada. Las máscaras de Ensor atraen, al presente, los delirios figurativos medievales de salvación eterna y el sufrimiento irredimible. El pecado y el castigo. La condenación eterna por la soberbia, la avaricia y la lujuria. La predestinación es la elección de una máscara por una mano que se la entrega. La redención individual no es autónoma. En la ideología de Ensor hay una propuesta redentora del alejamiento hombre y religiosidad. La divergencia de la cotidianidad y la paradoja religiosa, le obliga a enmascarar en la uniformidad de su condenación. En los gestos finalistas de la sinrazón báquica llegan los flujos del instinto de muerte y la ausencia de dios. Para Ensor las máscaras avanzan en el escenario del absurdo histórico, exigiendo el finalismo extintivo justificado por la redención del hombre del pecado.
En el cuadro,” La entrada de Cristo en Bruselas”, en 1889, Ensor lleva la multitud a un gran desfile que celebra sus instintos sociales caóticos. Es la declaración pictórica de Ensor sobre la situación de las masas de ciudadanos en el porvenir del siglo XX. La pregunta por el sentido del hombre es una constante primaria del simbolismo del Ser humano ante sus relaciones primarias e irreales. El simbolismo primario se transforma en relaciones complejas cuando la sexualidad y la muerte quedan fueran de la Naturaleza. Entonces el hombre es un símbolo abstracto de sí mismo.
La muerte y la irracionalidad del hedonismo de las masas sociales del siglo XX llevan a Ensor al misticismo imaginario. Él concibe la humanidad en la pasión útil de la salvación de los enmascarados. Lo vano y odioso del ciclo histórico, en el que Ensor vive, lo lleva al pesimismo de las máscaras de carnaval. La contradicción del Ser real y del Ser imaginario le viene en representación de una conciencia falseada: de las relaciones reales a las imaginarias.
Toda su época histórica es la fantasmagoría opaca de la realidad misma. Invertir las relaciones reales en relaciones imaginarias. El extremado mecanismo psicológico inducido por el que se invierte lo real. Pero esta fantagomoria llevará a la muerte de millones de víctimas.
Ensor propone una máscara que exprese el malestar de un individuo sin finalidad. La máscara es “un no ver” en el ver metafísico. James Ensor le da al individuo la certeza de ver. La de lo verdadero detrás de los falso. La orgía del grito y el gesto del Carnaval, que perpetúan el radical simbolismo momentáneo de la huida de lo real. Las fiestas de la carne levare. Quitar y eliminar la carne, en alimento y placer sexual. La moral rigorista victoriana que se impone durante parte del siglo del XIX y llega hasta el final en 1902 de la reina Victoria de Inglaterra. La intransigencia autoritaria de la moral de las clases medias. La severidad penal, en una moral disciplinaria que se interioriza en represión del instinto. La moral artificial y cerrada contra el instinto socializado y abierto de individuos sin espasmos escatológicos y penales.
James Ensor vive bajo la gravedad del rigorismo victoriano. Este rigorismo le hace retratar a los individuos como payasos o esqueletos, y suplantar sus rostros por las máscaras animalescas de carnaval. La sospecha rigorista de que el carnaval se cifra en escaparse de control de la moral cerrada y punitiva. Pero la moral cerrada es una manera de encubrir los conflictos reales de dominantes y dominados. Bajo las máscaras del rigorismo están el dominio de la Época de Ensor: a) del Imperio francés de Napoleón III, b) el imperialismo colonialista inglés, c) la sociedad prusiana del Estado bismarckiano, d) el absolutismo austriaco y ruso, e) la paz armada del expansionismo internacional imperialista, f) las luchas escolásticas de ciencia y verdad revelada, g) la Primera y Segunda Guerras mundiales.
El siglo XX trae un ciclo histórico universal. Estas concepciones jerárquicas de la sociedad pertenecen a la irracionalidad minoritaria y fatalista de la angustia paranoica, que elaboran los mecanismos del delirio de sociedad dominante.
El individuo está prendido en las simbologías de las pandemias del terror inconsciente. La inseguridad se refugia en los gestos histriónicos de la finitud. Los señuelos de la provisionalidad de la existencia se dan en el abismo del consentimiento a la barbarie de las ideologías represivas y al sojuzgamiento de los débiles por los fuertes. Los modelos de Ensor son los individuos de su época, atrapados en el disfraz de la prolongación de la existencia del sometido en el disfraz. Ellos son la pobre gente ofendida y humillada, que en su deterioro físico y mental se asoman al exterior del cuadro. Al espejo que hay frente a ellos, nosotros, para preguntarse, en la simplicidad de su gesto deshumanizador, por el sentido de la vida. Hay en ellos, una intencionalidad extrema y desconsoladora para que se descubran las opresiones de su mundo a la mirada del espectador futuro. Las máscaras de Ensor quisieran salir fuera del presente del lienzo y hallarse en la posterioridad. Pero todo ser actual está fuera del futuro. La memoria no es redentora, sólo es exclusivamente olvido. Los personajes de Ensor testimonian la imposibilidad de atraer hacia ellos la realidad ampliadora del espectador. Se quedan en la contracción inhibidora de los gestos de los seres que han padecido los estragos de lo inhumano. Las pobres gentes de Dostoievski que se humillan y esconden en los guetos de Petersburgo y en la conciencia desesperada de Raskólnikov, por el homicidio de un ser anónimo y su enfrentamiento al mal metafísico y la caída en la culpa moral y en la negación de la participación de lo humano en lo divino. Los modelos de Ensor insisten en ser máscaras, que insinúan una confesión inaudible. El espectador se acerca a ellos, pero no los escucha. Se han vuelto tan herméticos que quedan sus bocas abiertas y desmesuradas, los ojos como botones cosidos, caras de cerdos, de mendigos, chisteras, sombreros de paja, vestidos extravagantes, de ricos burgueses y miserables, que sirven para expresar el expresionismo emocional del ocultamiento. Multitudes cívicas de máscaras que desfilan exigiendo un retorno de la comunidad humana bajo el pretexto del Evangelio de los Pobres. El retorno primitivista de la igualdad social, un mundo alucinado ante el autoritarismo pragmático. La racionalidad expresiva de James Ensor es el de una conciencia, que se manifiesta en las representaciones alegóricas. La simbología de la máscara es definitiva. Las sociedades autoritarias clasifican y enmascaran a los individuos y los abandonan a los gestos moldeados y sumisos ante la certeza de que están en los delirios del miedo. El miedo es un juguete con cuerda. Espera la mano que ponga en acción su mecanismo, hasta que se agote su efecto y se reinicie. Los juguetes repiten sus actos en el vacío de la inocencia. Son modelos de las huidas imaginarias de los enfermos mentales. Los modelos de Ensor esconden la angustia del miedo. Interioridad de las masas sociales inesperadamente atrapadas en Locura de la guerra presentida.
La extremada paranoia del juego de una Sociedad Autoritaria, la fantasmagoría de la autodestrucción: invertir las relaciones reales en relaciones imaginarias.
La estadística de las víctimas de I Guerra Mundial nos podría evocar lo ignoto del pasado. La estadística que da la inhumanidad de la locura, de la competencia de las jerarquías de poder con las máscaras del poder militar, económico e ideológico.

Estos son los datos de víctimas de la Primera Guerra Mundial.

País
Hombres movilizados
Muertos*
Heridos
Prisioneros y desaparecidos
Total Bajas
Bajas en porcentaje del total de movilizados

Rusia
12.000.000
1.700.000
4.950.000
2.500.000
9.150.000
76,3 %
Francia
8.410.000
1.357.800
4.266.000
537.000
6.160.800
73,3 %
Imperio Británico
8.904.467
908.371
2.090.212
191.652
3.190.235
35,8 %
Italia
5.615.000
650.000
947.000
600.000
2.197.000
39,1%
Estados Unidos
4.355.000
126.000
234.300
4.500
350.300
8,0%
Japón
800.000
300
907
3
1.210
0,2 %
Rumania
750.000
335.706
120.000
80.000
535.706
71,4 %
Serbia
707.343
45.000
133.148
152.958
331.106
46,8 %
Bélgica
267.000
13.716
44.686
34.659
93.061
34,9 %
Grecia
230.000
5.000
21.000
1.000
27.000
11,7 %
Portugal
100.000
7.222
13.751
12.318
33.291
33,3 %
Montenegro
50.000
3.000
10.000
7.000
20.000
40,0 %
Total Aliados
42.188.810
5.152.115
12.831.004
4.121.090
22.089.709
52,3 %
Alemania
11.000.000
1.773.700
4.216.058
1.152.800
7.142.558
64,9 %
Austria-Hungría
7.800.000
1.200.000
3.620.000
2.200.000
7.020.000
90,0%
Turquía
2.850.000
325.000
400.000
250.000
975.000
34,2 %
Bulgaria
1.200.000
87.500
152.390
27.029
266.919
22,2 %
Total Imperios Centrales
22.850.000
3.386.200
8.388.448
3.629.829
15.404.477
67,4 %
Total general
65.038.810
8.538.315
21.219.452
7.750.919
37.494.186
57,6 %

domingo, 14 de febrero de 2010

Francisco de Asís y el ángel (4)

Giotto (c.1266-1337), pintor italiano del siglo XIV, establece la aparición en un período histórico concreto de un hombre, que toma conciencia de sí mismo y del mundo en la objetivación de su existencia, en las estructuras capitalistas de producción, distribución, intercambio y consumo, y en los niveles del Estado y la Ideología. El Giotto carece de una conciencia ingenua de la realidad social. Su pintura inicia el ciclo pictórico de mostrar un hombre no enajenado en la ideología religiosa. Sus personajes presentan los efectos del cambio político, económico e ideológico transitivo del modo de producción medieval al modo de producción capitalista primitivo. Las relaciones sociales medievales habrán de modificarse y extinguirse para dar entrada a las capitalistas. Unas relaciones sociales nuevas producen un hombre y una colectividad en una periodización histórica diferente. Se extingue el individuo medieval y aparece el individuo prerenacentista. En los cuadros del Giotto, está la sociedad renacentista que ha superado las estructuras del medievalismo. Un modo de reproducción social distinto da lugar a un cambio de conexiones económicas, políticas e ideológicas. Una sociedad de valores absolutos ahistóricos es ideológica. Funciona a nivel de represiones imaginarias.
El Giotto presenta al grupo social dominante de la burguesía florentina, simulado en la memoria intencional de teoría y prácticas religiosas cristianas. La cotidianidad prerenacentista del siglo XIV se adosa a los ciclos religiosos del cristianismo. En la sociedad florentina, las prácticas económicas y las prácticas políticas e ideológicas están imbricadas en conjuntos sociales progresivos y regresivos. La estructura económica no es autónoma con respecto a la estructura del Estado. Los intereses económicos se confunden con los intereses políticos. Las luchas sociales económicas son a su vez luchas sociales políticas. La estructura económica padece los efectos reguladores de la estructura política. La estructura gremial se legaliza en los efectos que provoca el Estado con dirección hegemónica, pero la estructura gremial es el fundamento del Estado. A través de los gremios, la república oligárquica florentina se divide en clases sociales jerarquizadas en gremios mayores y gremios menores. Los trabajadores que están fuera de los gremios carecen de derechos políticos y por tanto de la efectividad repercutiva jurídica en las relaciones de producción. No son una fuerza social y económica efectiva, sino los soportes del modo de producción capitalista primitivo. Analógicamente en el cuadro, los soportes agremiales serían la imagen "del hombre cortado" del cuadro del Giotto.
Los gremios mayores y menores configuran el bloque político dominante y de ellos saldrá la fracción hegemónica en las funciones del Estado. Las luchas sociales del bloque dominante habrán de radicar en las fracciones del bloque dominante, que buscan la hegemonía en la eficacia deliberada de los actos de Estado. Esta eficacia consolida los estatutos de clases sociales, sus prácticas y luchas sociales. Establece los equilibrios articulatorios de las contradicciones y sus efectos en las estructuras económicas, políticas e ideológicas,de la totalidad social. El Estado florentino supera las relaciones sociales de señores y vasallos, estableciendo las relaciones de clase sobre sujetos-políticos y económicos, a través de la propiedad jurídica de los medios de producción, de la capacidad política de presentar sus intereses particulares como intereses generales. Una clase social es dominante si sus intereses particulares se vuelven los intereses de todos. En las funciones del Estado con dirección hegemónica, se determinan los efectos económicos del desarrollo de la producción gremial. Los efectos de lo económico gremial de clase sobre el Estado y la reversión de la práctica política de clase sobre la actividades gremiales serán decisivas. Esta circularidad diferencia al sujeto-clase medieval del sujeto-clase del capitalismo primitivo florentino.
Los hombres reproducen las jerarquías de poder en las relaciones de dominantes y dominados. El individuo del período histórico prerenacentista solapa esta relación real de dominantes y dominados en las causas irreales de la religión. El individuo de la alta burguesía del siglo XIV será el modelo pictórico del Giotto. Los personajes de los ciclos de la vida de Jesucristo, de la Virgen, los Apóstoles y de los Santos, pintados por Giotto, son un pretexto para la realidad y la idealidad del grupo de dominio que ejerce el poder económico, político e ideológico. La obra de arte del Giotto es un pórtico de la sociedad del capitalismo gremial. El Giotto muestra lo real en las escenificaciones de los ciclos religiosos. En las representaciones pictóricas de Giotto, están las relaciones sociales renacentistas. El arte del Giotto se alejó del sentimiento religioso, alegórico, dogmático y didáctico, hacía un naturalismo racionalista en las actividades sociales de la alta burguesía florentina del siglo XIV. De las figuras hieráticas, planas, del estilo gótico y bizantino, el Giotto pasa al naturalismo de las figuras, a través de líneas amplias y redondeadas. En la figuración del capitalismo florentina, el Giotto introduce la cotidianidad burguesa bajo la configuración religiosa. Hay un cuadro del Giotto que ejemplariza las relaciones sociales florentinas. Es el cuadro del Giotto, “El encuentro en la puerta dorada”, en el que está pintado un fragmento de la vida cotidiana florentina. Es una cotidianidad en la simbología cultural racionalizada de la alta burguesía. La coyuntura del momento histórico queda marcado en su esencialidad: el triunfo económico y político de la alta burguesía y su racionalidad ideológica. La narración del Giotto se corresponde a los conflictos racionalizados de las relaciones de clase. El contenido y la forma son los efectos premeditados del grupo social que encarga la obra al artista y en la que él mismo concluye su ideología y prácticas mercantiles.
Un grupo social hegemónico elige la estrategia de sus efectos colectivos, conscientes e inconscientemente, convirtiendo y simulando las prácticas sociales reales con los motivos imaginarios de la religión. El Giotto presenta la realidad social florentina del siglo XIV, dejando entrever las relaciones cotidianas en el filtro de los motivos religiosos. “El encuentro en la puerta dorada” del Giotto expresa la conciliación del momento actual de clase, económico, político y religioso, de la alta burguesía florentina, con la sociedad. El cuadro concreta el efecto simbólico de traducir las prácticas plásticas a las prácticas reales de dominio y subordinación, que configuran las relaciones de clase. El poder social de una clase es la capacidad de que sus intereses objetivos se conviertan en los intereses reales e imaginarios de la sociedad. Este poder tramado se manifiesta también en la práctica real consciente e inconsciente de la obra de arte. Los efectos de las estructuras sociales de dominio se reflejan en los duplicados de las relaciones estructurales imaginarias. La realidad social se duplica en las simulaciones imaginarias. El cuadro de Giotto duplica la realidad en simulación. Los motivos y los personajes se esconden en el nivel religioso, pero a la vez se alejan de lo religioso para acercarse a la visión del mundo y a su práctica por la burguesía florentina. En la representación del cuadro, se da la idealidad de la sociedad florentina del siglo XIV.El trasunto oculto del poder económico y político de la clase social hegemónica.
Los personajes del cuadro se alinean en una diagonal geométrica imaginaria, que va del vértice inferior izquierdo del cuadro a la mitad de la línea vertical, que cierra la superficie lateral derecha. Un puente duplica esta diagonal geométrica y sostiene la corporeidad de las figuras. La arquitectura renacentista marca la entrada a la ciudad y en su frontal prepondera un arco dorado. Sobre el puente, en su pendiente, hay dos grupos de personajes. Fuera de la pendiente hay un personaje cortado por la mitad. Los personajes, salvo el personaje cortado, están vestidos con los ropajes de las clases sociales altas. Son vestidos de la industria téxtil, que materializa la producción de mercancías, y de donde procede la riqueza florentina. Las actitudes de los pesonajes reflejan a los individuos de la clase social dominante. Uno de los grupos está formado por cinco mujeres jóvenes y el otro por un hombre y una mujer. La escenificación de los personajes es naturalista y sus motivos aparentes son religiosos. La escenificación naturalista se sobrepone al ocultamiento religioso. Los personajes escenifican la recepción de un grupo familiar y su afectividad. El grupo de las cinco mujeres observa a un hombre y a una mujer que se abrazan y besan. El “personaje cortado” es un sirviente que acompaña al personaje. El hombre y la mujer, que se abrazan, están rodeados por nimbos místicos. Los nimbos manifiestan el carácter sagrado de los personajes. El motivo religioso del cuadro es la reunión de los padres de la Virgen María, San Joaquín y Santa Ana. El motivo real es la recepción de un rico burgués florentino, que vuelve de un viaje, por sus familiares. La escenificación religiosa es un pretexto para hacer visibles las relaciones sociales del tiempo histórico del Giotto. Éste representa la actitud de sus personajes en una coyuntura social de equilibrio y de crecimiento de la riqueza de la burguesía florentina. Pero lo verdaderamente sorprendente de la obra del Giotto es la sustitución del hombre abstracto del Medievo por el hombre concreto del capitalismo florentino. Es un salto desde la enajenación de la realidad religiosa abstracta a la sociedad concreta. Del individuo social imaginario al individuo social político y económico.”El encuentro en la puerta dorada” es la representación de los individuos en la historia actual y su alejamiento de las sociedades de salvación imaginaria. De la enajenación del modo de producción medieval, al fetichismo de la mercancía, del dinero, del capital, del salario, de las relaciones reales de la reproducción por las clases sociales florentinas.