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martes, 17 de mayo de 2016

Inocencio X y la mirada moral velazqueña.


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El paso del Estado Medieval al Estado absolutista del siglo XVII se da mediante la unificación de los poderes descentralizados de la Edad Media, al poder unificado en la personalidad ejecutiva y legislativa de la soberanía absoluta del monarca. Hay un desplazamiento del poder político descentralizado medieval al poder centralizado de la monarquía absoluta. De las instituciones políticas y económica, de la aristocracia medieval  descentralizada, en cuanto a norma jurídica de la sangre heredada por la biología más que por la historia, en tanto como a lo sagrado la supremacía de la Iglesia, mediadora y fiadora  del contenido de la ley divina en los conflictos de la autoridad secular.
La sociedad del siglo XVII, coetánea  de Inocencio X es una sociedad totalitaria, estrictamente regulada por adhesión al absolutismo del monarca y a la ratificación papal,pasiva, a los postulados de dominio regio, que consisten en el encubrimiento de la ideología política por la ideología religiosa. Las instituciones ideológicas seculares se ocultan tras la ideología religiosa de masas, garante del poder secular del Estado absolutista. El poder político secular alcanza autonomía absoluta en sus decisiones frente al papado y  a la aristocracia de sangre. Pero esta ideología religiosa carece de correlación unificadora de legitimidad popular ante el poder político absolutista. La ideología religiosa y el poder absoluto forman asimetrías  de obediencia y acatamiento. La ideología religiosa queda sometida al canon absolutista, en donde todas las manifestaciones culturales e ideológicas se someten  al autoritarismo de la monarquía. El Estado soy yo de Luis XIV es la forma axial del arco arquitectónico de un nuevo orden político del Estado absolutista. La ideología religiosa está sobredeterminada por la ideología política monárquica dominante. La región ideológica  política subsume a un conjunto de poder más amplio que la fe en la providencia. La  verdad de un dios presente, en el relato de las escrituras, queda relegada al jansenismo perseguido por el monarca francés y el papado. No hay lugar ni tan siquiera para la mística cristiana de la búsqueda interior de dios. El papado se apoya en el absolutismo monárquico para lograr la disolución de los jansenistas y su rechazo del mundo por la apuesta de la presencia de dios en un mudo sin valores morales. Este ataque al jansenismo de Inocencio X y a la heterodoxia  de esperar el milagro de la presencia de dios en la historia, tendrá un amplio surco en la filosofía europea de la muerte de dios.
Inocencio X se enfrentará como un actor de doble máscara secular y religiosa al poder absolutista, en su negación del tratado de la paz , como fin de la guerra de los treinta años, de Westfalia, y a la condena del jansenismo por Luis XIV.   
Se trataba de mantener una doble autoridad de jerarquía en los conflictos internacionales y en los temas de herejía  y ortodoxia. Enfrentamiento papal a la autoridad del Estado absolutista, en cuanto menoscababa la autoridad pontificia en sus actos sancionadores de las decisiones a los tratados internacionales como expresión geopolítica medieval declinante ante el absolutismo. Actitud obstruccionista al comportamiento laico, un antídoto a la autoridad real, que se habrá de derrumbar ante el poder soberano absolutista, del Leviatán monárquico  sobre la sociedad civil, no sometido ya a la esperanza ideológica de la salvación post-mortem del cuerpo y el alma, pues al contrario habrá de quedar sometido a las reglas de la unidad nacional y al Estado irracional carismático de la filosofía cartesiana de la existencia de la verdad por la duda sistemática. La ideología religiosa quedará prendida en el sometimiento psicológico al terror de la muerte. La salvación personal quedará fuera del mecanismo estatal del sometimiento, con la indiferencia del Estado y de sus hacedores a los estados de conciencia de culpa y salvación, pertenecientes a las instituciones seráficas de la curial Iglesia y dentro del poder del Estado que las garantiza.
No hay correlación de la sumisión política absolutista de las masas populares y la sumisión a la religión trascendente de la fe. La monarquía absoluta  y la jerarquía papal parcelan funcionalmente  la sociedad civil. El poder del Estado absolutista se emancipa de la religión entregando la solución de los problemas de conciencia a la autoridad del derecho eclesiástico.
El Leviatán  de la Monarquía absoluta garantiza  las relaciones de las prácticas sociales religiosas, dentro de los ajustes estructurales, económicos, políticos y religiosos, de subordinación absoluta a una sociedad  totalitaria.
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Inocencio X sufre la transformación del Estado Medieval al Estado absolutista durante su reinado papal. El testimonio de Velázquez a esta situación seduce por la verificación plástica de la coyuntura histórica del poder mixtificado, que delata el retrato que le pintó Don Diego de Velázquez a Inocencio X.
La técnica pictórica de introspección velazqueña fue capaz de penetrar psicológicamente en el personaje para mostrarnos aquellos aspectos ocultos de su personalidad. Inocencio X muestra la expresión tensa, el ceño fruncido, los labios forman un juntura de sospechas sobre el resultado de su posteridad. En su semblante, las contradicciones se manifiestan agresivas, sin que él intente dulcificarlas.
Velázquez observa a Inocencio X con barba desmañada, la pinta como una metáfora de la realidad. La veracidad de Velázquez, sobre el personaje, abruma por su realismo agresivo y manifiesta el conocimiento informativo del pintor sobre su modelo, la situación trágica familiar y de dominio del retratado. Velázquez nos da el carácter del papa como la descripción pictórica de una biografía turbulenta.  
A la muerte de Urbano VIII el cónclave que habría de elegir a su sucesor, se reunió el 9 de agosto de 1644  tras más de un mes de deliberaciones, ningún candidato conseguía el número de votos necesarios para ser proclamado pontífice, debido al enfrentamiento entre las facciones española,  una encabezada por el cardenal Gil de Albornoz y otra, la francesa , liderada por el cardenal Mazarino.
Aprovechando una ausencia de Mazarino, se logró un acuerdo en la persona de Giovanni Battista Pamphili, quien a pesar de su afinidad con España logró alcanzar el número de votos necesario para ser proclamado sucesor de Urbano VIII. Inocencio X denunció el tratado de paz de Westfalia firmado en 1648 sin su participación, que ponía fin a la guerra  de los treinta años y del que surgiría una nueva Europa. Para ello emitió una bula condenatoria en la que declaraba nulas todas aquellas cláusulas que a su juicio se oponían a los preceptos de la iglesia y socavaban la fe.
Sin embargo, su oposición al tratado de paz no tuvo ninguna consecuencia, ya que la opinión papal, en materias de ordenamiento internacional y de circunscripción territorial de las naciones, había dejado de tener la influencia que gozaba en épocas anteriores.
Inmediatamente tras su coronación, Inocencio X emprendió acciones legales contra los Barberini, la familia de su predecesor en el pontificado, acusándolos de apropiación de los bienes de la Iglesia.
Esta actuación papal provocó que los cardenal Francesco Barberini huyera a Francia donde encontraron un poderoso protector en el cardenal Mazarino. La huida de los Barberini facilitó al papa la incautación de sus bienes y propiedades y la publicación, de una bula en la que establecía que los cardenales que abandonasen por más de seis meses los Estados Pontificios, sin autorización papal, perderían sus beneficios eclesiásticos y el propio cardenalato. Esta complejidad de relaciones con el patriciado cardenalicio  de los barberini, enfrentamiento de Inocencio X con la familia aristocrática  Barberine, supuso la lucha por el control de la elección papal y su apuesta por negar el tratado de Westfalia, le  llevaría a Inocencio X a un reinado de utilización de la intriga maquiavélica en la curia vaticana. Esta situación de Inocencio X fue vista y oída por Velázquez en las reacciones psicológicas del papa por su subordinación a los poderes internacionales y  a las intrigas vaticanas  de la curia.
La técnica del retrato manifiesta lo que hemos llamado la transición del Estado Medieval al Estado Absolutista, y la carencia de eficacia de la autoridad pontificia en las relaciones internacionales y las contradicciones en  las internas.
El conocimiento de Velázquez de la política eclesial y de cámara regia, lo llevó plásticamente a una técnica impresionista,  y con ella a un retrato denunciador del nuevo realismo político. El retrato se ubica en una gama de color, de rojo sobre rojos, sobre un cortinaje rojo, resalta el sillón rojo, y sobre éste el ropaje del papa. Esta superposición de rojos no consigue aplastar el vigor agresivo de las facciones de Inocencio X. Velázquez, no idealiza el cutis del papa para darle un tono nacarado, sino que lo representa rojizo y con una barba desmañada, más de acuerdo con la realidad psicológica y social del modelo. Demasiado veraz comentó el papa cuando vio el resultado final. La valentía moral velazqueña es extraordinaria en la manifestación del poder  extremo, en una situación compleja de religiosidad y secularización. ¿Cómo la intencionalidad denunciadora del modelo se escapó a la censura  eclesial?  El prestigio de la pintura de Velázquez y su españolidad taparon sus intenciones denunciadoras.
El pintor asumía el extremo realismo sin ninguna censura interior. Lega el testimonio de su hacer pictórico a la valentía denunciadora de la pintura barroca de Caravaggio. El pintor se debía al arte como un compromiso de  denuncia frente a  la idealización del modelo. El arte velazqueño no enmascara al poder arbitrario y atormentado de Inocencio X.


lunes, 18 de abril de 2016

Murillo: las mujeres en la ventana.

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La sociedad del siglo XVII es una sociedad estrictamente regulada por las instituciones religiosas y el poder secular del Estado absolutista. La religión y el poder absoluto de la ideología monárquica y por otro, la ideología religiosa subsumida en el autoritarismo de la fe en la providencia y las reglas de obediencia a la jerarquía teologal del alto clero curial.
Ambas ideologías piramidales determinan la enajenación del pueblo-nación en la autoridad del Estado y su comportamiento religioso, aditivo de la salvación post-mortem del cuerpo y el alma. Las ideología de unidad del pueblo-nación racional-legal. Y la ideología religiosa de salvación personal, dentro de las instituciones de la Iglesia católica  dan contenido a la sumisión de las masas populares a ambos poderes. La monarquía  absoluta  y la jerarquía  papal introducen el sometimiento de la masa social al poder estatal y eclesiástico. Monarquía y papado subordinado dogmatizan las relaciones sociales de los compartimentos estructurales económicos, políticos y religiosos del siglo XVII.
El arte barroco como instrumento de de dominación de clase reproduce a los valores normativos de las regiones ideológicas de poder aristocrático y poder eclesial.
El arte visual del período barroco y se mueve dentro del naturalismo caravaggiano en declive, la conversión de las formas artísticas a la significación política del enfrentamiento de los privilegios de aristocracia y burguesía ascendente del mercantilismos y las luchas religiosas de Reforma y Contrarreforma, soterradas en la expansión territorial de los Estados absolutista.
El arte del periodo barroco da significado visual a las relaciones sociales dramáticas y al pesimismo racionalista cartesiano de la duda como método del conocimiento, ante las incesante guerra de los Treinta Años, que conllevó la destrucción de las tierras de labor, el comercio terrestre y al enrolamiento de masas de población en tropas mercenarias, que asolaron las ciudades en busca de pillaje. Luego vendría las pandemias de hambre, peste y miseria de supervivencia. A la vez que los períodos de enfrentamiento nacional militar avanzaban y retrocedían, los cortesanos visualizaban su ideología divinizando el poder absoluto, uniformizando los cánones del arte profano. Mientras la autoridad de la Iglesia  lo hacía con el arte religioso. La dicotomía de arte profano y religioso adquirió caracteres de radicalidad de clase. Las academias dogmatizadas de Luis XIV se oponían a la innovación si esta no entraba en las reglas de la grandeza y exaltación del absolutismo. El papado se aferró a las normas pictóricas dadas por los teólogos tridentinos que perseguían un arte censurado ante las desviaciones de las formas y contenidos  de las artes visuales y los textos bíblicos. La demanda se creaba alrededor de los centros de poder  de la corte y la Iglesia.
 El arte debía exalta el poder del Estado y de la religión. La iconografía religiosa se debía  a un sentimiento religioso y la ejecución artística correlativa de santos y paisajes bíblicos, que podía influir en el fervor devocional de masas sociales, estremecidas por la tragedia de la vida, las pandemias infecciosas y los ciclos económicos decenales agrarios de rendimientos decrecientes, depreciación de la moneda y subida de precios, de bienes de consumo inmediato para pobres y de bienes de lujo para los grupos adinerados de la aristocracia y el alto clero. Los salarios perdieron  valor adquisitivo por la depreciación del dinero y con ello un bajo consumo de alimentos y el acortamiento de la longevidad. A esto se debe añadir, como se mencionado más arriba, las guerras incesantes de las monarquías absolutistas que ocasionaban la destrucción de los circuito internos de producción y circulación económicos. Se acentuó la emigración de los campesinos a las zonas urbanas  por la presión fiscal del Estado y de la Iglesia y el miedo al enrolamiento militar mercenario. Rendimientos decrecientes de la tierra, subidas de precios tanto por la baja oferta de producción artesanal y agraria como por la depreciación del dinero monetario en los salarios, ganancias y precios de inflación daban el resultado  de hambrunas, peste en las ciudades y el terror  a la finalidad de la vida para la muerte, que la religión debía cubrir ideológicamente por la exaltación de la piedad de resignación, ante la fatalidad del poder político y de la irracionalidad fatídica de los ciclos económicos naturales agrarios y militares junto a las pandemias infecciosas.
La ejemplaridad  que debían suscitar los pasajes bíblicos, la vida de los santos, mártires de la fe, los  sermones y el temor a la muerte, habrían de disciplinar las protestas populares del bandolerismo campesino y a la ideología de la igualdad de los evangelios de los pobres.
La culminación del sometimiento al Estado y a la Iglesia se cumplía cimentando la subjetividad nerviosa del miedo inyectado en el conjunto social. El individuo y la masa social padecían cotidianidad, sublimando la inseguridad material del hambre y la violencia, en el pueblo-nación  y en la piedad de salvación trascendente a la que obligaban  la violencia de las instituciones políticas y religiosas. O eres un individuo integrado en la ideología dominante o eres un individuo al que se castiga por herejía. La aceptación de los mandatos de las jerarquías de poder llevaba la resignación finalista de obedecer para sobrevivir.
La existencia individual se entregaba a la obediencia de prácticas sociales, los actos de la voluntad de vivir dentro de la enajenación ideológica. Los moldes de arcilla ideológica sobre la actividad humana. El acto de hacer estaba enajenado por una ideología activa. La ideología se vuelve una fuerza material inconsciente,  que coacciona el comportamiento de los actores sociales del vivir.
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La pintura de Bartolomé Murillo ejemplifica el éxtasis de la ideología religiosa de su tiempo, introduciendo la resignación de la sonrisa de los niños pobres, las vírgenes adolescentes, en las penalidades de una cotidianidad sumida en el hambre y la resignación. Los niños pintados por Murillo están siempre en la precariedad de la indigencia. Ahora tan cercanos a los niños abandonados de los países no industrializados o emergentes.  
Hay un cuadro de Murillo:" Las mujeres en la ventana", que ejemplifica una historia trágica sevillana de alcance. La historia esencial de la epidemia de peste en la ciudad de Sevilla de 1649. Murió la mitad de la población. Se perdieron miles de inmuebles por abandono. Los gremios de artesanos y comerciantes quedaron mermado o destruidos. Las arcas municipales quebraron y la mendicidad se apoderó de los barrios pobres. Es cuadro de escasa demanda eclesial que debió pintar Murillo para comerciantes extranjeros del barroco holandés y el pintor estremecido por la presión de la tragedia social.
Las mujeres en la ventana se muestran a la luz de la ciudad. Un nuevo día sevillano. Ya comienza el bullicio de bestias y carros que buscan las callejuelas que llegan a la calle Feria. Detrás de la ventana, el claroscuro de la luz del día que penetra por las rendijas de las hojas de la ventana. La gente que está dentro de la habitación se echaron a dormir en jergones, colchones rellenos de paja y hojas de maíz, que  endurecen con dolor el cuerpo tendido. El claroscuro entinta de franjas grises las paredes y los escasos muebles. Alguna porcelana en una estantería, algunos cuencos de blanco grisáceo. En una pared lateral  cuelga de una alcayata un espejo que refleja la cara, los ojos y el pelo. Cuando entra la luz se vuelve brillante y delatador. La ventana ahora está abierta y ahonda el contraste de luces y sombras. Hay dos mujeres que trajinan de aquí para allá para ordenar el cuarto. Las dos    son una madura y la otra joven. La joven se apoya en el quicio de la ventana, retadora y sonriente, la madura se cubre media cara.  Murillo no pinta el motivo por las que ambas  se presentan sonrientes. Lo oculta en lo indefinido de las no presencias. De ellas, de las mujeres, se habla de su forma de sobrevivir en el pecado de la carne. Mujeres de trato carnal que se intuye por el apodo despectivo  de su trato carnal para denominar el cuadro con la denominación de las gallegas.
Cuando se asoman por la ventana entran en el juego de la alegrías  del ver lo que otros no ven. Murillo nos dejó un instante de la vida cotidiana con sus modelos anónimos.
En la calle y frente a la ventana estaría el pintor que las bosquejaría para luego dejarlas presentes y eternas en un cuadro al óleo. No es un individuo cualquiera es Murillo. Ellas no lo saben, pero pasaran de la inmediatez de los claroscuros de su tiempo al presente continuo de la mirada de Otros que las ven sin ser mirados.  

Un salto de la figuración pictórica de Bartolomé Murillo, que introduce a dos mujeres en la historia  del espectador generacional, que transgrede el presente inmediato del cuadro hasta llegar del siglo XVII al siglo XXI. 

sábado, 21 de diciembre de 2013

El Bosco: condena y salvación.

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El Bosco nos lleva, a través de su pintura, al encuentro de la insuficiencia del hombre para hallar la salvación eterna. Insistentemente ironiza y se burla  con respecto  a las imperfecciones religiosas que correlacionan la fe y las servidumbres del pecado. El hombre siempre está entre las promesas del Jardín de las Delicias y el infierno interior y exterior de su condición religiosa. Las líneas de sus dibujos deforman los rostros hasta la crueldad de la caricatura del loco y el límite de las deformaciones corporales en la superficie rectangular del cuadro, que determina, con sus marcas cromáticas, la visibilidad ante el teocencentrismo finalista del hombre como medida de salvación. El Bosco se esfuerza denunciando la persistencia del pecador por renunciar a ser representante de dios. Por debajo de las masas de color de sus pinturas, surge la voz desesperada de quien quiere salir fuera de destino temporal para no encontrar el horror vacuo del Juicio final.
El Bosco muestra el mensaje  de un hombre que sale de la baja Edad media para encontrarse con el renacimiento de la cultura clásica en las instituciones políticas, jurídicas y económicas. El mensaje de la mediación de las formas legales de la moral sobre los contenidos cristianos de la presencia obstinada del pecado. Bosco, (1450-1516), rechaza un cristianismo que se huelga en la hipocresía de la liturgia, que conlleva los medios y los fines del poder de tener  bajo el disimulo moral. La sociedad está jerarquizada por la aristocracia del dinero, los gremios manufactureros,  el internacionalismo de la producción textil, la circulación del dinero, la aristocracia de los banqueros que controlan los préstamos internacionales a los estados, junto a las finanzas de la Curia del Vaticano. Frente a esta desorganización social desigual de las necesidades sociales, están las instituciones represivas, la pirámide del poder de la riqueza y el mar sin fin de la pobreza. El Bosco se asienta en la protesta religiosa, que exige organizar la Iglesia católica con la tradición del cristianismo primitivo. Los ejes ideológicos de vuelta al cristianismo, en los que El Bosco queda constreñido a su concepción del finalismo religioso de la existencia movida por el sentido de la trascendencia de los actos. La trascendencia mística del movimiento herético valdense que rechaza la veneración de imágenes, la transubstanciación, el Purgatorio, la veneración a María, las oraciones a los santos, la veneración de la cruz y las reliquias, el arrepentimiento de última hora, la necesidad de que la confesión se haga ante sacerdotes, las misas por los muertos y las indulgencias papales, la pena de muerte, el uso de armamentos y la participación en guerras. Aunque el trasfondo esencial de la herejía valdense y protestante es la pobreza y la conexión moral de la necesidad de que tierra sea de propiedad de las comunidades cristianas.
Ante la concepción valdense de las manifestaciones del  mundo religiosos primitivo, están las relaciones sociales de propiedad de la tierra, los gremios  y sus ordenanzas, la producción gremial, la coacción  de los reglamentos municipales dictados para aprovechamiento de minorías  que monopolización las compras de materias primas y las ventas de productos acabados. Los artesanos menores quedan fuera de la formación de los precios de venta y de fijaciones del mercado de trabajo. También  el pueblo de trabajadores desprotegidos por las leyes y las ordenanzas gremiales. La formación del salario y la jornada de trabajo se imputan al precio de venta. Se le excluye de los derechos civiles y políticos de la Comuna Política. Quedan prohibidas las asociaciones de obreros, sus asambleas y se le  divide como el pueblo del diablo  rebelde y el pueblo de dios sumiso.
 Para el Bosco, y por la manifestación social de su arte, la sociedad jerarquizada por la riqueza estaba condenada. Era necesario un retorno a un cristianismo de la pobreza como medio de salvación de la humanidad perdida. No había redención para ella desde una fe basada en el cristianismo sin los pobres. El infierno de El Bosco es denso como el aceite. La suma infinita del horror es la condenación del presente. La suma finita del horror es el infinito que repite los gritos de los castigados en el espanto  de la intemporalidad del mal.
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El cuadro del Cristo con la Cruz acuestas de El Bosco es una  de las mayores expresiones acusativas artísticas de la indiferencia moral ante el individuo condenado.  A la caída del hombre-dios en desgracia por su rebelión contra la injusticia de la pobreza y su rebelión ante el desorden del mundo, se le contrapone la ley del castigo de la muerte o la a reclusión de la pobreza y la ignorancia a sus seguidores. La mística de la esperanza es barrida y expuesta en manifestación de delito contra el poder  y el castigo que éste impone por el desorden. Esta esencial división, la expresión religiosa y el deber del sometimiento a los poderes temporales, el Bosco la traza simbólicamente a través la diagonal  de la cruz, que divide el cuadro de izquierda a derecha, hundiendo a los personajes hacia el fondo del ángulo derecho. La diagonal de la cruz es el elemento espacial que atraviesa la composición pictórica. Introduce a la víctima inocente entre la indiferencia laica de sus ejecutores.  Los personajes del cuadro comentan unos con otros. Nunca se sabrá el sentido de sus comentarios. Pero es evidente que justifican las explicaciones legales del castigo. Exculpan el poder que ha sancionado el sacrificio del inocente. Los gestos de los personajes al igual que la diagonal de la cruz son instrumentos de tortura.
 La eepresentación de Cristo es el de un hombre inocente, dulce y joven. Está fuera de la audición de los comentarios. Es un hombre dentro de él mismo, en el crucial instante de aceptar su desaparición del mundo. El hombre, que sabe con certeza su muerte, se aparta del contacto del lenguaje. No hay conexión ilativa. Sólo en la diagonal de la cruz apoya la cabeza y muestra su semblante reflexivo. La agonía se convierte en mandato de promesa de orden espiritual. El Bosco eleva al sacrificado a la cercanía mística de la iluminación central del cuadro. Y esta luz de la reflexión física  y espiritual está fuera de los gritos y los gestos de los personajes del cortejo. La Verónica está también  fuera de lo inhumano, de la sinrazón de la barbarie. Ellos dos, Cristo y la Verónica, para el Bosco, son dos  seres que quieren huir mentalmente de la sinrazón. Una sinrazón, que el Bosco expresa, pintándola con individuos sayones, aglomerados, manchados con la indiferencia de la  práctica cotidiana del disimulo. Ellos, los personajes del cortejo, gesticulan, gritan, sin sonidos, sólo gestos histriónicos en el silencio de la pintura. Son seres traídos del oscuro tenebroso de las masas de siervos urbanos de la baja Edad Media. Se diría que la amargura del individuo está perdida en la brutalidad de la indiferencia, la jaculatoria de un bestiario.
 En el ángulo inferior derecho del cuadro, tres personajes del bestiario de la insania, cavan jadeando la expresión verbal de la injusticia. La mirada del espectador queda fija en ellos con el estupor que origina la sinrazón. Para El Bosco, la locura del mundo es la condenación del inocente. La multitud de los personajes, arracimados al acompañamiento, arrastran sobre la estulticia la explicación absoluta de la fatalidad del destino ciego del poder que decide la historia y a sus víctimas. Aunque una historia que el pintor quiere acercar a lo máximo a la mirada del espectador es un grito plástico del tiempo convertido en testimonio de lo imperecedero del mal y la locura. ¡Cuánto sufrimiento de las víctimas que cae como hojas en este caminar del hombre sobre el plano vertical de su existencia! Es el dolor que verifica el valor de la existencia. El Bosco hace un cuadro en la esencia de la verdad espiritual, testimoniando la inhumanidad hasta la desesperanza.
3. Adenda
En los siglo XVI, XVII Y XVIII, los Hospitales Generales, las parroquias y las Workhouses utilizaban los espacios carcelarios para los pobres y los locos. Espacios punitivos de la pobreza material y mental de los desajustes sociales de ricos y pobres. Estos espacios carcelarios  desempeñaban un doble juego de represión: a) la conversión de los vagabundos y mendigos  en trabajadores en épocas de bonanza económica, reabsorción del  desempleo y control de los alborotos y rebeliones sociales en las épocas de crisis. b) Controlar la tasa general  salarial media  cuando ésta subía por encima del nivel mínimo de pobreza. De forma que el salario mínimo actuara sobre los productos básicos manufacturados y de  alimentación de pobres. Los salarios reales pagados en los establecimientos de confinamiento para pobres, con costes salariares mínimos, era la medida para las alzas y bajas de los salarios generales y las ganancias medias de la industria. El Salario del bronce marcaba la situación del  mercado de las ganancias. El salario del bronce era el de subsistencia mínima del pobre que producía en las casas de internamiento. Esta variable salarial provenía de los establecimientos de confinamiento de pobres productores y marcaba los ascensos de los precios de los bienes básicos, constituidos en su coste por referencia a la mano de obra internada. El alza del precio de utilidad del trigo aumentaba las rentan de los propietarios hacendados y el salario en trigo del mínimo vital. Al aumentar los salarios reales y disminuir las ganancias de los sectores preindustriales, era necesario que la producción de trigo de los establecimientos de pobres bajara el precio del  mercado de trigo. La utilización de mano de obra barata internada en casas de pobres  afirmaba la dialéctica del trabajo como mínimo de subsistencia y de máxima ganancia. La energía humana, objetivada en el producto, era desvalorizada en términos reales de necesidad. La producción sobre la base constitutiva del trabajo, en el mínimo de subsistencia, era la relación de dominio económico para que el trabajo no llevase en sí sus propias ganancias.


jueves, 6 de junio de 2013

Picasso, las circunstancias a una obra: Pobres en la orilla del mar.


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En el cuadro  el eje del horizonte es muy alto. Como si este eje fuese una reja que enclaustrase a los personajes en la orilla. El plano del mar cae formando ligeras ondulaciones del agua. Los tres personajes están dentro de un ángulo agudo que los expone violentamente a la mirada del espectador. La mujer está ensimismada, los ojos cerrados, la cabeza agachada. El manto que la envuelve, hasta más debajo de la cintura, recorta el rostro de su ser durmiente. El vestido largo cae hasta los pies. Las arrugas del vestido forman pliegues rígidos como los de las esculturas clásicas griegas y romanas. Podría ser que las diosas griegas hayan caído en la postración de las mujeres pobres de comienzos del siglo XX. El cuerpo que se oculta explica el frío de una tarde invierno a la orilla del mar. El hombre a pesar de la tristeza es aún joven. También inclina la cabeza. Su barba le cubre las mejillas. El pelo de la cabeza le cae en la frente. La frente, el arco de la las cejas, la nariz delgada y fina, la piel clara, le dan el aspecto de un hombre fuerte, pero carente de salida convivencial. El hombro del brazo encogido y levantado, el brazo recorre el pecho y encoge el antebrazo y mano detrás del brazo izquierdo. Una línea curva desnivela la balanza de su espalda. El brazo derecho es fuerte. Desde los antebrazos entrelazados arranca la visión escultural del cuerpo. Para el espectador es inevitable rememorar la escultura renacentista de Miguel Ángel. El niño, al lado del hombre, parece decir. Su mano derecha se apoya en la cadera del hombre. La mano izquierda explica. Las manos están abiertas. Los dedos delgados y delicados. La cabeza en extremo moldeada enseña su perfil. Un manto apretado al cuerpo y los pantalones lo defienden de la humedad y el frío. Los tres, la mujer, el hombre y el niño, se han detenido en la arena de una mar que los detiene. Angustiados parecen haber encontrado el límite para su caminar. Lo pies grandes, y en extremo los dedos fuertes, se asientan en la arena con la energía vital de que todo ser vivo quiere permanecer vivo. Estos seres están en un mundo trascendente. En la medida, que su angustia delata la inhumanidad social y el sinsentido del mundo que lo ha llevado a la orilla desnuda de un mar sin solución a sus desgracias. Picasso lleva a la pobreza a la línea última de la angustia psíquica y de escasez de la naturaleza. Es como si este grupo no pudiera volver hacia atrás. Está varado. Al igual que las barcas de madera de los viejos pescadores del mar Mediterráneo. Lo sociedad puede haberse varado en la pobreza. No hay caminos, aberturas, que se abran al futuro. El ser que está en la historia consume su futuro en el presente. El ser del hombre no fluye en el tiempo de la historia. Solo el tiempo circular de la necesidad de  no querer permanecer varado. La fuerza de la voluntad inerte contra la desesperanza. Desesperar es perder toda esperanza. El ser espera, aunque esté varado. La angustia es un salto cualitativo a una nueva situación. La desesperanza no resuelve el conflicto de la contradicción de la existencia y la necesidad. La desesperanza es dura como un metal. Podría ser también   una rama seca que se desgaja del viejo árbol de la vida. Los personajes del período pictórico azul picassiano están pintados desesperadamente esperando la resurrección. La angustia que esperan debería desaparecer al igual que la nubecilla en el viento que proviene de la tormenta. La metáfora que une los dos término de angustia y nubecillas en el viento habría haber podido ser una oración poética a desesperanza en un tiempo que espera materializar la liberación del individuo sometido. El soplo vital de la  poesía no es función de la desesperanza. Incluso, el personaje picassiano “del viejo guitarrista ciego toca la guitarra” lo hace  ante el estertor de la temporalidad de su existencia tiempo. De la Nada de su tiempo humano.
El período azul picassiano se da 1901 y 1904. En política internacional la formación de bloques de naciones militarizadas que van a llevar a la guerra a la población. Es la paz arma europea de preguerra mundial. La crisis de ciclo económico del periodo 1870-1912, a través de ciclos económicos decenales de auges y depresiones, enfrenta las intervenciones del Estado en provecho del monopolio capitalista y la transformación de los sindicatos de obreros en partidos políticos mediante el acceso de la clase media y obrera al censo electoral. En una época de gran optimismo sobre la gestión de la empresa capitalista, las quiebras de empresas adquirían significación nacional de crisis total. Al final, la insuficiencia de capital y la corrupción económica cerraban los  proyectos económicos de inversión y enriquecimientos urgentes. 
Un paradigma de la situación de quiebra empresaria e inversores arruinados fue el de La Compañía del Canal de Panamá. Cuando se declaró en quiebra en diciembre de 1888 y entró en liquidación en febrero de 1889.
El hecho se vio como el escándalo del Canal de Panamá, después circularon rumores de que los políticos y los periodistas franceses habían recibido sobornos. En 1892 se descubrió que 150 diputados franceses habían sido sobornados para que votaran por la concesión de ayuda financiera a la Compañía del Canal de Panamá. Miles de inversionistas perdieron sus inversiones. Después de ser indultado por los tribunales de justicia  Lesseps fue condenado a pagar una multa y cumplir una pena de prisión, pero esta última fue anulada por el Tribunal de Casación con el argumento de que había pasado más de tres años desde que se cometió el delito. Finalmente, en 1904, los Estados Unidos compraron los activos de la Sociedad y se reanuda el trabajo en virtud de un plan revisado. La sociedad francesa durante varias décadas quedó conmocionada por el acontecimiento. A la crisis económica se unió la crisis política del” Yo acuso” de Zola que enfrentaría a los radicales republicanos y a los conservadores monárquicos y los nacionalista. El caso de espionaje atribuido a un oficial francés de origen judío fue una conspiración xenofóbica de los sectores belicistas del ejército. Además de la III República francesa se enfrentó contra la Iglesia Católica para mantener el laicismo del Estado y  controlar la educación pública fuera del clericalismo católico. Esto causo enormes emociones colectivas de afirmación y rechazo. Se acabó con anulación del concordado y las expulsiones de órdenes religiosas.
El ambiente que rodeaba la producción artística de Picasso estaba extremadamente politizado. Pintó monocromáticamente pinturas en tonos de azul y verde-azul y al igual que Caravaggio, llevó a la expresión artística a personajes marginados, prostitutas, mendigos y borrachos. Su concepción del mundo estaba influenciada por la secular miseria española y por el suicidio de su amigo Carlos Casagemas, que se quitó la vida en el L'Hippodrome Café en París pegándose un tiro en la sien derecha el 17 de febrero de 1901. 
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Picasso pinta en el período azul la miseria social de individuos aprendidos en la tela araña de la carencia elemental y el deteriore físico que crea en la naturaleza humana. Delata la correlación de pobreza y abundancia, el infortunio de los desheredados  y la  fortuna de la burguesía y la aristocracia. La belleza y la fealdad de la época se exaltan en el período azul. 
Por este tiempo narrativo, el novelista Louis Ferdinand Céline  escribió, como introducción a su novela “Viaje al fin de la noche, que  viajar es útil, hace trabajar la imaginación. El resto no es nada más que decepción y fatiga. Nuestro viaje es enteramente imaginario. De ahí su fuerza. Va de la vida a la muerte. Hombres, animales, ciudades y cosas, todo es imaginación. Se trata nada más que de una novela  de una historia ficticia. Littré, que nuca se engaña, lo dice, Y además, todos pueden hacer lo mismo. Basta con cerrar los ojos. Ocurre al otro lado de la vida. Basta con cerrar los ojos para percatarse que estamos dentro de un viaje imaginario, donde hombre y naturaleza son imaginación. Nuestro viaje es enteramente imaginario. Va de la vida a la muerte.”
La actitud nihilista de Céline se corresponde con la actitud ideológica que termina por falsificar la realidad volviéndola irreal. La lleva a la irrealidad, a la historia ficticia de la decepción nihilista, a la pesadilla que ocurre al lado de la vida real. La concepción medieval de la historia se quiere imponer en una sociedad tecnológicamente avanzada. Esta concepción de la historia como decepción y fatiga llevará a los mayores horrores genocidas en la gran guerra de 1914- 1918 y el viaje totalitario a la Segunda Guerra Mundial. 
El nihilismo social utiliza en épocas de crisis social a una concepción filosófica que toma a negación de la vida carece, de su significado objetivo, propósito, o valor intrínseco. El nihilismo se puede considerar crítica social, política y cultural a los valores, costumbres y creencias de una sociedad, en la medida en que la sociedad quiere participar de un sentido de la vida progresivo y feliz por dicha corriente filosófica y su discurso político consevador

domingo, 14 de octubre de 2012

André Malraux: la condición humana (4).


1
El modo de ser del hombre no es una invariante. Como un rodillo de arcilla húmeda, se desenrolla para asentarse en el tiempo diacrónico de la mutabilidad. No hay un espejo en el que mirarse para precisar la mutabilidad de los cambios. La ceguedad precede la acción sobre la realidad. El rostro es una máscara de cera que se derrite con la luminosidad de las luciérnagas. Se puede percibir la angustia del ser arrojado a un mundo que se perpetúa por el cambio. La mutabilidad del ser del hombre lo hace declinar con la fatiga de una bestia excesivamente cargada. No llegará ascender por el filo de la curva que lo habría de llevar al vértigo de la permanencia en un estado de quietud. Se debe resistir fatigado con los espasmos físicos y mentales extenuantes, que como piel los envuelven y mudan en la concreción de las relaciones sociales de cada época histórica. El vértigo del tiempo es un sopor de lo habitual. Se entra en el hábito en el modo relativo de la condición humana. Lo habitual no permanece. Se aleja al recibir el empuje de los seres que aventuran la vida. Al identificar el transcurrir de la variante de la vida, se deja atrás  la heroicidad para percibir los instantes  del abandono de la vida. La comprensión del modo del ser del hombre y su época se van modificando en el transcurrir de la individualidad  en las relaciones cronológicas de la historia.
En la época clásica griega y romana, el modo del ser del hombre era la esclavitud. En la Edad Media las relaciones de dependencia de los siervos y los señores. En el Renacimiento, la dependencia antagónica de los mercadores aristocráticos y los gremios menores privados de derechos civiles. En la época del Absolutismo la dependencia general a un déspota revestido de la divinidad y la autoridad punitiva del Estado. Los individuos y los grupos son piezas de la máquina bélica mercantilista y militar. En el capitalismo industrial la relación única de explotadores y explotados. De capitalistas y obreros. Todas estas condiciones históricas tienen un substrato único: la relación social del esclavo y el señor. La venta del trabajo por el precio del salario hace de la existencia del trabajador la de una cosa que se usa por su valor de producir ganancias. Se compra la energía física y mental del trabajador para usarla en la producción con ganancias. Si el trabajador no produce se le eliminar como una cosa sin capacidad de uso. El modo final del ser del hombre es el de finalismo productivo de la ganancia ajena. El capitalista procura el óptimo de producción y ganancia combinando los factores de producción: el hombre, las máquinas y la materia prima en el proceso de trabajo. Los medios y los fines de la ganancia máxima están a favor de las unidades de producción que en máximo de utilización de la productividad. Las ganancias se acumulan a diferentes niveles de productividad ahorrando capital fijo y trabajo variable.
 La ilusión mesiánica es creer en la liberación ilusoria bajo la sustitución de la realidad por la irrealidad. La irrealidad  es la paradoja simbólica del infortunio. La droga del miedo somete al individuo al acto de la sumisión de su condición humana. El modo del ser del hombre es una variable de los instrumentos políticos, ideológicos y económicos de las estructuras  sociales de dominio en cada coyuntura de la  historia.
2
El poeta alemán Rianer Maria Rilke (1875 a 1926) escribe:” Cada sordo giro del mundo tiene a estos desheredados a quienes no les pertenece lo anterior ni todavía lo próximo.” Inquieta la comprensión social de la frase mística del poeta. No es una frase metafísica, sino la manifestación de las contradicciones sociales de aristocracia, burguesía y proletariado de las primeras décadas del siglo XX. Sus palabras  centran la dificultad de refugiarse en la indiferencia en la Gran Guerra (1914-1918). Los ángeles negros de la muerte bañaron de sangre los campos de Europa. Ya el modo de ser del hombre era la irracionalidad del subproducto humano, la soledad del individuo en las trincheras y la voz de mando sobre la sumisión. Condiciones históricas de la modalidad del ser humano en el siglo XX, depredado por las relaciones antagónicas de clase social.
3
 Cada ciclo de crisis social es sordo a los problemas de subsistencia de los desheredados. El silencio y la obediencia del desheredado convirtieron la I guerra mundial en la obediencia de la condición de la esclavitud al barro de del heroísmo de las trincheras, alambre espinoso y ametralladoras. Casi como ahora. A los desheredados  no les pertenecía la existencia como algo suyo. La existencia era una cosa exterior prestada al individuo. Esa cosa se habría de utilizar  en la producción de bienes materiales de revalorización del capital y de las fuerzas de equilibrio militar del poder político del Estado. Los desheredados reproducirán las propiedades materiales y legales de las estructuras económicas e ideológicas anteriores y presentes en la reproducción material de los factores de producción y consumo. También la reproducción de las relaciones de dominios actuales de poseedores y desposeídos. Siempre la condición de lo humano en lo próximo del riesgo exterminante. Ellos son los desheredados Están  en la historia y en regresión/ evolución de la condición humana. Sorprende las variaciones  sordas y monótonas de las condiciones humanas de permanencia histórica de los desheredados. Están en las decisiones variables del poder de Otros. Sus vidas están alquiladas a extraños que las usan para producir. Su valor de uso está implícito en su valor de cambio precio y salario. El intercambio de dinero- trabajo-dinero- trabajo-dinero-trabajo…, la serie continúa hasta el infinito de lo histórico como una constante en los diferentes modos de producción social. Lo histórico es el no ser de la condición humana por su pertenencia  a las relaciones de clase.
4
 Tal vez, por esto, el individuo consciente está obligado a abrirse a la pregunta esencial del sentido de su existencia en el mundo. ¿Cuál es la condición histórica que ha de ser el modo del hombre libre y moral? ¿Se mueve acaso en la fatalidad del universo del déspota como estatuilla de terracota?  Siempre pendiente de su caída en la no existencia. La pregunta sería lo fundamental de cómo se llega a la relación social del individuo sometido en la situación de deshumanidad. Lo grave es que se puede ser y permanecer como cosa y por tanto no habría preguntas de qué es lo hace al individuo no estar en el rango de la condición inhumana.
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Para Malraux, la condición humana del individuo está en el sufrimiento extremo de la revelación del ser del hombre en la historia de su liberación social. El dolor de la acción de una voluntad que acepta la muerte como la pasión mística de resistir al poder de dominio. El dolor físico que se agudiza con la acción revolucionaria, pero que se controla para que ejemplifique el proceso de la liberación. Los personajes de Malraux, en su novela “La condición humana”, están dentro de la revolución china hasta hacer de su muerte una mística de pertenecer a la posthistoria. La posthistoria es un estupefaciente que calma el dolor moral de la acción y la tortura extrema del revolucionario que no alcanza la victoria. La posthistoria de la revolución  hace que un condenado a muerte reparta, en un espacio de tortura máxima, de la píldora de cianuro que le liberaría a él del horror. La divide y la entrega  a dos seres debilitados por la crueldad física y el miedo. En tanto, él  se entrega a los ejecutores de su muerte en ejemplo de solidaridad posthistórica. El dolor físico se vuelve tiempo futuro para la condición humana del revolucionario. El dolor físico extenuante y la angustia por la pasión de salir del caos inhumano. Resistir ante la acción del poder organizado del terror. Dar al individuo la esencia  humana de la post-revolución.  
Los personajes de Malraux están en un clímax de desasimiento del presente para llegar al acto libre de la espera del futuro social de los desposeídos. “Pero siempre el individuo es un destino sin finalizar. Un comienzo repetible de audacia y desesperación.
“Y la exasperación pasiva comienza, la tensión de todos los nervios que no encuentra otro objeto que la espera, comienza. Esperar. Esperar.” Es el finalismo posthistórico de la condición humana de Malraux.

viernes, 28 de septiembre de 2012

André Malraux: Viaje por el río (3.2)


1
Siempre insiste la inestabilidad del miedo. Estamos hechos de la mística del miedo. Ella está en la simultaneidad ambivalente de estar dentro y fuera de nosotros. Viene de la cultura autoritaria que se interioriza como conciencia. La lucha social e individual proviene de la reflexión que llega a adquirir conciencia de sí mismo. Si el miedo se vuelve resistencia, el individuo pasa de la tragedia del esclavo a la tragedia del héroe. Éste acepta el vértigo de su libertad ante el finalismo de su existencia. El miedo salta fuera para caer en la en la elección de la responsabilidad o la caída en la historia de lo mundano.  La obra de Gandhi buscaba que el individuo aprendiera a convertir el dolor de su esclavitud en libertad. Llevaba a las multitudes a la enseñanza de que el dolor es el verdadero saber del acto libre. La libertad se vive juntamente con el que esclavo para liberarlo. La libertad no es un mandato de las libertades civiles. No pertenece a las libertades sociales civiles otorgadas, sino al acto de la práctica en su realización humana.
Es previa a la continuidad del hombre, ya que es su esencia. No hay esencia predeterminada por el código del legislador. La libertad como el agua se filtra entre los dedos y deja húmeda la piel. Es pura sensación del instante. Hay un pensamiento budista que cala en acto de la libertad: la interioridad de la esencia se da en el instante. La vida es el instante. La nada sin tiempo no es responsabilidad de la libertad. Buda siempre sitúa al individuo en el límite de la elección definitiva de su yo trascendente sin la oscuridad del miedo.
2
El carácter único de la vida. Una sola vida que no marca la situación el no ser. Para el héroe la muerte es una profunda herida, pero para el hombre común la muerte es un silencio sin tiempo. La insistencia de los revolucionarios europeos y chinos era despertar a las masas orientales del sopor de la indiferencia a la historia.
Para Malraux, la angustia de la voluntad libre es un descenso por el río de la realidad y la angustia. Dice:”Parecía que la angustia debería aumentar a medida que nos acercamos a la meta. Nada de eso: el paquebote está dominado por el sopor. Hora a hora, mientras que, con las manos empapadas en sudor, costeamos, las planas orillas del río, Hong Kong se hace más real, deja de ser un nombre, un lugar cualquiera en el mar, un decorado de piedra; todos sienten penetrar en ellos la vida. Ya no hay verdadera angustia: un estado confuso en el que entremezclan la enervante regularidad del navío y la conciencia, en el interior de cada uno, de gozar sus últimos instantes  de libertad. Los cuerpos aún no están comprometidos, la inquietud no tiene nada más que un objeto abstracto. Minutos extraños, durante los que la viejas potencias animales se apoderan de todo el barco”.
La angustia, sólo tiene ante ella un objeto abstracto. No está determinada por algo real. No tiene exterioridad es un fluido de inquietud en la interioridad  de la sensibilidad.  Padecer la angustia es esperar el ataque real del enemigo. La espera blanda de la carne ante la barbarie que destruye con  gestos y  gritos. 
Para hallar lo real y abandonar el miedo de la angustia, hay que bajar el rio que llega a la realidad. Ante la realidad o eres existencia en acción o paciente fiebre del animal enrejado.
La muerte metafísica no tiene lugar en el universo revolucionario de Malraux.  Nada se  espera de la muerte. No hay reverso oscuro iluminado. La revolución coloca la combatividad de la pasión sobre la muerte. El deseo es avidez del acto que da a la vida el sentido de la presencia de la libertad en las masas depauperadas.
3
El viaje continúa. “El silencio. El silencio absoluto y las estrellas. Pasan juncos  un poco por debajo de nosotros, impulsados por la corriente que remontamos, sin un sonido, sin un rostro. No hay ya nada terrestre en estas montañas desdibujadas que nos rodean, en esta agua silenciosa y sin chapoteos, en este río muerto que se hunde en la muerte como un ciego; nada humano en esta barcas que nos cruzamos, a excepción tal vez  de las linternas que lucen a popa, tan débilmente  que casi no se reflejan…”   
El fatalismo malrauxiano de una existencia puesta en el juego para la liberación del hombre sometido en este río muerto, que se hunde en la muerte como un ciego. Nada humano en los rostros de las multitudes que atraviesan el clásico río de los muertos. En tanto la filosofía europea  pretende apartarse del racionalismo y el vitalismo,  a principios del siglo XX, para establecer la irreductibilidad del ser humano en el mundo del espíritu como elemento central de una reafirmación frente a las ciencias naturales y la revolución.
 Henri Bergson, que era judío, murió en 1941 en el ascenso imparable de sociedad europea militarizada por las revoluciones de los totalitarismos. Mientras Henri Bergson se abre a la especificad de la interioridad humana  en la memoria, conciencia y reflexión, mediante un método  que escuche la interioridad  finalista y  providencial del estudio de Dios y el ser humano como ser libre y responsable, y también se  inscribe en el registro en el que los judíos son controlados para el genocidio. Su frase de moribundo fue “quise permanecer entre aquellos que mañana será perseguidos”. La filosofía consoladora habrá de finalizar en los hornos crematorios.
Era el final de la filosofía de dios y de la conciencia libre del occidente europeo. La angustia de la existencia aplastada buscaba la memoria bergsoniana del tiempo interior. La simbólica huida de la caducidad en la  memoria interior. Memoria interior que saltase por encima de la decadencia física y ofreciera la actualización del pasado. Tal vez, la memoria de la claridad musical de Paul Verlain en los álamos transparentes, el neogótico de Antoni Gaudí, los pasajes post-impresionistas de Paul Cezanne, la poesía simbolista de Paul Valéry. La obra pura de Mallarmé de contenido intelectual y esteticista. La presión totalitaria nazi arrastraría igual que el río de la muerte. Mientras la lucha revolucionaria en Asia Oriental se enfrentaba a la permanencia o la extinción de los conflictos antagónicos de de explotación del hombre. Las clases sociales lucharían durante decenios por la distribución de la riqueza y del poder de la minoría dominante y de la mayoría dominada.
Dice Malraux: los prefiero, pero únicamente porque son los vencidos. Sí, en conjunto tienen mayor razón. Más humanidad que los otros: virtudes de vencidos. Lo que es bien seguro es que siento un odio asqueado por la burguesía de la que procedo. Pero en lo que respecta a los otros, sé muy bien que se volverán abyectos tan pronto como hayamos triunfado juntos… Lo único que tenemos en común en esta lucha  y eso está  mucho más claro.”  El personaje de Malraux explica las razones por las que se entrega a la revolución  China. La mayoría de los intelectuales burgueses de los círculos de intelectuales rusos estaban asqueados de su vida. “Mi vida no me interesa. Y Si me matan se acaba la cuestión. La revolución se vuelve metafísica en su finalidad, puesto que los revolucionarios se volverán abyectos tan pronto como hayan triunfado. Se anticipa la contrarrevolución interior de la burocracia revolucionaria que traerá el final de la revolución rusa.

sábado, 15 de septiembre de 2012

André Malraux: Saigón y la ciudad oculta. (3.1)



1
Malraux  escribe sobre el Saigón colonial francés como si estuviera dentro del espacio de una ciudad desolada. Ciudad desierta y provincial. Con largas avenidas y bulevares rectos, en donde crece hierba bajo grandes árboles tropicales. El culí que tira de la ricsa, chorrea sudor. En un lugar de este espacio urbano, hay un barrio chino con múltiples rótulos dorados de caracteres negros, pequeños bancos y agencias comerciales de todo tipo. Los comerciantes chinos se introdujeron en el comercio que iba del Sur de China a Vietnam. En la Conchinchina francesa comerciaban con la   artesanía oriental, la propiedad de pequeños bancos de bajo capital oferente de préstamos de altos intereses y plazos de devolución breves. El crédito era usurario. Provenía del excedente de la agricultura de los pequeños y multitudinarios campesinos que los intercambiaban a bajos precios con los comerciantes de las ciudades portuarias. Los excedentes provenían más del bajo consumo que de incrementos de productividad. Las altas ganancias de los compradores que se acumulaban en los bancos para controlar las reservar y facilitar un crédito de altos rendimientos.
El sistema colonial europeo se basaba en la compra de materias primas y productos alimentarios básicos sobre las diferencias del valor del trabajo campesino y artesanal, y un precio monetario bajo de compra que trasladara los excedentes a los precios. El mecanismo de mercado que traslada los excedentes económicos a los precios determina las ganancias.  Esto origina la polarización acumulativa creciente de las ganancias en una clase social y la acumulación creciente en la clase dominada que trabaja.  El valor trabajo que se incorpora a los precios del coste de producción se deprecia o se acrecienta en su realización monetaria.  Cantidades de valores de uso se adquieren gratuitamente en su compra-venta. Las compras de los comerciantes a los campesinos y artesanos a bajos precios daban este resultado. Enormes cantidades de valores de uso no pagados formaban el contingente exportador de ganancia colonial gratuita. Las exportaciones coloniales se podían vender en la metrópoli a precios más bajos, incluso así  obtener enormes ganancias extraordinarias. La producción industrial colonial se incrementaba con los precios bajos del mercado de materias primas y medios alimentarios coloniales que producían un doble efecto: disminuir el capital de producción reduciendo los costes del capital fijos y  reducir los salarios. Ambas causas aumentaban la tasa de ganancia de los sectores industriales, comerciales y financieros del colonialismo. La dirección de los negocios iba siempre buscando el incremento del beneficio colonial mediante el consumo diferencial de precios metropolitanos y precios de colonias. Los valores coloniales gratuitos se incorporaban a la producción industrial fijando altas ganancias y relativos crecimientos coyunturales de los salarios. Los salarios reales por debajo del consumo necesario originaban altas ganancias que se repartían en todos los sectores económicos de la metrópoli colonial. El gran negocio comercial de ida y vuelta de los capitales de la burguesía compradora de productos a bajo valor en la colonia y vendedora de los excedentes de valores de uso no pagados a precios de mercado posibilitaba el mantenimiento de la revalorización creciente del capital.
La oferta industrial de la metrópoli a la colonia era  a precios monetarios bajos para provocar el hundimiento de las industrias artesanales. Las  diferencias de valor-precio hundía la competitividad de los productos manufacturados coloniales. Los productos textiles se exportaban a precios bajos para las colonias con el fin de destruir la oferta de las  empresas artesanales de baja composición de capital técnico con respecto al capital humano. Su baja productividad encarecía su producción y por tanto eran incapaces de competir a los precios textiles importados por los comerciantes coloniales. El fin era destruir la producción colonial desfasada en su productividad para imponer la venta exclusiva de los excedentes de oferta colonial. El mercado colonial monopolizaba la oferta de producción y manipulaba la demanda interna y externa. En conclusión, la miseria de campesinos y artesanos profundizaba el estancamiento económico y político de las masas sociales. A la vez que se creaba una burguesía adicta económicamente al colonialismo Los comerciantes y banqueros oriundos  se introducían en el comercio desigual de los campesinos y en los préstamos usurarios que posibilitaban la propiedad de la tierra, los animales y herramientas de labranza. Los intercambios desiguales, en valores de trabajo y precios monetarios, afluían y se materializaban en masas monetarias de plata en el sistema bancario metropolitano.
 Las masas de campesinos y artesanos arruinados emigraban a las ciudades para trabajar, en niveles extremos de subsistencia, para el mercado externo.  El culí malrauxiano que tira de la ricsa es un exponente del infra-trabajo de las masas emigrantes de antiguos campesinos propietarios y de artesanos arruinados. Los culíes serán en la novela de Malraux los elementos radicales y decisivos de las huelgas revolucionarias, por su miseria y trabajo extenuante.
2
Este mundo social opresivo se manifiesta en la narración de Malraux como insostenible. Sólo se sale de él, cambiando la ideología conservadora  con la praxis revolucionaria de las clases oprimidas.
Malraux es un viajero en su acción y en sus ideas. El barco que lo lleva a Hong Kong y Cantón atraviesa el océano de las desigualdades explosivas de clase. Estas desigualdades sociales se vuelven obsesiones imperativas revolucionarias, producir y reproducir la vida, a través de una conciencia de clase activa políticamente. El mundo antagónico de la necesidad y la satisfacción  atraviesan necesariamente la organización de la desesperación en un partido político revolucionario que organice la violencia política de las masas depauperadas. Malraux se entrega al viaje existencial de hallar la  revolución en la miseria social. Es un viajero en un tiempo negador de las condiciones de permanecer ciego, mundo, ante la evidencia de la realidad social. Los antagonismos de clase se han de dar en planos políticos de absoluto radicalismo. Los individuos se agrupan en la desesperanza de la pobreza. Los desesperados son fragmentos del salario bajos con jornadas de trabajo extenuantes. No se  escapan de la relación opresiva de vendedores de trabajo y compradores de trabajo bajo la condición pasiva de la resignación.
3  
Para André Malraux, su viaje por los inicios de la revolución china del siglo XX es un viaje por la condición humana que debe convertir las ideas en acción. Él es un intelectual de su tiempo histórico. Nadie escapa a su historia personal ni a la Historia. En la primera década del siglo XX, los intelectuales europeos de izquierdas estaban decididos a convertir las utopías sociales en praxis revolucionaria. La historia les mostraba la posibilidad de reflexionar sobre las derrotas sociales de la izquierda utópica y progresista en 1789,1800, 1812, 1838, 1848, 1870, 1914, 1918. La revolución permanente incesantemente se encallaba en la reacción militar de los sistemas conservadores aristocráticos. Algunos intelectuales de izquierdas no querían abocarse a la acción anarquista, sino a la organización de una fuerza política militante que fuera capaz de resistir la reacción organizada, llevando a las masas sociales la organización de un partido disciplinado y clandestino y el salto cualitativo de la formación de líderes de masas.
En la China de 1911, una  fracción del ejército se sublevó, junto a masas de obreros y estudiantes, y se apoderó del arsenal  y las sublevaciones locales se multiplicaron  en todo el territorio. En 1912 Shangai caía en poder de los rebeldes  mientras Cantón se unió a la revolución. Sun Yat Sen se convierte en presidente de la república y se instala en Nankin .
Sun Yat Sen se volvió el intelectual revolucionario en Asia y en Europa. A partir de él,  los intelectuales europeos de izquierdas habrán de concebir la revolución como la acción de masas bajo la dirección de una fuerza política organizada y revolucionaria. La novela de los Conquistadores será una descripción incesante de este principio de acción política revolucionaria a través de sus personajes.
La reflexión política de Malraux se daba en la necesidad histórica de la  praxis revolucionaria. En la novela, su objetividad es la de un viajero que asiste a la gradación violenta del escenario social. Las estrategias de resistir y vencer expresan el abandono del individualismo por la permanencia de la revolución social.
 El viajero debe llegar a un espacio de la historia, donde la violencia revolucionaria sea el progreso organizativo de las masas sociales dominadas.

lunes, 27 de agosto de 2012

André Malraux: al sur de China (2)


1
En la novela de Malraux los Conquistadores hay un proceso de introspección del autor en las relaciones sociales, que conllevan las precepciones y reflexiones en un proceso de cambio social. El convencimiento del autor de que las masas sociales actúan en los procesos revolucionarios para cambiar la dirección inhumana de la historia. No hay cambio en la sociedad si la pasividad de las masas sociales no se vuelve acción intuitiva y reflexiva. Como una aventura estrictamente militar un intelectual europeo participa en la ritualidad de la guerra.
Los capítulos de la novela los Conquistadores están clasificados como  los cuadernos de guerra. En ellos se reseñan, fechas, horas y meses, los acontecimientos que viven un grupo de revolucionarios chinos en las primeras décadas del siglo XX. El tiempo se fija en grafías numéricas y dejan en el lector los diferentes jalones del caos dinámico de los actos humanos y el caos inmóvil de la Naturaleza. La narración se vuelve medieval en su textura canónica de ritualizar las prácticas revolucionarias en la indiferencia amoral de la minoría dirigente por la conquista del poder del Estado. Los conquistadores del poder se vuelven dioses de finalidades de dominio. El individuo es una circunstancia del azar en el ritual estratégico de enfrentamientos militares y políticos. La fatiga, el cansancio, el homicidio, no detienen la búsqueda de los medios para conseguir los fines.
Debería suceder que en la fatiga del tiempo el hombre no deseara fijar el azar en lo esencial de su existencia, sino una relación biunívoca de pensamiento y  ser. El ser finito del hombre no debía ser el del mundo. La guerra es narrada por Malraux en la fatalidad que debe vivirse sin juzgarla. Para Malraux la realidad social aparece exterior al soporte de la pasión y la voluntad, en los grises de la acción y la lucidez. Las relaciones de necesidad e incertidumbre agrisan las pasiones, marcan movimientos de  estrategias que deciden las diferentes posiciones de los contendientes. La estrategia de permanecer retiene la variabilidad de las posiciones de los combatientes. Para Malraux, una conciencia trágica resiste en el movimiento angustioso de existir en la oscuridad. De la oscuridad hay que salir para ver la crueldad. La variabilidad de las posiciones existenciales y del mundo se ordena a través de numeraciones cronológicas. La existencia tiene las geometrías variables de la voluntad, la sagacidad y la penetración clarividente del intelectual y del guerrero.
El primer capítulo de los Conquistadores de Malraux  lo fecha el 25 de junio. No hay año. Acostumbrados a ligar los acontecimientos a los años, queda el capítulo definido en un contexto excesivamente amplio. Tal vez un año no exista en un período de guerra. Los acontecimientos de un día anticipan y cumplen la angustia del tiempo futuro. Un año es un espacio en blanco, excesivo para un diario. Quien le da años a su vida desconoce el destino. No dar años a la historia es negar su homogeneidad. La historia  es angustia contenida. Nadie vuelve a lo que ha vivido. La culpa ahínca la desmemoria. La conciencia pierde su lucidez en la ausencia unitiva de las palabras y las cosas. Los días, los meses y los años cuelgan secos como ristras de palabras vacías en el lugar de la desmemoria. No hay recuerdo si no hay palabras. Sin palabras no hay culpa. Sólo lágrimas en la memoria del instante. La memoria es vasija de la aparición de instantes arbitrarios y escasos. Instantes, luces en las vidrieras góticas. No hay barro en la memoria, sólo luces de vidrieras coloreadas. Los años no se abren nunca a la memoria. Solo instantes.
2
Escribe Malraux: 25 de junio.: “Se ha decretado la huelga general de Cantón”. La fecha instantánea se ha convertido en el inicio de la fecha de una historia. Desde ayer “el radio”  está expuesto en el tablón de anuncios, subrayado en el rojo.
 No es posible reconocer en las huelgas del siglo XXI, el impacto social que determinaba la huelga general en los finales del siglo XIX y siglo XX. La huelga general era el mito soreliano del sindicalismo revolucionario. La huelga general debía cambiar las condiciones de producción y de propiedad. Suponía la aurora roja. La réplica era el decreto de estado de guerra por parte del gobierno. El ejército abría fuego contra los manifestantes como si fuera una guerra ante enemigos exteriores. La huelga sorealiana era inicio de la fuerza irracional. El comienzo de una revolución de clase social. Su resistencia dependía de la capacidad de mantener unidos a los obreros en su pánico  y cubrir las necesidades de sus familias. Estrictamente era una fuerza combatiente de escasa duración. Su debilidad residía en la negatividad de la necesidad material y el ocaso del entusiasmo reaccionario. El instinto de supervivencia es conservador.
Escribe Malraux: “Hacia el horizonte el Océano Índico inmóvil, liso, barnizado…sin  estelas. El Cielo cargado de nubes hace pesar sobre nosotros una atmósfera de cabina de baños, nos envuelve un aire saturado….Día a días, las noticias van precisando el drama que comienza; va tomando cuerpo…Hasta el momento las hostilidades del Gobierno de Cantón se habían manifestado en palabras, y de pronto los telegramas traducen actos. Más que los tumultos, las huelgas en las calles, lo que impresionada a todos es la voluntad inesperada, y que parece tan tenaz como la voluntad  inglesa, de no contentarse con palabras, herir a Inglaterra en donde más le duele; su riqueza, su prestigio. La prohibición de vender en la provincias dependientes del gobierno de Cantón de ninguna mercancías de origen inglés, ni siquiera de un chino el que la ofrece; el método por el cual se controlan ahora los mercados, uno tras otro; el sabotaje de las máquinas por los obreros de Cantón y, por último esta huelga general que, de un solo golpe, afecta a todo el comercio de las isla inglesa, mientras los corresponsales de Presan señalan la excepcional actividad de las escuelas militares de Cantón(…) Una guerra emprendida por la anárquica potencia de China del Sur contra la roca militar desde la cual el imperio fortificado vigila a sus rebaños: Hong-Kong, cerrando como un cerrojo el Río de las Perlas sobre el que extiende  la masa gris de Cantón, con sus líneas de puntos que indican barrios imprecisos, a unas horas apenas de los cañones ingleses. Si es alcanzado, reducido, antes o después, al rango de pequeño puerto, sí más simplemente se debilita, eso significa que China puede encontrar los dirigentes que hasta el momento le han faltado hasta el momento para lucha contra los blancos y la dominación europea se derrumbará. La repercusión de la formidable lucha emprendida  por el imperio que personifica el desorden, de repente organizado, contra el pueblo que más que ninguno, representa la voluntad, la tenacidad y la fuerza”.
Malraux introduce en la narración la Naturaleza del Sur de Asia. La naturaleza sólo es copresencia, lo natural indiferente a las apasiones políticas antirrevolucionarias y revolucionarias. “El Océano Índico inmóvil, liso, barnizado…sin  estelas. El Cielo cargado de nubes hace pesar sobre nosotros una atmósfera de cabina de baños, nos envuelve un aire saturado. Luego la estrategia: “Una guerra emprendida por la anárquica potencia de China del Sur contra la roca militar desde la cual  el imperio fortificado vigila a sus rebaños: Hong-Kong, cerrando como un cerrojo el Río de las Perlas sobre el que extiende  la masa gris de Cantón, con sus líneas de puntos que indican barrios imprecisos, a unas horas apenas de los cañones ingleses.”
Pero hay algo más importante, el cambio de la conciencia política de los chinos a través de la revolución: Si Hong Kong es alcanzado, reducido, antes o después, a rango de pequeño puerto, sí más simplemente se debilita, significa que China puede encontrar los dirigentes que hasta el momento le han faltado para luchar contra los blancos y la dominación europea se derrumbará. La repercusión de la formidable lucha emprendida  por el imperio que personifica el desorden, de repente organizado, contra el pueblo que más que ningún, representa la voluntad, la tenacidad y la fuerza.
La conciencia ahora es un cambio cualitativo de la pasividad a la actividad. Para Malraux, significa que China puede encontrar a los dirigentes que hasta el momento le han faltado para luchar contra los blancos y la dominación europea se derrumbará.