sábado, 28 de agosto de 2010

Kafka: En la Catedral (1)

“A K le habían encomendado mostrar algunos monumentos artísticos a un buen cliente italiano del Banco que por primera vez visitaba la ciudad. (…) La plaza de la catedral se hallaba vacía. K recordaba que aun siendo pequeño le había llamado la atención divisar siempre cortinas cerradas de las ventanas de las casas que rodeaban aquella angosta plaza.(…) Caminó por las dos naves laterales y sólo había una vieja envuelta en una manta y que se encontraba de rodillas ante la imagen de la Virgen.(…) Cuando K, por casualidad, se volvió, vio un enorme cirio encendido. Por mucha luz que diese no alcanzaba para alumbrar las naves laterales; aquellas luces más bien pronunciaban la oscuridad. ”
El capítulo IX del Proceso, está descrito bajo el efecto simbólico de la oscuridad. La catedral se convierte en una arquitectura sumergida en la oscuridad de la irracionalidad. A lo largo del capítulo, y de acuerdo con la técnica de deformación del espacio, Josef K va tanteando centímetro a centímetro.
Simbólicamente, la oscuridad manifiesta la escasa importancia que K da a un espacio religioso y la relaciones opacas de sus sentimientos a una jerarquía sobrenatural. En la época de Kafka, el orden humano había sustituido un orden religioso deducido de valores sobrenaturales. Lo temporal y lo sagrado divergían hasta que las relaciones sociales se plasman en la ideología de los fenómenos políticos de masas. Lo temporal conflictivo ocupa el espacio de la actividad política y lo sagrado de la intimidad kierkegaardiana se vuelve una paradoja minoritaria de la apuesta del infinito de la vida. La estructura de los fenómenos sociales está bajo la presión racionalizadora del hecho experimental del positivismo incrustado en la ciencia y la técnica. Los individuos más que salvarse de la miseria del mundo por el escapismo religioso quieren vivir felices en él. La alegría del vivir urbano se escapa de las tradiciones medievales Las estructuras psíquicas se anclan en el eje corto de la vivencia. Las estructuras psíquicas de masas se fragmentan en múltiples vivencias individuales. Se va de las masas urbanas a las estructuras simétricas de los individuos. El recorrido expresivo y uniforme de las experiencias vitales va del inconsciente individual al inconsciente colectivo. Este inconsciente establece analogías de comportamiento colectivo en una perennidad, que aparenta unificar las leyes sociales con las leyes naturales. El positivismo de los hechos sociales da su regularidad, posibilitando un mayor control de la sociedad por la manipulación de los sentimientos carismáticos y nacionalistas. El conjunto de teorías, creencias y doctrinas, referentes a la vida de ultratumba se vuelven una representación ritual e íntima de la perplejidad y temor a la muerte. La religión ha dejado la escatología de los valores trascendentes al porvenir ideológico de la ciencia. La conciencia colectiva gregaria urbana se separa del sentimiento contemplativo religioso y se precipita a la praxis modificativa de la situación histórica de clase por la comprensión de la naturaleza humana en naturaleza histórica. El hombre quiere ser voluntad decisiva, en la historia de su transformación participativa del poder social, por la acción política, ideológica y económica de la sociedad. El individuo-masa urbano se desarraiga de la conversión de sus experiencias vitales en simbolizaciones religiosas. Traduce sus actos partidarios, de su suceder apasionado de la historia, por una voluntad que se emancipa de la moral sobrenatural. Las masas sociales se enfrentan, a las condiciones de su supervivencia, por las categorías económicas y sociológicas que interrelacionan la producción económica y la espiritual. En estas categorías se antagonizan la propiedad de los que poseen y los desposeídos. Las pasiones políticas, vivir en la historia que se hace por la acción, se estratifican en las clases sociales que miden su identidad en sí por los ingresos salarios, ganancias industriales, financieras y rentas de la tierra. Esta distribución desigual de la producción estratifica la voluntad popular en voluntad partidaria conservadora y revolucionaria.
Franz Kafka llega a la oscuridad de la Catedral para expresar su convicción del alejamiento del sentimiento religioso. Las masas sociales padecen el oscurecimiento de las estructuras ideológicas, económicas y políticas y la violencia partidaria de eliminación física del contrario político.Seres alucinados que quieren imponer la revolución de las clases medias por la violencia. La teorías políticas de un Estado totalitario proponen la eliminación de los antagonismos sociales por una acción que dé nacimiento a un Estado corporativo, que jerarquice capitalistas y trabajadores en instituciones de subordinación jerárquica. Una actividad de la producción y la riqueza de clases mediada por la actividad represiva y los rituales de divinización del líder y de los cuadros políticos. Las agregaciones punitivas debían escalar la cotidianidad y ocultar la legitimidad de la voluntad popular. Los valores jerarquizados se representan en los espacios rituales como incrustaciones de continuidades de civilizaciones ahistóricas. Las motivaciones coactivas crecen en eficacia a la vez que decrece la actividad acrítica. La eficacia de la organización totalitaria varía con la cantidad de apropiación de las gravaciones tributarias. La sociedad industrializada totalitaria unifica los criterios técnicos y empresariales de producción de mercancías a los criterios de eficiencia de la casta tecnocrática, que administra las decisiones de los centros de poder del Estado. La eficiencia del poder totalitario contienen los criterios de racionalización positivista de la producción y la competencia de mercado, en instrumentos de rendimientos económicos monopolistas. La mercancía-humana se debe comprar por su valor de uso en la producción y obtener su valor de cambio en el mercado monetario. Se obtienen ganancias monetarias haciendo trabajar al individuo más allá de lo que se paga por su compra. Las productividades, en escala de producción y las ganancias de los organismos industriales complejos, se homogenizan con los organismo complejos de poder social de las élites jerarquizadas. La eficiencia de la ideología económica predominante impregna y satura las esferas jurídicas y políticas. Las estructuras complejas industriales y de poder social se interrelacionan en cohesiones identificativas, bajo los intereses generales de la clase dominante.
En estas cohesiones identificativas se desarrolla la actividad de Josef K por evitar la condena. Dice Kafka:” Era preciso procurar comprender que ese gran organismo de la justicia era en cierto modo eterno en sus fluctuaciones, que si uno pretendía cambiar en él algo por su propia autoridad era como no encontrar el suelo bajo los pies, poniéndose así en grave peligro de caer, mientras que la gran organización fácilmente podía, ateniéndose a su método, hallar una pieza de recambio y quedar como antes, salvo que- y esto era lo más probable- se hiciera más fuerte, más alerta, más drástica y más dañina.”
Cuando Josef K habla con el pintor Torelli, un intermediario cercano a la justicia por retratista de los jueces, éste le pregunta a K qué clase de absolución prefiere. “El pintor había acercado la silla a la cama y prosiguió hablando en voz baja:
-Se me había olvidado preguntarle qué clase de absolución prefiere usted. Hay tres posibilidades: la absolución real, la aparente y la prórroga indefinida. La absolución real es evidentemente la mejor, sólo que no hay nadie que pueda ejercer la menor influencia para lograr una absolución de este tipo. Es la inocencia del acusado la única que puede provocarla. Puesto que usted es inocente, tal vez fuera efectivamente posible que se abandonara a su inocencia y se confiara enteramente a ella. Pero en este caso no necesitaría ni mi ayuda, ni la de nadie.” Torelli hace el razonamiento jerárquico del absurdo. Manifiesta su indiferencia al padecimiento del individuo que le resulta una coartada para vender sus cuadros. La extrañeza al Otro humano no le importa, ya que quiere convertirlo en un objeto de valor de uso inmediato.
En este momento de la vida de Josef K, se unen las experiencias de la búsqueda del los fautores del proceso jurídico y su convencimiento de la inutilidad de sus actos para impedir su condena. Igual que los condenados a muerte esperan su ejecución sin conciencia de su existencia inmediata. Josef K presiente su caída en el castigo semejante al temblor de hojas en la oscuridad de la Catedral. En ella, Josef K está dentro de la oscuridad que manifiesta la oscuridad de un ser perdido en la irracionalidad de su acusación. Ya el Abogado le había prevenido del desarrollo jurídico de los procedimientos judiciales: “El orden jerárquico y los distintos grados de la justicia eran infinitos, por lo que ni siquiera los miembros de ella los conocían con precisión. Los procedimientos se llevaban a cabo eran secretos por lo general incluso para los funcionarios de jerarquía inferior, quienes apenas podían comprender el lejano curso ulterior que tomarían los asuntos en los que estaban trabajando, de modo que los asuntos en los que estaban trabajando entraban en la órbita de su jurisdicción, las más de las veces, sin que supieran ellos mismos de donde procedían ni adonde irían. Siendo así, a estos funcionarios, se le escapan las enseñanzas que podrían obtenerse del estudio de todas las fases individuales de un proceso, de la sentencia final, y de sus fundamentos.”
Hay una contante inseguridad en los personajes kafkianos. En la oscuridad de la Catedral, Josef K intuye que lo están persiguiendo. Presuponen que el individuo perseguido acumula sospechas con su actividad social. La tortura se basa en la denuncia que se quiere avalar en el paroxismo de la orgía sádica.
“¿Qué desea este hombre?-pensó K- ¿Despertaré sus sospechas? ¿Buscará una propina? Pero al darse cuenta de que K lo miraba, le indicó un lugar indeterminado con el índice, que tenía aún contra el pulgar un pedacito de tabaco. Su gesto era inentendible. K aguardó un momento, pero el sacristán seguía su ademán y moviendo la cabeza quiso dar a entender que le indicaba algo.”
La culpabilidad generalizada se interioriza. Forma un complejo psíquico que paraliza la voluntad, tanto de los individuos y de los conjuntos sociales, en despojos psíquicos, arrojados a la red del totalitarismo del odio y la violencia.
“-¿Qué deseará?- se dijo K en voz baja. ¡Qué hombre!-pensó K !Está muy bien ubicado sirviendo a la iglesia¡ ¡Él para su macha cuando yo no avanzo¡ !Cómo me vigila cuando camino!.

sábado, 14 de agosto de 2010

Kafka: Primera citación para el proceso (y 2)

Hay generaciones progresivas que problematizan su presente. Se alejan de una conciencia estática del mundo, incidiendo en no contemplarlo definitivamente heredado de la generación anterior, sino para considerar provisional el devenir de la historia, por su concepción futurista de que la vida es un proceso vital transitorio, que fluye en los antagonismos del poder de las minorías y la realización perfectiva de la sociedad en su conjunto. El hombre produce la visión espiritual del mundo y los procesos de productividad y reproducción de la materia, que satisfacen las necesidades sociales progresivamente humanizadas. La estática de la generación conservadora convierte las contradicciones sociales en irresolubles, y le da a su visión del mundo permanencia atemporal histórica. La generación conservadora gira repetidamente: radio de una circunferencia, que toca todos los puntos de la misma y segmenta el área circular histórica, monótona e incesantemente. La cultura, que impregna una época histórica progresiva, debe adaptarse al legado recibido de la generación pretérita, pero modificando las circunstancias materiales y espirituales de su época. La membrana, que cubre las experiencias materiales y espirituales de los grupos sociales, debe ser desgarrada para hallar un patrón racional y emocional del mundo que supere la estática de la involución humana.
La generación posterior a la I Guerra Mundial quedó aterrada por las consecuencias destructivas de la guerra. Negó la validez histórica de los imperativos de irracionalidad, plutocracia, hedonismo y militarismo aristocrático, que habían hundido la cultura de 1789 a 1914 en las trincheras del barro de Europa. Para evitar el horror de la guerra y de las crisis económicas, se debían constituir órganos internacionales, que contribuyeran a una dinámica de resolución de los problemas irresolubles del pasado, mediante una dinámica social crítica y de acción, que negara los valores históricos heredado, la manipulación de las masas sociales por obra de las pasiones racistas y la obtención de ganancias empresariales por el procedimiento de comprar la capacidad de trabajo a precios de subsistencia y altos beneficios del trabajo explotado. Las intrigas, de las alianzas internaciones de potencias imperialistas, para adquirir zonas de mercados a sus productos industriales, por un intercambio desigual de materias primas y alimentos a precios baratos por productos manufacturados caros, que conllevaran alimentación barata a la población urbana metropolitana, y mayores rendimientos empresariales, conducían al dominio militar y económico de millones de colonizados y millones de Km2 de superficie colonial. El dominio imperial del mundo para los grandes negocios monopolizados. Las políticas internacionales de los imperios emergentes se imponían o debilitaban militarmente ante los contrarios superiores. Un intenso revanchismo internacional estaba debajo de la proclama de guerra. La ideología excluyente afirmaba la negación física del enemigo exterior en las soflamas patriotas. En estas circunstancias totalitarias, el individuo debía tener la pasión del destino heroico, la dialéctica del revolucionario, ante la propaganda conservadora, y las astucias de las instituciones políticas militares y burocráticas. El individuo se arriesgaba, por una finalidad evolucionista y dinámica del yo y el mundo, y del individuo y la sociedad totalitaria.
Las generaciones no quedan fijadas a las dinastías sucesorias, ni a estadios sobrepasados por las situaciones dinámicas de producción material y espiritual.
En la postguerra, de la I guerra mundial europea, los artistas y los intelectuales exigieron una modificación de las estructuras sociales de poder militar y aristocrático, que precipitaron a los países a una guerra mundial depredativa de recursos humanos y materiales. Una guerra tecnológica implica la destrucción de las ciudades, las tierras de labor y la industria, el conocimiento moral y la eliminación en masa del hombre mismo, y las bajas posibilidades de recuperar los recursos destruidos. La teoría propagandista de las reparaciones de guerra es ideológica. Los países destruidos por la acción militar están fuera de un orden progresivo y perfectivo. Se mantienen en la emigración y la miseria crónica.
Las exigencias modificadores de un orden social, superado por la destrucción masiva, se descubren en la angustia kafkiana de un mundo irracional y absurdo y en George Grosz (1893-1959), pintor e ilustrador expresionista alemán, que manifiesta sus experiencias vitales traumáticas con sus dibujos y caricaturas, en los que satiriza las relaciones sociales en la Alemania posterior a la I Guerra Mundial. Cuando Franz Kafka escribe el Proceso en 1916, George Grosz, entre 1915-1917, simplifica la grafía de su obra para expresar el horror de la guerra y la caída moral de la sociedad, después de la derrota militar de la aristocracia militar prusiana. La producción artística de Grosz barre los contenidos morales conservadores, la conciencia militarizada, la inseguridad social generaliza para instrumentalizar el sometimiento de las masas sociales a una reglamentación, económica y política, genocida. Grosz de adhiere a la estilística dadaísta subversiva de captación de expresiones hipócritas, avariciosas y egoístas de clases sociales improductivas. Su participación, en el Levantamiento Espartaquista, convirtió a Grosz en un denunciador de las condiciones expoliativas y depredadoras de la sociedad alemana de postguerra. Tanto su obra pictórica como su militancia le servirían para ser procesado por incitación al odio de clases, ofensa al pudor, vilipendio a la religión, e injurias a las fuerzas armadas, además se destruirá parte de su obra satírica sobre la sociedad alemana.
El paralelismo generacional de la praxis de Kafka y Grosz proviene de su comprensión del mundo, desde la conducta irracional de la clase dirigente. Esta irracionalidad está en la ironía gráfica de Grosz como en la ironía del absurdo kafkiano, al ser ambos coetáneos en el flujo de la historia: Grosz, (1839- 1959), y Franz Kafka (1883-1924).
En la obra literaria kafkiana, hay una clara intención deformadora humorística, denunciadora de los comportamientos sectarios, de la oscuridad irracional del individuo sometido, junto a la angustiosa soledad de su obra, impuesta por las instituciones coercitivas familiares y sociales. La novela El Proceso, 1916, es una declaración incesante de inseguridad legal. El patrón unitario, de una visión apocalíptica del mundo, circunscribe la obra plástica de Grosz y la narrativa novelística de Franz Kafka. El humor deformante, de ambos, expresa la situación desesperada e irracional de su época, ante una sociedad que asume la uniformidad seriada de la muerte violenta y el silencio fatalista.
Escribe Kafka:
“-Es necesario que cierre una vez que usted pase; nadie más puede entrar.”El laberinto social de Josef K lo arroja a la provisionalidad existencial. Su excitada sensibilidad percibe la irracionalidad de su situación de acusado. Está solo en el laberinto. Su autenticidad proviene de su existencia en el peligro de una voluntad extraña, que había construido el laberinto de él. Josef K se encuentra empujado al laberinto. La puerta se cierra y nadie más puede entrar.
“No obstante entró. Entre dos hombres que se apoyaban contra la puerta-uno de ellos hacía con las manos los ademanes propios de estar contando dinero, mientras otro lo miraba fijamente a los ojos- surgió una mano que tomó a K del brazo. Pertenecía a un joven de poca estatura y rosadas mejillas.
-Venga, venga usted.”
El avaro sólo conoce el dinero en una relación de fetichización de los metales preciosos. La alegoría kafkiana de los dos personajes, antes de entrar en la asamblea, donde uno hace ademanes de contar dinero y el otro lo mira fijamente a los ojos, es de la avaricia abstracta por medio del metal-dinero, que concreta la pasión del avaro por la riqueza en oro y plata. Pudieran ser los personajes medievales alegóricos de la danza de la avaricia y de la envidia. Uno que cuenta un dinero inexistente y otro que mira fijo.
“K se dejó conducir, notando que entre el grupo abigarrado de gente había libre un estrecho sendero que probablemente dividía a los dos partidos. Esta conjetura era tanto más verosímil cuanto, que a todo lo largo de las dos primeras filas, tanto de de derecha como de izquierda, K no vio ningún rostro vuelto hacia él, sino solamente las espaldas de personas que dirigían sus discursos y ademanes a los de su grupo. La mayoría vestía de negro con solemnes levitas ceremoniales, que colgaban flojas por sus cuerpos. Tal vestimenta era la que desorientaba a K, pues de no ser por ella, había creído encontrarse en una reunión política. En el otro extremo de la sala, hacia donde se le condujo, habían colocado una mesita puesta de través sobre un estrado bajo y cubierto de gente, al igual que el resto de la sala; detrás de la mesa, casi al borde del estrado, un hombre pequeño y grueso, casi sin aliento, estaba sentado y hablaba en medio de grandes risas con otro que se mantenía de pie a sus espaldas, las piernas cruzadas, y los codos apoyados en el respaldo de la silla. (…) El hombrecito se volvió y escuchó inclinándose lo que le cuchicheo el otro al oído. Luego sacó un reloj y echando una rápida mirada sobre K le dijo:- Usted debería haberse presentado hace una hora y cinco minutos.”
K iba a responder algo, pero un murmullo que se levantó de la mitad derecha de la sala, apenas hubo de hablar aquel hombre, se lo impidió. (…) El silencio en la sala era ahora mucho mayor que al entrar K. Sólo los que se amontonaban en la galería no dejaban de hacer notar su presencia. Por lo que podía distinguirse de ellos en la penumbra, a través del humo y las exhalaciones parecían peor vestidos que los de abajo. Muchos habían llevado cojines que colocaban entre su cabeza y el techo para no lastimarse”. “-Aunque haya venido muy tarde, el caso es que estoy aquí.”
A estas palabras siguieron aplausos provenientes de la mitad derecha de la sala.
-Si- respondió el hombrecillo-pero ahora ya no estoy obligado a interrogarle.
Se reprodujeron los murmullos, pero esta vez, empero, su razón de ser se prestaba a confusas interpretaciones puesto que el hombre prosiguió diciendo, mientras hacía señas para que se callasen:- Sin embargo, excepcionalmente, hoy lo haré. Es preciso que no vuelva usted a llegar con retraso. Y ahora, adelántese. (…) K estaba contra el borde de la mesa, y tanta era la presión que los demás ejercían sobre él, que debía resistirse para no arrojar del estrado la mesa del juez y quizá con ella al propio juez.”
En esta descripción kafkiana nos encontramos con el humor ácido y político de las caricaturas sociales de Grosz y de Honoré Daumier (1808-1879), pintor y caricaturista francés, cuyas obras tratan la cotidianidad desde una perspectiva social marcada por la protesta anticonservadora.
“Sin embargo, el juez de instrucción no se inquietaba por eso, sino que seguía cómodamente sentado en su silla. Luego de decir una palabra al hombro que se encontraba detrás de él, tomó un pequeño libro de registro, único objeto que se hallaba en la mesa. Se hubiera dicho que se trataba de un viejo cuaderno escolar, muy deformado a fuerza de haberlo usado.
-De manera-dijo el juez de instrucción hojeando el cuaderno y se volvió hacia K con tono de comprobación- que es usted pintor de brocha gorda.
-No- respondió K-. Soy apoderado de un gran banco.
Esta respuesta hizo que la mitad derecha de la sala rompiera a reír tan cordialmente que K no pudo menos que imitarlos. Los espectadores se tomaban las rodillas con las manos y se agitaban con un gran ataque de tos. (…) El juez de instrucción preso de ira y no pudiendo hacer nada contra la gente de la sala, trató de vengarse amenazando a las dos galerías. De un salto se puso en pie y arqueó las cejas, que de ordinario no llamaban la atención, pero que en ese momento aparecían erizadas, negras y gigantescas sobre los ojos.
Josef K comienza su alegato, presentado a juicio de la asamblea, la anomalía de su situación legal. El texto del alegato es un grito desgarrado de un individuo incluido en la irracionalidad del procedimiento de la culpa ignorada.
Dice Josef K:” Escuchen esto: hace alrededor de diez días fui arrestado. Personalmente el hecho en sí me divierte, pero no se trata de eso. Una mañana muy temprano fui sorprendido en la cama; quizá habían recibido la orden del arresto (después de los que acaba de manifestar la instrucción ello me parece muy posible) contra algún pintor de brocha gorda tan inocente como yo, pero en todo caso es a mí a quien eligieron. (…)
Continúa Josef K: “Detrás de mi detención, para hablar de mi caso y detrás del interrogatorio de hoy, se mueve una organización que no solo ocupa a agentes sobornables y a inspectores y a jueces de instrucción pedantes, sino que además mantiene jueces de alto rango, con sus innumerables ejércitos de criados, escribientes y policías y otras fuerzas auxiliares, quizás inclusive verdugos. ¿Cuál es el sentido de esta gran organización?.Consiste en obtener inocentes y abrirles proceso sin sentido y la mayor parte de las veces, sin resultado alguno. Ahora bien, en medio de la falta de sentido de este sistema, ¿cómo no iba manifestarse el carácter venal de los funcionarios?. Es imposible, señores, que no quede evidencia. El juez de mayor jerarquía no podría ocultarlo. Por eso los agentes procuraron robar las ropas del detenido, por eso los inspectores se introducen en casa ajena, por esos los inocentes se ven deshonrados ante una asamblea en vez de ser interrogados normalmente. El discurso de K fue interrumpido por un chillido que provenía del fondo de la sala. En toda la sala brillaban pequeños ojos negros; las mejillas parecían mejillas de borrachos, las largas barbas eran feas y ralas, y cuando se llevaban las manos a ellas parecía como si estuvieran arañando el vacío con los dedos. Pero por debajo de las barbas- y este fue el verdadero descubrimiento de K- relucían insignias de distintos colores y tamaño, bajos los cuellos de aquella gente.”
Josef K denuncia las detenciones de personas en los Estados Totalitarios. El terror significa el control y adiestramiento de gente, que persigue a las masas sociales desorganizadas y a los individuos peligrosos en aclarar la verdad de la violencia organizada.
“Después abrió la puerta y bajó apresuradamente por las escaleras. A sus espaldas oyó el rumor de aquella asamblea que se recobraba para discutir lo ocurrido, como se haría en una clase de colegiales.”
La ironía de Kafka manifiesta su incredulidad sobre las condiciones legales en las que vive con un traje prestado. Es un hombre de una generación progresiva, que sabe que su situación está sobre el filo de la navaja.

domingo, 1 de agosto de 2010

Kafka: Primera citación para el proceso (1).

Kafka sabe que el individuo está envuelto por la certidumbre del flujo temporal, por los cambios de las circunstancias históricas, que determinan metamorfosis de su carácter y actitud. Pero cuando la existencia se vuelve la repetición monótona de un mundo sin finalidad, entonces concibe la evolución regresiva. La naturaleza social humana muda en simbologías que sustituyen los actos de una voluntad moral y libre. Kafka llega a concebir la regresión hasta un símbolo- insecto, que se aleja dramática dentro de las percepciones de su sociabilidad perdida para extinguirse en una habitación cerrada. La evolución de lo humano llega a ser regresiva hasta la modificación zoomorfa. La narración “La metamorfosis” sustantiva el laberinto kafkiano de la angustia. Éste es inherente a la lucidez de una conciencia angustiada. Los efectos del laberinto son desdoblar los actos reales en imaginarios. La metamorfosis es la angustia de una irrealidad que no exige el retorno a lo humano. El insecto sabe que es inhumano. La soledad del hombre impide que su existencia corresponda a la necesidad humanizadora de Otro, que afirma la coexistencia por el pasaje del tiempo. La angustia detecta la presencia del laberinto. El convencimiento de estar dentro de él, en una condena metafísica. El laberinto es poroso y se escuchan los ruidos genocidas del Minotauro desde cualquier lugar. La angustia kafkiana no exige salir del laberinto ni perderse en la inconsciencia de la Nada. Los personajes kafkianos buscarán la salida a su condena en el laberinto conscientemente, aunque la duda sistemática lo impida. No hay forma de permanecer oculto dentro del laberinto. El laberinto gradúa su transparencia en razón a la oscuridad que envuelve al individuo. El laberinto no es un lugar particular, sino la totalidad de espacio social. Esto hace que toda una generación se incluya en la angustia del laberinto. El terror social crece en proporción directa a la crueldad del Minotauro. A mayor crueldad del Minotauro mayor terror de la sociedad y viceversa. En el laberinto se aguarda consciente o inconscientemente al Minotauro. Todo hombre descubre, por las experiencias vitales, la distancia a que encuentra el Minotauro. El laberinto de múltiples transparencias se llena con el flujo temporal de la existencia.
Con la citación, para el inicio del proceso, que recibe Josef K, éste entra en el laberinto. Las condiciones sociales de la existencia de K se irán modificando en conformidad a la crueldad ciega del laberinto. Josef K se inicia buscando, en la vivienda de un suburbio, la sala de audiencias en la que va a ser confirmado, con la marca de los indagados en culpabilidad oculta. El laberinto de la ideología kafkiana insiste en la deformación de la relación espacio-temporal. K penetra en un laberinto deforme, fuerzas de poder que utilizan la realidad como una culpa destructiva. Las alucinaciones del laberinto provienen de intereses materiales e ideológicos de grupos jerárquicos, que invierten las causas del sufrimiento. Deforman su inhumanidad en la plasticidad de la mentira. La existencia social queda mutilada por ocultamiento y falsedad de la ideología de dominio. Ella se vuelve quebradura del delirio y mala fe. Los procesos de oscurecimiento, en la obra kafkiana, manifiestan actos intencionales de crueldad y silencios de una voluntad que interioriza la mentira, que conforma una conciencia inauténtica para destruirla. La voluntad de dominio compone perspectivas invertidas de realidad alienante. El individuo sujeta su vida a los talones de la manipulación. La irrealidad arrastra las experiencias conscientes a las sustituciones oníricas de la enfermedad mental. Las patologías de la enfermedad mental se vuelven la realidad misma. El miedo quisiera ser la realidad.
En Capitulo II, de la novela el Proceso, el personaje Josef K penetra en la embocadura de la irrealidad por la incertidumbre de una culpa inexistente. Josef K está trabado a las expresiones de las relaciones del poder irracional. Franz Kafka va a reproducir, en lenguaje literario, las deformaciones ideológicas sobre los hombres y las cosas. Utilizará la plasticidad del lenguaje para desfigurar y desproporcionar la realidad. La incertidumbre confiere la dinámica del impacto y la deformación de una realidad arcillosa. Franz Kafka maneja lo probable de una verdad plástica y la modela en el delirio iniciático de las ceremonias de la crueldad.
El comienzo del Proceso se inicia con una citación indagatoria sobre “su asunto”. El asunto absoluto que afecta a Josef K es una trama de anea sobre la que escurre el agua de la duración de la culpabilidad y el plazo de cumplimiento de la sentencia. La instrucción del Proceso se inicia con la citación. K sabe que: “Se sobrentendía que estaba obligado a presentarse, por lo cual se había considerado necesario hacer la debida aclaración sobre este particular. Le dieron el número de la casa a que debía acudir, un inmueble lejano, situado en una calle de un barrio distante en el que K nunca había estado. Se dirigió hacia al barrio que se le había señalado. (…) Mientras tanto corría con mucha prisa para estar seguro de llegar a las nueve, aunque no había sido citado para una hora determinada. Pero en la calle Julios, en la que debía encontrarse el edificio, y la entrada, ante la cual permaneció K un largo rato, presentaba a cada lado casas grises y uniformes, grandes edificios baratos que se alquilaban a gente pobre.” El laberinto de Josef K se presenta en un suburbio. El problema de penuria de viviendas para obreros era un tema recurrente en la prensa de la época de Franz Kafka. Un país, que realiza un cambio de modelo de la pequeña producción artesanal y agraria a la gran industria capitalista, se encuentra con una masa de obreros emigrantes agrícolas a las grandes ciudades industrializadas. El desplazamiento de la composición de la población de un país es consecuencia necesaria del progreso de la industria y la transformación del modelo de producción agrario. El desplazamiento de la población de obreros agrarios y su ubicación en ciudades precapitalistas origina hacinamientos depauperados en zonas marginales de refugio, y altos ingresos especulativos, por venta o alquiler, a los propietarios de viviendas. Se puede originar una demanda creciente de demanda de viviendas desde una política financiera de endeudamiento social, este modelo de ventas de viviendas, ya no pertenece al modelo de atracción a la ciudad de población agraria a la industria para hacer crecer la actividad económica a bajos salarios, sino por la manipulación persuasiva de poseer “propiedad” mediante salarios bajos, alto endeudamiento e inflación de ganancias empresariales. Los salarios bajos añaden a las familias un alto coeficiente de endeudamiento. El retorno de masas de deudas a sus plazos de vencimiento provoca el colapso de cobros a los acreedores y la paralización de los créditos bancarios. La crisis de subconsumo y paro está en razón a salarios reales bajos y altas ganacias. Las ganacias empresariales están en razón inversa los salarios. Si bajan los salarios crecen las ganancias y al contrario. Las deudas de los compradores cubren el crecimiento de los precios y las ganancias extraordinarias, pero su realización monetaria depende de la morosidad. En la época de alta industrialización la penuria de viviendas se vuelve una rémora para el crecimiento de empleo industrial y la ampliación del mercado interno de consumo. En las épocas de baja industrialización, la burbuja de viviendas destruye los mercados internos de consumo de bienes industriales y de bienes de subsistencia, causando regresiones de marginalidad y depauperación, ya superadas históricamente con el crecimiento de la productividad del trabajo.
“Uniformes y grandes edificios baratos que se alquilaban a gente pobre.” Dice Kafka. Ya en la novela América, Kafka escribe sobre la multitud de pobres que se asoman por las ventanas para indagar obsesivamente en un paisaje anónimo de abandono y pobreza. “En aquella mañana de domingo, la mayor parte de las ventanas estaban ocupadas por hombres que, en mangas de camisa, y apoyados en el antepecho, fumaban o vigilaban a los niños de corta edad que jugaban en la calzada. En otras, colgaban hacia fuera montones de ropa de cama por encima de las cuales aparecían a veces la cabeza desgreñada de alguna mujer. De una ventana a otra se gritaban por encima de la calle. (…) A intervalos regulares de la calle y un poco bajo el nivel de ésta había pequeños puestos en los que se vendían distintos alimentos.” Masas de obreros recientemente integrados en el mercado laboral industrial a bajos salarios, que ocupan viviendas, pequeñas, mal construidas y de alquileres caros. Kafka insistirá en la construcción de estas viviendas, en sus condiciones de habitabilidad, y en la humildad depauperada de sus moradores.
”La casa estaba bastante lejos; tenía un portón muy amplio y alto y era gigantesca en su totalidad.(…) K avanzaba ya hacia la escalera tratando de dirigirse al salón de audiencias, cuando se detuvo al comprobar que había otras tres, además de un pequeño corredor que parecía conducir a un segundo patio.” K está frente al laberinto. “Eligió una al azar. Para averiguar el lugar de la sala de audiencia: Josef K se procuró un pretexto, el nombre de Lanz, para preguntar en todas las puertas si allí no habitaba un carpintero Lanz, con la intención de asomarse al interior de la habitación. Pronto se dio cuenta que la excusa era superflua pues casi todas puertas se hallaban abiertas de par en par, permitiendo el ir y venir de los niños. En general dejaba ver habitaciones pequeñas con una sola ventana, que servía de cocina y dormitorio.” La literatura de Kafka describe la precariedad en la que los trabajadores se integran en las ciudades industriales. Su realismo manifiesta la posición de clase obrera de los habitantes de las barriadas suburbiales: el espacio de la degradación y el sometimiento.
“Llamó a la puerta de un quinto piso. Al abrirse ésta, inmediatamente vio en la pequeña habitación un gran reloj de pared que marcaba ya las diez. ¿Vive aquí el carpintero Lanz?-preguntó.
-Adelante- dijo una joven de ojos negros y resplandecientes que lavaba la ropa blanca de un niño en una cuba, mostrándole con la mano mojada abierta la habitación vecina.
K creyó que había entrado en una asamblea. Una muchedumbre apretada y de aspecto muy distinto llenaba una habitación de medianas dimensiones con dos ventanas y rodeada, a poca distancia del techo, por una galería llena de gente, la cual sólo encorvándose podía permanecer allí, con la cabeza y la espada pegando en el techo”.
La relación paradójica que establece Kafka, una multitud que se aprieta en un espacio extremadamente reducido, que luego vendrá a describir como buhardillas, concreta uno de sus motivos recurrentes y distorsionados de su realidad. La muchedumbre apretada en los espacios oníricos da entrada a la angustia del laberinto.

viernes, 16 de julio de 2010

Kafka: Josef K.

Dostoievski, en “Memorias del subsuelo”, descubre para la novelística la psicología del hombre del resentimiento. Un individuo sin capacidad de olvido, que activa las huellas del inconsciente, los traumas de la humillación en una reiterada e interiorizada venganza. Las motivaciones de lástima y orgullo le llevan a fabulaciones sadomasoquistas. Con él, aparece el animal con memoria, que rumia sin olvido, que habrá de dar a la aparición de personajes del resentimiento totalitario, su aparición partidaria en las manifestaciones conservadoras de masas del siglo XX. Se uniforma bajo la connivencia y la financiación económica de grupos extremos, en su rencor anticapitalista y en su extremado rigor violento con las actividades de obreros, que reivindican mayores incrementos salariales o peticiones pacifistas en las crisis internacionales. El hombre del resentimiento atacará de manera exterminativa a los oponentes de clase económica e ideológica. Sus sentimientos de rencor se homogenizarán en las simetrías de los uniformes y en movimientos corporales rítmicos. Las sumisiones de mando y rango en la sombría posición del lumpenproletario. El desclase en la mediocridad vengativa. El rencor y el viciado monólogo de esperar escondido en la memoria del subsuelo. La flagelación humillante para penetrar en los delirios esotéricos del futuro, que aguarda en el tiempo del subsuelo.
Sin embargo, Josef K, de Kafka, es la creación literaria de un personaje al que se le limita la duración de la vida por ser un condenado que ignora la culpa por la que es castigado. Josef K cae bajo los límites represivos de instituciones sociales ocultas e independientes que aplastan las relaciones de una voluntad individual libre. Si el lenguaje dostoievskiano reitera la venganza obsesiva del hombre del rencor que se ha separado de la comunidad como sustancia de su realidad y pretende existir manteniendo las quemaduras de una conciencia humillada y sin olvido, Josef K es un individuo de una colectividad falseada que le predestina a ser una persona falsificada, incluirlo en la irracionalidad del ser atrapado en una cotidianidad sin valores absolutos de justicia y libertad. Un mundo social urdido en la ideología de la culpa irredimible, que da al individuo los atributos de estar apresado por delitos desconocidos. Josef K se enfrentará a la fatalidad del destino personal bajo el proceso por un delito del cual desconoce la causa. Es un ser predestinado por regulaciones jurídicas capaces de ejecutar y definir la fatalidad de la culpa irredimible, elevada a los distintivos de las bestias agresivas y solitarias de los seres modificados por la inoculación del odio.
En las anotaciones del diario, coexistentes a la escritura de la novela El Proceso, Kafka cuenta:“ No puedo seguir escribiendo. Me encuentro en el límite definitivo, ante el cual debo permanecer de nuevo décadas enteras, para empezar una vez más una nueva historia que quedará inconclusa. Este destino me está persiguiendo.”
Las novelas de Kafka suelen quedar inacabas, en correlación a las dilaciones de la intuición creadora, que dan sentido a la complejidad de una situación existencial angustiosa, de escaso perfeccionamiento formal y sentido real de los actos justos, en un mundo sin temor ni espera. Los estados de ánimo depresivos, le impiden a Kafka proseguir sus trabajos en un acto lúcido, que le posibilite intuir las formas del conocimiento, en la trabazón social del dominio de la familia autoritarias y la sociedad intransigente, que imponen la fuerza imperativa, monótona, persistente y absurda.
La sociedad kafkiana, de las dos décadas primeras del siglo XX, se hunde en un modelo de reproducción social autoritario, que se mantiene sobre la manipulación de las conciencia invertida por el empleo del poder absoluto. Kafka pertenece a una sociedad agotada, de relaciones de poder autoritarias, que se ocultan en un cinismo simplificador de la verdad para ocultar las discontinuidades de un orden social de inestabilidad interminable. Los relatos kafkianos están en la provisionalidad emocional e intelectiva de una concepción del mundo inmanente a los flujos temporales de la memoria histórica, en su extinción social. Si para Dostoievski hay el sufrimiento de la redención trascendente, para Kafka la fatalidad de su existencia pertenece a la oscuridad de una sociedad vigilada por la delación y la injusticia arbitraria. El individuo está sujeto al sinsentido de una sociedad, que deja la radicalidad de la existencia vacía, y el límite natural de la durabilidad en el silencio infinito de la muerte.
La vida de Josef K, en el Proceso, se determina sobre un delito desconocido, que le imponen fuerzas sociales irracionales. Su condena se manifiesta en la estructura de la tragedia del absurdo. La vida de Josef K habrá de ser la confirmación de una sentencia condenatoria por un delito que ignora. Nunca podrá defenderse hasta llegar al extremo de su asesinato como una víctima degollada. Josef K está en la gratuidad de la negación del hombre sin culpa, castigado por el procedimiento de conservación de una sociedad en decadencia.
Si la tragedia de la negación consiste en adoptar una actitud de no gustar ni participar de un mundo carente de valores trascendentes e intemporales, la tragedia de Josef K es la negación de un proceso judicial interminable del que ignora su procedencia y finalidad. Josef K buscará una entrada en la historia circular de los poseedores de la crueldad. Lo finito humano se adentra en lo infinito de la voluntad organizada en institución de poder. Josef K soporta el resentimiento, aplicado a debilitar y acabar con el hombre real y consciente.
La novela, “El Proceso”, se inicia con el arresto de Josef K. La Policía entra en su domicilio cuando él está dormido. Se encuentra desnudo ante la interrupción de los sujetos obedientes al mandato de detenerlo. La acción está dirigida a debilitar su identidad. Un individuo sorprendido está desnudo ante la coacción. El comienzo del terror exige que el individuo retorne a la desnudez natural.
“¿Quién es usted?- preguntó K, incorporándose en la cama. El hombre, sin embargo, pasó por lo alto la pregunta, como si fuera completamente natural su presencia en aquella casa y se contestó con una pregunta a su vez:
-Ha llamado usted.
-Anna tiene que traerme el desayuno-dijo K-, tratando de establecer por conjeturas, quién podía ser aquel hombre. Pero el otro no se entretuvo en dejarse examinar, sino que volviéndose hacia la puerta, la entreabrió para decir a alguien que parecía encontrarse detrás de ella:
- ¡Desea que Anna le traiga el desayuno!.
En la pieza vecina se oyó una risita que, a juzgar por el ruido, no era posible determinar si pertenecía a una o varias personas. Aunque el extraño no hubiera podido averiguar por esa risa lo que no sabía de antemano, dijo a K, en tono de aviso:
-Es imposible.”
Se inicia el acceso a la dependencia de la voluntad ajena. Es un factor de sorpresa y de debilitamiento de la conducta del detenido.
“-No quiero ni quedarme aquí, ni que usted me dirija palabra en tanto no me diga quién es.”
En la habitación vecina había otro hombre, sentado junto a la ventana abierta, y provisto de un libro, del que apartó la mirada al ver entrar a Josef K.
“-Hubiera debido de permanece en su habitación. ¿No se lo dijo Franz?
-Sí, pero, ¿qué desea usted?- dijo K, apartando los ojos del nuevo personaje para mirar a aquel a quien acababa de llamar Franz, que permanecía en el umbral de la puerta.”
Franz Kafka denuncia la pasividad del extraño, introduciendo en la narración a los espectadores que observan su detención, como si con ello intentase introducir la indiferencia con respecto a lo ajeno, dándole la singularidad del espectáculo de la desgracia extraña.
“Por la ventana abierta se volvió a ver a la anciana vecina, que continuaba apoyada en la suya, contemplando la escena con curiosidad verdaderamente senil, como para no perder nada de lo que allí ocurría.
K hizo un movimiento para liberarse de los hombres.
-No dijo el que estaba junto a la ventana, dejando su libro sobre una mesita y poniéndose de pie- No tiene derecho a salir está detenido.
K añadió: ¿por qué?
-No estamos aquí para decírselo. Vuelva a su cuarto y espere.
Ambos examinaron su camisa y le aconsejaron que se vistiera con ropa de inferior calidad, manifestándole que ellos se harían cargo de lo que llevaba puesto así como de toda su ropa blanca, y que se la devolverían en el caso de que el asunto terminase bien.
-El mejor, le dijeron, que nos confíe sus cosas para que las guardemos, pues en el depósito se producen con frecuencia pérdidas, y por otra parte allí se acostumbra a revender todo pasado cierto tiempo, sin que nadie se moleste en averiguar si el proceso ha terminado o no. De todas las maneras el depósito le devolverá a usted el dinero obtenido de la venta, pero no sería gran cosa ya que en la operación el precio no está determinado por la importancia de la oferta si no por los sobornos, y además la experiencia demuestra que esa sumas disminuyen al pasar de mano en mano.”
Los verdugos de los campos de exterminio arrancaban las muelas de oro a las víctimas y en las crisis económicas el patrimonio escaso de los trabajadores se vende a los compradores de oro. Las familias asalariadas no dejan patrimonio a sus sucesores. De una manera o de otra lo pierden en la vejez.
“¿Qué clase de hombres eran aquellos? ¿De qué hablaban?¿A qué departamento oficial pertenecían”.
Se disponía a comer su propio desayuno. Los esfuerzos de Josef K por identificarse resultan nulos. Los agentes no los admiten.
“No puede haber ningún error. Las autoridades a cuyo servicio estamos, y de las que únicamente conozco los grados inferiores, no son las que buscan los delitos del pueblo, sino que son atraídas por el delito y entonces nos envía a nosotros, los agentes de la ley y no puede haber ningún error.
-Yo no conozco esa ley- dijo K. (…)
-Tú lo ves William; reconoce que ignora la ley pero al mismo tiempo afirma que es inocente” (…)
Apoyados en la ventana de enfrente hallábase de nuevos los dos ancianos; pero ahora el número de espectadores había crecido, pues detrás de ellos se veía un hombre que les excedía mucho de altura. Éste tenía la camisa abierta en el pecho y no cesaba de retorcerse su barba rojiza entre los dedos.
Dijo el oficial: tampoco puedo decir que usted está detenido, o mejo dicho, no sé si lo está. La verdad es que está detenido y no sé más. (…) Mi misión era informarlo; ya lo he hecho, y he visto como lo ha tomado. Por hoy es suficiente, de modo que podríamos despedirnos, transitoriamente, por supuesto. Me imagino que querrá ir al banco.
“-¿Cómo puedo ir al banco si estoy arrestado?
-No me ha comprendido. Cierto que está detenido, pero eso no le impide en modo alguno cumplir con sus obligaciones. No debe alterar su vida cotidiana.
Por aquella noche- el tiempo había transcurrido muy rápidamente en medio de un activo trabajo y de una gran cantidad de cordiales felicitaciones en el día de su cumpleaños-K prefirió encaminarse a su casa inmediatamente.
Sí- dijo ella en voz baja-, pero no tiene que tomar la cosa demasiado a lo trágico. Son cosas que pasan en el mundo.”

jueves, 1 de julio de 2010

Kafka: La doctrina compasiva (y 3).

“En ese momento oyó el explorador un grito airado del oficial. Acababa de colocar, no sin gran esfuerzo, la mordaza de fieltro, dentro de la boca del condenado, cuando este último, con una náusea irresistible, cerró los ojos y vomitó. Rápidamente el oficial le alzó la cabeza, alejándola de la mordaza y tratando de dirigirla hacia el hoyo; pero era demasiado tarde, y el vómito se derramó sobre la máquina.
-¡Todo esto es culpa del comandante-gritó el oficial, sacudiendo insensatamente la barra de cobre que tenía enfrente. Me dejarán la máquina más sucia que una pocilga. (…) Durante horas he tratado de hacerle comprender al comandante que el condenado debe ayunar un día entero antes de la ejecución. Pero nuestra nueva doctrina compasiva no lo quiere así. (…) ¡Qué diferente era en otro tiempo la ejecución! Ya un día antes de la ceremonia, el valle estaba completamente lleno de gente; todos venían sólo para ver; por la mañana temprano aparecía el comandante con las señoras; las fanfarrias despertaban a todo el campamento; yo presentaba un informe de que todo estaba preparado; todo el estado mayor- ningún oficial se atrevía a faltar- se ubica en torno de la máquina; este montón de sillas de mimbre es un mísero resto de aquellos tiempos. La máquina resplandecía recién limpiada; antes de cada ejecución me entregaban piezas nuevas de repuesto. Antes cientos de ojos- todos los asistentes en punta de pie, hasta en las cimas de las colinas- el condenado era colocado por el mismo comandante debajo de la Rastra. Y entonces empezaba la ejecución.” El oficial rechaza la teoría compasiva.
La doctrina compasiva pretende sentimientos de conmiseración, pena o lástima, hacia quienes sufren calamidades o desgracias. Ella fue, a finales del siglo XIX, propagada ideológica, por los retornos de la crueldad extintiva de la jerarquía de dominio aristocrático y la exaltación de este sufrimiento a la esfera religiosa. Se proponía introducir el apoyo mutuo de los oprimidos en la participación de una comunidad idealizada. Unas comunidades carentes de la opresión del poder político y económico de las articulaciones contributivas de las rentas de vasallaje, bien en dinero o en prestaciones obligatorias del trabajo gratuito en las tierras feudales de la aristocracia. La formación medieval del excedente económico es transparente, no se presenta oculto como en el capitalismo. El trabajo gratuito en la tierra aristocrática aparecía en bienes de uso sin coste de salario. El trabajo gratuito de los campesinos, que causaba la riqueza de la aristocracia, se trababa con la miseria general. La riqueza llegaba del número máximo de días de trabajo, dedicados a las tierras del señor, y los exiguos días empleados en la producción de bienes para la subsistencia del trabajador. El dominio de propiedad, y de casta aristocrática, aumentaba el trabajo gratuito de producción y disminuía el trabajo de subsistencia en la parcela del campesino. La obtención de trabajo gratuito servil se daba en los imperios de Alemania y Austria-Hungría, Rusia, Turquía, Bulgaria, África y Asia.
El siglo XX presentaba la extrema desigualdad de la pobreza en continentes. La perpetuación metafísica de las relaciones de dominantes y dominados se perpetuaba en millones de campesinos, siervos del mundo. Los desheredados de la cultura y la alimentación. Los sobreexplotados por la violencia organizada. Millones hombres degradados en las experiencias simbólicas del hambre y la sumisión a un orden del poder jerarquizado. Las instituciones de dominio se posicionan en la desorganización de la resistencia de los oprimidos y el desplazamiento de esta opresión al misticismo y al fatalismo de la resignación ante el mal. El hambre de trabajo gratuito por parte de la jerarquía de dominantes es insaciable. Una reducción de los salarios reales es un aumento del trabajo gratuito. Las luchas económicas se establecen sobre el fundamento de la relación antagónica entre salarios y ganancias. El trabajo gratuito forma un excedente económico de clase en benes consumo inmediato, materias primas, y masas monetarias que se concretan en la circulación de los intercambios, a través de los precios nacionales e internacionales, en riqueza privada. La formación de excedentes económicos, por el trabajo no pagado, es la dinámica histórica de clase en la producción y la acumulación privada de la riqueza.
Nikoláievich Tolstoi (1828-1910), novelista ruso, emprende, a finales de 1882, la búsqueda de valores morales y sociales, que fuesen capaces de determinar un nuevo rumbo al egoísmo desenfrenado de la aristocracia por el excedente económico de los campesinos. La voracidad del trabajo gratuito, que concretaba la riqueza de la aristocracia y la miseria de los campesinos. Ante la situación destructiva del pueblo ruso, Tolstoi extendió, a través de su literatura la doctrina compasiva contra el mal. Era un mal metafísico, que no revolucionaría la situación de pobreza de los campesinos, pero les habría de servir para unirlos en la religión evangélica valdense. Los principios del evangelismo cristiano: amor hacia los seres humanos y resistencia ante las fuerzas del mal.
La teoría de la doctrina tolstoyana cimentó en los humanistas liberales y demócratas europeos, ante el inhumanismo de las monarquías absolutistas europeas y asiáticas. La salvación sumisa del pobre fue utilizada para cambiarla por una nueva situación de representatividad de las instituciones políticas por la aristocracia y burguesía industrial, que llevará a cabo una reforma política desde arriba para evitar la revolución desde abajo. La emigración de las masas de campesinos liberaba consumo que podría ser comercializado en las ciudades industriales. La emigración de campesinos hambrientos libera bienes de consumo y materias primas que se liberan del consumo para ser exportados y servir de canje para las importaciones de capital industrial. Los planes de estabilización económica, determinados en la reducción de los salarios reales, contienen el mismo efecto: disminuir el consumo interno para sustituirlo por el consumo externo. El consumo externo paga las deudas internacionales y aumenta la miseria interior. El trabajador paga con su necesidad las deudas de una sociedad de clases.
La teoría tolstoyana de retorno a un campesinado espiritualizado retrasó la visión de la evidencia de una sociedad atrapada por la propiedad privada del excedente agrario y del excedente industrial.
Volviendo a la novelística de Kafka, éste pone, en el diálogo del oficial ejecutor, el rechazo a la teoría compasiva, como el acto de una voluntad débil que se desprende de la necesidad del procedimiento ejecutor por la culpa indudable. El oficial le cuenta al explorador las ejecuciones públicas festivas en la Colonia Penitenciaria, durante el mandato del antiguo comandante- tótem. El oficial no comprende que se rechace la máquina-tótem y la mirada- lente que permite gozar del dolor en el acto afirmativo de la ceremonia de poder en la eliminación de los disidentes.
Se confiesa el oficial: “Y tanto yo como la obra del antiguo comandante estamos irremediablemente perdidos. (…) Fue para mí una verdadera felicidad de que asistiera solo a la ejecución. (…) Y ahora elevo ante usted una súplica: ayúdeme contra el comandante”. Con la agudeza del torturador, el oficial intenta explicarle al explorador un plan que no fallará. Le pide que colabore con él para darle normalidad a la ejecución ante las reticencias del nuevo comandante.
“-No.
El oficial parpadeó varias veces, pero no desvió la mirada.
-¿Desea usted una explicación?- preguntó el explorador.
-Así que el procedimiento no le convence- dijo el oficial para sí- y sonrió como un anciano que se sonríe de la insensatez de un niño, y a pesar de la sonrisa prosigue sus propias meditaciones-Entonces llegó el momento-dijo por fin, y miró de pronto al explorador con clara mirada, en la que se veía cierto desafío, cierto vago pedido de cooperación.
-¿Cuál momento?- preguntó inquieto el explorador, sin obtener respuesta.
- Eres libre-dijo el oficial al condenado, en su idioma; el hombre no podía creerlo- Vamos eres libre-repitió el oficial.
Entonces oficial empezó a deletrear la inscripción, y luego la leyó entera.
-“Sé justo”, dice-repitió el oficial. (…)
A pesar de la evidente prisa con que se quitaba la chaqueta del uniforme, para luego desvestirse, totalmente, para luego tratar cada prenda de vestir con sumo cuidado. (…) Ya estaba desnudo. El oficial se dirigió hacia la máquina. Era alucinante ver cómo la manejaba, y cómo ella le respondía. Apenas acercaba una mano a la Rastra, ésta se levantaba y bajaba varias veces, hasta adoptar la posición correcta para recibirlo; tocó a penas el borde de la Cama, y ésta comenzó inmediatamente a vibrar; la mordaza de fieltro se aproximó a la boca; se veía que el oficial hubiera preferido no ponérsela, pero su vacilación sólo duró un instante, luego se sometió y aceptó la mordaza en la boca. Todo estaba preparado, sólo las correas pendían a los costados, pero eran evidentemente innecesarias, no hacía falta sujetar al oficial. Apenas se cerraron las correas, la máquina comenzó a funcionar; la Cama vibraba, las agujas bailaban sobre la piel, la Rastra subía y bajaba. El explorador miró fijamente durante un rato. Trabajando casi silenciosamente la máquina pasaba casi inadvertida. (…) Lentamente la tapa del diseñador se levantó, y de pronto se abrió del todo. Los dientes de una rueda emergieron y subieron; pronto apareció toda la rueda, como si alguna enorme fuerza interior del Diseñador comprimiera las ruedas, de modo que ya no hubiera lugar para éstas; la rueda se desplazó hasta el borde del diseñador, cayó, rodó un momento con el canto por la arena, y luego quedó inmóvil. Pero pronto subió otra, y otras la siguieron, grandes, pequeñas, imperceptiblemente diminutas; con todas ocurría lo mismo, siempre que aparecía el Diseñador, pero aparecía un nuevo grupo, extraordinariamente numeroso, subía, caía, rodaba por la arena y se detenía. El oficial extendió las manos. En ese momento la Rastra con el cuerpo atravesado en ella, como solía hacerlo después de la duodécima hora. La sangre corría por un centenar de heridas, no ya mezclada con agua, porque también los canalículos del agua se habían descompuesto. Y ahora falló también la última función; el cuerpo no se desprendió de las largas agujas; manando sangre, pendía sobre el hoyo de la sepultura, sin caer. La Rastra quiso volver a la anterior posición, pero como si ella misma advirtiera que no se había librado de su carga, permaneció suspendida en el hoyo.
-Ayúdame- gritó el explorador al soldado y al condenado, y cogió los pies del oficial.
Los sistemas sociales desaparecen cuando se agotan las posibilidades de su permanencia. La Máquina-tótem desaparece con la desaparición de la vida del oficial ejecutor. La relación biunívoca del oficial y la máquina-tótem no admitía ninguna posibilidad de pervivencia fuera de las instituciones represivas que habían formado a ambos.
“En ese momento, casi contra su voluntad, vio el rostro del cadáver. Era como había sido en vida; no se descubría en él, ninguna señal de la prometida redención; lo que todos hallaban, el oficial no lo había hallado; tenía los labios apretados, los ojos abiertos, con la misma expresión de siempre, la mirada tranquila y convencida; y atravesada en medio de la frente la punta de la gran aguja de hierro.”
La historia kafkiana expresa la crueldad habitual de su tiempo de historia. Kafka sabe que el dolor tiene un sentido: proporcionar placer a alguien que lo inflige o lo contempla y mantener un orden social para la culpa y la expiación. Esto es lo que nos enseña la más larga y antigua historia del hombre: el castigo tiene aire de fiesta. Se hace del dolor consecuencia de la culpa. No se debilita la historia del dolor. Se fabrica más tecnología del horror. Se le interioriza para mantener la obediencia y el simbolismo de la prometida inmersión en el bien.

viernes, 18 de junio de 2010

Kafka: el procedimiento de la culpa indudable (2).

"¿Cómo la sentencia?-preguntó el explorador.
¿Tampoco eso sabe?-dijo el oficial asombrado, y se mordió los labios. (…) A una visita de semejante importancia ni siquiera se le ponga en conocimiento el carácter de nuestras sentencias, constituye también una insólita novedad, que…-Y con una maldición al borde de los labios se contuvo y prosiguió.- Yo no sabía nada, la culpa no es mía. De todos modos, yo soy la persona más capacitada para explicar nuestros procedimientos, ya que tengo en mi poder- y se palmeó el bolsillo superior-los respectivos diseños preparados por la propia mano de nuestro antiguo comandante.
“- ¿Los diseños del comandante mismo?- preguntó el explorador. ¿Reunía entonces todas las cualidades? ¿Era soldado, juez, constructor, químico y dibujante?
-Efectivamente- dijo el oficial asintiendo con una mirada impenetrable y lejana. (…) Nuestra sentencia no es aparentemente severa. Consiste en escribir sobre el cuerpo de este condenado, mediante la Rastra, la disposición que él mismo ha violado. Por ejemplo, las palabras inscritas sobre el cuerpo de este condenado- y el oficial señaló al individuo- serán: HONRA A TUS SUPERIORES.”
Para el oficial, la Rastra inscribe en el cuerpo del condenado una máxima universal para una voluntad de mandato universal. La máquina ejecutora y la memoria del comandante, su constructor, se han elevado al acto moral universal. La estima y el respecto a los superiores indica la ley de dependencia definitiva de individuos superiores sobre individuos inferiores. Como si hubiera un desarrollo evolutivo de la jerarquía de poder, el oficial traslada al presente la autoridad del Padre-Progenitor, y arrastra la historia inconscientemente a una prehistoria de deudores y acreedores, donde unos tienen una deuda que deben pagarla inexorablemente: La deuda que se interioriza en culpa y expiación. Las sociedades de la barbarie regresan a situaciones atávicas, en una inversión psíquica manipulada, hacia el origen en el que los deudores son marcados para que recuerden la relación definitiva entre acreedores y deudores. La deuda metafísica del castigo eterno. La máxima, coercitiva y atávica, de honrar a las jerarquías de acreedores se relaciona con la simbología del castigo por incumplimiento del pago concertado. La jerarquía punitiva que depende de la seguridad del tótem y la prohibición de destruirlo. El padre-tótem establece el régimen del tabú para dar continuidad a sus prerrogativas. Los hijos quedan sometidos al tabú. Concretan la existencia por las prohibiciones sancionadoras del padre. La historia de los hijos establece la necesidad del desplazamiento del Padre-Tótem de la vida real a la imaginaria de las ceremonias expiativas de la culpa. Franz Kafka conoce este desplazamiento del Padre-Tótem y el Hijo en la ceremonia expiativa de la Colonia Penitenciaria. Para Sigmund Freud, 1856-1939, el tótem se destruye por la acción violenta de los hijos. La historia muestra la destrucción del tabú para instaurar una jerarquía de los hijos, que elevan la existencia del padre al mito. El tótem sacrificado se sustituirá en los retornos mágicos de la obediencia ritual. El asesinato del padre arcaico, por los hijos, según Sigmund Freud, en Tótem y Tabú, establece que si el animal totémico es el padre, resultará que los dos mandamientos capitales del totemismo, las dos prescripciones tabú, que constituyen su nódulo, la prohibición de matar al tótem y la de realizar el coito con una mujer perteneciente al mismo tótem, coincidirán en contenido con los crímenes de Edipo, que mató a su padre y a su madre, y los deseos primitivos reprimidos por la prohibición, cuyo retorno o insuficiente represión formarán los estratos profundos de las enfermedades mentales: el nódulo de todas las neurosis. Pero la represión y la neurosis se subliman para dar inicio a la memoria histórica neurótica, a las deformaciones plásticas de la realidad psíquica en el delirio inconsciente. La sublimación se codifica punitivamente en los ceremoniales de la crueldad jerarquizada. Las codificaciones punitivas y las acciones de la memoria- mecanizada de las máquinas ejecutoras. La prohibición totémica se cuela en la estructura social por la jerarquización de los mandatos de obediencia y el correctivo sancionador de la desobediencia. La memoria-infantil del tabú se sublima en la cultura de la crueldad. En ella, el Padre-Tótem recupera la intensidad de la prohibición y penetra en la mitología de las máquinas superiores de la crueldad, cuya identidad es la carencia de olvido. La codificación operativa de la máquina acumula la deuda eterna y el castigo infinito. Las jerarquías se desplazan a los déspotas y a la unidad centralizadora del Estado-despótico. El Déspota-Dios se esconde oscureciendo la conciencia de los individuos. La culpa y el castigo se interiorizan en la ideología de la sumisión.
La máquina ejecutora kafkiana debe inscribir en el cuerpo del condenado: HONRA A LOS SUPERIORES. Los superiores salen de los límites de la horda primitiva para penetrar en la jerarquía de los supremos, de los excelentes, de los que carecen de sombras, de la horda de dioses y la multitud de sombras. La horda ilumina los códices sacros, la propiedad medieval de la tierra, la violencia del crimen, y la autoridad legisladora de las culpas, los castigos y su ejecución. De los rostros totémicos, proviene la luminosidad de los acreedores de la vida. La aristocracia de jerarquía sujeta al esclavo al castigo de perder la vida. Antes del cuerpo está el infinito de la culpa inscrita en la conciencia. La culpa es simultánea al hacer de la existencia. Su continuidad dura hasta la muerte. Por esto, la Rastra escribe la deuda infinita en el cuerpo del deudor. La dinastía Tudor inglesa marcaba con hierro candente, la “S” de Slave, esclavo, en la frente de los pobres expulsados de la tierra comunal, que huían de las persecuciones de la justicia real y de los ahorcamientos en racimos en los caminos reales. Las máquinas inquisitoriales de la fe y las máquinas reales: el hierro candente y las máquinas de estiramiento de los miembros hasta desencajarlos en gritos de fe dogmática. El oficial de la máquina ejecutora kafkiana asume la historia del terror para dar continuidad a la obediencia de la jerarquía del orden.
“El explorador miró rápidamente al condenado; en el momento en el que oficial lo señalaba, estaba cabizbajo y parecía prestar toda la atención de que sus oídos eran capaces para tratar de entender algo. Pero los movimientos de sus labios gruesos y apretados demostraban evidentemente que no entendía nada.
-¿Conoce su sentencia?
-No-dijo el oficial, tratando de proseguir inmediatamente con sus explicaciones, pero el explorador los interrumpió.
-¿No conoce su sentencia?
-No- replicó el oficial, callando un instante como para permitir que el explorador ampliara sus preguntas-.Sería inútil anunciársela. Ya la sabrá en carne propia. (…)
-Pero por lo menos ¿sabe que ha sido condenado?
-Tampoco-dijo el oficial, sonriendo como si espera que le hicieran otra pregunta extraordinaria.
-¿No?- dijo el explorador, y se pasó la mano por la frente-, entonces ¿el individuo tampoco sabe cómo fue conducida su defensa?
-No se le dio ninguna oportunidad de defenderse –dijo el oficial, y volvió la mirada, como hablando consigo mismo, para evitar al explorador la vergüenza de oír una explicación de cosas tan evidentes.
El oficial necesitaba describir el funcionamiento de la máquina-tótem al explorador. La descripción del aparato ejecutor, su comprensión, era necesaria para la continuidad de la misma.
“-Le explicaré como se desarrolla el proceso- dijo el oficial-. Yo he sido designado juez de la colonia penitenciaria. A pesar de mi juventud. Porque yo era el consejero del antiguo comandante en todas las cuestiones penales, y además conozco el aparato mejor que nadie. Mi principio es éste: la culpa es siempre indudable.” La culpa no admite duda. Es una marca que recae y se muestra sin necesidad de demostración que la confirme. Pertenece a los destinados padecerla.
“Usted desea que le explique este caso particular; es muy simple, como todos los demás. Un capitán presentó esta mañana la acusación de que este individuo, que ha sido designado criado suyo, y que duerme frente a puerta, se había dormido durante la guardia. En efecto, tiene la obligación de levantarse al sonar cada hora, y hacer la venia ante la puerta. (…) A noche el capitán quiso comprobar si su criado cumplía con su deber. Abrió la puerta exactamente a las dos, y lo encontró dormido en el suelo. Cogió la fusta, y le cruzó la cara. En vez de levantarse y suplicar perdón, el individuo se aferró a su superior por las piernas, lo sacudió diciendo: Arroja ese látigo, o te como vivo. Estas son las pruebas. El capitán vino a verme hace unas horas, tomé nota de su declaración y dicté inmediatamente la sentencia. (…) ¿Está todo aclarado? Pero el tiempo pasa y debería comenzar la ejecución y todavía no terminé de explicarle el aparato.” El principio de la culpa es siempre indudable pertenece a la actualidad de la crueldad. Actualmente la falta de derechos humanos, en las zonas degradadas y ocupadas de países sometidos, la aplicación de este principio de culpabilidad es una norma arbitraria y universal del terror.
“- Como usted ve la forma de la Rastra corresponde a la forma del cuerpo humano; aquí está la parte del torso, aquí estás las rastras para las piernas. Para la cabeza sólo hay esta agujita. ¿Le resulta claro? (…) Una vez que el hombre está acostado en la Cama, y ésta comienza a vibrar, La Rastra desciende sobre el cuerpo. Se regula automáticamente, de modo que apenas roza el cuerpo con la punta de las agujas; en cuanto se estable el contacto, la cinta de acero se convierte inmediatamente en una barra rígida. (…) La rastra parece trabajar uniformemente. Al vibrar, rasga con la punta de las agujas la superficie del cuerpo, estremecido a su vez por la Cama. Para permitir el desarrollo de la sentencia, la Rastra ha sido construida de vidrio. Y ahora cualquiera puede observar, a través del vidrio, cómo va tomando forma la inscripción sobre el cuerpo”.
El funcionamiento de la Rastra escribiendo el texto de la culpa sobre el dorso del condenado. El texto, inscrito en el cuerpo, se va ahondando durante doce horas. El desciframiento del texto, por individuo agonizante, lo percibe por sus heridas. Al final, la Rastra lo arroja al arroyo, donde cae en medio de la sangre, el agua y el algodón. El oficial anticipa el final victoriosamente. Luego hallará la agonía y la muerte al ser la víctima de la máquina.
“La sentencia se ha cumplido, y nosotros, yo y el soldado, lo enterramos”.
Franz Kafka escribe, sobre el genocidio industrializado, uno de los relatos apocalípticos supremos del siglo XX. Dice Kafka: “La injusticia del procedimiento y la inhumanidad de la ejecución eran indudables".

sábado, 5 de junio de 2010

Kafka: En la Colonia Penitenciaria ( 1).

Hay correlación necesaria entre realidad y ficción en la obra literaria de Franz Kafka. La novela corta de Franz Kafka,” la colonia Penitenciaria,” está escrita por los efectos de las relaciones sociales autodestructivas del poder jerárquico de dominio. La Primera Guerra Mundial basaba sus presupuestos de actuación en la reestructuración de un orden conservador durable en el dominio de una minoría oligárquica sobre las masas de población sometidas. Pretendía la resolución conservadora, en las contradicciones de poder, que introducían desigualdades y desequilibrios en las fuerzas que actuaban en los escenarios internacionales. Se prefería un orden belicista antes de someterse a una degradación en la organización de los Estados por categorías económicas y militares. La negatividad a un orden internacional desigual conllevaba a intolerancias y crueldades de medios y fines, con intenciones totalizadoras y devastadoras por un orden que exigía una nueva correspondencia de fuerzas actuantes en el escenario de la historia.
En la colonia penitenciaria, Franz Kafka revela las relaciones de dominio y sometimiento desde una situación particular a una general. Se dan en un lugar del plano de la historia excepcional y expresivo de la culpa y el castigo en actos de dominio. Las situaciones de violencia represiva provocan dos tipos de colonias penitenciarias. Las colonias penitenciarias interiores a la conciencia del individuo y las colonias penitenciaria exteriores. Las colonias penitenciarias interiores o psíquicas se conforman a través de traumas mentales, familiares y sociales autoritarios, interiorizados en culpas degradantes y expiaciones con síntomas sustitutivos. Las colonias penitenciarias exteriores concretan las decisiones políticas de los centros de poder y las represiones de una clase social dominante jerarquizada, y las expresiones de su poder absoluto.
Las colonias penitenciarias exteriores se instauran para mantener fuera de las luchas de clases a los revolucionarios, que buscan un orden social diferente. Se les deporta para cumplir el castigo y su anulación definitiva ante cualquier negación de las instituciones de dominio de la clase dirigente. Un rasgo básico expiativo, de las colonias exteriores, es la deportación de los condenados a regiones de los países colonizados por el Imperialismo del siglo XX.
La intencionalidad declarada, “En la colonia penitenciara”, es la de manifestar la correspondencia de culpa y expiación fuera de cualquier procedimiento legal y lógico. La anulación de los contenidos morales y la finalidad natural de conducir los actos humanos con el objetivo de la supervivencia más allá del orden político-metafísico, y las carencias naturales a las necesidades. La intención de que la conciencia del individuo se acople al mandato autoritario, la obediencia ciega, la crueldad fanatizada, la anulación de la cultura y la imposición de las simetrías punitivas de la culpa y el castigo. Llegar por el dolor hasta que la conciencia interiorice la culpa y la necesidad reparadora de su expiación. La sustitución de la culpa por el castigo: exclusivamente el castigo que domine la voluntad extraña al orden.
En el siglo XXI, las colonias penitenciarias se extienden a las regiones de la pobreza, países sometidos por la militarización de lo cotidiano y el control de los medios que permiten la subsistencia y reproducción de la población. La culpa y el castigo se vuelven masivos, y sobre ellos recae la exterminación.
Franz Kafka sitúa la acción de la novela en una colonia penitenciaria de un dominio tropical, en un territorio dominado y administrado por una potencia extranjera. El fatalismo, objetivo y apasionado de la novela, manifiesta el saber kafkiano de ver el estado de la crueldad absoluta en una colonia penitenciaria. La colonia penitenciaria kafkiana es una región recortada de la totalidad social del orden del siglo XX, donde las contradicciones se vuelven irreductibles a la síntesis de una concepción humanizadora. Franz Kafka inicia la narración escribiendo: “- Es un aparato singular-dijo el oficial al explorador, y contempló con cierta admiración el aparato, que le era tan conocido. El explorador parecía que había aceptado sólo por cortesía la invitación del comandante para presenciar la ejecución de un soldado condenado por desobediencia e insultos a sus superiores”.
La expiación de la culpa, en la colonia penitenciaria de Kafka, la lleva a un medio natural extremadamente agresivo y deshumanizador. En una descripción de medio natural, donde la novelística kafkiana confirma la desolación del individuo ante la precariedad finalista del hombre inscrito en los sentimientos desolados de su existencia ante la naturaleza y el destino social. Escribe Kafka: “En ese pequeño valle, profundo y arenoso, rodeado totalmente por riscos desnudos, sólo se encontraban, además del oficial y el explorador, el condenado, un hombre de boca grande y aspecto estúpido, de cabello y rostro descuidados, y un soldado, que sostenía la pesada cadena donde convergían las cadenitas que retenían al condenado por los tobillos y las muñecas, así como por el cuello, y que estaban unidas entre sí mediante cadenas secundarias.(…) De todos modos, el condenado tenía un aspecto tan caninamente sumiso, que al parecer hubieran podido permitirle correr en libertad por los riscos circundantes, para llamarlo con un simple silbido cuando llegara el tiempo de la ejecución.”
En este escenario de la colonia penitenciaria están implicados, en la irracionalidad del fatalismo, el oficial, el explorado, el condenado y el soldado, el aparato de ejecución y la memoria póstuma del comandante paranoico, que ha legislado y producido las condiciones de permanencia del castigo expiativo por medio de la máquina ejecutora. Los personajes habrán de dar la efectividad a la máquina-expiativa. El contexto de la novela da una concreción dramática, cerrada e impenetrable, a la razón natural y la voluntad moral. No hay porosidad en los conflictos inconciliables del poder y sumisión expiativa. De aquí, que Franz Kafka describa la obediencia del condenado de caninamente sumiso. En el espacio residual de la colonia penitenciaria, está instalado el aparato ejecutor y los actos de los personajes. La máquina ejecutora, que habrá de ocupar el centro unificador de las expresiones legales justificativas, verbales y corporales, en el imperativo máximo de mantener la anexión de culpa y castigo. Franz Kafka describe la causa del castigo, ejecución del condenado, por desobediencia e insultos a un superior jerárquico. Se relaciona la culpa con la disciplina a la jerarquía de mando. La indisciplina, que conlleva la pena de muerte, se corresponde a las normas de un estado de arbitrariedad y barbarie en la colonia penitenciaria. En la colonia penitenciaria hay un estado de normalidad extrema, ante la pena de muerte, para sostener el orden en la colonia penitenciaria. Hay una disciplina inhumana, en la conservación y el control efectivo del territorio extranjero militarmente ocupado. Para el oficial, que manipula la máquina ejecutora, la finalidad de supervivencia de la colonia está relacionada con la racionalidad unitiva de la penitencia y la máquina ejecutora. El deber de los residentes de la colonia está en no infringir los textos normativos y facilitar la legalidad de la condena con su indiferencia al proceso judicial. Los actos de ruptura con las normas determinan el castigo y la ejecución. Los actores, su culpa y expiación, están sometidos a la jerarquía de la eficiencia del aparato ejecutor, construido por el comandante extinto. La unidad del Todo de la colonia penitenciara se une al aparato ejecutor y a las normas. La máquina es la unificación del poder punitivo y la racionalidad eficiente de la tecnología. La máquina ejecutora da realización a las normas de culpa y expiación. La máquina es eficiente, en un proceso uniforme de relaciones de dominio y sometimiento, en la crueldad de la organización reactiva contra la negatividad que se opone al orden establecido. La máquina hiere, con sus agujas, el cuerpo del condenado y escribe, en sangre, el escrito de los motivos por los que se castiga. Escribe, en el cuerpo del condenado, la racionalidad legal de la norma. El texto de la culpa. La máquina ejecuta la condena en un cuerpo-texto, intensamente sujeto a los efectos de la conversión del hombre en una Cosa.
“Lástima que usted no haya conocido a nuestro antiguo comandante” Le dice el oficial al explorador. (…) Pero estoy divagando, y aquí está el aparato. Como usted ve, consta de tres partes. Con el correr del tiempo se generalizó la costumbre de designar a cada una de estas partes mediante una especie de sobrenombre popular. La inferior se llama la Cama, la de arriba el Diseñador, y esta, de en medio, la Rastra”.
“- Si la Rastra- dijo el oficial-, un nombre bien educado. Las agujas están colocadas en ella como los dientes de una rastra, y el conjunto funciona además como una rastra, aunque sólo en un lugar determinado, y con mucho arte. De todos modos, ya lo comprenderá mejor cuando se lo explique. Aquí sobre la cama se coloca al condenado. Primero le describiré el aparato, y después lo pondré en movimiento. Así podrá entenderlo mejor. Además, uno de los engranajes del Diseñador está muy gastado; chirría mucho cuando funciona, y apenas se entiende lo que uno habla; por desgracia, aquí es muy difícil conseguir piezas de repuesto. Bueno, esta es la Cama, como decíamos. Está totalmente cubierta por una capa de algodón en rama, pronto sabrá usted por qué. Sobre este algodón se coloca al condenado, boca abajo, naturalmente desnudo; aquí hay correas para sujetarle las manos, aquí para los pies, y aquí para el cuello. Aquí, a la cabecera de la Cama (donde el individuo, como ya le dije, es colocado primeramente boca abajo), esta pequeña mordaza de fieltro, que puede ser fácilmente regulada, de modo que entre directamente en la boca del hombre. Tiene la finalidad de impedir que grite o se muerda la lengua. Naturalmente, el hombre no puede alejar la boca del fieltro, porque si no la correa del cuello le quebraría las vértebras. (…) El aparato era una construcción elevada. La Cama y el Diseñador tenían igual tamaño, y parecían dos cajones de madera. El Diseñador se elevaba unos dos metros sobre la Cama; los dos estaban unidos entre sí, en los ángulos por cuatro barras de bronce, que casi resplandecían al sol. Entre los cajones, oscilaba sobre una cinta de acero la Rastra. (…) Tanto la Cama como el Diseñador tienen baterías eléctricas propias: la Cama la requiere para sí, el diseñador para la Rastra. En cuanto el hombre está bien asegurado con las correas, la Cama es puesta en movimiento. Oscila con vibraciones diminutas y muy rápidas, tanto lateralmente como verticalmente. En nuestra Cama, todos los movimientos están exactamente calculados; en efecto, deben estar minuciosamente sincronizados con los movimientos de la Rastra. Sin embargo, la verdadera ejecución de la sentencia corresponde a la Rastra”
La extraordinaria descripción kafkiana de la máquina ejecutora pertenece a la literatura de denuncia de la crueldad. Franz Kafka nos abre la pregunta de la finalidad del sentido universal del dolor en la Colonia Penitenciaria. ¿Cuál es el sentido del dolor? ¿Depende de él, el sentido total de la existencia? Preguntas actuales que se abren a la permanencia de la racionalidad moral.