jueves, 23 de febrero de 2012

Thomas Müntzer: el exterminio de la revolución(3.3).

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Pertenece a las estructuras psicosociales más inconscientes de los individuos y de las masas, determinar la unión del líder de masas y su carisma. El individuo se desprende de su miedo instintivo al riesgo para entregarse al mensaje carismático. Los individuos carismáticos unifican la acción y la salvación del individuo y de la sociedad. Su mensaje es el paroxismo de la pasión de estar con los otros en los enfrentamientos sociales. El hombre marcado por el carisma se exige la teoría y la acción revolucionaria. Exalta las soluciones definitivas ante las calamidades que originan las injusticias de los que dominan la vida social y personal. La ascesis carismática eleva al individuo a la perfección de la humanidad que espera en la historia. La ascesis es el conjunto de prácticas que libera el espíritu al logro de la justicia.
El carisma de Thomas Müntzer reivindica la acción política mediada por la religión. La religión se vuelve acción política revolucionaria. Toda su teoría de cambio de las relaciones sociales se da con la naturaleza real de las clases sociales y la captación de las posibilidades religiosas de felicidad en la situación social del siglo XVI. La teoría y la práctica revolucionaria de Thomas Müntzer manifiestan las propiedades objetivas de las contradicciones de propiedad de la sociedad. La necesidad colectiva de modificar los límites sociales de las relaciones de la aristocracia y los campesinos. Ésta provenía de la voluntad general de campesinos y ciudadanos en la correspondencia contradictoria de los niveles económicos y no económicos de una sociedad de ricos y pobres. Thomas Müntzer halla las divergencias en las prácticas religiosas de los campesinos y en la utilización de la religión como un medio de poder de clase social. Él dice, en El Sermón ante los Príncipes, que laicos y campesinos pobres veían con más claridad que los gobernantes. Thomas Müntzer trae la concepción política y religiosa “de ver” el secreto inhumano de la realidad del dominio. Thomas Müntzer ve a los príncipes convertir la fe religiosa en sus intereses. Percibe la negatividad de la propiedad en la vida de ciudadanos y campesinos. La conversión de la religión en violencia económica y enriquecimiento. En el ver de Thomas Müntzer, se dan las condiciones transformadoras de la voluntad social de ciudadanos y campesinos. Las prácticas de dominio de clase se hacen visibles en el modelo medieval, pero que se ocultan por la religión falseada. La religión al servicio de los príncipes y al sometimiento de los campesinos. Thomas Müntzer desarrolla su teoría revolucionaria en el momento que proclama: si las autoridades no cumplen rectamente su papel, "la espada les será quitada". Thomas Müntzer ve los actos de la violencia necesaria reclamando el levantamiento de campesinos y ciudadanos: el advenimiento del Reino de Dios para determinar la reforma social. Dios es un elemento de reordenación distributiva de la propiedad y de su distribución. Thomas Müntzer reclama soluciones contrarias al modelo capitalista renacentista y al retorno de las condiciones de producción y fe medievales.

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Sin teoría revolucionaria no hay revolución. Aunque las contradicciones sociales estén dadas, hay que hallarlas por el conocimiento teórico y práctico. La teoría revolucionaria es reflexión y acción. Los pensamientos y los actos imponen la uniformidad de la acción revolucionaria ante la reacción conservadora. La teoría revolucionaria se vuelve acción por la formación de un grupo revolucionario. La cohesión del grupo revolucionario de Thomas Müntzer se dio junto a tres predicadores anabaptistas: el tejedor Nicolás Stoch, Thomas Dreschel y el teólogo Marcos Stübner. Los tejedores y frailes habían formado parte de las revoluciones sociales del siglo XII y XIII con su acercamiento a los pobres a través del verdadero Evangelio. Thomas Müntzer le dio sustantividad a su teoría política-religiosa uniéndose a las luchas sociales, despertando la conciencia por el saber teológico. Alrededor del núcleo dirigente intelectual, se formó el ala izquierda de la revolución que eran las masas sociales despojadas de tierra y del saber. Al ser un predicador partidario de la Reforma, se hizo también con el ala de centro-izquierda del protestantismo y líder carismático de los más ignorantes, los campesinos. El ala política de centro radical protestante era sobre todo las clases superiores de las poblaciones rurales que anhelaban tras los cambios religiosos cambios más profundos en la estructura económica. En estos grupos, se encontraban funcionarios de las comunidades, jueces rurales, artesanos, trabajadores manuales, así como burgueses que explotaban predios de mediana extensión. Aunque grupos de gran inestabilidad de alianza sostuvieron el levantamiento y presionaron a los más pobres y a los indigentes a enrolarse a los campesinos. En realidad, numerosos sectores de la burguesía ciudadana se hallaban en una situación paradójica: por una parte, su prosperidad económica dependía de los favores del clero y de la nobleza. Por otra, se veían limitados en sus ambiciones de expansión por la rigidez y las cargas de las estructuras feudales. El sistema capitalista estaba aún envuelto por las relaciones sociales medievales. El abandono de la alianza de la burguesía, durante la guerra, con los campesinos posibilitaría el éxito militar de los príncipes y la continuidad del sistema de relaciones económicas medievales. Las oscilaciones de las posiciones inciertas de una fracción de la clase media determinó el resultado de la guerra.
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La guerra de los campesinos requería la sustitución de la teoría política y religiosa de los grupos dominantes por una teoría religiosa que incluyera la reforma social. La revolución era una modificación cualitativa de la visión del mundo, regida por la aristocracia eclesial y noble. No hay engranajes mecánicos que impulsen los conflictos sociales, sino prácticas de acción que modifiquen la realidad a través de una interpretación de la agregación social del hombre y la propiedad del medio de producción por la clase de ciudadanos y campesinos, en un fin inmanente de la posthistoria. Para Thomas Müntzer, esto era la entrada del Reino de Dios en el presente de la historia. Todo proceso revolucionario propone la exigencia de saber cómo se destruye la peste de las emociones de sumisión, las concepciones imaginarias eficaces de la clase dominante. Se manifestarían así los intereses reales por los que viven y mueren los hombres. Detrás de la conciencia sumisa asoman los intereses reales de dominio. La conciencia, falseada por las apariencias ideológicas predeterminadas, debe resultar capaz de encontrarse a sí misma ante la falsedad emocional e ideológica. La conciencia se constituye por los actos de libertad jurídica e igualdad económica. La voluntad de hacer los intereses imaginarios, reales. Los intereses imaginarios falsean la verdad de la explotación del hombre. La conciencia sumisa salta de su falseamiento cuando deja de ser de Otro. Su práctica de cosa de Otro quiere ser Sujeto y no Objeto para Otro Sujeto de su historia. El objeto opaco del no ver se disipa de la verdad. Se recobra la esencia de uno mismo para ser Sujeto del mundo. Un estar en el mundo sin ser falseado por los intereses materiales de dominio y de la ideología agónica finalista de la conciencia sumisa. Ser una Cosa de Otro es consentir el poder extraño que te vuelve cosa de de explotación económica. La esencia se convierte en una cosa por la violencia política y económica, que la transforma en sumisión, que falsifica las condiciones de su explotación.
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Thomas Müntzer toma conciencia de sí mismo a través de la religión reformada, que exalta la individualidad y la congregación de los hombres. Él propone una teoría religiosa que exige el cambio de las condiciones materiales de los campesinos y ciudadanos por la falsedad de una religión instrumentalizada por falsos sacerdotes. Su visión religiosa del mundo quiere dar salidas a posibilidades objetivas, que superan los límites y las propiedades del sistema social actual. Sobrepasado por las circunstancias presentes. La situación actual exigía soluciones y posibilidades que superaran los límites constrictivos.
Los campesinos se levantaban militarmente exigiendo el cumplimiento evangélico de la reforma social con un mandato de modificación de la injusticia. La teoría antirrevolucionaria denunciaba que había anticristianos que, a causa de las reuniones de los campesinos, aprovechaban la ocasión para desdeñar los Evangelios diciendo: ¿es esto acaso el fruto del nuevo Evangelio? ¿Qué nadie tiene que obedecer y que todos en todos lugares deben levantarse en revueltas y sublevarse para reformar, quizás para destruir completamente a las autoridades, tanto eclesiásticas como terrenales? Los campesinos respondían, a esos acusadores sin Dios, que las exigencias de sus propuestas refutaban los reproches a la palabra de Dios, y afirmaban cristianamente la desobediencia e incluso la revuelta de todo el campesinado. La propuesta radical era matizada con que el Evangelio no es causa de revueltas ni de desorden, por cuanto es la palabra de Cristo, el Mesías prometido, la Palabra de la Vida, que enseña sólo amor, paz, paciencia y concordia. Así, todos aquellos que creen en Cristo deben aprender a ser plenos de afecto, pacíficos, armoniosos y a soportar el sufrimiento. Pero si la teoría revolucionaria de los campesinos del siglo XVI era la aceptación la vida en conformidad con el Evangelio, no impediría una teoría revolucionaria desde el Evangelio.
Los textos evangélicos serán el soporte que gradúe acciones y reacciones y serán usados para sostener la revolución y la contrarrevolución. Se convierten en lenguaje de acción y reacción políticas. Aunque la palabra santa esté en el texto evangélico, la realidad económica de explotadores y explotados, aristocracia y campesinos, no solapaba la esencia social de la desigualdad de campesinos y aristocracia.

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El movimiento antirrevolucionario contrapone igualmente el Evangelio: “¿Cómo pueden esos anticristianos afirmar que el Evangelio es causa de revuelta y de desobediencia? El que esos anticristianos y enemigos del Evangelio se opongan ellos mismos a estos requerimientos, se debe, no al Evangelio, sino al Diablo, el peor enemigo del Evangelio, que provoca tal oposición sembrando la duda en la mente de sus seguidores, y de esa manera, la palabra de Dios, que enseña amor, paz y concordia, es apartada.
La respuesta es contundente por los sublevados: Está claro que los campesinos solicitan que el Evangelio les sea enseñado como guía de vida y no pueden ser tratados de desobedientes o de reacios al orden. Que Dios conceda o no a los campesinos (anhelantes de vivir conforme a su palabra) la realización de sus peticiones, pues quién encontrará una falta en la voluntad del Altísimo ¿Quién interferirá en su juicio, quién se opondrá a su Majestad? ¿No escuchó acaso a los hijos de Israel cuando lo invocaron y los rescató de la mano del Faraón? ¿No puede Él, hoy mismo, salvar a los suyos? Sí, Él los salvará y en verdad rápidamente. ” La acción revolucionaria de campesinos y ciudadanos, ante el clero y la aristocracia, será una lucha social por la propiedad de la tierra y los derechos políticos bajo el lenguaje religioso.
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La inteligencia política de Müntzer fue crear una teoría revolucionaria y sobre ella fundar una organización clandestina revolucionaria, la Liga de los Elegidos, y finalmente se unió a la rebelión de los campesinos. El 15 de mayo de 1525, en la batalla de Frankenhausen seis mil campesinos perdieron la vida por la acción militar de los ejércitos mercenarios de los Príncipes. Thomas Müntzer fue capturado, azotado, torturado y decapitado el 27 de mayo de 1525.
La contrarrevolución de la aristocracia a los campesinos fue drástica. Los efectos contra revolucionarios dejan zanjas de atraso en espiral en las condiciones sociales futuras. El triunfo de los príncipes supuso para Alemania una militarización de los ciudadanos y una religión interior de culpabilidad. Hasta la primera guerra mundial Alemania no se escapó de militarismo prusiano ni del servilismo de los campesinos a la tierra. La magnitud de la derrota militar de los campesinos y de los ciudadanos echó raíces en una población que se acostumbró al sometimiento a un orden de minorías militares. Perdieron la vida cien mil campesinos. Los sobrevivientes fueron afectados por la proscripción imperial que conllevaba la muerte civil. Tanto que fueron privados de todos sus derechos y posesiones y podían ser declarados proscriptos. Los líderes fueron castigados con la pena de muerte. Fueron sometidos a los tribunales penales de los señores territoriales. Se relatan decapitaciones, extirpación de ojos, amputaciones de miembros etc. Otros pagaron penas pecuniarias. Comunidades enteras fueron desposeídas de todos sus derechos por haber sostenido a los insurgentes. En parte perdieron los derechos de jurisdicción, se prohibieron las fiestas y las fortificaciones de los pueblos fueron arrasadas. Las armas debieron ser entregadas y hasta se prohibió la frecuentación de tabernas por la noche.
La derrota de los campesinos enriqueció a los jefes militares nobles que habían salido vencedores. El senescal Jorge von Waldburg-Zeil obtuvo territorios en la Alta Suabia. El comandante Sebastian Schertlin von Bürtenbach se sirvió de los vencidos para pagar a los mercenarios empleados.
La historia nos muestra la venganza antirrevolucionaria hasta el término y de que ésta tenga efectos de siglos de dominio para las poblaciones. El miedo es un componente psíquico esencial en la continuidad de un sistema social jerarquizado, superado por un modelo de producción actual. La derrota de los campesinos alemanes tuvo consecuencias represivas hasta mediados del siglo XX. La represión anuló las posibilidades de que el hombre fuera metafóricamente una flecha hacia el futuro.

viernes, 10 de febrero de 2012

Thomas Müntzer: las funciones económicas de clase (3.2).

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La evolución de los sistemas sociales implica la función y desarrollo de los valores sociales, de sus normativas jerarquizadas, por los cuales se da la actividad concreta de reproducción social. La relación del hombre con el hombre se expresa en valores normativos,” vividos”, que lo sujetan a las prácticas culturales de predominantes sobre dominados. Las normas de conducta de los valores predominantes marcan el sentido finalista y temporal de la sociedad en un objetivo de fines y medios. Los valores predominantes tienen límites concretos de temporalidad, racionalidad e irracionalidad. La temporalidad de los valores no es permanente, está sometida a la antropología histórica. Ella fluye en las contradicciones sociales de predominio. No hay sociedad de valores eternos, sino históricos y contradictorio. La irracionalidad de los valores se vuelve racional por el cambio de la ideología en ciencia. La ideología falsea la realidad. Sustituye la realidad por su apariencia. La construcción ideológica no admite la negación. En los enfrentamientos sociales, los grupos antagónicos argumentan afirmando la necesidad de su ideología. Se esconde la correspondencia de los intereses antagónicos. Los intereses reales políticamente enfrentados se estructuran en la propiedad de la utilidad de los factores materiales y mentales de la vida social. La rigidez y elasticidad de los enfrentamientos sociales exigen valores jerarquizados que presenten relaciones de predominio. Las luchas sociales de los campesinos alemanes y la aristocracia se basaban en una redistribución de la propiedad de la tierra y la participación igualitaria en el uso de los instrumentos de acción política. En las luchas sociales del siglo XVI, las funciones prácticas económicas se trababan con las funciones prácticas religiosas. La ideología religiosa intervenía en la conducta de los combatientes con su agrupamiento en facciones de clase social, que escondían la realidad económica con la ideología religiosa. La producción material y su consumo estaban bajo el lenguaje de la trascendencia de la fe religiosa. La representación simbólica del mundo tomaba los valores reales para llevarlos a la posthistoria. Las clases sociales subordinadas adquieren su ideología combativa negando los valores de la religión de dominio de clase. Los campesinos y asalariados tomaban conciencia de sus necesidades materiales negando la burbuja mística autoritaria, que transformaba las necesidades materiales y mentales en representaciones de la esencia humana. El siglo XVI, están cerca de concebir los cambios sociales en la variabilidad de las relaciones de propiedad del medio objeto de trabajo, la tierra. Cuando cambian las relaciones económicas, las relaciones idealizadas no permanecen. El mundo imaginario se vuelve entonces real. Las relaciones de las prácticas económicas y políticas adquieren permanencia fuera del Sujeto imaginario y sin historia.
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Las funciones económicas, políticas y religiosas se desplazan de clase por las luchas sociales. Las propiedades internas y externas de estos desplazamientos de la sociedad son los límites objetivos de su reproducción material e imaginaria. Las necesidades de sobrevivir a la desigualdad de la distribución de la riqueza impulsa la discontinuidad revolucionaria en la historia.
La historia se reproduce en saltos discontinuos de la producción y la redistribución de la riqueza. El mundo recibido es una variable de circunstancias dadas por las generaciones anteriores. Ellas dejan un legado de soportes materiales e ideológicos que le sirvieron de afirmación de sus límites de permanencia. Las transmisiones culturales se extinguen en la desutilidad que tienen para las generaciones presentes. La pasión de otros, que nos son ajenos, pierde eficacia para la pasión actual. La elasticidad histórica de la necesidad lleva al individuo a vivir su vida en un absoluto radical de desmemoria. Las necesidades sociales se dan en un entorno rugoso de acciones y reacciones de medios y fines sin intencionalidad previsible a largo plazo. La angustia de la temporalidad de los grupos sociales pertenece al deterioro de la utilidad del mundo extinguido. La desutilidad de la memoria es maquinal y residual. La producción material e ideológica revela incesantemente el tiempo real, en el que la sociedad se da a sí misma un límite absoluto contradictorio. Las contradicciones sociales establecen jerarquías de valores límites de propiedad y poder. Los valores límites adjuntan la variabilidad de las circunstancias, la negación de las propiedades internas y externas del sistema social, a través de las luchas sociales. A toda constante social de sumisión le sucede una variable de rebelión-límite. Las rupturas del orden social generan elementos diferenciales en las funciones económicas, políticas e ideológicas. Los desplazamientos históricos de los conflictos de propiedad y poder forman grupos de la pasión y acción ante el orden social jerarquizado.
3 La base económica de las clases en el siglo XVI.
La estructura política del Sacro Imperio Germánico estaba determinada por los límites objetivos de un sistema económico, que disgregaba el orden feudal y en el orden capitalista renacentista. Los príncipes absolutistas alemanes habían acrecentado su poder social a costa de un imperio que se debilitada en las luchas contra Francia y el Imperio Otomano y en la opresión económica de los campesinos.
Se iba acrecentando la diferencia económica de clase por la acción de fuerzas externas e internas al imperio. La clase social que padecía con mayor intensidad la destrucción del modo medieval era la de los campesinos. Mientras los campesinos presentaban la uniformidad de sus creencias y de su explotación económica, los estamentos feudales se iban fragmentando en pequeños feudos por las transmisiones hereditarias y en grandes feudos de alta concentración de capital-tierra y bajo nivel del trabajo campesino. La rentabilidad de la propiedad de la tierra propiciaba relaciones sociales complejas de alianzas de subordinación de pequeños propietarios a los grandes propietarios feudales. La pequeña aristocracia se encontraba sumida en el juego político de alianzas a los estamentos superiores de la iglesia, de la alta nobleza y al patriciado burgués de las ciudades renacentistas. Estas clases concentraban la propiedad territorial e industrial.
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Los levantamientos campesinos de 1525 se debían al retraso del desarrollo de la clase campesina y de la pequeña aristocracia en su participación económica con respecto a las ganancias excedentarias crecientes de los nobles en la Alta Suabia, Wurtemberg, Franconia, Salta Sajonia y Turingia, en donde la propiedad hereditaria de las tierras cultivables de la nobleza se iba concentrando a la vez que se mantenía un población sobrante de campesinos a la espera forzada de la emigración. El medio de producción crecía con las adquisiciones de pequeñas propiedades y tierras comunales, mientras la población campesina se situaba en los límites de supervivencia con exceso de natalidad. Las relaciones económicas contradictorias de exceso de cantidades de trabajo y concentración de la propiedad territorial impedían rendimientos crecientes de la tierra. Esto habría de causar alta intensidad del trabajo campesino con rendimientos decrecientes. Se producía menos con mayores cantidades de trabajo e intensidad del mismo. El excedente económico se daba con la depauperación del campesinado. La sobrepoblación campesina y su depauperación hacían que se perdieran los valores jerarquizados de clase cultural y propiedad del medievalismo. A los rendimientos decrecientes de la tierra se unían las variables exógenas de las guerras, las malas cosechas y la presión ejercida por los Señores que acrecentaban la servidumbre del campesinado por las propiedades comunales que habían sido expropiadas, los derechos de utilización de terrenos comunes de pastoreo, y de bosques. La pesca y la caza, antes comunitarios, se habían suprimido. La alta nobleza no estaba interesada en la mejora de las condiciones de vida de los campesinos, puesto que el mantenimiento del “statu quo” les garantizaba la supervivencia de sus privilegios.
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La pequeña nobleza carecía de los instrumentos conceptuales adecuados para analizar las categorías económicas de la producción industrial, la circulación de mercado de los valores de uso y sus relaciones de dinero y precios. La actividad económica del Renacimiento significaba el declive de sus formas rituales del economismo medieval de campesinos y aristocracia pequeña y alta. La frustración de la pequeña nobleza la llevaba al enfrentamiento amotinado contra la adaptación de la Alta nobleza a formas económicas de precios monetarios de los valores de uso agrarios y los préstamos hipotecarios por bienes de lujo industriales. Las apreciaciones y depreciaciones monetarias eran causas de alteraciones de los precios y de mercado, de los salarios y de la renta de la tierra. El poder económico provenía del dinero en depósitos bancarios y su circulación por prestamistas de las ciudades a las cortes. Esta variabilidad de los valores económicos desvalorizaba de las relaciones medievales de dominio. La ética caballeresca se convertía en ética crematística. La dicotomía económica llevaba a la pequeña nobleza a la dualidad de alianzas militares con la alta nobleza y otras con los campesinos y hasta las frustradas revueltas nihilistas de los caballeros palatinos. Algunos pequeños nobles marginales se dedicaban al saqueo de los bienes de uso que los campesinos vendían en los mercados a precios monetarios altos. La jerarquía eclesiástica de arzobispos, obispos, abades, se oponía a cualquier cambio de la situación existente por sus alianzas militares e ideológicas a la Alta nobleza. Las instituciones eclesiásticas estaban calcadas sobre el modelo feudal. Sus dignatarios eran príncipes con grandes propiedades y siervos a su cargo a los que utilizaban de modo tan inhumanos como los Señores seculares.
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El clero popular, (curas de pueblos y de campiñas), cuya su situación económica se asemejaba a la de los campesinos medios, con una obediencia que oscilaba de la aristocracia eclesiástica a la revolución campesina y a los postulados que implicaba la Reforma protestante. El campesino se desanudaba de las ataduras eclesiásticas y de la alta nobleza y con ello tomó conciencia de fuerza social. Se secularizaba para liberarse del orden medieval y su coacción tributaria. El clero popular participó en las luchas populares de los campesinos bajo la Reforma de la fe y se vincularon como grupos de ardiente exasperación.

sábado, 21 de enero de 2012

Thomas Müntzer: acción y reacción en los conflictos sociales (3.1).

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La producción social material e ideológica debe marcar la finalidad del bienestar progresivo de la sociedad en una época histórica. Las fluctuaciones sociales de progreso y regresión oscilan por la capacidad real e imaginaria, que tiene una sociedad para existir en los límites de sus contradicciones materiales y en los antagonismos ideológicos de su reproducción social. La sociedad tiene que reproducir incesantemente las condiciones reales e imaginarias al impulsar su continuidad en el tiempo histórico. La producción material depende del grado de desarrollo de las necesidades individuales y familiares socialmente efectivas. La producción ideológica revela las situaciones en las que la sociedad toma conciencia de sí misma. La capacidad de reproducción material de la necesidad social efectiva cambia el grado de productividad del trabajo: la aplicación técnica del tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción ligada a la elasticidad efectiva de las necesidades. Los límites de la producción se modifican con los factores de productividad: el grado medio de destreza del trabajador, el nivel de progreso de la ciencia, y de sus aplicaciones técnicas, la organización de los procesos de trabajo, el volumen y eficiencia de los medios de producción y de las condiciones naturales. La productividad es la variable económica que cambia los modos de producir y consumir. La productividad no depende de los salarios, sino de la tecnología. La variabilidad de los salarios no afecta a la productividad. La variabilidad de la productividad posibilita la reproducción ampliada del modelo social. Hay crecimiento económico cuando una producción creciente es superior a las necesidades normales de la sociedad. El exceso de producción es excedentario y apropiado como ganancia industrial, comercial, renta de la tierra e intereses financieros. Lo controlan los grupos de poseedores de la propiedad privada de los factores de producción: capital constante fijo y circulante, población trabajadora activa y dinero.
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Con la reproducción ampliada de la producción se logra la aparición de nuevos sistemas de satisfacción de la necesidad social, de la organización de la producción, la distribución y la circulación de dinero como riqueza privada. La propiedad privada de los recursos de producción concentra la producción y el crecimiento de la reproducción ampliada de la base económica. La dimensión económica ampliada origina la apropiación corporativa de los recursos. Se vuelve monopolista y contradictoria a las necesidades efectivas de la colectividad. La ideología de dominio se renueva y gana eficiencia por los incrementos de la productividad y de la formación creciente del excedente. La sociedad es más rica para las minorías. La manipulación ideológica se activa por el aumento de riqueza privada, agudizando la contradicción de minorías de poder y mayorías sociales pobres y marginales a la producción. Los conflictos de la situación social desigual de producción y consumo centran la totalidad de la manipulación de los grupos de dominio y el grado de resistencia de los grupos sociales dominados. Los grupos dominantes imponen, a través de la organización represiva de la sociedad, los centros de poder autoritario: la evolución agresiva ascendente de represión económica a los sometidos. Se modelan las circunstancias de poder, objetivas y subjetivas, y se sustenta la marginalidad de los ingresos del trabajo con respecto a los ingresos excedentarios que obtienen las minorías. Los intereses ideológicos de los dominantes cimentan la pobreza y las enajenaciones desesperadas de los dominados.
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Los intereses jerárquicos sobredeterminan la intencionalidad de la producción ideológica. Las condiciones imaginarias cohesionan los estratos sociales de sumisión. La inestabilidad de la producción social material e ideológica marca lo progresivo o regresivo de las prácticas colectivas que gradúan la intensidad de las luchas sociales. Los enfrentamientos sociales reúnen en la crisis social las relaciones conflictivas de conservadores y renovadores. Se originan las causas y los efectos estáticos y dinámicos de las prácticas sociales de claridad y oscuridad exasperadas. Se reivindica la ruptura de la cohesión de dominio de las minorías. La temporalidad e intensidad de los enfrentamientos sociales abarcan períodos de la totalidad uniforme y rugosa del tiempo de dominio. La función objetivo de las luchas sociales conforma los máximos y mínimos de los procesos transformadores de desigualdad económica, política e ideológica. La variabilidad de la eficacia de los movimientos sociales rupturistas fija los mínimos y máximos, anverso reverso, de acciones y reacciones modificativas del proceso social. Los enfrentamientos sociales no se mantienen invariables para el momento histórico actual. Los movimientos sociales progresivos, que contraen el límite de la reproducción de las minorías conservadora, se pueden retrasar en su progresión por el fraccionamiento de los grupos sociales de dominados en subclases de niveladores y radicales. Entonces el proceso social se detiene y regresa a situaciones cercanas al inicio del ciclo y remiten los logros sociales conseguidos por la acción de los dominados. Las reacciones sociales de clases desplazan regresivamente las acciones sociales de clase. La radicalidad de la acción de sumisión fracasa y la reacción de dominio reforma y consolida los pactos concesivos económicos y políticos a nivel inferior.
Se desplaza el caos de los conflictos a un orden rígido y continuista. Los movimientos sociales efectúan desplazamientos de acción y reacción, cuya resultante es una situación neoconservadora de integración. Los avances de las acciones sociales se corrigen por fuerzas internas de la reacción. Un movimiento conservador se introduce en la progresión de las acciones para llegar a pactos consensuados. Las causas-efectos de acción y reacción ajustan formas mecánicas de unificación de clases. La acción-reacción se reactualiza en el escenario histórico de poder conservador. La reacción puede ser un óptimo de las condiciones sociales dogmáticas. Ellas se sitúan en el estancamiento del tiempo de reproducción social. Existen dentro del tiempo histórico imaginario. El movimiento fluyente de la acción se detiene en la masa inerte de la improductividad material e ideológica de la reacción.
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La estática y la dinámica de las luchas sociales circundan la variabilidad de la sociedad frente a sus límites internos y externos. Las rupturas del orden de dominio generan rangos actualizados de estructuras económicas, políticas e ideológicas en la totalidad social. Los desplazamientos históricos de las reacciones de poder expresan acumulaciones excedentarias, en detrimento de la participación progresiva de las masas de marginados, en la riqueza producida socialmente.
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En el siglo XV y XVI, el campesinado constituye la mayoría de la población. La productividad de la sociedad pertenece a una clase social desprovista de derechos de igualdad económica y política. Los conflictos de riqueza y pobreza son resueltos por la autoridad de los príncipes medievales. Los campesinos no tenían representatividad estamental y por tanto carecían de derecho político en la Alemania imperial. Su presencia social los convertía en instrumentos de reproducción material y biológica. Se sometían a la producción feudalizada y al delirio de la representación textual religiosa del postmundo. La producción agraria del campesinado sostenía el funcionamiento de la sociedad feudal y renacentista. Príncipes, nobles, funcionarios, patricios y clero obtenían sus recursos económica por la utilización gratuita de la fuerza de trabajo campesina. Las rentas de la tierra, sean monetaria o en valores de uso, crecían con razón progresiva positiva para la aristocracia agraria y en razón inversa a las necesidades de supervivencia de los campesinos. Los recursos de los campesinos se trasvasaban a la aristocracia y a las ciudades renacentistas por el incremento de las cargas fiscales. En el siglo XVI, hubo un crecimiento de los diezmos, de los impuestos de guerra, aduanas, intereses y numerosos y variados tipos de servicios personales a los que fueron obligados los campesinos en beneficio de los poseedores de la propiedad. Se detraía del consumo de los campesinos masas de bienes económicos que pasaban al excedente de la minoría dirigente.

jueves, 5 de enero de 2012

Economía del dolor en el siglo XV y XVI en Grünewald(2).

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Las masas de población adquieren una doble práctica de concreción real y simbólica en las contradicciones de vida real y vida imaginaria. Las prácticas reales sirven para satisfacer sus necesidades inmediatas de supervivencia y las prácticas simbólicas para determinan su alienación de la realidad. La vida real y la simbólica se unen en la enajenación del hombre al realizar su práctica material a la vez que manifiesta inconscientemente la práctica simbólica. La contradicción, entre estas dos prácticas, sintetiza las condiciones progresivas de la producción del excedente económico de la producción social y las condiciones regresivas a situaciones históricas de desocupación de recursos y la autodestrucción potencial de la sociedad.
El hombre está atrapado en sus necesidades y en la necesaria satisfacción de las mismas. Se necesita producir para consumir. El dinero no come sin producir. En la economía de subsistencia, la enajenación de la realidad implica su representación simbólica para negar la negatividad de la necesidad. La representación enajenante simboliza manifestaciones de muerte por sumisión y sadismo. Los juegos sociales alienantes esperan la mitología de los dioses de la escasez y de la guerra. La alienación de realidad y símbolo están dentro de silencios represivos violentos y de los conjuntos de signos que duplican la vida social real por la imaginaría. Los signos hablan e imitan la vida con la duplicidad. El conjunto de signos enajenantes sueldan la esencia idealizada a los hechos reales. Se niega la negatividad de la necesidad mediante las variaciones combinatorias del hombre enajenado y la naturaleza degradada.
Se produce materialmente para negar lo negativo y extintivo de la necesidad natural y para dar continuidad a la memoria de los procesos de trabajo y a su práctica fuera de la presencia anexionada del tiempo real improductivo. Las masas sociales se vuelven improductivas por las organizaciones de producción paranoicas, de posesión monetaria por minorías de dominio, de propiedad y explotación.
Por no haber un futuro otorgado en el porvenir de la historia, se necesita hacer de la historia las condiciones materiales de su producción. La memoria “de hacer”, por el proceso de trabajo, evoluciona a formas superiores de producción y previsión de límites colectivos no regresivos ni extintivos.
Delante de la temporalidad de periferias extintivas, se deben dar las variaciones productivas de producción y reproducción material. Los avances y regresiones de los sistemas económicos se sintetizan en las contradicciones internas y externas a la totalidad orgánicas de las instancias del sistema. Las regresiones del sistema económico expresan la decadencia de la reproducción material de la comunidad humana. La sociedad regresa a la negatividad de la necesidad sin respuesta de producción. No se relaciona Naturaleza y Producción. La capacidad humana “de hacer y aprender y memorizar”, se detiene en correspondencias de la precariedad, que se inscribe en la no reproducción de las relaciones materiales y sociales.
La sociedad sólo se puede comprender racionalmente por la necesidad, en la que ella se encuentra, de producir y reproducir sus condiciones materiales y mentales existenciales en un ámbito histórico dado. Estas condiciones racionales exigen limitaciones excluyentes a la orgía sádica del uso del excedente de riqueza por minorías que poseen la propiedad privada sobre las cosas y el trabajo. Las ideologías perversas económicas responden irracionalmente a la producción y el consumo socializados. Se practica entonces la economía de subsistencia para la mayoría social, excluyéndola del mundo real de la producción y recluyéndola en el trasmundo de la violencia económica y el idealismo fanatizado. Entonces se define al hombre como un sujeto irreal, sitiado por la absoluta desnudez de la necesidad, y la entrega de su trabajo al azar de la esclavitud, del paro o de la venta salarial, en relaciones de poseedores de riqueza y desposeídos anónimos. Amos y siervos.
2 Matthias Grünewald
El arte plástico de Grünewald expresa la intencionalidad intelectiva y emocional del dolor del hombre, propuesta de revelación de la verdad de la redención humana, fuera de la enajenación de las filosofías especulativas renacentistas. La vuelta al evangelismo de los Pobres era que la comunidad de la fe significaba la participación de la esperanza en las masas de desheredados. La negación de las formas de explotación económica y emocional de los campesinos y los gremios menores de artesanos de las ciudades. Su expresión artística es la presencia constante del dolor del pobre frente a la adversidad de la práctica económica y política de los poseedores. La esencia perdida de la humanidad estaba en la vuelta a la autocreación del hombre fuera del dominio de los explotadores del trabajo de siervos y trabajadores menesterosos. Grünewald, (1470-1528), pinta el dolor social del oscuro y lóbrego tiempo histórico de desagregación de la formas de dominio medieval, por el dominio renacentista de mercaderes patricios y gremios mayores. Era el encubrimiento del dolor deshumanizado con los rituales alienantes de las prácticas de violencia económica y religiosa. Sus formas artísticas dramatizan las escenas religiosas de la supervivencia del hombre por la exposición de la crueldad del poder organizado y jerarquizado políticamente. Las formas de su arte revelan intencionalmente la crueldad ciega por el tratamiento técnico y psicológico del color y la luz. Grünewald era un actor de la historia oculto y pasional. Por la intensidad lumínica y la ruptura de la línea del dibujo, proporcionó a la narración pictórica la expresividad dramática de los pasajes evangélicos. Grünewald se apartó de la filosofía naturalista renacentista para retrotraerse en el gótico tardío de la baja Edad Media apasionadamente, a la reforma luterana y al entusiasmo revolucionario que provocaron el estallido de la guerra de los campesinos de Thomas Müntzer. La persecución de las revoluciones campesinas le obligó a refugiarse en Frankfurt y después en Halle donde falleció en 1528.
3 Thomas Müntzer
Las predicaciones revolucionarias de Thomas Müntzer le llevaron a liderar la Guerra de los Campesinos alemanes colectivistas contribuyendo a desencadenar la Guerra de los Campesinos, que se extendió desde el suroeste de Alemania hasta Salzburgo, Turingia y Sajonia.
Se separó de la ortodoxia luterana por su unión a la doctrina mística del iluminado Nicolas Storch: su doctrina de la palabra interior, que el hombre recibe, por una revelación continua de Dios, que le habla en su interior. Al igual que al nexo de la teoría política revolucionaria, que instaba a los creyentes a construir inmediatamente el reino de Justicia en la Tierra. Thomas Müntzer era un revolucionario que unía la teoría a la praxis revolucionaria. Devolvía al hombre la esencia perdida del nihilismo evangélico contra la riqueza.
En la pintura de Grünewald, está incesantemente presente la propuesta de acabar con el servilismo de los campesinos, mostrándoles la necesidad de la palabra interior reveladora de su situación real en el orden social de dominio. La palabra interior que debería apartarlos del sometimiento a la ignorancia intencionada y la necesaria revolución social para instaurar inmediatamente el reino de la Justicia en la tierra. La práctica para suprimir la enajenación religiosa de los campesinos y la eliminación legal de la propiedad privada de la tierra. La doble revolución de los campesinos contra el Estado aristocrático medieval a través de la forma artística y la movilización militar del campesinado.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Economía de excedente y de subsistencia (1).

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En un sistema evolutivo de la producción, el proceso de trabajo simple se vuelve proceso de trabajo complejo. El objeto de trabajo, el instrumento y el adiestramiento teórico-práctico de la mano de obra se combinan en grados de productividad y calidad. Se llega del recolector de alimentos a la máquina tecnológica. La máquina tecnológica asexuada se integra en trabajo indiferenciado social. La comunidad biológica y técnica reproduce la existencia biológica y los medios de producción y los medios de consumo individual. La sustancia histórica se organiza en fuerza de reproducción material y mental. Las comunidades adquieren jerarquías de producción, consumo, trabajo y circulación de dinero. De relaciones de parentesco étnicas a urbes maquinales.
a) En la economía de subsistencia: las relaciones de producción se vuelven contradictorias y alcanzan contracciones de límites extintivos. La funcionalidad de los sistemas económicos evoluciona del crecimiento, acumulación, y llega a límites de extinción irreproductiva. La sociedad se detiene en la producción de efectos improductivos.Los agregados humanos de seres dependientes de los procesos de trabajo se debilitan en su oposición al capital financiero, a las acumulaciones de ganancias usurarias y al monopolismo industrial creciente. Las propiedades internas del sistema económico, cuyas fases determinan ciclos evolutivos, se vuelven contradictorias en los límites de superproducción, subconsumo, circulación y de valoración del capital. El trabajo no pagado, en la jornada laboral anual, está yuxtapuesto al necesario salarial pagado. La tendencia decreciente de la acumulación de capital aumenta la extracción de trabajo no pagado, forzando la caídad del salario para un tiempo de actividad creciente.
b) En la economía de subsistencia, la carencia de reproducción amplía el campo de no variabilidad de las condiciones internas y externas del sistema económico. El sistema regresa a una constante degradativa. Esta constante se expresa en la falta de utilización de los recursos materiales y humanos. Entonces se da la contracción de la producción, el intercambio y el consumo. La totalidad del sistema se detienen en formas económicas históricas anteriores de precariedad biológica y producción material. Entonces los grupos sociales se hallan en planos de supervivencia ya superados en la historia. El sistema envejece.





c) La base de producción social carece de intencionalidad progresiva. La producción del excedente decreciente posibilita la barbarie de la sociedad de jerarquía. La regresión a mínimos de subsistencia se sitúa en la falta de organización social material y simbólica. La sociedad se divide en gente carente de trabajo y dinero y ricos que desinvierten de la producción. La carencia de inversiones económica provoca el desempleo de recursos humanos y técnicos. Las contradicciones regresivas de subsistencia de las funciones sociales hacen desaparecer la organización de la producción y del consumo social. El sistema económico se vuelve improductivo y no alcanza a perpetuarse.








d) En la economía de excedente racional, el exceso de producción sobre el consumo necesario establece las funciones sin propiedad y Estado. Los individuos que producen no se disgregan en la inactividad de imaginarios, que ligan sistemas de subsistencia inorgánicos improductivos. La producción racional es mayor que el consumo racional. La sociedad produce más que lo que consume racionalmente.
La producción natural instintiva no sustituye a la producción maquinal. El consumo instintivo al consumo de producción maquinal. El hombre aparece dentro de la producción del lenguaje técnico. Se reducen las funciones innecesarias de comunicación y uso de la Naturaleza. Los conocimientos científicos y la práctica de supervivencia cultural no decaen en vacíos de manipulación. El grupo social se acerca a sí mismo para integrarse en la común necesidad de la reproducción biológica y en la supervivencia material. Las masas simbólicas no imprimen la muerte trascendente concialitiva. Hay economía de excedente colectivo. La producción, el lenguaje y los símbolos se unifican en la naturaleza social del hombre. Los incrementos de producción están por encima del nivel necesario de las necesidades colectivas. Aparecen nuevas necesidades materiales e intelectuales. La producción de un excedente económico social modifica las relaciones naturales sin dar lugar a la jerarquía de poder. El excedente económico social es el lugar de la historia sin jerarquía.





e) El poder de una minoría social está correlacionado a relaciones de dominio. El excedente económico de subsistencia implica que la producción se aplican a la formación estructurales de simbólicas de persuasión y de violencia. El excedente decreciente se conexiona a repeticiones cíclicas, que posibilitan reaparición simbólica de grupos de jerarquía cínica. La regresión excedentaria a subsistencia hace que la producción se vuelve coactiva. La existencia se aliena en los imaginarios, que proceden de la coacción y la ignorancia simbolizada.





f) Tanto en la economía excedentaria y en la de subsistencia el sistema funciona con dominantes y dominados. Unos militarizan el excedente económico y otros conforman sus actitudes mentales al miedo de la incertidumbre. La irracionalidad del poder se estanca en un proceso regresivo al límite de supervivencia. El sistema económico real se vuelve simbólico.





g) No hay existencia de jerarquía sin excedente económico. Lo consumen los grupos improductivos organizados en la manipulación. El sistema social se encaja en las contradicciones coyunturales: internas y externas de límites de excedente y limites de subsistencia. La contradicción simple excedentaria progresiva se desplaza y se vuelve compleja de subsistencia regresiva. La historia entonces carece de significación. Las luchas sociales se dan en ruleta metafísica del odio económico y genocida.
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Las crisis preindustriales de subsistencia provenían de las catástrofes naturales, que reducían la base de producción, la tierra. Las sequías, las inundaciones y las epidemias destruían la situación compleja de la reproducción natural y social. La base natural de producción, de los medios de trabajo, del hombre y sus instrumentos, se volvían estrictamente circunstanciales y no garantizaban la continuidad de la sociedad. La reproducción biológica y material del grupo se agota y extingue. La simbolización simbólica de dominio se debilita en el límite extintivo de la funciones biológicas procreativas y de producción.








a) Los símbolos grupales de configuración imaginaria se destruyen con la aparición de límites de reproducción decreciente de la base de producción.





b) Las máscaras exterminativa del poder se interiorizan en la memoria de la realidad. La producción de vida y dominio se contraponen en la economía de subsistencia.





c) El grupo social racional se constituye con la producción excedentaria, el consumo necesario, y excedente racional de crecimiento del sistema. La producción simbólica se articula a la producción material para no ocultarla. Sin embargo, las máscaras existen para justificar los consumos improductivos a través de la violencia de las relaciones de poder. La memoria simbólica se vincula al enmascaramiento de la vida real por la vida imaginaria de la máscara.
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La memoria de la historia se vuelve un imaginario simbólico del grupo improductivo. Se alcanza la reproducción de la existencia por la manipulación ideológica de hacerse obedecer.
Los monumentos arquitectónicos históricos jalonan las discontinuidades límites de las desapariciones de grupos sociales extinguidos. Las relaciones de jerarquía son de propiedad sobre el uso de las cosas y de los hombres. En la economía de subsistencia el hombre se extingue en el fondo del ser inmóvil de la Naturaleza. Su capacidad de reproducirse se detiene ante la muerte social.





a) La sociedad está inscrita en la capacidad de reproducción de su existencia. Las tendencias dinámicas de reproducción biológica, económica e ideológica, no están dadas por la metafísica intencional del futuro cierto de la sociedad. No hay un futuro dado en el porvenir de la historia. Los hombres hacen su historia en condiciones materiales e ideológicas dadas en el presente, sin la previsión de una ideología especulativa. La técnica primaria especulativa evoluciona a formas superiores de previsión por la continuidad de la ciencia.
b) La pasión de dominio sobrevive conectada a la existencia del excedente económico. Aquella producción, que excede a las necesidades sociales y es apropiada por los grupos de dominio irracional, es el excedente económico potencial. La apropiación del excedente económico pertenece a los reproductores del poder. La ley de propiedad de hombres y cosas pertenece a las variaciones de las condiciones internas contradictorias del sistema. La historia no es intencional, no está asegurada la supervivencia ideológica de dominio.
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Los “moai”de la Isla de Pascual esperan, en sus máscaras inquietantes, el deseo inextinguible de la llegada de los dioses. El mundo extinguido de la memoria del deseo. Las esculturas de los mecanismo psíquicos de la realidad desaparecida. La máscara del modelo social desparecido es fluyente en la nada y en la irracionalidad. Las esculturas del tiempo sin historia penetran en la discontinuidad de la muerte. La carencia de historia se mantiene exterior a la incertidumbre de la desmemoria. Lo esencial de la reproducción de la vida está envuelto por la epidermis rugosa de la reproducción de la máscara. Se va de la economía excedentaria a la economía de subsistencia y viceversa, pero no hay la intencionalidad de un Ser superior y ordenador .

sábado, 26 de noviembre de 2011

Caravaggio:La crucifixión de San Pedro.

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La pintura de Caravaggio se expresa y abre en un desgarro luminoso de la oscuridad de la memoria de la historia. La función creativa barroca del arte es la reinterpretar plásticamente los motivos canonizados por la costumbre religiosa en las nuevas experiencias históricas que deben acomodar la cultura a la necesidad del poder. La subjetividad creativa del pintor se acomoda a las exigencias ideológicas de su clientela. El círculo reducido de sus clientes lo encorseta a las exigencias conservadoras del mecenazgo religioso. A pesar de ello, la expresión pictórica no deja de expresar las experiencias de los pintores que viven las prácticas de una sociedad desgarrada por las luchas de estabilización del poder absoluto del Estado y el predomino de las creencias ortodoxas frente a la heréticas. La sociedad barroca se encuentra atrapada a los medios de dominio y representación, paranoias persecutorias de fines imperfectos de equilibrio de la política y las creencias.
La intuición caravagiana del sentido plástico de la representación pictórica va desarrollando nuevas reglas de motivación experimental del credo oficial por lo creado pictóricamente. Su capacidad innovadora incrementa las combinaciones de los espacios pictóricos, las tonalidades de los colores que provienen de la incidencia de las luces y sombras. La formación de los colores primarios en las tonalidades grises de las sombras. Los personajes del cuadro se presentan en instantes de cruzamientos de luces que renuevan la temporalidad plástica del sufrimiento y el contenido de una fe mística que proviene del límite extenuante del cuerpo de la sumisión. Los personajes caravaggianos representan las actitudes miméticas de la tradición textual: los modelos pictóricos gesticulan la mímesis del relato bíblico en el naturalismo sofocante de la denuncia alienante de realidad y fe. Las víctimas del castigo, fanatizado de la condición imperativa de la creencia sin discernimiento, reordenan la cronología de la historia y la cromática de la memoria de la ley. Los personajes caravaggianos provienen del límite final y permanente del escenario dramatizado de la marginalidad de la supervivencia del espacio urbano y del espacio del cuadro. El espacio pictórico rememora el esfuerzo de negar la ideología en la pasión racional de presentar los conflictos sociales ideológicos sin ocultar la verdad. A pesar de que la sociedad real está encubierta por los cánones eficientes de la maquinaria ideología de la violencia, se encubre la verdad con el guiño cómplice de la sumisión y el oscurecimiento de la racionalidad.
El naturalismo de Caravaggio revela la ideología religiosa como una coartada al irracionalismo representativo de la piedad del hombre martirizado por el hambre, la enfermedad y la muerte. Caravaggio exhibe el sufrimiento humano en la oscuridad de la fe. La crueldad del desesperado y el finalismo extintivo del hombre, relacionando la existencia concreta con la apuesta irracionalista posthistórica: la perdurabilidad del ritualismo del texto y del gesto del actor que lo memoriza.
Caravaggio ilumina a sus personajes en un flash de realidad reveladora de la crueldad. Se diría que propone exteriorizar la naturaleza histórica del hombre, pero en el desgarro súbito de la representación del cuadro. El desgarro de la tela es de dentro afuera. Salir de la penumbra es asir allí un pájaro en la red de la tenebrosidad. Vuelo repentino en la aparición imprevista y sorpresiva del pájaro en un haz luminoso. El instante de la representación del delirio paranoico de la huida ante la máquina represiva que se acopla al individuo. La máquina paranoica despótica que mantiene adherencias de supremacía y subordinación. La minoría, que surge de improviso en flash, se exhibe en la superficie del cuadro para delatar la oscuridad de donde proviene su sufrimiento. El espacio del cuadro se vuelve espacio de presentación de encuentro de naturalismo e idealismo.
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Es la afirmación testimonial de Caravaggio de ser por el no ser de la ausencia del hombre real en la historia de su destino. Los padecimientos del cuerpo y la mente en del delirio caravaggiano “del soy quien vosotros habéis propuesto que sea”. Caravaggio lleva a la pintura barroca el delirio de la marginalidad urbana de las ciudades barrocas, la luminosidad de los personajes representados en la excitación causada por la pasión alucinatoria de la salvación por la pobreza. El delirio del reino de lo oscuro. Transparencia del rayo de luz que fija la claridad definitiva del sentido del destino en la pasión humana. Pero el destino es inexacto en el juego de la crueldad por la luz interior del delirio. Se irradia la luz real del perseguido en un acta acusatoria sinsentido de lo humano, impiedad de la marginación predeterminada por el fanatismo de la acumulación de riqueza y poder, justificada con la alienación del desesperado. La vida del marginado-masa en los bordes de su utilidad y desutilidad por los victimarios celebrativos. Los delirios de los dominantes convierten las relaciones reales en relaciones metafísicas. El lenguaje simulador de la utilización del hombre explotado en medio de acumulación fanatizada de riqueza y dinero. Riqueza con gloria y sin culpa. Exaltación de la perpetuidad del rango al sometimiento expiativo de la desorganización pasiva de las víctimas del trabajo y la duplicidad del hombre real en el imaginario.
La culpa expiativa del delirio de la autoridad despótica. La eternidad de los personajes caravaggianos trae de la oscuridad lo incierto del miedo. Caravaggio convierte el espacio del cuadro en una obsesión móvil del pánico. El delirio del color exalta las contracciones del cuerpo torturado en la barbarie de la indiferencia.
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Resuenan insistentes en la memoria estética los símbolos del porvenir del gritos, sin alambradas, ni ladridos de animales que se desgarran y extraen gritos indefinidos y unitivos. Los perseguidores descubren escondrijo de delirios. Recluyen perseguidos en espacios hexagonales y excrementales de tortura. Más allá de los hexágonos están los muros de ladrillo, alambres de púa, vías de ferrocarril, torretas de vigilancia, y los círculos excéntricos de los oídos tapados con cera y la complicidad del silencio y el hedor del olvido.
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La máquina paranoica despótica dimensiona la voluntad de poder en la inhumanidad del fanatismo. La violencia organizada da transitoriedad de medio a la vida humana. La vida de la víctima es un medio maquinal para la perpetuación de la tortura en un fin absoluto ahistórico de dominio. Caravaggio revela en su naturalismo exasperado la contradicción del hombre real y el hombre convertido en víctima por la tortura y el simbolismo religioso. La pintura de Caravaggio está conexionada a las contracciones de una época-máquina religiosa violenta. De conversión de las relaciones de poder en relaciones de crueldad. Una crueldad entramada al sentimentalismo del simbolismo de la piedad por el terror del dolor físico. El siglo XVII es un modo social de totalidad compleja, conflictiva, militar y religiosa, que utiliza la violencia para llegar a la unicidad del sistema económico mercantilista y al poder absoluto estatal y religioso. La representación religiosa de la ortodoxia de la contrarreforma son las motivaciones subjetivas de la exaltación militante de la piedad de las masas religiosas. Se llega a la exaltación militante por la escenificación de las masas sociales en la iconografía de la salvación por la fe. El pecado redimido por el arrepentimiento reductivo que regula el postmundo y la garantía fanatizada de la obediencia colectiva. Práctica fanática y persuasiva llevada a término, durante el siglo XX, por los movimientos totalitarios políticos, económicos y militaristas.
Como si el presente violento de la historia fuera esencia del futuro. El hombre carece de finalidad en su existencia. Se encuentra en la penumbra de la máscara uniforme y general. Presiente la inquietud de un mundo incierto en la penumbra de un ser que no se halla consigo mismo. Lo atraviesa en la penumbra de relaciones sociales de dominio que lo sujetan a un corsé. Está comprometido y arrojado a las contradicciones que producen los mandarines embrujados del poder social. El presente se niega al presentimiento del futuro. Como si fueran las varillas de un abanico abierto, los antagonismos de la existencia deforman el tiempo que enreja la provisionalidad del presente. Se nos advierte de la incertidumbre del momento actual en el que se vive. Se diría que delante de variabilidad de las condiciones del mundo está la uniformidad intimidatoria de una cotidianidad enmascarada y carente de futuro. Los gestos del que grita en presente denuncia una existencia expulsada a la marginalidad. El ser arrojado no tiene donde apoyarse. El ser que se acerca a su futuro quisiera la positividad de la verdad. Palpar las llagas de cera que deforman y cubren. Darse una identidad sin la mediación de la máscara. La mediación de las relaciones sociales punitivas que llevan a la incertidumbre. La identidad de uno mismo es querer ser libre de la condición estática de la humillación sin libertad. El sentimiento recibe el peligro del dominio social del presente por los dominantes.


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La máquina paranoica en un cuadro: La crucifixión de San Pedro.
La crucifixión de San Pedro una obra de Caravaggio al óleo sobre lienzo y tiene unas dimensiones de 230 centímetros de alto por 175 de ancho. Fue pintada para la capilla Cerasi en la iglesia de Santa Maria del Popolo de Roma. En la lectura visible de la pintura, la mirada recorre el lienzo y no ve el sentido oculto del ver. La lectura evidente dice que la pintura representa el martirio de San Pedro por medio de la crucifixión. Pedro pidió que la cruz fuera puesta al revés para no imitar a Cristo. El lienzo muestra a tres esbirros romanos de rostro oculto, luchando por erigir la cruz del anciano san Pedro. Tiran, levantan y hacen palanca a la cruz, en posiciones de esfuerzo. La máquina paranoica está formada por la cruz, la cuerda que hace de punto de fuerza en la cruz y en la espalda del hombre que tira de ella. Otro esbirro tira hacia arriba de la cruz. Otro se coloca debajo del madero para empujar arriba. San Pedro es un hombre mayor, de exagerada musculatura y volumen físico, que observa la palma de su mano derecha atravesada por un clavo. Todos ellos, la máquina paranoica escapa de la oscuridad. Los colores se desplazan del gris, rojo, escarlata, ocre, verde, blanco, desde la periferia al centro. La cuerda y el madero forman un ángulo de luz intensa que baña el cuadro. La intensidad del drama del sacrificio es a la vez indiferente al dolor que provoca la máquina paranoica de cruz, cuerda y esfuerzo muscular de los esbirros y la pasividad de la víctima. La máquina caravagiana pinta a los hombres como son. Los trae de la realidad para dejarlos en el escenario de la historia.
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La figura carismática de Michelangelo Merisi da Caravaggio se configura esencialmente al convencimiento de un presente histórico insuficiente para llegar a ser el devenir de una sociedad, que implique una religiosidad reveladora de la trascendencia humana de la fe paras masas marginales que aparecen desnudas en el transcurso del Renacimiento tardío al Barraco. Se hacinan las clases sociales, que han sostenido la producción económica y estética del Renacimiento. Caravaggio presiente el momento histórico en las insuficiencias diferenciales de las propuestas ideológicas y las prácticas de crueldad de los detentadores de la riqueza de la sociedad. La gran hipocresía de la religiosidad barroca es esconder los conflictos desintegradores de la sociedad renacentista en las guerras de religión. El malestar de la rebeldía de Caravaggio significa su radical desclasamiento a través de su vida incierta, su producción estética, sus persecuciones y su presunto asesinato.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Caravaggio y la máquina paranoica barroca.

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Las máquinas técnico- productivas determinan las formas del existir colectivo en condiciones materiales históricas de producción fijas o variables. Las máquinas técnicas combinan conceptos científicos progresivos y variaciones de cantidades de medios de producción y cantidades de trabajo para dar fines de uso a objetos de consumo social. Las máquinas producen también máquinas culturales y psíquicas. Las máquinas consumen medios de producción y energía de trabajo para producir objetos necesarios y objetos de lujo. Los hombres integran clases diferenciales en la producción de las máquinas tecnológicas y culturales. Las máquinas técnicas y las máquinas de energía de trabajo y energía psíquica inyectan utilidad de uso y de cambio monetario a los precios de las mercancías sociales en un mercado determinado por la estructura económica capitalista.
La máquina psíquica combina instrumentos eficientes e ineficientes junto a medios de producción psíquicos. Es una máquina que fija objetos somáticos y los ancla al delirio de la realidad. La realidad se deforma por el delirio psíquico. El hombre aparente queda anegado por los efectos de estructuras inconscientes. La máquina psíquica barroca solapa la realidad con los elementos religiosos. El hombre queda en el pliegue de la alienación religiosa. Para entender los efectos devastadores de la alienación basta con exponer la barbarie de la ideología que se asienta en la creencia de dios a través de la tortura. O dios o la tortura. La ortodoxia religiosa regresa insistentemente a la tortura para absorber la alienación. La manipulación del dolor con las simbolizaciones del dominio de la ortodoxia. El delirio religioso íntimo o nacionalista parte de la totalidad social de dominio como máquina narcótica de la realidad social conflictiva. La representación pictórica caravagiana manifiesta las contradicciones de los hombres reales y sus representaciones religiosas. Los hombres están alienados por violencia económica y política y la necesidad biológica de mantenerse vivos. Dejan de ser reales, en su alienación ideológica, para ser representación del delirio paranoico.
La máquina psíquica paranoica consume fragmento de sonidos, imágenes disociadas, frases inaudibles, incesantes miradas reveladoras de lo psíquico oculto. Se acoplan a la máquina psíquica descargas emocionales estriadas y multiplicativa angustia de inseguridad: el delirio acerca zonas de la memoria arcaica. La máquina psíquica produce residuos traumáticos duraderos. Ella taladra imágenes inconexas y las expele en formas simbólicas de la génesis del deseo. Símbolos secuenciales de montajes de realidad y desplazamientos oníricos de deseos por las franjas opacas de la censura interior. Las máquinas psíquicas excrementan delirios. La máquina de máquinas de la producción de libido.
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La máquina capitalista barroca produce máquinas económicas, religiosas, máquinas de violencia inquisitorial y máquinas militares. La máquina barroca absolutista es una máquina de producción transitiva que unifica formaciones gremiales económicas, políticas e ideológicas de la Baja Edad Media y Renacimiento y la estructura política y económica de la formación social absolutista del Estado-nación. La máquina mercantil barroca identifica el valor de la riqueza con el dinero como metal precioso. La acumulación de oro-dinero fanatiza la violencia internacional. El oro valoriza los intereses de dominio del Estado. La producción de mercancías circula cuando el dinero-oro es medida de valor. La circulación monetaria internacional de cobros y pagos en oro expresa las diferencias de exportaciones-importaciones de mercancías en la balanza comercial y de pagos. Las entradas y salida de oro del Estado-nación se vinculan a la producción y al alza y baja de los precios interiores nacionales con los precios internacionales. Las exportaciones de mercancías atraen el oro a la circulación nacional interna y las importaciones lo sacan a la circulación internacional. Las exportaciones tienen que ser mayores que las importaciones para lograr la acumulación de riqueza monetaria interna y el crecimiento de la población productiva nacional sobre la que ha de disminuir la escasez y la enfermedad. Si las importaciones son mayores que las exportaciones aumenta la carencia de satisfacción de los deseos básicos de las clases sociales incluidas en la producción y el consumo improductivo y crecen los flujos de salida de oro a la circulación internacional. La máquina de producción barroca implica la reversibilidad de los flujos de entradas y salidas de mercancías y dinero. La máquina del Estado absolutista vincula la acumulación de dinero oro al gasto de guerra militar y al expansionismo colonial del Estado-nación. El oro-dinero es una máquina paranoica narcisista y militarista.
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La máquina paranoica de Caravaggio no es la máquina esquizofrénica del pintor inglés Francis Bacon ni la máquina narcisista de Francisco de Goya, en el lienzo de la familia de Carlos IV. Las máquinas se desplazan y cambian interiormente las estructuras temporales del deseo y la producción. Ellas son inherentes a la cotidianidad de las formas sociales y se reproducen en el interior de las mismas. Las máquinas se construyen para dar homogeneidad a la producción material y psíquica. Las máquinas se desplazan por los ciclos cronológicos que marcan las relaciones sociales de dominio. La máquina se atiene a una codificación combinatoria de sujetos, medios técnicos y fines de dominio, cuya finalidad es la perpetuación de las relaciones sociales.
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La máquina paranoica de Caravaggio es una conexión de representaciones pictóricas de individuos reales angustiados y engranajes de ritmos de masas de color representando la persecución social aleatoria de minorías por mayorías. El color en Caravaggio se vuelve intencional. La máquina paranoica del color se interioriza en una conciencia dual, angustiada por el delirio de la realidad falseada, en cuanto ésta se oculta inasible e incognoscible. La realidad oculta se manifiesta en la angustia de los castigos físicos y de ausencia de tiempo real para el castigado. La máquina paranoica permanece interiorizada, graduando el miedo de la censura represiva. La paranoia crea objetos individuales suicidas y proyecta agrupaciones colectivas genocidas. La agrupación genocida unifica procesos de psíquicos simples: ladridos de perros, descargas eléctricas genitales, extracción de uñas etc. Pero igualmente procesos psíquicos complejos de guetos, cárceles, campos de exterminios, cámaras de torturas, códigos etc, que rastrillan culpas y eximentes. La angustia del castigo es transparente a las marcas corporales y a la opacidad de la creencia. La angustia, espacio y tiempo de historia, es instrumentalizada para fines absolutos de subordinación. La máquina paranoica adquiere energía alucinatoria, en tanto se instala en las organizaciones de mayorías de inconsciente alienado. Estas mayorías codifican relaciones cognitivas con delirios alucinatorios. El delirio paranoico materializa alteraciones de la realidad en sociedades de rango narcisista y genocida.
El delirio paranoico clasifica la ritualidad victimaria de perseguidores y perseguidos. El personaje masa del linaje perseguidor y la individualidad del perseguido en la sujeción acusatoria de los recintos de marginación y aislamiento.
La máquina simbólica es imaginaria y podría reducirse a fugaces ráfagas angustiosas donde podría haber luces que verificaran la visibilidad metafórica de la realidad. Las máquinas simbólicas aventan granos de silencio y llegadas de gente extraña purificada. Hay entonces ruido por el silencio. El delirio del terror paranoico contrapone la imagen simbólica y el horror de la realidad. Cómo adherirse a lo bello moral y físico sin que se manifieste la orfandad y las gamas frías del futuro. Siempre se perciben voces que comentan futuras acciones de castigo. No advierten a las víctimas de las argucias de sobrevivir. Las metáforas son lejanía de puertas cerradas que se han de volver vías libres para los gritos. Las voces cercanas asemejan manchas de miedo. La luminosidad detiene la posibilidad de hallarse oculto en las rendijas de las casas deshabitadas. Ser descubierto es el miedo absoluto del que está en voluntad del perseguidor. La paranoia se halla junto a los seres aterrados por el final cierto.
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Los delirios perseguidores de la máquina social paranoica adhieren colectivos perseguidores sobre minorías perseguidas. La violencia desplaza máquinas despóticas a minorías desesperadas como relaciones de estados de poder. La minoría perseguida se esconde en la oscuridad simbólica de la palabra. Símbolo y palabra del porvenir de puertas abiertas sin alambradas ni ladridos de extraños animales, que desgarran y extraen gritos definidos y descoyuntados. Los perseguidores, que descubren el escondrijo del delirio, recluyen a los perseguidos en espacios hexagonales y excrementales de tortura. Más allá de los hexágonos están los muros de ladrillo, alambres de púa, vías de ferrocarril, torretas de vigilancia, y los círculos excéntricos de los oídos tapados con cera y la complicidad del silencio y el hedor del olvido.