sábado, 21 de abril de 2012

Klaus Mann: el hombre autoritario y su representación (2).

Al poeta Aurelio Alvea.

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El hombre en general necesita ocultar la problemática de su vida con la representación. Quiere que un Otro le de la concreción que le falta mediante el extrañamiento de sí mismo. Así sería un individuo que habría de necesitar ser objetivado por la mediación de un poder exterior. Como si hubiera en la mediación un ser, que habría desdoblado su conciencia por la tragedia de la falsedad. Representaría doblez de al hábito de la sumisión. Uniría la hipocresía a la conformidad. La falsedad por la seguridad.

La búsqueda filosofía socrática de uno mismo era deducir la falsedad del juicio aceptado por la tradición de aceptar la transmisión del mito en verdad acrítica. Y esto nos llevaría a la afirmación de que si el contenido aparente del mundo es su verdad no se necesitaría de la ciencia. El mito sustituirá el conocimiento. Un individuo del “se impersonal heiderggiano” afirmaría, se dice, se cuenta, se opina etc. Y con esto su conciencia pertenecería al se impersonal que no se compromete a la responsabilidad de resistir al pensamiento manipulado. El se dice actúa como un totalizador. Sería dejarse la conciencia en la arcilla seca de la cotidianidad falseada. La conciencia del riesgo de la autenticidad se secase y se volviera molde arqueológico. La arcilla de la vasija del tiempo sin referente. Para el actor de la novela Mefisto, Hendrid Höfgen, sus actuaciones de escena y ceremonia están teñidas de la ritualidad de la falsedad del gesto, del espacio figurado, de la caja escénica de la existencia en el desorden del espacio- tiempo. Pasado, presente y futuro usados de los personajes de la historia que él representa sin veracidad. Se repite el ser falseado en gesto, espacio y tiempo, hasta llegar a la vacuidad: así la religiosidad trágica de la pasión de vivir de Hendrid Höfgen es la nada. En la novela los rituales de la pasión y la nada de Hendrid Höfgen se erosionan por la repetición del deseo irracional del alcanzar el favor del poder. Hendrid Höfgen estaría en un estado esquizofrénico es sospechar ambiguas para habitar la vida. Hendrid Höfgen es el deseo travestido de represión y representación en sus equilibrios y desequilibrios psíquicos de los traumas de clase social baja a las élites nacionalsocialistas. Tanto el gesto de su máscara, sus movimientos en el espacio escénico se vacían en la pasión de de convencer. Hendrid Höfgene es un archivo de sospechas y de silencios de doble interpretación. Hendrid Höfgen. En sus impulsos de dominio, es un rito instintivo de un ser que lleva en sí la mitificación negadora de la evidencia del dolor inducido de totalitarismos familiar en afectos y desafectos y de totalitarismos sociales en la relación del Estado y el individuo falseado.

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El personaje de Hendrid Höfgen, que soporta la narración novelística de Klaus Man, es un personaje de ficción y se corresponde al personaje real Gustav Grungerds. En la escenografía del pánico totalitario los actores interpretan con nombres supuestos. Se habla allí de alguien señalando su posición de aquí y allí o dándole un alias. Con el alias el individuo real aparece en la ficción. El personaje real es interpretado. La historia siempre es interpretada por un relator. Narra Klaus Mann a Gustav Grungerds por medio del alias Hendrid Höfgen. Klaus Mann habría acoplado el ritmo del relato a los acontecimientos históricos totalitarios, a las contradicciones y límites autorizados por los aparatos, de censura política y propaganda, totalitarios. La falsedad de Hendrid Höfgen se irá adaptando a los imperativos homogenizadores de los líderes de las masas sociales sometidas por el nacionalsocialismo, en las décadas de ascenso del castigo económico, físico e ideológico, de la década de los años 30. Hendrid Höfgen habrá de formar parte del aparato de propaganda totalitaria, a través de ella las acciones punitivas, su docilidad a los ámbitos culturales de los años veinte del siglo XX hasta el final de la II Guerra Mundial. Tiempo de ascenso de Mefisto al poder real y a su representación en Hendrid Höfgen. Ambos bajan al Infierno de los mandatos militarizados y a la elección de la barbarie final.

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La ritualidad de la ceremonia de crueldad y engaño del Mefisto de Klaus Mann está presente en el movimiento ascensional de la ritualidad del poder totalitario de Hendrid Höfgen. Él pertenece a las ceremonias que festejan la ascensión de la clase media baja y la alta burguesía alemanas totalitarias al absolutismo económico, político y cultural. En una inversión alienante los intereses de los grupos dominantes son los intereses de los dominados. En esta inversión alienante está el finalismo excluyente de la vida ajena y su apropiación por la adhesión incondicional de la ideología propagandista de la jerarquía.

Mefistófeles no quiere la luz. La luz descubre la evidencia de la locura de dominio. Para Klaus Mann, Mefisto ha atrapado a las masas sociales del miedo con la finalidad de que lleguen a la emoción mítica del líder absoluto y a su partido al destino de la fidelidad del juramento colectivo. La paradoja nietzscheana de la muerte de Dios y su sustitución por el Superhombre está dada en el totalitarismo del mito del Estado, que absorbe a la sociedad civil en multitud reordenada en función de unidad política, que representa la voluntad de poder del Superhombre.

En la teoría metafísica, se le ha dado a Mefistófeles la representación ritualizada del mal, la conciencia fría y racional del raciocinio que se utiliza con forma de araña sobre la negación de las necesidades humanas.

Mefistófeles se inmortaliza dentro de la historia. Actúa cuando las generaciones llegan al escenario histórico y actúan por el deseo de superar los desniveles de clase que producen la escasez económica y cultural. Las generaciones devienen y desaparecen en las ceremonias sociales del deseo de amor y muerte. Se integran en el tiempo histórico succionando lo inhumano y el aprendizaje de lo posible. La energía mitológica de lo inhumano hasta el mito prometeico al infierno del Hades. Klaus Mann narra cómo se forma la hendidura dantesca de Hendrid Höfgen que se constituye en fuerzas organizativa del mal absoluto. Él conjura la amoralidad del Superhombre y al terror de la inseguridad de vivir fuera del sistema social totalitario. Acepta la disciplina del terror e interioriza el raciocinio inhumanizado, cede a la violencia del grupo por el castigo y la expulsión de los heterodoxos.

Mefisto da al personaje de Hendrid Höfgen la facultad de integrase en el poder de su representación y su astucia sádica. Le da el gesto inmodificable de la máscara y las argucias que integran la materialidad del poder.

Cada época histórica trae sus máscaras y sus argucias de supervivencia. El tiempo histórico mantiene el gesto de la máscara en su osadía de sustituir el ser por el no ser. El ser se vacía de memoria, del rito del tiempo, como si éste fuera una vida metafórica de agua que fluyera por el cauce del tiempo. Mefisto mitifica el ascenso al poder del Estado totalitario en un flujo, cotidiano y repetitivo, del Estado en la cotidianidad.

domingo, 8 de abril de 2012

Klaus Mann: La ceremonia totalitaria (1).

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Klaus Mann (1906-1949), publicó en 1936 su novela MEFISTO, en la que reflexiona sobre la gradación explicativa de las actividades institucionales, de grupos organizados y el inconsciente individual en la década de los años treinta en Alemania. Las relaciones prácticas individuales materiales y sociales en las que se implican las estructuras políticas y económicas, su funcionamiento, evolución y transformación. Las prácticas materiales y sociales de los individuos en las cuales está el Estado sobre la sociedad civil. Los individuos realizan prácticas sociales y materiales, objetivas y subjetivas. Ellas se alienan en transformaciones imaginarias de la realidad como ambición, miedo, odio y muerte. Las relaciones prácticas, materiales y sociales, en las que se implican los grupos humanos, no son estructuras inertes, sino realidades dinámicas que plantean problemas de discontinuidad y continuidad de la renovación social, tanto en sentido progresivo como regresivo. La propia actividad social abre problemas de supervivencia y cambio de las relacione sociales, que originan problemas y exigen soluciones de renovación sobre estructuras nuevas de producción e ideológicas. Las inercias regresivas de los grupos sociales totalitarios, conscientes e inconscientes, erosionan negativamente las estructuras sociales estableciendo prácticas políticas compatibles a las relaciones totalitarias de producción y propiedad de los medios de reproducir la vida. Al ser las relaciones sociales realidades dinámicas, plantean problemas de convivencia o destrucción de las clases sociales. Los hombres carecen de existencia real si no exigen la transformación de la realidad con sus prácticas materiales y sociales. La actividad práctica de los hombres es el instrumento de la transformación de las realidades sociales. El hombre reivindica soluciones a los problemas económicos y políticos como formas de convivir o destruir las relaciones históricas.
En esta doble práctica, estáticas y dinámicas, de las relaciones sociales, conforma el protagonismo de personajes que coexisten a la aparición organizativa de poder social del nacionalsocialismo alemán. El protagonista principal de la novela es el actor Gustav Grungerds. Éste introduce su proyecto de la vida en la sociedad totalitaria del nazismo, sirviéndose de la intriga, el disimulo y la conformidad maquiavélica a la supervivencia de él mismo con el sistema totalitario. Esto habrá de implicar alta intensidad y eficiencia depredadora del personaje. El ascenso de los grupos depredadores se basa en las estructuraciones verticales de las jerarquías de poder. Los grupos depredadores se definen por su juramento de fidelidad al líder y sus capacidades psicológicas de disimulo e intriga.
El protagonista de la novela Mefisto, el actor Gustav Grungerds, llegó a ser director nacional del teatro del III Reich. Su oportunismo habría de utilizar la organización de propaganda teatral de masas para adquirir posiciones de jerarquía en el Estado totalitario.
Gustav Grungerds habría de ser el modelo intérprete de la ascensión de la clase media intelectual a los cuadros del partido nazi. Los objetivos obsesivos de estabilidad y respetabilidad de Gustav Grungerds implican una práctica de relaciones sociales que posibiliten el ascenso de jerarquía, por el juego inestable de las ascensiones y degradaciones de afinidades electivas de los sujetos cercanos a la autoridad del líder máximo. El actor Gustav Grungerds interpreta afinidades de intereses materiales de dominio y su obediencia a la autoridad que lo destruye. Con tener intuitivamente el status de su situación en la jerarquía, nunca siente la idea de posesión en los procesos de seguridad y debilidad ascensionales. Tiene conciencia de ser una marioneta que debe utilizar las circunstancias favorables en la debilidad de los oponentes. Su totalitarismo le ha dado constancia de la variabilidad que mueve a las marionetas del poder jerarquizado. Gustav Grungerds entiende su esencia como la de una marioneta en la intriga de la representación.
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La clase media ascensional alemana de los treinta se integra a un sistema político totalitario por inmanencia familiar disciplinaria represiva y su fuga consciente al sometimiento para realizar su vida práctica de integración en los organismos sociales. La clase media forma su práctica de clase en las relaciones de amor y odio patriarcales a los superiores e inferiores en la escala social. La subjetividad de Gustav Grungerds está imbricada en las prácticas artísticas de grupos intelectuales adheridos a fines absolutos de actuaciones selectivas de oponentes, que actúan en las alas ideológicas artísticas del proletariado intelectual organizado y el ascenso y consolidación del nacionalsocialismo por la violencia y la propaganda. Los factores subjetivos totalitarios conforman el sentimiento activo y sus condiciones sociales militarizadas.
La actividad interpretativa de Gustav Grungerds se habría de acoplar al ritmo de los acontecimientos históricos de dominio de la jerarquía totalitaria y las contradicciones de los límites permitidos por los aparatos de propaganda cultural. Gustav Grungerds se irá adaptando a las necesidades de homogenización del nacionalsocialismo en las décadas de ascenso a la gratuidad legal del castigo físico e ideológico. El aparato de propaganda de un modo de vida totalitario que habrá de llegar a todos los ámbitos y manifestaciones de la cotidianidad de los años veinte del siglo XX hasta los años postreros cuarenta de la II guerra mundial. De los años de ascenso de la década de los treinta a los años álgidos de los cuarenta. La elección de pertenecer a los cuadros militarizados del partido nacionalsocialista hasta la barbarie final de las víctimas de la guerra y el genocidio.
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Las expresiones sintéticas del lenguaje de la literatura expresionista se inician en la novela Mefisto de Klaus Mann en el prólogo. Klaus Mann insinúa la problemática social de los años treinta en Alemania a través de la situación económica y política. Antepone la situación social a la descripción psicológica del personaje coral de Klaus Mann.
Nos dice:
-Según parece, en una ciudad industrial del Oeste, más de ochocientos obreros han sido condenados a penas de prisión mayor en un proceso único.
-Según mis informaciones sólo han sido quinientos, y otros cien más ni siquiera han sido juzgados, sino asesinados en secreto por sus convicciones políticas
En los dos parágrafos, nos informa de la eliminación de los grupos de obreros organizados de izquierdas. Los procedimientos jurídicos de excepción y asesinatos en secretos por convicciones políticas.
La lucha política totalitaria se caracteriza con la eliminación física del adversario político y económico, y el ocultamiento de los medios de deformación de la realidad por la propaganda mediante el control de todos los medios usuales: la radio,cine,literatura, etc. Asimismo se debe impedir que saliera al público la información del exterior. Los textos de propaganda estaban manchados por sentimientos de orgullo y odio, que llevaban a las masas alejarse de la realidad por la manipulación intelectual que encubre fines de poder político.
Para Goebbels: ”La propaganda debe ser planeada y ejecutada por una sola autoridad. Este principio sigue la teoría nazi de la centralización autoritaria, y también del ansia de poder que sentía Goebbels. Pensaba que una sola autoridad - él - debía realizar tres funciones:
A.- Emitir todas las directrices de la propaganda. Todo fragmento de la propaganda debía expresar un contenido político. Los fragmentos de la realidad deformada indicaban el instante de las campañas de propaganda específicas. Los momentos decisivos debían comenzar, cuando llegaba la debilidad del contrario. Las campañas de propaganda debían ser intensificadas o atenuadas según fines. La máquina propagandística nazi estaba sometida a una constante reorganización como el desgaste de una máquina.
B.- Se debían explicar las directrices de la propaganda a los funcionarios importantes y mantener su fortaleza. Si no se facilitaba una explicación acerca de la política propagandística a aquellos funcionarios que, formal o informalmente, cumplían las directrices, no cabía esperar que actuaran con eficacia y de buena gana. A través de la maquinaria de su organización y a través de contactos personales, Goebbels trataba de revelar la razón de su propaganda a estos subordinados y también de levantar su moral al hacerles ostensiblemente objeto de su confianza.
C.- Supervisar las actividades de otras agencias que tengan consecuencias propagandísticas. Él procuraba facilitar el necesario estímulo propagandístico.
1. Las consecuencias propagandísticas de una acción deben ser consideradas al planificar esta acción. La propaganda debe afectar a la política y a la acción del enemigo.
D.- Suprimiendo el material propagandístico capaz de facilitar al enemigo informaciones útiles.
E.- Difundiendo abiertamente propaganda cuyo contenido o tono conduzca al enemigo a sacar las conclusiones deseadas.
F.- Incitando al enemigo a revelar informaciones propias de carácter vital. “

¿Los sueldos son en realidad tan horrorosamente bajos?
-De miseria, e incluso, siguen bajando mientras los precios suben.
Los salarios están en razón inversa a los precios de los artículos de trabajadores. Los aumentos de precios causan disminución salarial real y la cantidad del consumo. Los precios, salarios y empleo marcan las características esenciales de la vida cotidiana. En el III Reich los salarios eran de subsistencia mediante los precios altos de las mercancías de consumo inmediato y el corporativismo de las organizaciones de contratación de trabajo: sindicatos de empresarios y trabajadores. Las cantidades de trabajo suministradas a salarios bajos hacen crecer los beneficios empresariales. Masas de población urbana y rural pasaron a los sectores de producción de armas con salarios de subsistencia y grandes cargas psíquicas de profundidad ideológica perversa en los años previos a la guerra.
Klaus Mann contrapone las desdichas sociales de la carestía y la represión ideológica y política a los gastos suntuarios improductivos:
-Según dicen, la decoración de la Ópera para esta ocasión has costado 60.000 marcos y otros 40.000 de gastos varios, sin contar con las pérdidas que ha sufrido la Hacienda Pública en los cinco días que ha cerrado el teatro a causa de los preparativos para el baile.
Las ceremonias totalitarias alcanzar la fastuosidad de las ceremonias de cualquier aristocracia absolutista. El poder se manifiesta en la expresión de las fiestas de masas obedientes
En el prólogo de Mefisto, Klaus Mann no enseña los juegos de las apariencias políticas y económicas de los invitados a las ceremonias del desprecio y el odio, según los personajes que intervienen en ellas, bajo la égida de la realidad histórica del dominio por las minorías organizadas de terror.

jueves, 15 de marzo de 2012

Matthias Grünewald: el expresionismo de la fe en la muerte (4).

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Ni la memoria ni la lucidez alcanzan a concretar el sin sentido de la muerte violenta del hombre. Sin sentido que se haría un agujero de incredulidad y de inutilidad de la finalidad evolutiva de la humanidad en el mundo. Alcanzar el finalismo agónico en la historia no está incluido en la facultad de razonar el significado de la vida, sino en cuanto las minorías de la propiedad y del odio alcanzan la apropiación irracional del hombre como una cosa de explotación de la fuerza de trabajo y la apropiación de la Naturaleza también como una cosa. En tanto la conversión del hombre y la Naturaleza en cosa se unifiquen en un proceso deshumanizador, también sucederá la reproducción de las relaciones sociales en minorías de propiedad privada de la “cosa hombre- naturaleza” y las masas sociales se habrán de reproducir en la incertidumbre del precio del salario y la ganancia que origina o bien en la marginalidad de los excluidos. El hombre cosa y la Naturaleza cosa cambiarían su valor de uso por dinero. La guerra y la crisis son la destrucción de las posibilidades objetivas de la reproducción social sin modificar las relaciones de propiedad de la cosa. Después de la crisis se penetra en la ambivalencia de la memoria y en la ambigüedad de la historia para no reproducir las relaciones de propiedad. El miedo y olvido que ellos originan parecen ganchos de matadero de reses sacrificadas y olvidadas. Los testimonios de los genocidios son inutilizados por la pasión de que el asesino-amo deje de pertenecer a la memoria. La expresión del tiempo de la existencia es reducida así al silencio del recuerdo. La manifestación de lo que se piensa o se siente se constituye en un riesgo del castigo. Testimoniar los acontecimientos del pasado es un no querer persistir en la memoria de un mundo de dominio de depredadores perversos y ocultos. La memoria aniquilada da permanencia al drama del mal. Habría así una irreflexión que exalta la inhumanidad en una dimensión temporal carente de valor moral.
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Al elegir a Matthias Grünewald se le toma como el pintor de la revolución de los campesinos Alemanes. Su expresionismo pictórico deforma la materia para expresar las cargas traumáticas de la permanencia de la vida dentro del olvido. Da primacía a la víctima real en el simbolismo de la Crucifixión. Él se aferra a los sentimientos religiosos consciente y desesperado bajo las leyes de lo inhumano. Él se mantiene en la profundidad del dolor del vencido. El expresionismo de Matthias Grünewald quisiera captar lo imperecedero del instante iluminado por la humanidad. La permanencia de la descripción pictórica de una realidad expresiva de la angustia de vivir para no dejar un mundo sin finalidad.
El expresionismo se extrapola a los períodos históricos de extrema inhumanidad para dar durabilidad al recuerdo de la existencia social. Tanto Matthias Grünewald , Brueghel o Goya expresan el sentido de la historia en cuanto habrá de ser dolor del hombre en las condiciones de las relaciones de poder.
Los colores violentos del expresionismo revelan soledad y desamparo. El expresionismo pictórico proviene de estructuras económicas y de muerte de las catástrofes sociales. Así en la Guerra de los campesinos alemanes de 1525, la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y el período de entreguerras (1918-1939). El desastre de la guerra de los campesinos alemanes, y los millones de muertos en los campos de batalla y en la población civil, causados por la utilización de cualquier recurso como medio de destrucción militar, son la expresión del derrumbamiento del humanismo y su sustitución por el pragmatismo de los intereses materiales de dominio.
El expresionismo pictórico de la barbarie no habría de sostener la angustia de la concordia después de la destrucción intencional de la guerra. Les habría de ser insufrible la justificación del finalismo militar de la paz. La reproducción de la sociedad después de la barbarie se erigiría para un nuevo sistema de relaciones sociales. Admitir que la convivencia brota de las propuestas continuistas de la fatalidad de la barbarie, impediría la conciliación de poseedores y desposeídos sobre la base de la convivencia humana en la paz de la igualdad. La violencia predetermina la crisis del hombre social e impide dar continuidad a un sistema social que no mantenga la inclusión de relaciones de poder en instrumento ordenador de la incivilidad. Se vincula entonces el castigo y la ignorancia a la reproducción de la sociedad de clases.

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El desengaño de una sociedad irracional causó en los pintores expresionista la pasión del color para mostrar el terror cotidiano. El arte era el testimonio deformado de la vida y la irracionalidad. Habrían de mostrar sus obras la angustia vehemente de la imaginación que exalta las formas y el color del lenguaje plástico por efecto del horror de la violencia.
El expresionismo intentaba dar una visión subjetiva a la deformación emocional de la realidad, a través del carácter expresivo de los medios plásticos que abrieran el significado metafísico al mundo interior. Anteponía la existencia a la esencia. La visión trágica del ser humano para entregarla a una angustia que hubiera de redimir la espiritualidad, liberada de la fractura de la vida y la muerte. El expresionismo nunca habría de abandonar las circunstancias históricas. El pesimismo de la guerra se habría de unir a la angustia posterior de una sociedad que ocultaba la tragedia y se alienaba en la propaganda política y económica. La distorsión del expresionismo pretendía llegar al lugar oculto de la pasión liberadora.
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La forma violenta de morir se identifica con los instrumentos de muerte que se utilizan para darla. Los mecanismos de muerte manifiestan la barbarie de una época. Las simbologías de las crucifixiones se entendieron desde los imperios clásicos, y luego a las torturas inquisitoriales, las hogueras purificadoras, la guerra de la muerte industrializada, la silla eléctrica, la inyección letal, las vejaciones etc. La finalidad del crimen y el castigo habrían de servir para dar continuidad a la jerarquía de valores de clase y su ejemplificación universal por las minorías del castigo.
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El arte plástico religioso de Matthias Grünewald expresaba en su momento actual la intencionalidad de expresar el dolor en propuesta de revelación de la redención humana. Era una verdad necesaria para justificar el sentido divino de los miles de campesinos aniquilados. La vuelta al evangelismo de los Pobres, la comunidad de la fe, significaba la reaparición del sentido salvador de la fe en las masas de desheredados. Su expresión artística es la presencia constante del dolor del pobre frente a la adversidad de la práctica económica y política de los poseedores. La esencia perdida de la humanidad estaba en leer los textos evangélicos desde la pasión del corazón fuera del dominio de los explotadores del trabajo de los siervos y menesterosos. Matthias Grünewald, (1470-1528), pinta en su Crucifixión el dolor social del oscuro y lóbrego tiempo de desagregación de la formas legales de dominio medieval ante la hegemonía renacentista de mercaderes patricios y gremios mayores. El dolor deshumanizado con los rituales alienantes de las prácticas de violencia económica y religiosa. Matthias Grünewald expresa la naturalidad de las escenas religiosas de supervivencia espiritual ante la crueldad de la guerra de los campesinos. Las formas de su arte revelan intencionalmente la crueldad con el tratamiento técnico y psicológico del color y la luz. Grünewald muestra el ocultamiento de las víctimas. La intensidad lumínica y la ruptura de la línea del dibujo proporcionaban al cuadro la expresividad dramática de los pasajes evangélicos, imaginados por los que querían un orden social justo. Grünewald se apartó de la filosofía naturalista renacentista para retrotraerse al gótico tardío de la baja Edad Media, a la reforma luterana y al entusiasmo revolucionario que provocaron el estallido de la guerra de los campesinos de Thomas Müntzer. La persecución de las revolucionarios le obligó a refugiarse en Frankfurt y después en Halle donde falleció en 1528.
6 La Crucifixión.
El sopor es un sueño sin contención que precede al coma. La experiencia humana está fuera de sí. Se esconde en las hilachas de los fragmentos vividos. Cuando dentro del sopor penetra el fragmento del sueño, entonces habrá el exacto significado metafórico del vacío del cántaro roto y el agua derramada. El continente y el contenido se han de volver sueños en el desasosiego de la sorpresa. Es como encontrarse un instante con alguien que se ha querido y luego despedirse de él para siempre. La separación definitiva desconsuela. Quien ha perdido el objeto de su amor está en el laberinto del ser carente de destino.
El final de los acontecimientos de un tiempo histórico llega con el sopor lento de una rueda de madera en el barro.
Al pintar Matthias Grünewald su crucifixión cierra el ciclo de las revoluciones campesinas alemanas. En su sopor quiere dejar el testimonio de cuanto ha constituido la fuerza expirante de la revolución.
La Crucifixión es una escena representada en los dos paneles centrales del Retablo de Isemheim, cuando está cerrado. El retablo está elaborado entre los años 1512 y 1516. Mide 269 cm de alto, y 307 cm. de ancho. Está pintado al temple y óleo sobre panel de madera de tilo. La imagen de la Crucifixión se ve con el retablo cerrado. Grünewald pinta un campesino crucificado y ya expirante. En un primer plano está el hombre agónico. El cuerpo casi putrefacto se sostiene en una cruz de madera que se ha construido de un árbol bastamente tallado. El brazo horizontal se comba al sostener el cuerpo del hombre martirizado en el espasmo que precede a la muerte. Las manos clavadas a la cruz parecen contorsionarse convulsamente, los brazos se extienden desarticulados por encima de la cabeza, reclinada sobre el pecho y cubierta de una corona de espinas.
Al margen de las figuras accesorias, el plano de fondo del cuadro está cubierto de una mancha oscura que quisiera explicar la esperanza y el pesimismo del pintor. Los brazos y las manos del Cristo campesino parecen sarmientos. Vástagos de vid, largos, delgados, flexibles y nudosos. Es la figura de un hombre asesinado, cuyo cuerpo es casi naturaleza, metido en el sopor del sueño. Tal vez arrojado a la decepción de la destrucción, o también a la espera del sopor de la Igualdad Universal.

jueves, 23 de febrero de 2012

Thomas Müntzer: el exterminio de la revolución(3.3).

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Pertenece a las estructuras psicosociales más inconscientes de los individuos y de las masas, determinar la unión del líder de masas y su carisma. El individuo se desprende de su miedo instintivo al riesgo para entregarse al mensaje carismático. Los individuos carismáticos unifican la acción y la salvación del individuo y de la sociedad. Su mensaje es el paroxismo de la pasión de estar con los otros en los enfrentamientos sociales. El hombre marcado por el carisma se exige la teoría y la acción revolucionaria. Exalta las soluciones definitivas ante las calamidades que originan las injusticias de los que dominan la vida social y personal. La ascesis carismática eleva al individuo a la perfección de la humanidad que espera en la historia. La ascesis es el conjunto de prácticas que libera el espíritu al logro de la justicia.
El carisma de Thomas Müntzer reivindica la acción política mediada por la religión. La religión se vuelve acción política revolucionaria. Toda su teoría de cambio de las relaciones sociales se da con la naturaleza real de las clases sociales y la captación de las posibilidades religiosas de felicidad en la situación social del siglo XVI. La teoría y la práctica revolucionaria de Thomas Müntzer manifiestan las propiedades objetivas de las contradicciones de propiedad de la sociedad. La necesidad colectiva de modificar los límites sociales de las relaciones de la aristocracia y los campesinos. Ésta provenía de la voluntad general de campesinos y ciudadanos en la correspondencia contradictoria de los niveles económicos y no económicos de una sociedad de ricos y pobres. Thomas Müntzer halla las divergencias en las prácticas religiosas de los campesinos y en la utilización de la religión como un medio de poder de clase social. Él dice, en El Sermón ante los Príncipes, que laicos y campesinos pobres veían con más claridad que los gobernantes. Thomas Müntzer trae la concepción política y religiosa “de ver” el secreto inhumano de la realidad del dominio. Thomas Müntzer ve a los príncipes convertir la fe religiosa en sus intereses. Percibe la negatividad de la propiedad en la vida de ciudadanos y campesinos. La conversión de la religión en violencia económica y enriquecimiento. En el ver de Thomas Müntzer, se dan las condiciones transformadoras de la voluntad social de ciudadanos y campesinos. Las prácticas de dominio de clase se hacen visibles en el modelo medieval, pero que se ocultan por la religión falseada. La religión al servicio de los príncipes y al sometimiento de los campesinos. Thomas Müntzer desarrolla su teoría revolucionaria en el momento que proclama: si las autoridades no cumplen rectamente su papel, "la espada les será quitada". Thomas Müntzer ve los actos de la violencia necesaria reclamando el levantamiento de campesinos y ciudadanos: el advenimiento del Reino de Dios para determinar la reforma social. Dios es un elemento de reordenación distributiva de la propiedad y de su distribución. Thomas Müntzer reclama soluciones contrarias al modelo capitalista renacentista y al retorno de las condiciones de producción y fe medievales.

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Sin teoría revolucionaria no hay revolución. Aunque las contradicciones sociales estén dadas, hay que hallarlas por el conocimiento teórico y práctico. La teoría revolucionaria es reflexión y acción. Los pensamientos y los actos imponen la uniformidad de la acción revolucionaria ante la reacción conservadora. La teoría revolucionaria se vuelve acción por la formación de un grupo revolucionario. La cohesión del grupo revolucionario de Thomas Müntzer se dio junto a tres predicadores anabaptistas: el tejedor Nicolás Stoch, Thomas Dreschel y el teólogo Marcos Stübner. Los tejedores y frailes habían formado parte de las revoluciones sociales del siglo XII y XIII con su acercamiento a los pobres a través del verdadero Evangelio. Thomas Müntzer le dio sustantividad a su teoría política-religiosa uniéndose a las luchas sociales, despertando la conciencia por el saber teológico. Alrededor del núcleo dirigente intelectual, se formó el ala izquierda de la revolución que eran las masas sociales despojadas de tierra y del saber. Al ser un predicador partidario de la Reforma, se hizo también con el ala de centro-izquierda del protestantismo y líder carismático de los más ignorantes, los campesinos. El ala política de centro radical protestante era sobre todo las clases superiores de las poblaciones rurales que anhelaban tras los cambios religiosos cambios más profundos en la estructura económica. En estos grupos, se encontraban funcionarios de las comunidades, jueces rurales, artesanos, trabajadores manuales, así como burgueses que explotaban predios de mediana extensión. Aunque grupos de gran inestabilidad de alianza sostuvieron el levantamiento y presionaron a los más pobres y a los indigentes a enrolarse a los campesinos. En realidad, numerosos sectores de la burguesía ciudadana se hallaban en una situación paradójica: por una parte, su prosperidad económica dependía de los favores del clero y de la nobleza. Por otra, se veían limitados en sus ambiciones de expansión por la rigidez y las cargas de las estructuras feudales. El sistema capitalista estaba aún envuelto por las relaciones sociales medievales. El abandono de la alianza de la burguesía, durante la guerra, con los campesinos posibilitaría el éxito militar de los príncipes y la continuidad del sistema de relaciones económicas medievales. Las oscilaciones de las posiciones inciertas de una fracción de la clase media determinó el resultado de la guerra.
3
La guerra de los campesinos requería la sustitución de la teoría política y religiosa de los grupos dominantes por una teoría religiosa que incluyera la reforma social. La revolución era una modificación cualitativa de la visión del mundo, regida por la aristocracia eclesial y noble. No hay engranajes mecánicos que impulsen los conflictos sociales, sino prácticas de acción que modifiquen la realidad a través de una interpretación de la agregación social del hombre y la propiedad del medio de producción por la clase de ciudadanos y campesinos, en un fin inmanente de la posthistoria. Para Thomas Müntzer, esto era la entrada del Reino de Dios en el presente de la historia. Todo proceso revolucionario propone la exigencia de saber cómo se destruye la peste de las emociones de sumisión, las concepciones imaginarias eficaces de la clase dominante. Se manifestarían así los intereses reales por los que viven y mueren los hombres. Detrás de la conciencia sumisa asoman los intereses reales de dominio. La conciencia, falseada por las apariencias ideológicas predeterminadas, debe resultar capaz de encontrarse a sí misma ante la falsedad emocional e ideológica. La conciencia se constituye por los actos de libertad jurídica e igualdad económica. La voluntad de hacer los intereses imaginarios, reales. Los intereses imaginarios falsean la verdad de la explotación del hombre. La conciencia sumisa salta de su falseamiento cuando deja de ser de Otro. Su práctica de cosa de Otro quiere ser Sujeto y no Objeto para Otro Sujeto de su historia. El objeto opaco del no ver se disipa de la verdad. Se recobra la esencia de uno mismo para ser Sujeto del mundo. Un estar en el mundo sin ser falseado por los intereses materiales de dominio y de la ideología agónica finalista de la conciencia sumisa. Ser una Cosa de Otro es consentir el poder extraño que te vuelve cosa de de explotación económica. La esencia se convierte en una cosa por la violencia política y económica, que la transforma en sumisión, que falsifica las condiciones de su explotación.
4
Thomas Müntzer toma conciencia de sí mismo a través de la religión reformada, que exalta la individualidad y la congregación de los hombres. Él propone una teoría religiosa que exige el cambio de las condiciones materiales de los campesinos y ciudadanos por la falsedad de una religión instrumentalizada por falsos sacerdotes. Su visión religiosa del mundo quiere dar salidas a posibilidades objetivas, que superan los límites y las propiedades del sistema social actual. Sobrepasado por las circunstancias presentes. La situación actual exigía soluciones y posibilidades que superaran los límites constrictivos.
Los campesinos se levantaban militarmente exigiendo el cumplimiento evangélico de la reforma social con un mandato de modificación de la injusticia. La teoría antirrevolucionaria denunciaba que había anticristianos que, a causa de las reuniones de los campesinos, aprovechaban la ocasión para desdeñar los Evangelios diciendo: ¿es esto acaso el fruto del nuevo Evangelio? ¿Qué nadie tiene que obedecer y que todos en todos lugares deben levantarse en revueltas y sublevarse para reformar, quizás para destruir completamente a las autoridades, tanto eclesiásticas como terrenales? Los campesinos respondían, a esos acusadores sin Dios, que las exigencias de sus propuestas refutaban los reproches a la palabra de Dios, y afirmaban cristianamente la desobediencia e incluso la revuelta de todo el campesinado. La propuesta radical era matizada con que el Evangelio no es causa de revueltas ni de desorden, por cuanto es la palabra de Cristo, el Mesías prometido, la Palabra de la Vida, que enseña sólo amor, paz, paciencia y concordia. Así, todos aquellos que creen en Cristo deben aprender a ser plenos de afecto, pacíficos, armoniosos y a soportar el sufrimiento. Pero si la teoría revolucionaria de los campesinos del siglo XVI era la aceptación la vida en conformidad con el Evangelio, no impediría una teoría revolucionaria desde el Evangelio.
Los textos evangélicos serán el soporte que gradúe acciones y reacciones y serán usados para sostener la revolución y la contrarrevolución. Se convierten en lenguaje de acción y reacción políticas. Aunque la palabra santa esté en el texto evangélico, la realidad económica de explotadores y explotados, aristocracia y campesinos, no solapaba la esencia social de la desigualdad de campesinos y aristocracia.

5
El movimiento antirrevolucionario contrapone igualmente el Evangelio: “¿Cómo pueden esos anticristianos afirmar que el Evangelio es causa de revuelta y de desobediencia? El que esos anticristianos y enemigos del Evangelio se opongan ellos mismos a estos requerimientos, se debe, no al Evangelio, sino al Diablo, el peor enemigo del Evangelio, que provoca tal oposición sembrando la duda en la mente de sus seguidores, y de esa manera, la palabra de Dios, que enseña amor, paz y concordia, es apartada.
La respuesta es contundente por los sublevados: Está claro que los campesinos solicitan que el Evangelio les sea enseñado como guía de vida y no pueden ser tratados de desobedientes o de reacios al orden. Que Dios conceda o no a los campesinos (anhelantes de vivir conforme a su palabra) la realización de sus peticiones, pues quién encontrará una falta en la voluntad del Altísimo ¿Quién interferirá en su juicio, quién se opondrá a su Majestad? ¿No escuchó acaso a los hijos de Israel cuando lo invocaron y los rescató de la mano del Faraón? ¿No puede Él, hoy mismo, salvar a los suyos? Sí, Él los salvará y en verdad rápidamente. ” La acción revolucionaria de campesinos y ciudadanos, ante el clero y la aristocracia, será una lucha social por la propiedad de la tierra y los derechos políticos bajo el lenguaje religioso.
6
La inteligencia política de Müntzer fue crear una teoría revolucionaria y sobre ella fundar una organización clandestina revolucionaria, la Liga de los Elegidos, y finalmente se unió a la rebelión de los campesinos. El 15 de mayo de 1525, en la batalla de Frankenhausen seis mil campesinos perdieron la vida por la acción militar de los ejércitos mercenarios de los Príncipes. Thomas Müntzer fue capturado, azotado, torturado y decapitado el 27 de mayo de 1525.
La contrarrevolución de la aristocracia a los campesinos fue drástica. Los efectos contra revolucionarios dejan zanjas de atraso en espiral en las condiciones sociales futuras. El triunfo de los príncipes supuso para Alemania una militarización de los ciudadanos y una religión interior de culpabilidad. Hasta la primera guerra mundial Alemania no se escapó de militarismo prusiano ni del servilismo de los campesinos a la tierra. La magnitud de la derrota militar de los campesinos y de los ciudadanos echó raíces en una población que se acostumbró al sometimiento a un orden de minorías militares. Perdieron la vida cien mil campesinos. Los sobrevivientes fueron afectados por la proscripción imperial que conllevaba la muerte civil. Tanto que fueron privados de todos sus derechos y posesiones y podían ser declarados proscriptos. Los líderes fueron castigados con la pena de muerte. Fueron sometidos a los tribunales penales de los señores territoriales. Se relatan decapitaciones, extirpación de ojos, amputaciones de miembros etc. Otros pagaron penas pecuniarias. Comunidades enteras fueron desposeídas de todos sus derechos por haber sostenido a los insurgentes. En parte perdieron los derechos de jurisdicción, se prohibieron las fiestas y las fortificaciones de los pueblos fueron arrasadas. Las armas debieron ser entregadas y hasta se prohibió la frecuentación de tabernas por la noche.
La derrota de los campesinos enriqueció a los jefes militares nobles que habían salido vencedores. El senescal Jorge von Waldburg-Zeil obtuvo territorios en la Alta Suabia. El comandante Sebastian Schertlin von Bürtenbach se sirvió de los vencidos para pagar a los mercenarios empleados.
La historia nos muestra la venganza antirrevolucionaria hasta el término y de que ésta tenga efectos de siglos de dominio para las poblaciones. El miedo es un componente psíquico esencial en la continuidad de un sistema social jerarquizado, superado por un modelo de producción actual. La derrota de los campesinos alemanes tuvo consecuencias represivas hasta mediados del siglo XX. La represión anuló las posibilidades de que el hombre fuera metafóricamente una flecha hacia el futuro.

viernes, 10 de febrero de 2012

Thomas Müntzer: las funciones económicas de clase (3.2).

1
La evolución de los sistemas sociales implica la función y desarrollo de los valores sociales, de sus normativas jerarquizadas, por los cuales se da la actividad concreta de reproducción social. La relación del hombre con el hombre se expresa en valores normativos,” vividos”, que lo sujetan a las prácticas culturales de predominantes sobre dominados. Las normas de conducta de los valores predominantes marcan el sentido finalista y temporal de la sociedad en un objetivo de fines y medios. Los valores predominantes tienen límites concretos de temporalidad, racionalidad e irracionalidad. La temporalidad de los valores no es permanente, está sometida a la antropología histórica. Ella fluye en las contradicciones sociales de predominio. No hay sociedad de valores eternos, sino históricos y contradictorio. La irracionalidad de los valores se vuelve racional por el cambio de la ideología en ciencia. La ideología falsea la realidad. Sustituye la realidad por su apariencia. La construcción ideológica no admite la negación. En los enfrentamientos sociales, los grupos antagónicos argumentan afirmando la necesidad de su ideología. Se esconde la correspondencia de los intereses antagónicos. Los intereses reales políticamente enfrentados se estructuran en la propiedad de la utilidad de los factores materiales y mentales de la vida social. La rigidez y elasticidad de los enfrentamientos sociales exigen valores jerarquizados que presenten relaciones de predominio. Las luchas sociales de los campesinos alemanes y la aristocracia se basaban en una redistribución de la propiedad de la tierra y la participación igualitaria en el uso de los instrumentos de acción política. En las luchas sociales del siglo XVI, las funciones prácticas económicas se trababan con las funciones prácticas religiosas. La ideología religiosa intervenía en la conducta de los combatientes con su agrupamiento en facciones de clase social, que escondían la realidad económica con la ideología religiosa. La producción material y su consumo estaban bajo el lenguaje de la trascendencia de la fe religiosa. La representación simbólica del mundo tomaba los valores reales para llevarlos a la posthistoria. Las clases sociales subordinadas adquieren su ideología combativa negando los valores de la religión de dominio de clase. Los campesinos y asalariados tomaban conciencia de sus necesidades materiales negando la burbuja mística autoritaria, que transformaba las necesidades materiales y mentales en representaciones de la esencia humana. El siglo XVI, están cerca de concebir los cambios sociales en la variabilidad de las relaciones de propiedad del medio objeto de trabajo, la tierra. Cuando cambian las relaciones económicas, las relaciones idealizadas no permanecen. El mundo imaginario se vuelve entonces real. Las relaciones de las prácticas económicas y políticas adquieren permanencia fuera del Sujeto imaginario y sin historia.
2
Las funciones económicas, políticas y religiosas se desplazan de clase por las luchas sociales. Las propiedades internas y externas de estos desplazamientos de la sociedad son los límites objetivos de su reproducción material e imaginaria. Las necesidades de sobrevivir a la desigualdad de la distribución de la riqueza impulsa la discontinuidad revolucionaria en la historia.
La historia se reproduce en saltos discontinuos de la producción y la redistribución de la riqueza. El mundo recibido es una variable de circunstancias dadas por las generaciones anteriores. Ellas dejan un legado de soportes materiales e ideológicos que le sirvieron de afirmación de sus límites de permanencia. Las transmisiones culturales se extinguen en la desutilidad que tienen para las generaciones presentes. La pasión de otros, que nos son ajenos, pierde eficacia para la pasión actual. La elasticidad histórica de la necesidad lleva al individuo a vivir su vida en un absoluto radical de desmemoria. Las necesidades sociales se dan en un entorno rugoso de acciones y reacciones de medios y fines sin intencionalidad previsible a largo plazo. La angustia de la temporalidad de los grupos sociales pertenece al deterioro de la utilidad del mundo extinguido. La desutilidad de la memoria es maquinal y residual. La producción material e ideológica revela incesantemente el tiempo real, en el que la sociedad se da a sí misma un límite absoluto contradictorio. Las contradicciones sociales establecen jerarquías de valores límites de propiedad y poder. Los valores límites adjuntan la variabilidad de las circunstancias, la negación de las propiedades internas y externas del sistema social, a través de las luchas sociales. A toda constante social de sumisión le sucede una variable de rebelión-límite. Las rupturas del orden social generan elementos diferenciales en las funciones económicas, políticas e ideológicas. Los desplazamientos históricos de los conflictos de propiedad y poder forman grupos de la pasión y acción ante el orden social jerarquizado.
3 La base económica de las clases en el siglo XVI.
La estructura política del Sacro Imperio Germánico estaba determinada por los límites objetivos de un sistema económico, que disgregaba el orden feudal y en el orden capitalista renacentista. Los príncipes absolutistas alemanes habían acrecentado su poder social a costa de un imperio que se debilitada en las luchas contra Francia y el Imperio Otomano y en la opresión económica de los campesinos.
Se iba acrecentando la diferencia económica de clase por la acción de fuerzas externas e internas al imperio. La clase social que padecía con mayor intensidad la destrucción del modo medieval era la de los campesinos. Mientras los campesinos presentaban la uniformidad de sus creencias y de su explotación económica, los estamentos feudales se iban fragmentando en pequeños feudos por las transmisiones hereditarias y en grandes feudos de alta concentración de capital-tierra y bajo nivel del trabajo campesino. La rentabilidad de la propiedad de la tierra propiciaba relaciones sociales complejas de alianzas de subordinación de pequeños propietarios a los grandes propietarios feudales. La pequeña aristocracia se encontraba sumida en el juego político de alianzas a los estamentos superiores de la iglesia, de la alta nobleza y al patriciado burgués de las ciudades renacentistas. Estas clases concentraban la propiedad territorial e industrial.
4
Los levantamientos campesinos de 1525 se debían al retraso del desarrollo de la clase campesina y de la pequeña aristocracia en su participación económica con respecto a las ganancias excedentarias crecientes de los nobles en la Alta Suabia, Wurtemberg, Franconia, Salta Sajonia y Turingia, en donde la propiedad hereditaria de las tierras cultivables de la nobleza se iba concentrando a la vez que se mantenía un población sobrante de campesinos a la espera forzada de la emigración. El medio de producción crecía con las adquisiciones de pequeñas propiedades y tierras comunales, mientras la población campesina se situaba en los límites de supervivencia con exceso de natalidad. Las relaciones económicas contradictorias de exceso de cantidades de trabajo y concentración de la propiedad territorial impedían rendimientos crecientes de la tierra. Esto habría de causar alta intensidad del trabajo campesino con rendimientos decrecientes. Se producía menos con mayores cantidades de trabajo e intensidad del mismo. El excedente económico se daba con la depauperación del campesinado. La sobrepoblación campesina y su depauperación hacían que se perdieran los valores jerarquizados de clase cultural y propiedad del medievalismo. A los rendimientos decrecientes de la tierra se unían las variables exógenas de las guerras, las malas cosechas y la presión ejercida por los Señores que acrecentaban la servidumbre del campesinado por las propiedades comunales que habían sido expropiadas, los derechos de utilización de terrenos comunes de pastoreo, y de bosques. La pesca y la caza, antes comunitarios, se habían suprimido. La alta nobleza no estaba interesada en la mejora de las condiciones de vida de los campesinos, puesto que el mantenimiento del “statu quo” les garantizaba la supervivencia de sus privilegios.
5
La pequeña nobleza carecía de los instrumentos conceptuales adecuados para analizar las categorías económicas de la producción industrial, la circulación de mercado de los valores de uso y sus relaciones de dinero y precios. La actividad económica del Renacimiento significaba el declive de sus formas rituales del economismo medieval de campesinos y aristocracia pequeña y alta. La frustración de la pequeña nobleza la llevaba al enfrentamiento amotinado contra la adaptación de la Alta nobleza a formas económicas de precios monetarios de los valores de uso agrarios y los préstamos hipotecarios por bienes de lujo industriales. Las apreciaciones y depreciaciones monetarias eran causas de alteraciones de los precios y de mercado, de los salarios y de la renta de la tierra. El poder económico provenía del dinero en depósitos bancarios y su circulación por prestamistas de las ciudades a las cortes. Esta variabilidad de los valores económicos desvalorizaba de las relaciones medievales de dominio. La ética caballeresca se convertía en ética crematística. La dicotomía económica llevaba a la pequeña nobleza a la dualidad de alianzas militares con la alta nobleza y otras con los campesinos y hasta las frustradas revueltas nihilistas de los caballeros palatinos. Algunos pequeños nobles marginales se dedicaban al saqueo de los bienes de uso que los campesinos vendían en los mercados a precios monetarios altos. La jerarquía eclesiástica de arzobispos, obispos, abades, se oponía a cualquier cambio de la situación existente por sus alianzas militares e ideológicas a la Alta nobleza. Las instituciones eclesiásticas estaban calcadas sobre el modelo feudal. Sus dignatarios eran príncipes con grandes propiedades y siervos a su cargo a los que utilizaban de modo tan inhumanos como los Señores seculares.
6
El clero popular, (curas de pueblos y de campiñas), cuya su situación económica se asemejaba a la de los campesinos medios, con una obediencia que oscilaba de la aristocracia eclesiástica a la revolución campesina y a los postulados que implicaba la Reforma protestante. El campesino se desanudaba de las ataduras eclesiásticas y de la alta nobleza y con ello tomó conciencia de fuerza social. Se secularizaba para liberarse del orden medieval y su coacción tributaria. El clero popular participó en las luchas populares de los campesinos bajo la Reforma de la fe y se vincularon como grupos de ardiente exasperación.

sábado, 21 de enero de 2012

Thomas Müntzer: acción y reacción en los conflictos sociales (3.1).

1
La producción social material e ideológica debe marcar la finalidad del bienestar progresivo de la sociedad en una época histórica. Las fluctuaciones sociales de progreso y regresión oscilan por la capacidad real e imaginaria, que tiene una sociedad para existir en los límites de sus contradicciones materiales y en los antagonismos ideológicos de su reproducción social. La sociedad tiene que reproducir incesantemente las condiciones reales e imaginarias al impulsar su continuidad en el tiempo histórico. La producción material depende del grado de desarrollo de las necesidades individuales y familiares socialmente efectivas. La producción ideológica revela las situaciones en las que la sociedad toma conciencia de sí misma. La capacidad de reproducción material de la necesidad social efectiva cambia el grado de productividad del trabajo: la aplicación técnica del tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción ligada a la elasticidad efectiva de las necesidades. Los límites de la producción se modifican con los factores de productividad: el grado medio de destreza del trabajador, el nivel de progreso de la ciencia, y de sus aplicaciones técnicas, la organización de los procesos de trabajo, el volumen y eficiencia de los medios de producción y de las condiciones naturales. La productividad es la variable económica que cambia los modos de producir y consumir. La productividad no depende de los salarios, sino de la tecnología. La variabilidad de los salarios no afecta a la productividad. La variabilidad de la productividad posibilita la reproducción ampliada del modelo social. Hay crecimiento económico cuando una producción creciente es superior a las necesidades normales de la sociedad. El exceso de producción es excedentario y apropiado como ganancia industrial, comercial, renta de la tierra e intereses financieros. Lo controlan los grupos de poseedores de la propiedad privada de los factores de producción: capital constante fijo y circulante, población trabajadora activa y dinero.
2
Con la reproducción ampliada de la producción se logra la aparición de nuevos sistemas de satisfacción de la necesidad social, de la organización de la producción, la distribución y la circulación de dinero como riqueza privada. La propiedad privada de los recursos de producción concentra la producción y el crecimiento de la reproducción ampliada de la base económica. La dimensión económica ampliada origina la apropiación corporativa de los recursos. Se vuelve monopolista y contradictoria a las necesidades efectivas de la colectividad. La ideología de dominio se renueva y gana eficiencia por los incrementos de la productividad y de la formación creciente del excedente. La sociedad es más rica para las minorías. La manipulación ideológica se activa por el aumento de riqueza privada, agudizando la contradicción de minorías de poder y mayorías sociales pobres y marginales a la producción. Los conflictos de la situación social desigual de producción y consumo centran la totalidad de la manipulación de los grupos de dominio y el grado de resistencia de los grupos sociales dominados. Los grupos dominantes imponen, a través de la organización represiva de la sociedad, los centros de poder autoritario: la evolución agresiva ascendente de represión económica a los sometidos. Se modelan las circunstancias de poder, objetivas y subjetivas, y se sustenta la marginalidad de los ingresos del trabajo con respecto a los ingresos excedentarios que obtienen las minorías. Los intereses ideológicos de los dominantes cimentan la pobreza y las enajenaciones desesperadas de los dominados.
3
Los intereses jerárquicos sobredeterminan la intencionalidad de la producción ideológica. Las condiciones imaginarias cohesionan los estratos sociales de sumisión. La inestabilidad de la producción social material e ideológica marca lo progresivo o regresivo de las prácticas colectivas que gradúan la intensidad de las luchas sociales. Los enfrentamientos sociales reúnen en la crisis social las relaciones conflictivas de conservadores y renovadores. Se originan las causas y los efectos estáticos y dinámicos de las prácticas sociales de claridad y oscuridad exasperadas. Se reivindica la ruptura de la cohesión de dominio de las minorías. La temporalidad e intensidad de los enfrentamientos sociales abarcan períodos de la totalidad uniforme y rugosa del tiempo de dominio. La función objetivo de las luchas sociales conforma los máximos y mínimos de los procesos transformadores de desigualdad económica, política e ideológica. La variabilidad de la eficacia de los movimientos sociales rupturistas fija los mínimos y máximos, anverso reverso, de acciones y reacciones modificativas del proceso social. Los enfrentamientos sociales no se mantienen invariables para el momento histórico actual. Los movimientos sociales progresivos, que contraen el límite de la reproducción de las minorías conservadora, se pueden retrasar en su progresión por el fraccionamiento de los grupos sociales de dominados en subclases de niveladores y radicales. Entonces el proceso social se detiene y regresa a situaciones cercanas al inicio del ciclo y remiten los logros sociales conseguidos por la acción de los dominados. Las reacciones sociales de clases desplazan regresivamente las acciones sociales de clase. La radicalidad de la acción de sumisión fracasa y la reacción de dominio reforma y consolida los pactos concesivos económicos y políticos a nivel inferior.
Se desplaza el caos de los conflictos a un orden rígido y continuista. Los movimientos sociales efectúan desplazamientos de acción y reacción, cuya resultante es una situación neoconservadora de integración. Los avances de las acciones sociales se corrigen por fuerzas internas de la reacción. Un movimiento conservador se introduce en la progresión de las acciones para llegar a pactos consensuados. Las causas-efectos de acción y reacción ajustan formas mecánicas de unificación de clases. La acción-reacción se reactualiza en el escenario histórico de poder conservador. La reacción puede ser un óptimo de las condiciones sociales dogmáticas. Ellas se sitúan en el estancamiento del tiempo de reproducción social. Existen dentro del tiempo histórico imaginario. El movimiento fluyente de la acción se detiene en la masa inerte de la improductividad material e ideológica de la reacción.
4
La estática y la dinámica de las luchas sociales circundan la variabilidad de la sociedad frente a sus límites internos y externos. Las rupturas del orden de dominio generan rangos actualizados de estructuras económicas, políticas e ideológicas en la totalidad social. Los desplazamientos históricos de las reacciones de poder expresan acumulaciones excedentarias, en detrimento de la participación progresiva de las masas de marginados, en la riqueza producida socialmente.
5
En el siglo XV y XVI, el campesinado constituye la mayoría de la población. La productividad de la sociedad pertenece a una clase social desprovista de derechos de igualdad económica y política. Los conflictos de riqueza y pobreza son resueltos por la autoridad de los príncipes medievales. Los campesinos no tenían representatividad estamental y por tanto carecían de derecho político en la Alemania imperial. Su presencia social los convertía en instrumentos de reproducción material y biológica. Se sometían a la producción feudalizada y al delirio de la representación textual religiosa del postmundo. La producción agraria del campesinado sostenía el funcionamiento de la sociedad feudal y renacentista. Príncipes, nobles, funcionarios, patricios y clero obtenían sus recursos económica por la utilización gratuita de la fuerza de trabajo campesina. Las rentas de la tierra, sean monetaria o en valores de uso, crecían con razón progresiva positiva para la aristocracia agraria y en razón inversa a las necesidades de supervivencia de los campesinos. Los recursos de los campesinos se trasvasaban a la aristocracia y a las ciudades renacentistas por el incremento de las cargas fiscales. En el siglo XVI, hubo un crecimiento de los diezmos, de los impuestos de guerra, aduanas, intereses y numerosos y variados tipos de servicios personales a los que fueron obligados los campesinos en beneficio de los poseedores de la propiedad. Se detraía del consumo de los campesinos masas de bienes económicos que pasaban al excedente de la minoría dirigente.

jueves, 5 de enero de 2012

Economía del dolor en el siglo XV y XVI en Grünewald(2).

1
Las masas de población adquieren una doble práctica de concreción real y simbólica en las contradicciones de vida real y vida imaginaria. Las prácticas reales sirven para satisfacer sus necesidades inmediatas de supervivencia y las prácticas simbólicas para determinan su alienación de la realidad. La vida real y la simbólica se unen en la enajenación del hombre al realizar su práctica material a la vez que manifiesta inconscientemente la práctica simbólica. La contradicción, entre estas dos prácticas, sintetiza las condiciones progresivas de la producción del excedente económico de la producción social y las condiciones regresivas a situaciones históricas de desocupación de recursos y la autodestrucción potencial de la sociedad.
El hombre está atrapado en sus necesidades y en la necesaria satisfacción de las mismas. Se necesita producir para consumir. El dinero no come sin producir. En la economía de subsistencia, la enajenación de la realidad implica su representación simbólica para negar la negatividad de la necesidad. La representación enajenante simboliza manifestaciones de muerte por sumisión y sadismo. Los juegos sociales alienantes esperan la mitología de los dioses de la escasez y de la guerra. La alienación de realidad y símbolo están dentro de silencios represivos violentos y de los conjuntos de signos que duplican la vida social real por la imaginaría. Los signos hablan e imitan la vida con la duplicidad. El conjunto de signos enajenantes sueldan la esencia idealizada a los hechos reales. Se niega la negatividad de la necesidad mediante las variaciones combinatorias del hombre enajenado y la naturaleza degradada.
Se produce materialmente para negar lo negativo y extintivo de la necesidad natural y para dar continuidad a la memoria de los procesos de trabajo y a su práctica fuera de la presencia anexionada del tiempo real improductivo. Las masas sociales se vuelven improductivas por las organizaciones de producción paranoicas, de posesión monetaria por minorías de dominio, de propiedad y explotación.
Por no haber un futuro otorgado en el porvenir de la historia, se necesita hacer de la historia las condiciones materiales de su producción. La memoria “de hacer”, por el proceso de trabajo, evoluciona a formas superiores de producción y previsión de límites colectivos no regresivos ni extintivos.
Delante de la temporalidad de periferias extintivas, se deben dar las variaciones productivas de producción y reproducción material. Los avances y regresiones de los sistemas económicos se sintetizan en las contradicciones internas y externas a la totalidad orgánicas de las instancias del sistema. Las regresiones del sistema económico expresan la decadencia de la reproducción material de la comunidad humana. La sociedad regresa a la negatividad de la necesidad sin respuesta de producción. No se relaciona Naturaleza y Producción. La capacidad humana “de hacer y aprender y memorizar”, se detiene en correspondencias de la precariedad, que se inscribe en la no reproducción de las relaciones materiales y sociales.
La sociedad sólo se puede comprender racionalmente por la necesidad, en la que ella se encuentra, de producir y reproducir sus condiciones materiales y mentales existenciales en un ámbito histórico dado. Estas condiciones racionales exigen limitaciones excluyentes a la orgía sádica del uso del excedente de riqueza por minorías que poseen la propiedad privada sobre las cosas y el trabajo. Las ideologías perversas económicas responden irracionalmente a la producción y el consumo socializados. Se practica entonces la economía de subsistencia para la mayoría social, excluyéndola del mundo real de la producción y recluyéndola en el trasmundo de la violencia económica y el idealismo fanatizado. Entonces se define al hombre como un sujeto irreal, sitiado por la absoluta desnudez de la necesidad, y la entrega de su trabajo al azar de la esclavitud, del paro o de la venta salarial, en relaciones de poseedores de riqueza y desposeídos anónimos. Amos y siervos.
2 Matthias Grünewald
El arte plástico de Grünewald expresa la intencionalidad intelectiva y emocional del dolor del hombre, propuesta de revelación de la verdad de la redención humana, fuera de la enajenación de las filosofías especulativas renacentistas. La vuelta al evangelismo de los Pobres era que la comunidad de la fe significaba la participación de la esperanza en las masas de desheredados. La negación de las formas de explotación económica y emocional de los campesinos y los gremios menores de artesanos de las ciudades. Su expresión artística es la presencia constante del dolor del pobre frente a la adversidad de la práctica económica y política de los poseedores. La esencia perdida de la humanidad estaba en la vuelta a la autocreación del hombre fuera del dominio de los explotadores del trabajo de siervos y trabajadores menesterosos. Grünewald, (1470-1528), pinta el dolor social del oscuro y lóbrego tiempo histórico de desagregación de la formas de dominio medieval, por el dominio renacentista de mercaderes patricios y gremios mayores. Era el encubrimiento del dolor deshumanizado con los rituales alienantes de las prácticas de violencia económica y religiosa. Sus formas artísticas dramatizan las escenas religiosas de la supervivencia del hombre por la exposición de la crueldad del poder organizado y jerarquizado políticamente. Las formas de su arte revelan intencionalmente la crueldad ciega por el tratamiento técnico y psicológico del color y la luz. Grünewald era un actor de la historia oculto y pasional. Por la intensidad lumínica y la ruptura de la línea del dibujo, proporcionó a la narración pictórica la expresividad dramática de los pasajes evangélicos. Grünewald se apartó de la filosofía naturalista renacentista para retrotraerse en el gótico tardío de la baja Edad Media apasionadamente, a la reforma luterana y al entusiasmo revolucionario que provocaron el estallido de la guerra de los campesinos de Thomas Müntzer. La persecución de las revoluciones campesinas le obligó a refugiarse en Frankfurt y después en Halle donde falleció en 1528.
3 Thomas Müntzer
Las predicaciones revolucionarias de Thomas Müntzer le llevaron a liderar la Guerra de los Campesinos alemanes colectivistas contribuyendo a desencadenar la Guerra de los Campesinos, que se extendió desde el suroeste de Alemania hasta Salzburgo, Turingia y Sajonia.
Se separó de la ortodoxia luterana por su unión a la doctrina mística del iluminado Nicolas Storch: su doctrina de la palabra interior, que el hombre recibe, por una revelación continua de Dios, que le habla en su interior. Al igual que al nexo de la teoría política revolucionaria, que instaba a los creyentes a construir inmediatamente el reino de Justicia en la Tierra. Thomas Müntzer era un revolucionario que unía la teoría a la praxis revolucionaria. Devolvía al hombre la esencia perdida del nihilismo evangélico contra la riqueza.
En la pintura de Grünewald, está incesantemente presente la propuesta de acabar con el servilismo de los campesinos, mostrándoles la necesidad de la palabra interior reveladora de su situación real en el orden social de dominio. La palabra interior que debería apartarlos del sometimiento a la ignorancia intencionada y la necesaria revolución social para instaurar inmediatamente el reino de la Justicia en la tierra. La práctica para suprimir la enajenación religiosa de los campesinos y la eliminación legal de la propiedad privada de la tierra. La doble revolución de los campesinos contra el Estado aristocrático medieval a través de la forma artística y la movilización militar del campesinado.