viernes, 28 de septiembre de 2012

André Malraux: Viaje por el río (3.2)


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Siempre insiste la inestabilidad del miedo. Estamos hechos de la mística del miedo. Ella está en la simultaneidad ambivalente de estar dentro y fuera de nosotros. Viene de la cultura autoritaria que se interioriza como conciencia. La lucha social e individual proviene de la reflexión que llega a adquirir conciencia de sí mismo. Si el miedo se vuelve resistencia, el individuo pasa de la tragedia del esclavo a la tragedia del héroe. Éste acepta el vértigo de su libertad ante el finalismo de su existencia. El miedo salta fuera para caer en la en la elección de la responsabilidad o la caída en la historia de lo mundano.  La obra de Gandhi buscaba que el individuo aprendiera a convertir el dolor de su esclavitud en libertad. Llevaba a las multitudes a la enseñanza de que el dolor es el verdadero saber del acto libre. La libertad se vive juntamente con el que esclavo para liberarlo. La libertad no es un mandato de las libertades civiles. No pertenece a las libertades sociales civiles otorgadas, sino al acto de la práctica en su realización humana.
Es previa a la continuidad del hombre, ya que es su esencia. No hay esencia predeterminada por el código del legislador. La libertad como el agua se filtra entre los dedos y deja húmeda la piel. Es pura sensación del instante. Hay un pensamiento budista que cala en acto de la libertad: la interioridad de la esencia se da en el instante. La vida es el instante. La nada sin tiempo no es responsabilidad de la libertad. Buda siempre sitúa al individuo en el límite de la elección definitiva de su yo trascendente sin la oscuridad del miedo.
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El carácter único de la vida. Una sola vida que no marca la situación el no ser. Para el héroe la muerte es una profunda herida, pero para el hombre común la muerte es un silencio sin tiempo. La insistencia de los revolucionarios europeos y chinos era despertar a las masas orientales del sopor de la indiferencia a la historia.
Para Malraux, la angustia de la voluntad libre es un descenso por el río de la realidad y la angustia. Dice:”Parecía que la angustia debería aumentar a medida que nos acercamos a la meta. Nada de eso: el paquebote está dominado por el sopor. Hora a hora, mientras que, con las manos empapadas en sudor, costeamos, las planas orillas del río, Hong Kong se hace más real, deja de ser un nombre, un lugar cualquiera en el mar, un decorado de piedra; todos sienten penetrar en ellos la vida. Ya no hay verdadera angustia: un estado confuso en el que entremezclan la enervante regularidad del navío y la conciencia, en el interior de cada uno, de gozar sus últimos instantes  de libertad. Los cuerpos aún no están comprometidos, la inquietud no tiene nada más que un objeto abstracto. Minutos extraños, durante los que la viejas potencias animales se apoderan de todo el barco”.
La angustia, sólo tiene ante ella un objeto abstracto. No está determinada por algo real. No tiene exterioridad es un fluido de inquietud en la interioridad  de la sensibilidad.  Padecer la angustia es esperar el ataque real del enemigo. La espera blanda de la carne ante la barbarie que destruye con  gestos y  gritos. 
Para hallar lo real y abandonar el miedo de la angustia, hay que bajar el rio que llega a la realidad. Ante la realidad o eres existencia en acción o paciente fiebre del animal enrejado.
La muerte metafísica no tiene lugar en el universo revolucionario de Malraux.  Nada se  espera de la muerte. No hay reverso oscuro iluminado. La revolución coloca la combatividad de la pasión sobre la muerte. El deseo es avidez del acto que da a la vida el sentido de la presencia de la libertad en las masas depauperadas.
3
El viaje continúa. “El silencio. El silencio absoluto y las estrellas. Pasan juncos  un poco por debajo de nosotros, impulsados por la corriente que remontamos, sin un sonido, sin un rostro. No hay ya nada terrestre en estas montañas desdibujadas que nos rodean, en esta agua silenciosa y sin chapoteos, en este río muerto que se hunde en la muerte como un ciego; nada humano en esta barcas que nos cruzamos, a excepción tal vez  de las linternas que lucen a popa, tan débilmente  que casi no se reflejan…”   
El fatalismo malrauxiano de una existencia puesta en el juego para la liberación del hombre sometido en este río muerto, que se hunde en la muerte como un ciego. Nada humano en los rostros de las multitudes que atraviesan el clásico río de los muertos. En tanto la filosofía europea  pretende apartarse del racionalismo y el vitalismo,  a principios del siglo XX, para establecer la irreductibilidad del ser humano en el mundo del espíritu como elemento central de una reafirmación frente a las ciencias naturales y la revolución.
 Henri Bergson, que era judío, murió en 1941 en el ascenso imparable de sociedad europea militarizada por las revoluciones de los totalitarismos. Mientras Henri Bergson se abre a la especificad de la interioridad humana  en la memoria, conciencia y reflexión, mediante un método  que escuche la interioridad  finalista y  providencial del estudio de Dios y el ser humano como ser libre y responsable, y también se  inscribe en el registro en el que los judíos son controlados para el genocidio. Su frase de moribundo fue “quise permanecer entre aquellos que mañana será perseguidos”. La filosofía consoladora habrá de finalizar en los hornos crematorios.
Era el final de la filosofía de dios y de la conciencia libre del occidente europeo. La angustia de la existencia aplastada buscaba la memoria bergsoniana del tiempo interior. La simbólica huida de la caducidad en la  memoria interior. Memoria interior que saltase por encima de la decadencia física y ofreciera la actualización del pasado. Tal vez, la memoria de la claridad musical de Paul Verlain en los álamos transparentes, el neogótico de Antoni Gaudí, los pasajes post-impresionistas de Paul Cezanne, la poesía simbolista de Paul Valéry. La obra pura de Mallarmé de contenido intelectual y esteticista. La presión totalitaria nazi arrastraría igual que el río de la muerte. Mientras la lucha revolucionaria en Asia Oriental se enfrentaba a la permanencia o la extinción de los conflictos antagónicos de de explotación del hombre. Las clases sociales lucharían durante decenios por la distribución de la riqueza y del poder de la minoría dominante y de la mayoría dominada.
Dice Malraux: los prefiero, pero únicamente porque son los vencidos. Sí, en conjunto tienen mayor razón. Más humanidad que los otros: virtudes de vencidos. Lo que es bien seguro es que siento un odio asqueado por la burguesía de la que procedo. Pero en lo que respecta a los otros, sé muy bien que se volverán abyectos tan pronto como hayamos triunfado juntos… Lo único que tenemos en común en esta lucha  y eso está  mucho más claro.”  El personaje de Malraux explica las razones por las que se entrega a la revolución  China. La mayoría de los intelectuales burgueses de los círculos de intelectuales rusos estaban asqueados de su vida. “Mi vida no me interesa. Y Si me matan se acaba la cuestión. La revolución se vuelve metafísica en su finalidad, puesto que los revolucionarios se volverán abyectos tan pronto como hayan triunfado. Se anticipa la contrarrevolución interior de la burocracia revolucionaria que traerá el final de la revolución rusa.

sábado, 15 de septiembre de 2012

André Malraux: Saigón y la ciudad oculta. (3.1)



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Malraux  escribe sobre el Saigón colonial francés como si estuviera dentro del espacio de una ciudad desolada. Ciudad desierta y provincial. Con largas avenidas y bulevares rectos, en donde crece hierba bajo grandes árboles tropicales. El culí que tira de la ricsa, chorrea sudor. En un lugar de este espacio urbano, hay un barrio chino con múltiples rótulos dorados de caracteres negros, pequeños bancos y agencias comerciales de todo tipo. Los comerciantes chinos se introdujeron en el comercio que iba del Sur de China a Vietnam. En la Conchinchina francesa comerciaban con la   artesanía oriental, la propiedad de pequeños bancos de bajo capital oferente de préstamos de altos intereses y plazos de devolución breves. El crédito era usurario. Provenía del excedente de la agricultura de los pequeños y multitudinarios campesinos que los intercambiaban a bajos precios con los comerciantes de las ciudades portuarias. Los excedentes provenían más del bajo consumo que de incrementos de productividad. Las altas ganancias de los compradores que se acumulaban en los bancos para controlar las reservar y facilitar un crédito de altos rendimientos.
El sistema colonial europeo se basaba en la compra de materias primas y productos alimentarios básicos sobre las diferencias del valor del trabajo campesino y artesanal, y un precio monetario bajo de compra que trasladara los excedentes a los precios. El mecanismo de mercado que traslada los excedentes económicos a los precios determina las ganancias.  Esto origina la polarización acumulativa creciente de las ganancias en una clase social y la acumulación creciente en la clase dominada que trabaja.  El valor trabajo que se incorpora a los precios del coste de producción se deprecia o se acrecienta en su realización monetaria.  Cantidades de valores de uso se adquieren gratuitamente en su compra-venta. Las compras de los comerciantes a los campesinos y artesanos a bajos precios daban este resultado. Enormes cantidades de valores de uso no pagados formaban el contingente exportador de ganancia colonial gratuita. Las exportaciones coloniales se podían vender en la metrópoli a precios más bajos, incluso así  obtener enormes ganancias extraordinarias. La producción industrial colonial se incrementaba con los precios bajos del mercado de materias primas y medios alimentarios coloniales que producían un doble efecto: disminuir el capital de producción reduciendo los costes del capital fijos y  reducir los salarios. Ambas causas aumentaban la tasa de ganancia de los sectores industriales, comerciales y financieros del colonialismo. La dirección de los negocios iba siempre buscando el incremento del beneficio colonial mediante el consumo diferencial de precios metropolitanos y precios de colonias. Los valores coloniales gratuitos se incorporaban a la producción industrial fijando altas ganancias y relativos crecimientos coyunturales de los salarios. Los salarios reales por debajo del consumo necesario originaban altas ganancias que se repartían en todos los sectores económicos de la metrópoli colonial. El gran negocio comercial de ida y vuelta de los capitales de la burguesía compradora de productos a bajo valor en la colonia y vendedora de los excedentes de valores de uso no pagados a precios de mercado posibilitaba el mantenimiento de la revalorización creciente del capital.
La oferta industrial de la metrópoli a la colonia era  a precios monetarios bajos para provocar el hundimiento de las industrias artesanales. Las  diferencias de valor-precio hundía la competitividad de los productos manufacturados coloniales. Los productos textiles se exportaban a precios bajos para las colonias con el fin de destruir la oferta de las  empresas artesanales de baja composición de capital técnico con respecto al capital humano. Su baja productividad encarecía su producción y por tanto eran incapaces de competir a los precios textiles importados por los comerciantes coloniales. El fin era destruir la producción colonial desfasada en su productividad para imponer la venta exclusiva de los excedentes de oferta colonial. El mercado colonial monopolizaba la oferta de producción y manipulaba la demanda interna y externa. En conclusión, la miseria de campesinos y artesanos profundizaba el estancamiento económico y político de las masas sociales. A la vez que se creaba una burguesía adicta económicamente al colonialismo Los comerciantes y banqueros oriundos  se introducían en el comercio desigual de los campesinos y en los préstamos usurarios que posibilitaban la propiedad de la tierra, los animales y herramientas de labranza. Los intercambios desiguales, en valores de trabajo y precios monetarios, afluían y se materializaban en masas monetarias de plata en el sistema bancario metropolitano.
 Las masas de campesinos y artesanos arruinados emigraban a las ciudades para trabajar, en niveles extremos de subsistencia, para el mercado externo.  El culí malrauxiano que tira de la ricsa es un exponente del infra-trabajo de las masas emigrantes de antiguos campesinos propietarios y de artesanos arruinados. Los culíes serán en la novela de Malraux los elementos radicales y decisivos de las huelgas revolucionarias, por su miseria y trabajo extenuante.
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Este mundo social opresivo se manifiesta en la narración de Malraux como insostenible. Sólo se sale de él, cambiando la ideología conservadora  con la praxis revolucionaria de las clases oprimidas.
Malraux es un viajero en su acción y en sus ideas. El barco que lo lleva a Hong Kong y Cantón atraviesa el océano de las desigualdades explosivas de clase. Estas desigualdades sociales se vuelven obsesiones imperativas revolucionarias, producir y reproducir la vida, a través de una conciencia de clase activa políticamente. El mundo antagónico de la necesidad y la satisfacción  atraviesan necesariamente la organización de la desesperación en un partido político revolucionario que organice la violencia política de las masas depauperadas. Malraux se entrega al viaje existencial de hallar la  revolución en la miseria social. Es un viajero en un tiempo negador de las condiciones de permanecer ciego, mundo, ante la evidencia de la realidad social. Los antagonismos de clase se han de dar en planos políticos de absoluto radicalismo. Los individuos se agrupan en la desesperanza de la pobreza. Los desesperados son fragmentos del salario bajos con jornadas de trabajo extenuantes. No se  escapan de la relación opresiva de vendedores de trabajo y compradores de trabajo bajo la condición pasiva de la resignación.
3  
Para André Malraux, su viaje por los inicios de la revolución china del siglo XX es un viaje por la condición humana que debe convertir las ideas en acción. Él es un intelectual de su tiempo histórico. Nadie escapa a su historia personal ni a la Historia. En la primera década del siglo XX, los intelectuales europeos de izquierdas estaban decididos a convertir las utopías sociales en praxis revolucionaria. La historia les mostraba la posibilidad de reflexionar sobre las derrotas sociales de la izquierda utópica y progresista en 1789,1800, 1812, 1838, 1848, 1870, 1914, 1918. La revolución permanente incesantemente se encallaba en la reacción militar de los sistemas conservadores aristocráticos. Algunos intelectuales de izquierdas no querían abocarse a la acción anarquista, sino a la organización de una fuerza política militante que fuera capaz de resistir la reacción organizada, llevando a las masas sociales la organización de un partido disciplinado y clandestino y el salto cualitativo de la formación de líderes de masas.
En la China de 1911, una  fracción del ejército se sublevó, junto a masas de obreros y estudiantes, y se apoderó del arsenal  y las sublevaciones locales se multiplicaron  en todo el territorio. En 1912 Shangai caía en poder de los rebeldes  mientras Cantón se unió a la revolución. Sun Yat Sen se convierte en presidente de la república y se instala en Nankin .
Sun Yat Sen se volvió el intelectual revolucionario en Asia y en Europa. A partir de él,  los intelectuales europeos de izquierdas habrán de concebir la revolución como la acción de masas bajo la dirección de una fuerza política organizada y revolucionaria. La novela de los Conquistadores será una descripción incesante de este principio de acción política revolucionaria a través de sus personajes.
La reflexión política de Malraux se daba en la necesidad histórica de la  praxis revolucionaria. En la novela, su objetividad es la de un viajero que asiste a la gradación violenta del escenario social. Las estrategias de resistir y vencer expresan el abandono del individualismo por la permanencia de la revolución social.
 El viajero debe llegar a un espacio de la historia, donde la violencia revolucionaria sea el progreso organizativo de las masas sociales dominadas.

lunes, 27 de agosto de 2012

André Malraux: al sur de China (2)


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En la novela de Malraux los Conquistadores hay un proceso de introspección del autor en las relaciones sociales, que conllevan las precepciones y reflexiones en un proceso de cambio social. El convencimiento del autor de que las masas sociales actúan en los procesos revolucionarios para cambiar la dirección inhumana de la historia. No hay cambio en la sociedad si la pasividad de las masas sociales no se vuelve acción intuitiva y reflexiva. Como una aventura estrictamente militar un intelectual europeo participa en la ritualidad de la guerra.
Los capítulos de la novela los Conquistadores están clasificados como  los cuadernos de guerra. En ellos se reseñan, fechas, horas y meses, los acontecimientos que viven un grupo de revolucionarios chinos en las primeras décadas del siglo XX. El tiempo se fija en grafías numéricas y dejan en el lector los diferentes jalones del caos dinámico de los actos humanos y el caos inmóvil de la Naturaleza. La narración se vuelve medieval en su textura canónica de ritualizar las prácticas revolucionarias en la indiferencia amoral de la minoría dirigente por la conquista del poder del Estado. Los conquistadores del poder se vuelven dioses de finalidades de dominio. El individuo es una circunstancia del azar en el ritual estratégico de enfrentamientos militares y políticos. La fatiga, el cansancio, el homicidio, no detienen la búsqueda de los medios para conseguir los fines.
Debería suceder que en la fatiga del tiempo el hombre no deseara fijar el azar en lo esencial de su existencia, sino una relación biunívoca de pensamiento y  ser. El ser finito del hombre no debía ser el del mundo. La guerra es narrada por Malraux en la fatalidad que debe vivirse sin juzgarla. Para Malraux la realidad social aparece exterior al soporte de la pasión y la voluntad, en los grises de la acción y la lucidez. Las relaciones de necesidad e incertidumbre agrisan las pasiones, marcan movimientos de  estrategias que deciden las diferentes posiciones de los contendientes. La estrategia de permanecer retiene la variabilidad de las posiciones de los combatientes. Para Malraux, una conciencia trágica resiste en el movimiento angustioso de existir en la oscuridad. De la oscuridad hay que salir para ver la crueldad. La variabilidad de las posiciones existenciales y del mundo se ordena a través de numeraciones cronológicas. La existencia tiene las geometrías variables de la voluntad, la sagacidad y la penetración clarividente del intelectual y del guerrero.
El primer capítulo de los Conquistadores de Malraux  lo fecha el 25 de junio. No hay año. Acostumbrados a ligar los acontecimientos a los años, queda el capítulo definido en un contexto excesivamente amplio. Tal vez un año no exista en un período de guerra. Los acontecimientos de un día anticipan y cumplen la angustia del tiempo futuro. Un año es un espacio en blanco, excesivo para un diario. Quien le da años a su vida desconoce el destino. No dar años a la historia es negar su homogeneidad. La historia  es angustia contenida. Nadie vuelve a lo que ha vivido. La culpa ahínca la desmemoria. La conciencia pierde su lucidez en la ausencia unitiva de las palabras y las cosas. Los días, los meses y los años cuelgan secos como ristras de palabras vacías en el lugar de la desmemoria. No hay recuerdo si no hay palabras. Sin palabras no hay culpa. Sólo lágrimas en la memoria del instante. La memoria es vasija de la aparición de instantes arbitrarios y escasos. Instantes, luces en las vidrieras góticas. No hay barro en la memoria, sólo luces de vidrieras coloreadas. Los años no se abren nunca a la memoria. Solo instantes.
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Escribe Malraux: 25 de junio.: “Se ha decretado la huelga general de Cantón”. La fecha instantánea se ha convertido en el inicio de la fecha de una historia. Desde ayer “el radio”  está expuesto en el tablón de anuncios, subrayado en el rojo.
 No es posible reconocer en las huelgas del siglo XXI, el impacto social que determinaba la huelga general en los finales del siglo XIX y siglo XX. La huelga general era el mito soreliano del sindicalismo revolucionario. La huelga general debía cambiar las condiciones de producción y de propiedad. Suponía la aurora roja. La réplica era el decreto de estado de guerra por parte del gobierno. El ejército abría fuego contra los manifestantes como si fuera una guerra ante enemigos exteriores. La huelga sorealiana era inicio de la fuerza irracional. El comienzo de una revolución de clase social. Su resistencia dependía de la capacidad de mantener unidos a los obreros en su pánico  y cubrir las necesidades de sus familias. Estrictamente era una fuerza combatiente de escasa duración. Su debilidad residía en la negatividad de la necesidad material y el ocaso del entusiasmo reaccionario. El instinto de supervivencia es conservador.
Escribe Malraux: “Hacia el horizonte el Océano Índico inmóvil, liso, barnizado…sin  estelas. El Cielo cargado de nubes hace pesar sobre nosotros una atmósfera de cabina de baños, nos envuelve un aire saturado….Día a días, las noticias van precisando el drama que comienza; va tomando cuerpo…Hasta el momento las hostilidades del Gobierno de Cantón se habían manifestado en palabras, y de pronto los telegramas traducen actos. Más que los tumultos, las huelgas en las calles, lo que impresionada a todos es la voluntad inesperada, y que parece tan tenaz como la voluntad  inglesa, de no contentarse con palabras, herir a Inglaterra en donde más le duele; su riqueza, su prestigio. La prohibición de vender en la provincias dependientes del gobierno de Cantón de ninguna mercancías de origen inglés, ni siquiera de un chino el que la ofrece; el método por el cual se controlan ahora los mercados, uno tras otro; el sabotaje de las máquinas por los obreros de Cantón y, por último esta huelga general que, de un solo golpe, afecta a todo el comercio de las isla inglesa, mientras los corresponsales de Presan señalan la excepcional actividad de las escuelas militares de Cantón(…) Una guerra emprendida por la anárquica potencia de China del Sur contra la roca militar desde la cual el imperio fortificado vigila a sus rebaños: Hong-Kong, cerrando como un cerrojo el Río de las Perlas sobre el que extiende  la masa gris de Cantón, con sus líneas de puntos que indican barrios imprecisos, a unas horas apenas de los cañones ingleses. Si es alcanzado, reducido, antes o después, al rango de pequeño puerto, sí más simplemente se debilita, eso significa que China puede encontrar los dirigentes que hasta el momento le han faltado hasta el momento para lucha contra los blancos y la dominación europea se derrumbará. La repercusión de la formidable lucha emprendida  por el imperio que personifica el desorden, de repente organizado, contra el pueblo que más que ninguno, representa la voluntad, la tenacidad y la fuerza”.
Malraux introduce en la narración la Naturaleza del Sur de Asia. La naturaleza sólo es copresencia, lo natural indiferente a las apasiones políticas antirrevolucionarias y revolucionarias. “El Océano Índico inmóvil, liso, barnizado…sin  estelas. El Cielo cargado de nubes hace pesar sobre nosotros una atmósfera de cabina de baños, nos envuelve un aire saturado. Luego la estrategia: “Una guerra emprendida por la anárquica potencia de China del Sur contra la roca militar desde la cual  el imperio fortificado vigila a sus rebaños: Hong-Kong, cerrando como un cerrojo el Río de las Perlas sobre el que extiende  la masa gris de Cantón, con sus líneas de puntos que indican barrios imprecisos, a unas horas apenas de los cañones ingleses.”
Pero hay algo más importante, el cambio de la conciencia política de los chinos a través de la revolución: Si Hong Kong es alcanzado, reducido, antes o después, a rango de pequeño puerto, sí más simplemente se debilita, significa que China puede encontrar los dirigentes que hasta el momento le han faltado para luchar contra los blancos y la dominación europea se derrumbará. La repercusión de la formidable lucha emprendida  por el imperio que personifica el desorden, de repente organizado, contra el pueblo que más que ningún, representa la voluntad, la tenacidad y la fuerza.
La conciencia ahora es un cambio cualitativo de la pasividad a la actividad. Para Malraux, significa que China puede encontrar a los dirigentes que hasta el momento le han faltado para luchar contra los blancos y la dominación europea se derrumbará.

sábado, 11 de agosto de 2012

André Malraux: la pasión de la experiencia. (1)


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La pasión nos saca fuera de nosotros. Nos devuelve a la experiencia de ser otros para encontrarnos dentro del flujo instrumental de la historia personal y colectiva. Se puede ser real instrumentos de los actos pasionales hasta arrastrarse al compromiso de la incertidumbre. Al fin, querer es  ser sujeto de una voluntad que condiciona a la realidad. La conciencia apasionada se apropia de la vida como el agua del campo seco. La irracionalidad halla la fatalidad pasional dentro de la opacidad del carácter. La opacidad es un lugar psíquico para  la universal desmemoria del tiempo.  
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En la catarsis trágica griega, dice el Coro: “Tú eres el héroe de un futuro que yo conozco”. El Coro es la acción en la Historia. Al igual que la historia es la finalidad constitutiva del recitativo coral. Al héroe se le advierte de las consecuencias de sus pasiones. El Coro le permite al héroe el conocimiento de su destino, pero en la fuerza inevitable del mito trágico. La libertad del héroe está determinada por las contradicciones se existir en  condicionado por el destino. El destino es lo opuesto a la voluntad liberada. La pasión interviene en el conflicto de necesidad natural y cultura.  Los conflictos de necesidad e Historia son antagónicos. Ellos causan las luchas sociales para dominar el aparato político del Estado que centraliza la sociedad dividida en clases. El Estado nace con la aparición de las clases sociales. El Estado introduce el equilibrio de dominio ante la pasión revolucionaria. El Coro y el Héroe son ciegos y la única luminosidad proviene de la cosa Estado. La cosa Estado carece de conciencia existencial. La acción trágica de los dioses y los héroes transcurre en las luces cegadoras de la experiencia pasional y en las luces grisáceas de la cosa Estado. La luminosidad trágica esculpe rendijas en el mármol sin historia de las propuestas humanas, que rehacen posibilidades objetivas de nuevas relaciones sociales. No basta con la palabra poética para que  haya rendijas proféticas y luces divinas que posibiliten las máscaras de los dioses y de los tiranos. Al final de la vida del héroe se halla en la máscara del tirano. En caso contrario, héroe y tirano serían diferentes: huellas en la historia encenagada de inmoralidad. Lo trágico es contradictorio. Los trabajos del héroe contemplan la máscara del tirano y su muerte sin destino heroico.
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Verse a sí mismo sería hallarse ante un espejo inesperado que refleja el desgaste de la pasión. La pasión no esquiva la experiencia en los espejos ni la máscara. La pasión está caída en la lluvia del tiempo. El coro y el héroe están determinados por la fuerza. Su violencia moral subvierte el orden que se hereda con la sorpresa que oler la basura en los cubos de la historia. La penumbra del saber proviene de la manipulación ideológica. La irracionalidad da una existencia sin conciencia, De la conciencia irracional agostada, sólo quedan los ojos sorpresivos de la muerte. El saber queda en el habitante de los sueños heroicos. El símbolo de la experiencia final  heroica sería el valor activo contra lo reactivo de la conciencia falseada.
 El héroe pasional llega a la vida, con clara afirmación de los actos, con una voluntad que quiere la celebración de la transformación de la realidad por la heroicidad. Como si El Coro y el destino existieran antes que la propuesta emocional de “Haber vivido”. La frustración pasional se da cuando alguien sabe que ya ha vivido. Cuando un ser carece de futuro, está fuera  de la vida que ya ha vivido. Se pierde en la desmemoria de su historia. Siente su tiempo en el juego de verse para no ser visto. La vida pasional no niega el porvenir de una actividad práctica humana para la movilidad de las estructuras sociales.
4 Malraux: Los Conquistadores.
El escritor estaba en una fotografía en blanco y negro, pues ya fue un hombre mayor. Está muerto. La caída del cabello abre la frente abombada, larga y descubierta. Debía tener más sesenta años. Sus facciones son las de un habitante del siglo XX ya bastante desengañado de la pasión por la liberación del hombre. Las ojeras se descuelgan rugosas hasta las mejillas. La nariz triangula por los pliegues del labio superior. La boca fue de labios finos y apretados. El dedo índice de la mano derecha se apoya, en un gesto aniñado, en el labio inferior. La mano lo protegía de la celebridad. La corbata de un negro de luto se anudaba bajo la sotabarba del cuello grueso. Su mirada era inteligente y extremadamente precavida ante de vivir al límite del escepticismo. Una mirada que se propuso comprender la revolución de las masas sociales oprimidas en el siglo XX. Estar en los conflictos de la historia por el entrever y el entender de los actos del naufragio humano, con la perspectiva del actor que mira al destino político  de su tiempo afrontándolo para ser héroe y espectador intelectual.
André Malraux (1901-1976), novelista, aventurero y político. Proviene de la cultura francesa revolucionaria del siglo XIX y del positivismo de la literatura de los hechos como constitutivos de una realidad concreta y antagónica. Representativo activo de la cultura francesa de la mitad del siglo XX. Cuando nació André Malraux, su padre, Fernand, agente de bolsa, abandonó a su familia y luego se suicidó. La muerte del pare marca una larga orfandad. Tanto los personajes como los paisajes expresan el escepticismo ante la condición de la tragedia humana.
Escribe los Conquistadores (1923). Una novela corta donde narra la pasión revolucionaria del ciclo de la I República China. Malraux  muestra la acción política de los conquistadores de masas, que quieren cambiar la falta de voluntad política de un pueblo siempre sometido a las dinastías imperiales. Millones de hombres que despiertan políticamente para llegar a desarrollar una conciencia social fuera de ellos mismos. Se enfrentan los más pobres, estudiantes, vagabundos, culíes,  a los restos militares de la dinastía manchú y a las fuerzas militares-económicas coloniales importadoras de productos de consumo y exportadoras de sobrantes  económicos de la sociedad industrial. La internacional revolucionaria organiza la huelga del Hong Kong en la en la doble contradicción de dominio de la burguesía china exportadora-importadora, las fuerzas políticas y militares, y los huelguistas. La lucha se centra en una  reorganización republicana de China desde la izquierda o desde la derecha nacionalista burguesa.
Para Malraux, la lucha política en China  se vuelve la pasión absoluta de un  europeo contrario al colonialismo. Malraux se integra en una minoría de revolucionarios chinos y europeos en las vicisitudes de la I república China nacionalista de Sun Yat Sen.
El personaje nuclear de la I República china nacionalista fue Sun Yat-sen (1866- 1925). Fue fundador de la República de China. Convirtió la fuerza social en fuerza política organizada en partido que derrocó la dinastía Quing. Fue el  primer presidente provisional de la República de China fundada en 1912 y más tarde fundador del partido nacionalista Kuomintang (KMT) y también en su primer líder. El Kuomintang se atrajo a los obreros, estudiantes y la pequeña burguesía comercial, y a grandes comerciantes chinos del Sudeste Asiático que aportaron capital para dotar de armamento y organización al futuro ejército nacionalista.
 Sun Yat Sen alternó la lucha directa en China con el  exilio forzado. Una lucha constante y frecuente de intrigas, confabulaciones, conjuras y connivencias en el  exilio.
 En 1911, una  fracción del ejército se sublevó, junto a masas de obreros y estudiantes, y se apoderó del arsenal  y las sublevaciones locales se multiplicaron  en todo el territorio. En 1912 Shangai caía en poder de los rebeldes  mientras Cantón se unió a la rebelión. Sun Yat Sen se convierte en presidente de la república y se instala en Nankin .
Tras el éxito de la revolución, de la recién fundada República de China  dirigió los sucesivos gobiernos revolucionarios en desafío a los señores de la guerra, que controlaban el norte de China. Sun Yat Sen vivió los ideales de su filosofía política de Tres Principios del Pueblo: el nacionalismo, la democracia y la vida del pueblo.
Cuando la asamblea constituyente de Nankin, reunida en Nankín en 1913, votó la destitución  del mariscal del ejército manchú Yuan –Tché- Kai, éste emprendió una ofensiva militar y se apoderó de Nankín. Sun Yat Sen tuvo que huir y desterrarse. 
Los Conquistadores de Malraux habrán de enfrentarse a la derrota militar ante el general Yuan, el colonialismo Europeo y la burguesía china conservadora. El argumento de la novela versa sobre la estrategia y la acción pasional del anarquismo y la estrategia de la generación leninista: la revoluciones burguesa y comunista sucesivas para la conquista del Estado y la organización  política activa de las masas campesinas asiáticas.

lunes, 16 de julio de 2012

El individuo Aislado y el individuo Coral.



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El individuo Coral pertenece a una sociedad integrada en su funcionamiento y desarrollo colectivos. No hay en ella fisuras para que el individuo caiga por ellas al aislamiento de animal ubicado en la muerte.
El individuo aislado pertenece a una sociedad antagónica de compradores y vendedores de fuerzas de trabajo. El individuo está aislado y solamente lo une a la sociedad su capacidad de resistir a la soledad económica a la que está sometido por un mercando anónimo competitivo. Todo está lleno de grietas por las caen los individuos a la marginalidad,  que se ubica en las franjas de la pobreza impuesta  por los antagonismos de clases sociales.
2  
El nivel más profundo y dominante de la realidad concreta del sistema capitalista está oculto y además invertido con respecto a la realidad. La realidad desparece bajo la forma de la práctica alienante de las relaciones capitalistas de producción. En la práctica, las relaciones capitalistas de producción aparecen ocultas como si el dinero tuviera la propiedad de incrementarse a sí mismo. Esta propiedad procreativa del dinero encubre la realidad de un hombre cosificado, convertido en cosa por un mercado competitivo. Su cualidad esencial de ser el sujeto colectivo productor de  riqueza material, se somete a la de ser sujeto de explotación económica de clase. Las relaciones capitalistas de producción están cosificadas, materializas e invertidas. El dinero sustituye al hombre y lo convierte en una cosa de mercado. El hombre trascendente se convierte en una cosa de precio y mercado.
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Las relaciones de producción primitivas han evolucionado de las sociedades de parentesco, y trabajo asociativo, a  agrupaciones  precapitalistas, de capitalismo competitivo y a las relaciones monopolistas de producción. Del sujeto coral de la sociedad de parentesco, que poseían la tierra por pertenecer a la comunidad superior distribuidora de bienes de uso y no de propiedad, al sujeto  monopolista. Donde la tierra de uso de los individuos y de propiedad de la comunidad a los bienes de producción, capital, y dinero privados de una minoría. El individuo aislado está desprovisto de existencia propia  y es dependiente del salario del capital monopolista. Es un individuo desnudo que vende su tiempo existencial en fuerza de trabajo pagada en salario y otra parte existencial no retribuida que cubre las ganancias ajenas de quien compra su trabajo. Una parte de su existencia la cede laboralmente gratis como parte de la ganancia de clase. La infraestructura económica precapitalista, ya no es una sociedad primitiva de linaje, pero sí está bajo el nivel de producción material determinado por la superestructura política y religiosa. A través de la ideología política, religiosa, la superestructura da consentimiento a la explotación por el trabajo del ser desposeído. No hay un hombre convertido en una cosa, sino un hombre que vive un mundo que se oculta, imaginario por el reflejo alucinado de la miseria. El mundo imaginario, pegajoso y húmedo, abandono del hombre a la fatalidad del destino, opuesto a sus intereses por la coerción de la violencia y la justificación opresiva de estamentos, y castas económicas y militares.  Hay un orden rígido de la ideología religiosa precapitalista que impregna de pasividad la actividad política de los grupos sociales sometidos. Hay un orden laico extremadamente  cubierto de fines Estatales,  respaldados por el derecho, en la sociedad monopolista
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En el capitalismo monopolista el nivel rígido de la ideología religiosa se transforma en subalterno de la economía. El nivel ideológico predominante pasa a la ideología económica. Los hombres toman conciencia de su existencia en la práctica económica. Los términos contractuales de compra y venta, de relaciones de deudores y acreedores monetarios, la conversión del dinero en un bien escaso en el que se estipulan los ingresos, por el Estado y las empresas, entregan al hombre a la dicotomía de la voluntad sometida al poder económico y la dependencia del que compra el valor de uso de la mercancía trabajo.
Esta ideología práctica convierte al individuo en un factor de la producción, y por tanto en una mercancía con precio salarial, y lo separa de la propiedad de los factores de producción y de bienes inmediatos de consumo. Es un ser aislado de los medios reales que posibilitan su existencia. Este ser aislado carece de respuesta a la satisfacción de sus necesidades si deja de trabajar, obligado por la falta de  compra de las fracciones temporales activas de su existencia. Igual que un vehículo que está parado. Queda fuera del mercado de compra de cantidades de trabajo por el precio de salario. Está enladrillado en los ingresos de subsistencia. Ya no es salario de productor- mercancía ni consumidor-mercancía por el cabio de salarios. Las relaciones de producción y consumo de los grupos sociales se convierten en relaciones de mercado de compradores con ingresos monetarios solventes. La necesidad solvente sustituye a la necesidad social. Los compradores de fuerza de trabajo contractual exigen un nivel alto de desempleo para ajustar el coste variable del proceso de producción. La fuerza de trabajo segrega ganancias industriales, comerciales, bancaria y de rentas, que debe aumentar la inversión productiva en salarios  para llegar a un nivel creciente y acumulativo de valorización del capital.
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 El gran gusano de seda de las fuerzas de trabajo pone huevos de oro-dinero. El capitalismo monopolista  convierte al individuo en una pieza ocasional del sistema de producción y consumo. Este individuo dependiente existe,  perteneciendo al engranaje de la producción y el consumo cíclico de las crisis coyunturales y las crisis orgánicas de larga duración, que implican un cambio de las estructuras económicas e ideológicas. El individuo dependiente no está ligado a ninguna comunidad superior, que le asigne el control de la riqueza material ni cultural. Es un individuo dependiente y solitario y como diría Herman Hesse, un individuo estepario. Sólo posee su capacidad potencial de trabajo y su voluntad exasperada de penetrar en la malla del mercado económico hasta llegar al salario de supervivencia. La urdimbre de la malla monopolista lo envuelve y lo  expulsa al límite regresivo de la inactividad económica. Este límite regresivo es equivalente a la pieza de la máquina de producción sin uso y desgastada por la obsolescencia. La edad del individuo obsoleto y desgastado se correlaciona con el nivel de productividad media del proceso de trabajo de la empresa monopolista. En la empresa del capitalismo competitivo la productividad económica baja exige la prolongación de la vida activa del trabajador. Es más barato mantener a diez trabajadores de salarios bajos que invertir un capital superior a los diez trabajadores. Diez trabajadores en un proceso de trabajo simple obtienen una tasa mayor de valor-ganancia que un trabajador en un proceso de alta composición de capital fijo y una composición media de capital variable. La máquina sustituye al individuo por su alta productividad en un mercado laboral incesantemente barato y expansivo. El sueño del capitalista monopolista sería el de una máquina de productividad global en un mercado de abundante mano de obra barata. Así la fuerza de trabajo caería en la improductividad de las masas marginales de pobres. Una alta productividad tecnológica reduce la vida activa del individuo y le impone caídas de salarios y bajas ayudas económicas a los individuos desgajados por el paro de la inactividad de producción. Estos individuos se agregan en masas sociales marginadas de escasa longevidad. La carencia natural precapitalista era carencia de bienes de consumo. La carencia monopolista es de baja rentabilidad. De escasa demanda y realización del valor-ganancia por la baja distribución de los ingresos del trabajo con respecto a las ganancias. La marginación del capitalismo monopolista con respecto a la fuerza de trabajo desocupada es más destructiva que las leyes naturales de supervivencia en los modos de producción precapitalistas de baja productividad. Si no hay modo de producción que reproduzca a la sociedad desde la fuerza de trabajo, no existe grupo de rango superior que se asegure las condiciones de permanencia de sus intereses económicos e ideológicos. El individuo estepario está integrado en las masas marginales que habitan en la provisionalidad de los trabajos y en los suburbios de las grandes urbes del siglo XXI. Fuera del sistema esperan la esperanza de los desesperados. 

viernes, 29 de junio de 2012

LA EXISTENCIA ESTÁ ENGASTADA EN EL TIEMPO.


Un anillo de tiempo por donde entran el calor de la emoción  y la suave inclinación al silencio.
La emoción del futuro se engasta con las flores que miran por la ventana. Hay un paréntesis que cabecea  en la mirada y en  el olor de la flor.
Es verdad. Estamos hechos de tiempo, pero de un tiempo de celebración a la espera del amor y al olvido conciliador.
No nos juntamos en los caminos, ni en las acequias de aguas tranquilas. Tal vez ya no esperamos en el sonido del agua  a los pájaros que llegan por el amanecer.   
No hay pan para los pobres ni para los echados en el sueño de la calle vigilada y sola.
Se sueña con jardines y rumores de álamos. Esos álamos que susurran húmedos escondites de pereza y laxitud. Sus hojas llaman desde arriba. Arriba, en ese cielo azul profundo de los cuadros de Chagall, que advierten de la presencia y la ausencia del misterio desconocido.  
Unas hojas desprendidas de las altas copas de los álamos traen  significados sonoros de  un Dios oculto en el flujo del agua y en el olor de la espera de Alguien, que ha de llegar para murmurarnos coplas de la aventura del destino. Ese Alguien que testimonie que al fondo de los caminos otoñales  están las manos del agua y el zureo de la paloma.
Es verdad. No podemos llegar más allá del tiempo. No acogemos al flujo del agua del río. Diría que estamos desasidos del tiempo del agua y del tiempo de viento. Pero estamos engarzados a la aventura de trascender con el sueño,  la dura advertencia de que el hombre para ser ha de encontrar la piedra del saber y la estancia del amor.  
El hombre es un ser que ríe mientras  mira la mano que lo sujeta  y lo hace bailar entre las ráfagas del viento. La mano decisiva que se termina perdiendo para que sepamos aguardar la gran espera  de la mano mutua colectiva.
De la mano de viento de la madre a la mano del humanismo de la igualdad.

jueves, 14 de junio de 2012

Excedente económico y relaciones de dominio.


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El excedente económico es la diferencia entre la producción actual y el consumo actual. Esta diferencia excedentaria marca la aparición de las sociedades de clases. El excedente  económico varía con la productividad,  el crecimiento del consumo material productivo, el consumo individual y la variabilidad de la población activa aplicada a la producción y la población inactiva consumidora de excedente. El excedente económico es una categoría económica sin la cual no se puede teorizar sobre las realidades sociales económicas, políticas e ideológicas. El excedente económico da origen a la sociedad política y a la sociedad ideológica. A la vez que se origina el excedente económico, se da la sociedad política jerarquizada y la ideología de disimulo y justificación de la explotación de los portadores de fuerza de trabajo, formativa del excedente. Para el capitalismo senil la sociedad política está formada de gobernantes y gobernados en el ámbito político, y de vendedores y compradores de mercancías y salarios en el ámbito económico. Los flujos económicos establecen relaciones de dominio jerarquizado. Lo económico se corresponde con lo político. Se imbrican los hechos económicos y los políticos. Al hecho del excedente y su acumulación para reproducción económica, hay que añadir la reproducción de las relaciones sociales. La sociedad se unifica en la reproducción del excedente económico y de las relaciones de dominio político e ideológico. Del excedente se detraen las ganancias de las unidades de producción industrial, comercial y financiera. Además del consumo contributivo que sostiene la viabilidad del Estado. Hay una ley de correspondencia de los hechos económicos y no económicos. Todo hecho económico está sobredeterminado por las estructuras políticas e ideológicas. El capitalismo se adhiere a la producción material y la reproducción de las relaciones de clases. Se apodera de los flujos de riqueza excedentaria que propician los flujos de poder político e ideológico. Los flujos de riqueza y poder político  se contraen y expanden tanto por las condiciones de la reproducción económica como por la reproducción de las estructuras políticas e ideológicas. Éstas consumen cantidades de excedente económico como estabilizadores del orden social desigual. Las contracciones económicas significan estancamiento de los flujos de producción y de consumo productivos, que establecen bajos excedentes económicos y por tanto relaciones sociales de subdesarrollo. Las expansiones de los flujos de producción fijan alto excedente económico y relaciones sociales de bienestar social. Tanto las contracciones y las expansiones de flujos económicos establecen simetrías de flujos de relaciones sociales. La escasez de excedente económico se traduce en represión de necesidades colectivas. La contradicción entre escasez y necesidad se vuelve violenta por las fuerzas centralizadas del Estado. El crecimiento de los excedentes económicos en la Europa de postguerra ha permitido la subida suave de los salarios y la cresta alcista de las ganancias y de los gastos estatales. Las expansiones de los flujos del excedente económico irreal ocasionan créditos financieros de endeudamiento financiero a las unidades de producción, unidades familiares e instituciones del Estado. Los consumos de excedentes exteriores favorecen el endeudamiento internacional.  Las contracciones de los flujos de excedente interno provocan el endeudamiento de las unidades de producción, unidades familiares e instituciones del Estado. El excedente económico interno es una  variable de la productividad de la inversión y del consumo productivos internos. El consumo de excedentes externos varía con la masa de dinero que se posiciona sobre el endeudamiento internacional del Estado,  unidades empresariales  y unidades familiares. Entonces no hay economía real, sino economía de producción de excedentes de endeudamiento a tipos de interés crecientes. Los flujos de endeudamiento límite reducen el consumo de las unidades empresariales, familiares y los gastos estatales por mantener flujos económicos y sociales de  rendimientos decrecientes a costes crecientes. Las masas monetarias que representan el endeudamiento, hambrientas de interés acumulativo, arrasan el excedente interno y de ahí las relaciones sociales de crecimiento de la pobreza social y la riqueza minoritaria. La eficiencia de la ideología, con caída del excedente interno y el aumento del endeudamiento, se funda en el ocultamiento de la realidad social  por su representación simbólica. La ideología disimula la realidad con el metalenguaje: la deriva del lenguaje real sobre el lenguaje imaginario. Simbología y alegoría justifican la opresión desde la perspectiva ocultista  tanto  de la clase dominante como de la clase dominada El metalenguaje hace que los intereses materiales y culturales de las clases dominantes sean a la vez los intereses enajenados de las clases dominadas.
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Dominantes y dominados, dirigentes y dirigidos actúan en las relaciones sociales de dominio económico e ideológico. Se especializa el poder del disimulo y la justificación para penetrar en la conciencia individual fanatizada por la resignación. El fanatismo del metalenguaje motiva la mitología  de la falsedad y la banalidad de las propuestas progresivas de la voluntad no egoísta. El imperativo de la ceguedad ante la realidad se asienta en una voluntad obediente al mandato irracional de la culpa del sometido económico y  tributario político.
Los grupos dirigentes requieren de la obediencia como automatismo que debe producirse sin tener que recurrir a la violencia física, económica y legal. La ideología opera incesantemente en la vida social bajo la condición imperativa de la justificación imperativa de hechos sin relaciones oclusivas del poder político.  La obediencia  se obtiene sin exigirla. Los mecanismos psíquicos actúan en el interior de la conciencia como freno a la desobediencia. Los dirigentes actúan con la intencionalidad de que un mandato se cumpla por la adhesión incondicional del dirigido. Una cuestión decisiva es determinar los límites económicos e ideológicos de la duración del período de obediencia incondicional. ¿En qué momento la obediencia incondicional comienza a tener rendimientos decrecientes? Esta relación de rendimientos decrecientes y costes crecientes opera tanto en los niveles económicos como en los niveles ideológicos. La duración de la obediencia incondicional es un límite  operacional de las variables que provocan los rendimientos decrecientes a costes crecientes. La incondicionalidad de un acto también es económica. Se diría que la clase dirigente acumula desobediencia creciente y adhesiones decrecientes. Los límites de la obediencia no son intencionales. La función de rendimientos decrecientes y costes crecientes no es intencional.
El decrecimiento de la obediencia es insolidaria al concepto ingenuo  de la transmisión generacional de la cultura. El “Hoy” no está en el “Ayer”. Los elementos sociológicos del presente se desajustan del pretérito. De ahí que las condiciones intencionales y no intencionales se entremezclen para reproducir una sociedad con  reglas de desarrollo fuera de la experiencia acumulativa del pasado histórico.   
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La relación de dominantes y dominados se establece sobre la base legal de la propiedad de los medios de producción de la riqueza material y humana y la distribución del excedente económico a través de las funciones de dominio y sumisión política y económica. La sociedad a la vez que se reproduce económicamente se reproduce ideológicamente. El hombre produce sus condiciones objetivas de existencia tanto las materiales como las culturales. La reproducción social de la cultura abre y cierra la sumisión. Hay que reproducir lo material y las relaciones culturales que lo mantienen, pero el individuo  no es un Sísifo que confirme su destino como una fatalidad impuesta `por los dioses. Sísifo, al que Zeus condenó al Tártaro, estaba obligado a llevar eternamente a la cima de una colina una piedra, que siempre caía rodando y, por tanto, su esfuerzo inútil debía recomenzar. La ruptura de una culpa proviene del saber racional del origen de la misma. El origen de la culpa inconsciente viene impuesto por un acto de dominio y sumisión. El dominio de la causa punitiva y la sumisión racional para sobrevivir. Todo ser vivo quiere permanecer vivo sea cual fuera la  sumisión a la jerarquía social que lo domina.  
Es esencial para que haya dominantes y dominados, que los dominados generen el excedente económico que habrá de sostener la existencia de los dominantes y sus intereses. Entonces el excedente económico está en razón inversa a las necesidades de los dominados y en razón directa a las necesidades de dominantes. A los rendimientos decrecientes de los dominados le corresponden los costes crecientes de los dominantes. La ley del excedente económico es histórica. Está impuesta por las relaciones de de producción. No puede haber jerarquía de dominio sin que haya un excedente económico producido por los dominados.
Al crecer el excedente económico crece la complejidad de las relaciones de dominio. La sociedad precapitalista genera un excedente y unas relaciones de dominio simples con respecto a las relaciones complejas de dominio del  capitalismo senil.