jueves, 18 de julio de 2013

El humo en la colmena.


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Valga la fábula para explicar la situación económica y social: el humo en la colmena permite que el colmenero robe la mies de las abejas obreras. No es esto, un accidente, sino un hecho premeditado. Los dioses de humo se inventaron, y las corporaciones sacerdotales seculares y seglares, para extraer, por coacción mágica y violenta, los excedentes económicos de productores primarios de alimentos, las abejas obreras. El humo de la ideología actúa eficazmente en el desplazamiento de la riqueza de los productores a los poseedores. De las abejas al colmenero. Una vieja fábula de la formación de riqueza y poder desde la civilización egipcia, babilónica e india. Los grandes ríos de la civilización el Nilo, el Éufrates, el Tigris y el Indo fueron las grandes colmenas neolíticas para la formación de una sociedad de sometidos productores y el dios-divinizado de las dinastías de emperadores, que terminaron por dejar de representar a dios y convertirse ellos mismos en dioses. El dios-rey se come los excedentes económicos.  El soporte político de estos dioses-Estado fue la magia, el ejército militar y los sacerdotes burócratas. Todos se convirtieron en una casta que poseía la ley, la riqueza y el poder. El tiempo de la historia no ha borrado la sustancia de este dominio que se transfiera únicamente metamorfoseado a las diferentes configuraciones de Estados.
Los hombres viven y mueren sometidos a los preceptos del miedo y del trabajo. En la sociedad actual el miedo a la inseguridad económica es un componente fundamental de sometimiento. Los jóvenes que se echan al suelo para limosnear o emigran representan nítidamente este sometimiento de fatalidad, que escapa a cualquier solución racional que pase por la humanización  de la inseguridad. La vida entra en el infierno cuando vivir es depender de los plazos de los acreedores usureros y de los empleadores de trabajo por debajo del mínimo vital. La fantasmagoría de un mundo poblado de ricos arcádicos y castas burócratas y políticas.   
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Un hombre en crisis pierde las relaciones reales que reproducen su vida. Está dentro de una realidad que lo niega. Espera y lucha en su inseguridad   para  que el mundo cambie, pero los cambios sociales y personales no pueden depender de relaciones imaginarias, sino reacciones de transformación. La magia no produce hombres libres ni trabajadores. El hombre es una variable real en  el esfuerzo colectivo, que mueve una palanca, que apoyada en la seguridad, levante el mundo.  La ideología sucia de la manipulación no debe invadir el análisis científico de las contradicciones de realidad humana, en su lucha contra la inhumanidad. El hombre es en cuanto su ser total está integrado en la unidad viviente de la naturaleza y la sociedad. La naturaleza lo ata a la necesidad de sobrevivir a la carencia  de los recursos reales escasos y a la carencia artificial de la sobreabundancia de riqueza acumulada en minorías de dominio y esterilidad. El instinto esencial del hombres es el de permanecer vivo. Todo ser vivo quiere permanecer vivo. Ni la ignorancia ni la superstición facilitan la vida, sino que la hunden en la extrema servidumbre. Una sociedad cae en la servidumbre cuando se vuelve fatalismo de terror. Un terror constituido por poder de la apropiación de la producción de la riqueza social  y al hombre mismo. La guerra y el hambre hicieron que el hombre pudiera ser domesticado. Llegó la época de los esclavos y de los siervos. El gran telón de la historia se descorre y aparecen los hombres divididos en ricos y pobres, señores y siervos, dioses-reyes y servidores sacerdotales.
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El hombre tiene que producir su vida natural y cultural  y reproducir su especie. Un ser que hace de su vida un viaje por la supervivencia debe enfrentarse a la escasez artificial que originan los apropiadores de mercancías y de las ganancias que se apropian los que viven del trabajo ajeno. El recuerdo de historia es la huella de los nombres de los apropiadores  en mármol y en las pirámides de oro de los se constituyeron en casta de dominio.
El hombre a la vez que es naturaleza tiene que ser productor de sí mismo. Pero producir para vivir es vivir en sociedad. El hombre no es un animal que se encierre en su estado natural, sino que sale de sí mismo para construir sus relaciones económicas. Corre un gran peligro convertirse en un ser objeto que otro consume.
Es un ser para otro, pero también es un ser que se rebela. Su pasividad se vuelve cambio cualitativo, ya que descubre que hay en él la fuerza imperiosa de la igualdad. Del ser que se resiga al ser que se subleva para modificar las condiciones reales de su sumisión. No hay ningún poder que no genere las contradicciones de su eliminación.
 La crisis social es la posibilidad de superar la contradicción de la fuerza aplicada en servidumbre ante la heroicidad de reacción de la multitud avasallada. La reacción del hombre que mide su talla por su valor. Estar vivo es tener valor para reaccionar. El héroe de nuestro tiempo es la multitud que inunda los mecanismos de la pasividad. Estar vivo es estar frente al peligro de ser domesticado y salir del animal pasivo al hombre de la multitud heroica. Esta es la época de las multitudes heroicas. No le está permitido, al hombre de la multitud heroica, mendigar la picaresca del mendrugo o huir de su compromiso de rebelión en la sociedad en la que ha permanecido sometido. La heroicidad del individuo en la multitud  se encuentra en  su condición de hombre que se hace y no se entalla a la marginalidad del excluido. La multitud heroica es un asidero de defensa contra la exclusión de los menos sobre los más. Agarrar la vida es agarrar el destino del hombre que se humaniza por su rebelión. Un hombre abandonado a la maldición de la inseguridad del  hambre y las deudas, ya reúne las  repuestas heroicas a la negación de su vida. No se le puede condenar a integrarse en las zonas marginales de la sumisión existencial. La libertad es un acto universal de negación de la falta de liberta e igualdad económica. El individuo no es responsable de sus crisis. Está proviene de la deficiencias económicas y culturales de una organización de dominio que divide a los hombres en clases de pobres y ricos, de vendedores y compradores de trabajo, de explotadores y explotados. La infinita inocencia y dependencia del ser humano lo vuelve infinitamente acreedor de su rebelión. Decirle al hombre que se busque la vida en la jungla del dominio, que lo extraña de su ser,  implica entregarlo a la negación de su vida natural y social.  
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Millones de hombres durante el siglo XIX, XX y XXI huyeron y huyen de la pobreza económica. De la carencia  de trabajo, de su exclusión  de la actividad social de producir su vida. Es la negación del hombre por la negación de la ley de salarios de  mercado, que fluctúa sobre la oferta y demanda de manos de obra de las unidades empresariales. Esta ley del salario y el estancamiento económico  ha supuesto que desde 1846  y 1875 emigraran más de nueve millones de individuos europeos principalmente. Emigraron de Europa entre 1900 y 1919 para llegar  Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y Latinoamérica en  un promedio anual  de 1.000.000 y 1.400.000 de europeos occidentales, centrales y Orientales. Unos veinticinco millones.
Las migraciones son indicadores del estancamiento económico de una sociedad sin respuesta de la estructura de producción privada para integran la población activa en la producción industrial, agraria, pesquera y minera. Es el máximo indicado de la economía real es la desocupación de millones de individuos. Atrapados en la escasez de trabajo. La falta de uso de la fuerza productiva humana en la producción. La producción sin consumo.  Se desperdician los recursos humanos y los recursos de los bienes de  producción. La estructura económica se estanca en la decadencia de la superestructura ideológica de una minoría de dominio. Una minoría   incapaz  de invertir los excedentes económicos para obtener ganancias en una sociedad clasista. Su riqueza se dilapida en objetos de lujo y en masas sociales improductivas.
Una minoría dominante entra en declive cuando no aplica la inversión para inyectar a la producción los recursos humanos, los bienes de producción y los bienes de consumo. El estancamiento de recursos marca la decadencia de un sistema de organización en la producción de cosas para satisfacer necesidades colectivas. En capitalismo la inversión se iguala al crecimiento de la a la ganancia empresarial. Pero la ganancia se da en la producción de las mercancías y no en la circulación del dinero. La ganancia se da por el valor de uso y de cambio del productor humano. El desempleo origina bajada de las ganancias y su falta de realización monetaria en la circulación. La negación de la producción de ganancias es el subconsumo de las masas de asalariados.
 Una generación de dominantes se acerca a su ocaso cuando es incapaz de utilizar la riqueza que posee jurídicamente como medio de inversión de recursos materiales y trabajadores.
 Esconder el oro en ánforas o en paraísos fiscales  demuestra el fracaso de la clase dirigente económica e ideológica. Las posibilidades de trabajo para millones de hombres, que huyen de la miseria por la emigración, ya no pueden darse actualmente como una solución real de la crisis. La  época  de los continentes vacíos de trabajadores acabó a principios del siglo XX. Las crisis económicas actuales de subconsumo y estancamiento de recursos  son similares en todas las regiones capitalistas desarrolladas. El decrecimiento de puestos de trabajo, que genera la insuficiencia de inversión capitalista, es global. La ratonera del desempleo masivo tiene unas características comunes en la baja productividad por el trabajo colectivo y en subconsumo que no absorbe la producción con precios de venta crecientes y salarios  monopolistas.

La colmena está llena de humo y las abejas, en multitud heroica, se arrojan sobre el colmenero. 

jueves, 6 de junio de 2013

Picasso, las circunstancias a una obra: Pobres en la orilla del mar.


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En el cuadro  el eje del horizonte es muy alto. Como si este eje fuese una reja que enclaustrase a los personajes en la orilla. El plano del mar cae formando ligeras ondulaciones del agua. Los tres personajes están dentro de un ángulo agudo que los expone violentamente a la mirada del espectador. La mujer está ensimismada, los ojos cerrados, la cabeza agachada. El manto que la envuelve, hasta más debajo de la cintura, recorta el rostro de su ser durmiente. El vestido largo cae hasta los pies. Las arrugas del vestido forman pliegues rígidos como los de las esculturas clásicas griegas y romanas. Podría ser que las diosas griegas hayan caído en la postración de las mujeres pobres de comienzos del siglo XX. El cuerpo que se oculta explica el frío de una tarde invierno a la orilla del mar. El hombre a pesar de la tristeza es aún joven. También inclina la cabeza. Su barba le cubre las mejillas. El pelo de la cabeza le cae en la frente. La frente, el arco de la las cejas, la nariz delgada y fina, la piel clara, le dan el aspecto de un hombre fuerte, pero carente de salida convivencial. El hombro del brazo encogido y levantado, el brazo recorre el pecho y encoge el antebrazo y mano detrás del brazo izquierdo. Una línea curva desnivela la balanza de su espalda. El brazo derecho es fuerte. Desde los antebrazos entrelazados arranca la visión escultural del cuerpo. Para el espectador es inevitable rememorar la escultura renacentista de Miguel Ángel. El niño, al lado del hombre, parece decir. Su mano derecha se apoya en la cadera del hombre. La mano izquierda explica. Las manos están abiertas. Los dedos delgados y delicados. La cabeza en extremo moldeada enseña su perfil. Un manto apretado al cuerpo y los pantalones lo defienden de la humedad y el frío. Los tres, la mujer, el hombre y el niño, se han detenido en la arena de una mar que los detiene. Angustiados parecen haber encontrado el límite para su caminar. Lo pies grandes, y en extremo los dedos fuertes, se asientan en la arena con la energía vital de que todo ser vivo quiere permanecer vivo. Estos seres están en un mundo trascendente. En la medida, que su angustia delata la inhumanidad social y el sinsentido del mundo que lo ha llevado a la orilla desnuda de un mar sin solución a sus desgracias. Picasso lleva a la pobreza a la línea última de la angustia psíquica y de escasez de la naturaleza. Es como si este grupo no pudiera volver hacia atrás. Está varado. Al igual que las barcas de madera de los viejos pescadores del mar Mediterráneo. Lo sociedad puede haberse varado en la pobreza. No hay caminos, aberturas, que se abran al futuro. El ser que está en la historia consume su futuro en el presente. El ser del hombre no fluye en el tiempo de la historia. Solo el tiempo circular de la necesidad de  no querer permanecer varado. La fuerza de la voluntad inerte contra la desesperanza. Desesperar es perder toda esperanza. El ser espera, aunque esté varado. La angustia es un salto cualitativo a una nueva situación. La desesperanza no resuelve el conflicto de la contradicción de la existencia y la necesidad. La desesperanza es dura como un metal. Podría ser también   una rama seca que se desgaja del viejo árbol de la vida. Los personajes del período pictórico azul picassiano están pintados desesperadamente esperando la resurrección. La angustia que esperan debería desaparecer al igual que la nubecilla en el viento que proviene de la tormenta. La metáfora que une los dos término de angustia y nubecillas en el viento habría haber podido ser una oración poética a desesperanza en un tiempo que espera materializar la liberación del individuo sometido. El soplo vital de la  poesía no es función de la desesperanza. Incluso, el personaje picassiano “del viejo guitarrista ciego toca la guitarra” lo hace  ante el estertor de la temporalidad de su existencia tiempo. De la Nada de su tiempo humano.
El período azul picassiano se da 1901 y 1904. En política internacional la formación de bloques de naciones militarizadas que van a llevar a la guerra a la población. Es la paz arma europea de preguerra mundial. La crisis de ciclo económico del periodo 1870-1912, a través de ciclos económicos decenales de auges y depresiones, enfrenta las intervenciones del Estado en provecho del monopolio capitalista y la transformación de los sindicatos de obreros en partidos políticos mediante el acceso de la clase media y obrera al censo electoral. En una época de gran optimismo sobre la gestión de la empresa capitalista, las quiebras de empresas adquirían significación nacional de crisis total. Al final, la insuficiencia de capital y la corrupción económica cerraban los  proyectos económicos de inversión y enriquecimientos urgentes. 
Un paradigma de la situación de quiebra empresaria e inversores arruinados fue el de La Compañía del Canal de Panamá. Cuando se declaró en quiebra en diciembre de 1888 y entró en liquidación en febrero de 1889.
El hecho se vio como el escándalo del Canal de Panamá, después circularon rumores de que los políticos y los periodistas franceses habían recibido sobornos. En 1892 se descubrió que 150 diputados franceses habían sido sobornados para que votaran por la concesión de ayuda financiera a la Compañía del Canal de Panamá. Miles de inversionistas perdieron sus inversiones. Después de ser indultado por los tribunales de justicia  Lesseps fue condenado a pagar una multa y cumplir una pena de prisión, pero esta última fue anulada por el Tribunal de Casación con el argumento de que había pasado más de tres años desde que se cometió el delito. Finalmente, en 1904, los Estados Unidos compraron los activos de la Sociedad y se reanuda el trabajo en virtud de un plan revisado. La sociedad francesa durante varias décadas quedó conmocionada por el acontecimiento. A la crisis económica se unió la crisis política del” Yo acuso” de Zola que enfrentaría a los radicales republicanos y a los conservadores monárquicos y los nacionalista. El caso de espionaje atribuido a un oficial francés de origen judío fue una conspiración xenofóbica de los sectores belicistas del ejército. Además de la III República francesa se enfrentó contra la Iglesia Católica para mantener el laicismo del Estado y  controlar la educación pública fuera del clericalismo católico. Esto causo enormes emociones colectivas de afirmación y rechazo. Se acabó con anulación del concordado y las expulsiones de órdenes religiosas.
El ambiente que rodeaba la producción artística de Picasso estaba extremadamente politizado. Pintó monocromáticamente pinturas en tonos de azul y verde-azul y al igual que Caravaggio, llevó a la expresión artística a personajes marginados, prostitutas, mendigos y borrachos. Su concepción del mundo estaba influenciada por la secular miseria española y por el suicidio de su amigo Carlos Casagemas, que se quitó la vida en el L'Hippodrome Café en París pegándose un tiro en la sien derecha el 17 de febrero de 1901. 
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Picasso pinta en el período azul la miseria social de individuos aprendidos en la tela araña de la carencia elemental y el deteriore físico que crea en la naturaleza humana. Delata la correlación de pobreza y abundancia, el infortunio de los desheredados  y la  fortuna de la burguesía y la aristocracia. La belleza y la fealdad de la época se exaltan en el período azul. 
Por este tiempo narrativo, el novelista Louis Ferdinand Céline  escribió, como introducción a su novela “Viaje al fin de la noche, que  viajar es útil, hace trabajar la imaginación. El resto no es nada más que decepción y fatiga. Nuestro viaje es enteramente imaginario. De ahí su fuerza. Va de la vida a la muerte. Hombres, animales, ciudades y cosas, todo es imaginación. Se trata nada más que de una novela  de una historia ficticia. Littré, que nuca se engaña, lo dice, Y además, todos pueden hacer lo mismo. Basta con cerrar los ojos. Ocurre al otro lado de la vida. Basta con cerrar los ojos para percatarse que estamos dentro de un viaje imaginario, donde hombre y naturaleza son imaginación. Nuestro viaje es enteramente imaginario. Va de la vida a la muerte.”
La actitud nihilista de Céline se corresponde con la actitud ideológica que termina por falsificar la realidad volviéndola irreal. La lleva a la irrealidad, a la historia ficticia de la decepción nihilista, a la pesadilla que ocurre al lado de la vida real. La concepción medieval de la historia se quiere imponer en una sociedad tecnológicamente avanzada. Esta concepción de la historia como decepción y fatiga llevará a los mayores horrores genocidas en la gran guerra de 1914- 1918 y el viaje totalitario a la Segunda Guerra Mundial. 
El nihilismo social utiliza en épocas de crisis social a una concepción filosófica que toma a negación de la vida carece, de su significado objetivo, propósito, o valor intrínseco. El nihilismo se puede considerar crítica social, política y cultural a los valores, costumbres y creencias de una sociedad, en la medida en que la sociedad quiere participar de un sentido de la vida progresivo y feliz por dicha corriente filosófica y su discurso político consevador

lunes, 13 de mayo de 2013

La máscara de yeso y el espejo.


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El individuo es relativo a sus circunstancias. Aquél cuyas circunstancias lo absorben, en la cotidianidad de hacerse así mismo en la inseguridad de carecer, lo vuelven relativo. Es decir, de un tiempo y un lugar concretos. La existencia se hace en las relaciones defensivas contra los dominantes. El individuo no debe esparcir su dignidad en el abandono de la huida, como si ésta fuera la salida de un animal atrapado. Las galerías carcelarias penan la huida del individuo de su condición absoluta, de hombre expuesto a la dignidad del peligro. No es un individuo absoluto, sino mediador del hacer de su existencia. Una existencia que certifica el conocimiento de su destino. El individuo circunstancialmente tensas facciones de su orgullo. El desplante delante de un espejo oval y con una máscara de yeso. La máscara de yeso no es gratuita,  no algo así como un zapato viejo que  se usa o la imaginación mágica de la máscara de oro del déspota Agamenón, el Aqueo.
El espejo oval y el individuo están dentro de la oscuridad de la irracionalidad y del sentimiento, dentro de la alegoría metafísica que augura la historia salvavidas de un destino trascendente. La historia trascendente, un inactual imaginario de penumbra gris, pesadillas, gritos obscenos, puertas caídas y cristales de las ventanas rotas. Entre el espejo y el individuo pudiera haber ratos de desolación, gesticulación sordomuda. El griterío difuso de los discos rayados, las esquilas de los viejos bueyes que cargan con el tiempo pasado, El tiempo que van lamiendo con su lengua áspera el polvo de caminos pegados a los poemas, la poesía de  los caminos de polvo y las alamedas de sucia sangre. Se diría que el paisaje es la intrahistoria de una comunidad devastada por la espada, la liturgia del oro y la palabra musitada que se eleva irreal a la divinidad hueca. La esperanza  sin tiempo se sustenta en el  hacer del hombre al tiempo infernal de los hacedores de muerte. En estas condiciones de abandono, no hay impulso violento que levante la piel de los que se han perdido ni de arañar  el caparazón del indiferente, ni de escupir contra los muros encalados de las premoniciones de muerte. No hay entonces tiempo creativo, porque la  conformidad enraíza ausencias de vida. La ausencia de tiempo está cortada por una serie infinita de momentos instantáneos, donde se percibe la extrema debilidad agonizante de un pájaro, si acaso, las marcas de la tortura, las gomas de las ruedas de los camiones, los raíles del tren. Es un campo de concentración lo que está delante de la imaginación del acto consciente. Los gases tóxicos se mantienen en el agua de las duchas. Se da el instante de la mano del verdugo que abre la llave del gas. La figura que llega del espejo es la del enigma del individuo que se ha escondido por miedo detrás de la máscara de yeso. En él, no habrá una apuesta de permanencia, sino la muerte. Es una apuesta en la eternidad carente de historia. No puede suceder que haya luz. Las huellas de la ignominia  permanecen en la cal húmeda donde las ratas roen cristales de botellas rotas, mezcladas con yeso seco, para evitar que salgan a exterior y muerdan las caras dormidas. Rimbaud escribió un poemario sobre su estancia en el infierno. El infierno está en nosotros. Las grandes multitudes excluidas del siglo XX han estado en el Infierno y salieron de él. En el Infierno griego, los hombres eran sombras de los que habían sido. Jamás escaparían de su estado inexistente. La sustancia del  ser se había escapado como el olor de jazmín. La sustancia del ser es el tiempo. Sin tiempo hay Nada. El gas tóxico fluye hasta el infierno o da su sustancia sombreada a la escritura del pasaje del terror, de hombre sometido al destino del amo. El amo que no deja ninguna página escrita, sino el estigma absoluto de la tortura en la conciencia desgraciada. El llanto oscuro que no se escucha. A veces, en las noches del insomnio largo, llega el llanto del niño torturado. El llanto no define el lugar donde llora el niño. Ese lugar se queda oculto como una quemadura en la conciencia. Nadie verá la quemadura. La vergüenza del individuo maltratado se lleva acaso en la mirada perdida del transeúnte, que pasea las calles de la ciudad. Será ocurrencia que se halle en la mirada del que sufre y en la mirada del que comprende. Los mirlos que llegan por la tarde se detienen en las antenas que comunican al individuo con otra voz desconcertada. La ausencia es la oportunidad de que aparezca el acontecimiento, que determine el grafiti en el muro. Una mancha de color  que emborrone  para que el sinsentido del individuo maltratado aparezca o no. En una situación de final pudiera haber la fuga en un acto radical de dejar el mundo, del que individuo ha sido arrojado para luego ser torturado. La máscara de yeso convierte lo puro en incierto como la repetición múltiple y geométrica del anonimato. Unitaria geometría del desconsuelo, enorme espacio blanco seriado con una aproximación cualitativa que se aproxima al infinito.
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El infinito se expande en los límites del espejo y de la Nada. Nunca se sabrá  si espejo es una categoría histórica de la crueldad o un símbolo que expandió el infierno. La máscara de yeso invita a hablar de seres ocultos que apuestan su riesgo a la  sinceridad. Se enmascaran pudiendo ser en su ocultamiento héroes vencidos. La indefinición es la espera en una esquina de una calle estrecha y larga. La apuesta existencial por un dios enmascara la desdicha del que pregunta, su angustia incesante de querer ser y no ser  en la espera de la salvación pascaliana. La apuesta cínica del privilegio de ganar todo y no perder nada.  La máscara de yeso podría ser el proletario de las minas de diamantes sudafricanas y el guardián que dispara a los huelguistas. Todo confuso. La máscara de yeso en su encubrimiento es una antinomia. En la actualidad, proviene de la falta de verdad que mueve la voluntad del individuo. Pero ciertamente, por historia, a pesar de su ambigüedad, está frente del espejo camusiano que arroja a Calígula a la basurero de la historia. La historia es una penumbra sin sujeto y por tanto la pregunta por la identidad es necesaria.
Aunque la comprensión mental de la realidad implica la angustia y la negación del sentido de la vida, el imperativo moral de averiguar quién está detrás de la máscara implica la sumisión o la revolución sobre el sentido de su vida. En este tiempo presente, los grandes enfrentamientos heroicos se dan entre máscaras de yeso y el lenguaje errático de la rebelión. La solución de la contradicción va desde la máscara de yeso al espejo. Si el individuo rompe el espejo se caería su máscara. Sería la síntesis de ambos. La destrucción de la ideología la encubre la manifiesta ruptura de la máscara de yeso. El espejo sería la ideología y la máscara de yeso, pero también  la posibilidad de la autenticidad humanizada.  La rebelión es un tercer actor, que hace que surja del espejo el significado concreto de la insumisión del esclavo al amo. En la destrucción de la alienación, se muestra el sufrimiento real del hombre.
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La alienación de una máscara es una pieza de cartón, tela y yeso, puesta sobre la cara para ocultar o protegerse de algo.  Sirve para protegerse de un peligro conocido, algo que está fuera y que no capta el espejo. El individuo que está arrojado al mundo necesariamente debe cubrirse con su máscara por el peligro que lo guarda en forma de algo que habrá de suceder y él ignora. Debería saltar contra el espejo y atravesarlo en una actitud que rehúya la unión del ser del hombre con el ser del mito.  Si el mito de la cultura habría de tapar la desnudez de la contradicción del individuo y la cultura, la máscara de yeso ya habrá sido el espejo en una relación social de necesidad y alienación mitológica. Si hay un acaso sería  que la libertad del individuo fuese la máscara de yeso y el espejo que se reflejan mutuamente. Tiene que haber un asalto de la máscara sobre el espejo. Del individuo contra su alienación, de su separación de sí mismo, del ser imaginario que se refleja en el espejo. La ruptura de su alienación debería servir para alcanzar las contradicciones reales que lo sujetan a su máscara y a su imagen en el espejo. Es decir, tendría que hacer su historia económica para alcanzar la producción real de su existencia. El ser real es un ser sin espejos que confirmen su alienación. La simbología del espejo describe los límites de su alienación, que son límites de su realidad. El individuo se enmascara al no reconocer la alienación como efecto de su contradicción real de existencia y cultura. El individuo se quita la máscara y se halla en medio de la autenticidad. Pero a la vez, adquiere su propia responsabilidad de existir sin la mitología alienante del espejo. El peligro no se da en la desnudez, sino en la máscara que espera el ilusionismo irreal del espejo. El individuo sin máscara tiene que producir las condiciones de su existencia, aunque en ella se dé el peligro  de la recaída en la inautenticidad. El ser autentico se lame las heridas de su realidad y no las proyecta en forma de mito ideológico en la reflexión del espejo de la Nada. Tener una existencia propia es saber producirse como realidad. El trabajo del individuo es superar el laberinto de ratón de su situación material y de la necesidad carente, que le origina las dudas del sentido de su existencia. Debe producir su existencia para estar vivo. Vivir es ser capaz de producir tu vida. Ser una producción de bienes que crezcan en un excedente económico social. Una proporción mayor que el propio consumo inmediato. El ser sin máscara es generoso con el esfuerzo de su trabajo realizado. Producir más, con la misma cantidad de trabajo, en el mismo tiempo, en un nivel específico de la situación tecnológica. De esta manera, el individuo se une la técnica y a la productividad y al excedente económico  que transfiere su humanidad a los demás. La tecnología depende de la ciencia, pero la ciencia puede retrasarse, en sus aplicaciones efectivas, por causa de las restricciones ideológicas del mito del hombre cubierto con la máscara de yeso y el espejo mitológico del poder social de dominio. La perpetuación de la condición humana se hace y no se mitifica en el individuo que se ha escondido en la máscara de yeso. Para llegar a la sociedad de hombres sin máscara, hay que abrir la producción de la existencia al conocimiento y práctica-teórica   de las leyes naturales y sociales.

viernes, 19 de abril de 2013

El hombre arrojado al mundo.



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El individuo es un ser anónimo, sometido a la herencia familiar y colectiva, arrojado a la terrible contingencia de un mercado económico, al que no pertenece como persona, sino como una mercancía con precio de salario. Un ser que se tiene que satisfacer la necesidad como valor de mercancía, mediante la venta al azar de su trabajo mercancía.  Nunca está en sí mismo,  fuera en la apabullante iniquidad de la inseguridad, por su pertenencia al mundo de otros que tienen la capacidad de pago del salario. Lo entregan al proceso de producción del equivalente de su precio salario y del excedente de trabajo gratito.
 Está fuera de sí mismo por la necesidad y dentro de sí por la represión de pertenecer al dominio de Otros. El mundo de su necesidad se abre al concretar la presencia en hueco de su existencia. En esta necesidad, que lo involucra en la drogadicción de la dependencia existencial, se impone la pasividad de aceptar el contrato de trabajo y sobrevivir en la sumisión. Su ser natural se difumina en el boceto de la tristeza del animal abandonado. Existe en la sociedad y se entierra en las obligaciones de pertenencia al laberinto de  los demás. Su dicotomía se abre como ganchos del matadero. El hombre existe en la crueldad y en su reparación real o imaginaria, pero perece en su soledad moral y económica como individuo que tiene que hacerse o perecer. El individuo está en las emigraciones de la inseguridad y el miedo. Se mueve buscando un espacio y un tiempo propios, huyendo de la calamidad de su destino social. Emigra de lo que le oprime hasta el grito mundo. Entonces se huye hacia el plano profundo de no tener memoria. Ese lugar, que el poeta Luis Cernuda llamó el lugar donde habite el olvido. Habitar un olvido cierto.
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 A pesar del dolor de existir fuera de sí mismo, la necesidad tiene que ser necesidad colectiva. Se debe volver al ser social o precipitarse en la nada de la enfermedad mental. Hay que producir los medios materiales que sostienen la existencia en el proceso de producción y no el delirio psíquico. La vida se produce para que se sostenga en el atolladero de vivir. Hay producir los medios económicos y culturales que sostienen la seguridad.
El individuo es una delgada hebra de la telaraña de la sociedad, pero una hebra cuya función se da en los movimientos universales del Uno y el Todo. A la vez que tú existes, estar dentro de un Todo de acciones y reacciones que te convierten en conciencia y existencia. La pregunta final de cómo se ha llegado a una situación de saturación de las perspectivas de existir está dada al inicio en el arrojamiento del individuo a sus enfrentamientos de intereses de clase y posición. Se determina por las relaciones sociales y las relaciones de la naturaleza en el Universo social. La paradoja de la pequeña luz de la ventana a la luz de las estrellas. El individuo se expande, pero también se contrae frente a la necesidad que le da la naturaleza y sociedad. El individuo se organiza para reproducir su existencia en el convenio social del hombre con la sociedad y con su entorno ecológico. El hombre también es historia de su memoria y de la memoria colectiva. En esta memoria del Todo, está la irracionalidad de los intereses del conflicto de apropiación de los recursos sociales. Lo intereses de dominio de los poseedores de existencias ajenas y los desposeídos de la suya. Los excluidos están en el desierto de lo anónimo. Los excluido del hacer de la historia. El Otro se incluye en la historia para hacerse amo. El terrible dolor de saberse esclavo del amo omnipresente. La presencia del amo hace del esclavo un ser carente de universalidad.  La actualidad de la marginalidad es la historia de la presencia de la distribución injusta de la riqueza para vivir. La injusticia es un invierno que busca al mar gritando su nombre. La existencia arrojada a la marginalidad devuelve al rostro  la máscara del estado de sumisión. La existencia del hombre perdido en la esclavitud se marca en el gesto significante del desconsuelo. Lo humano se  entrega  al miedo de lo social represivo.
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Los antagonismos de las luchas sociales se vuelven estrictamente necesarios para recuperar los ritmos de los equilibrios del universo social. Los desequilibrios del individuo, arrojado al mundo de la necesidad, conllevan el descubrimiento de la dependencia del Todo a sus Partes. Los hechos históricos de la marginalidad individual suponen un revés al equilibrio de la naturaleza socializada. Al carecer de naturaleza y de historia propias, el individuo arrojado se implica en el reajuste de las normas intencionales de dominio en  los hechos de la historia social. Las leyes intencionales, que surgen de los conflictos sociales, reajustan los desajustes de desigualdades de riqueza y pobreza. Las exclusiones de todos por unos.
Las leyes del grupo, que se rebela, modifican la realidad social que ha implicado un revés contra la sostenibilidad de las normas de la felicidad y las reglas de irracionalidad de las minorías convertidas en grupos dominantes. Los antagonismos sociales indican que hay límites para los desequilibrios causados por las minorías del egoísmo. El límite inferior es aquél en el que el individuo carece de existencia, porque es esclavo de la manipulación que lo domina y nunca lo hará libre. No puede existir sin conciencia de su esclavitud. Es la metafísica de vivir del aire en libertad. El límite superior está donde los bienes materiales y culturales no tienen precio de mercado. La riqueza de las minorías del egoísmo desaparece y no se puede sostener con la explotación del individuo, que  se rebela para ser existencia sin propiedad ajena. Solo él reproduce la historia de su existencia natural y libre. No hay ser libre, sino produce su propia libertad social. La carencia absoluta de bienes de lujo para los explotadores lleva a la desaparición del las minorías de egoísmo. Se diría que el egoísmo vive de la carroña  de la deshumanidad. En la rebelión ya no se produce la interacción del individuo esclavo y la minoría del egoísmo.
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Las crisis económicas expresan las leyes  de producción, distribución y consumo superadas por el trabajo colectivo de la sociedad. La sociedad vieja deja la propiedad privada de los medios de producción y las minorías de egoísmo desparecen. La productividad social y solidaria supera el marco de dominio de la propiedad privada. La riqueza de la producción colectiva es solidaria con el trabajo de individuo libre. Las crisis económicas revelan el trasfondo de decadencia de la formas de injusticia social: la apropiación de la riqueza por las minorías del egoísmo. A la vez, la crisis económica y social expresan la transparencia del engaño y el cinismo de las minorías de egoísmo y el límite superior relativo de la historia, en donde las minorías pierden fuerza represiva y de  persuasión sobre los dominados. La mentira se vuelve transparente y posibilita ver la sociedad desde la perspectiva de la racionalidad.
La historia del egoísmo se presenta a la transparencia del desgaste de los mitos religiosos, económicos y políticos. El mito es la narración imaginaria para dar una explicación no racional del individuo que se arroja al mundo para ser engañado en su naturaleza  y conciencia. Para llegar a ser una existencia falseada. Sólo la conciencia falseada admite la destrucción pasiva de la existencia. El sistema social de egoísmo sólo tiene la finalidad de perpetuarse en el miedo a morir de los dominados. El miedo es el gran actor del teatro del mundo. El teatro de una conciencia falseada para que el hombre viva su esclavitud. Existir falseado para otros hombres. El frío del miedo acecha siempre en la posibilidad de la muerte. El gran actor de la historia del dominio se apoya en el poder centralizado de la violencia, que obedece a los intereses materiales e ideológicos de la minoría de egoísmo. A las víctimas se las manipula, diciéndoles que el miedo presente es menor  que el miedo futuro. El miedo futuro se organiza como una desesperanza. Las minorías del egoísmo no declinan mientras tengan capacidad para aventar el miedo de la muerte sobre el instinto de vida. La muerte persuade de la falta de finalidad de la historia de víctimas y verdugos.  A la idea de la muerte,  se le añade la persuasión infernal de la eternidad religiosa. Si el miedo a la muerte cesa, el individuo se libera del mito de la perdurabilidad trascendente. El desgaste del mito de dominio abre la posibilidad de que la sociedad se rebele ante una ideología de privación y miedo. Por la ventana transparente de la rebelión, el mito a la muerte  ya se juzga irracional.
5
En este trayecto temporal de la necesidad individual a la necesidad social y libre, el individuo se encuentra con una existencia predetermina por la falsedad. La producción de la existencia no se da en el miedo. La existencia libre determina la conciencia libre.  Al igual que el ser en el laberinto de su necesidad, el individuo  incesantemente busca una salida para sí mismo en la colectividad. 

viernes, 22 de marzo de 2013

La crisis económica y la sociedad indignada (2).


1
Una crisis económica es un estancamiento de la producción y el consumo con el correlato del crecimiento del paro y del ingreso regresivo de las rentas salariales, las ganancias industriales y financieras. La crisis económica obliga a la revisión de las relaciones de la estructura económica y las estructuras ideológicas. Un hecho económico es necesariamente un hecho social. Durante esta crisis de estancamiento, las masas sociales deben superar necesariamente la contradicción de lo estrictamente económico y las condiciones restrictivas de las estructuras no económicas. La protesta social discurre desde lo inmediato del dato económico, empleo y crecimiento, a la conexión de las decisiones políticas que inciden desde la inversión empresarial a la inversión del gasto público. La estructura coercitiva de la legalidad presiona sobre los derechos a la seguridad económica de los ciudadanos. A diferencia de las crisis económicas anteriores, los ciudadanos actuales tienen la lucidez la pérdida de su seguridad económica por una política estatal de control del déficit público,  ingresos impositivos menores que gastos, y la desinversión privada en salarios. Hay un hallazgo del saber claramente percibido en los ciudadanos por la distribución desigual de los ingresos monetarios del Producto Nacional neto entre las élites y las masas de asalariados. Los excedentes económicos netos de la producción nacional se distribuyen desde la propiedad privada de las unidades empresariales. La atribución de los gastos públicos a las necesidades de la colectiva se enfrenta a una concepción financiera de los ingresos especulativos y gastos de lujo de las minorías de élite, que provienen de las ganancias especulativas del capital financiero internacional. Un aspecto evidente de esta indignación social es el reparto de la riqueza social como absorción improductiva de la renta nacional neta  por la corrupción de los agentes políticos y económicos tanto  de gestores de sociedades mercantiles como de hacedores de ideología política. Se percibe en la indignación social un concepto emocional que exige una distribución diferente de salarios y ganancias basada en un ética de las necesidades individuales y colectivas desde la igualdad de la felicidad. Las satisfacciones de carácter ilusorio se van sustituyendo por los deseos inquisitivos de distribución equitativa de la riqueza nacional producida. El estancamiento económico se mueve socialmente alrededor del conflicto político de una distribución baja del excedente económico a los asalariados,  que no cubre las necesidades sociales básicas de su reproducción individual y familiar. Los gastos del sector público crecen  apoyando el pago de intereses de los índices especulativos del sector financiero. El capital bancario no es hoy un capital que financie la industrialización, sino la acumulación de capital estrictamente a corto plazo y especulativo a través del endeudamiento en espiral de los aumentos  de ingresos originados en la contracción del gasto privado y público. La tasa de inversión del capital bancario  que se habría de invertir en la producción de bienes  industriales y agrarios es decreciente. La burbuja inmobiliaria versus burbuja financiera se alimentó en la especulación de precios inflacionarios y alto  endeudamiento de las rentas bajas y medias. Se invertía en los sectores de producción que abarcan el crecimiento inmobiliario, el crédito especulativo y un empleo de trabajadores dependientes de la actividad especulativa de la construcción inmobiliaria. La inflación de los precios inmobiliarios introducía la deflación de la morosidad crediticia. Los precios inmobiliarios y los intereses hipotecarios dañaban la solvencia financiera del sector económico exterior, de las empresas y de las unidades económicas.  Los efectos del desempleo a largo plazo, la quiebra de las unidades empresariales. Los recortes del gasto estatal, necesario a la población, el endeudamiento crónico del sistema, la morosidad creciente y general, el aumento del paro a niveles insostenibles el aniquilamiento de la actividad de la pequeña empresa, sin capital propio, han sido algunos de los resultados finales de estas actividades especulativas, próximas  a la quiebra del sistema social en su conjunto, y a situaciones de pobreza regresiva de masas sociales dependientes del gasto del Estado y de los salarios.
Por no haber una acumulación de capital de capital en las unidades empresariales, la financiación de crédito ajeno se liga a la inflación de precios. De manera que la financiación ajena  absorbe las ganancias empresariales en épocas de precios de mercado especulativos o bien se apoya en la reducción de salarios en la depresión económica. Reducción de salarios para pagar deudas. Contrapunto a la insolvencia total empresarial y la desinversión con aumento del desempleo. Hay ahora desocupación de la capacidad de producción industrial tanto de instalaciones como de trabajadores. El proceso de trabajo se ralentiza. Esta subproducción de la capacidad industrial no utilizada es presiona hacia abajo las ganancias empresariales, disminuyendo el fondo de salarios y el fondo de inversión de capital empresarial. Los equipos y plantas industriales desocupados se vuelven obsoletos tecnológicamente al cabo de un período medio de desuso al igual que los trabajadores, que envejecen desprendidos de las oportunidades escasas de empleo, por el  decrecimiento de su demanda en cualquier sector comercial o industrial. Público o privado.
2
 La dicotomía de las parejas aleatorias de la crisis social entre salarios y ganancias empresariales, tasas crecientes  de impuestos y gastos estatales decrecientes, acarrea contradicciones extremas de insolvencia de medios financieros tanto al Estado como a las unidades de producción y a las unidades de consumo. Las deudas generalizadas del sistema social absorben los salarios, las ganancias y los gastos del Estado. Cesa con la contención del déficit público la sociedad del bienestar y la demanda de empleo público. A menores gatos públicos mayores cantidades trabajadores desempleados en el sector público.
 El sector público es multiplicador de servicios sociales y aumentos de empleo. La productividad del sector público se mide por la agregación de los impuestos a la política de bienestar. El déficit estatal, con ingresos  provoca la inactividad de los sectores dependientes del gasto público. Los sectores desfasados en su actividad productiva introducen el estancamiento y la indigencia de los sectores sociales de bajos e  inseguros ingresos salariales y las cuantiosas pérdidas por la depreciación de los precios de venta de las inversiones de ahorro  inmobiliario de las clases medias.
La disminución agresiva del déficit del sector público presiona contra los gastos estatales y el empleo estatal. La mayoría de las clases medias desestabilizadas  ya no se sumergen en el empleo público por carencia de oferta estatal.
3
El crecimiento del desempleo y sus efectos en el consumo de asalariados multiplica la desaceleración del consumo de las unidades domésticas y del consumo productivo empresarial. Los decrecimientos de las rentas salariales estimulan el retardo temporal de las  inversiones de capital en el sector de bienes de producción y del sector de bienes de consumo  doméstico. Al haber desequilibrios en ambos sectores se vuelven regresivos en los intercambios de bienes de capital de producción y bienes de consumo de asalariados. Esta combinación hace crecer la inutilización de la capacidad industrial y la ocupación de trabajadores. El sistema económico se reproduce en límites de reproducción constante o decreciente,  en los sectores de bienes de producción y bienes de consumo en tanto crecen las disponibilidades financieras sin aplicación efectiva en el crecimiento económico. Se manifiestan intensamente las contradicciones  sociales de alto desempleo y baja circulación del crédito financiero en las unidades empresariales de bienes de consumo y bienes de capital.
 La falta de oportunidades de inversiones rentables hace decrecer la inversión capitalista en bienes de producción primero y luego en el sector de bienes de consumo.  El sistema social de reproducción social se detiene. Se detesta la invariabilidad crónica  de un sistema económico que conlleva sus límites de ruptura. Las variables estructurales del sistema se desajustan entre las posibilidades de crecimiento de la acumulación de capital y las estructuras ideológicas. Hay manipulación ideológica cubrir las consecuencias de la carencia de rentas del trabajo. La ideología encubre que las leyes económicas e ideológicas del sistema social no ajustan las diferencias de las normas intencionales de dominio  y las invariables reales del sistema en los límites de ruptura de su reproducción.
4
Los acontecimientos históricos desfavorables logran que las minorías de dominio pierdan su fuerza de persuasión en los dominados. Se desgastan los mitos religiosos, económicos y políticos. El sistema social de dominio en que se apoya el poder de decidir declina por su falta de persuasión y certeza. El desgaste de la persuasión abre la posibilidad de que la sociedad se canse de una ideología política que sólo posibilita privaciones, y que ya no se juzgan ni necesarias ni inevitables. El efecto histórico de las generaciones pasadas y actuales  incita al cambio y el declive de las resignaciones fetichistas y deseos de aventuras ideológicas sado- masoquistas.
 La generación actual desata los desequilibrios de organización de las instituciones de poder, poniendo en evidencia la carencia de reproducción de la sociedad sobre las viejas persuasiones y las nuevas circunstancias de rebelión e indignación por los conceptos de propiedad jurídica de la riqueza material producida y la información persuasiva  de lobbies empresariales y estatales, informadores y desinformadores de la realidad social opresiva.
5
En la contradicción del deseo y la realidad se dan los desequilibrios de los elementos viejos irracionales y los sujetos masas generacionales de una nueva racionalidad económica, jurídica y política.
 La decadencia de una sociedad se da en la permanencia decreciente de la no renovación de las unidades de producción y las unidades de consumo a un nuevo nivel de comprensión racional de objetividad renovadora del individuo y la sociedad. Si se mantiene la continuidad de un sistema social ineficiente, en sus instituciones políticas y económicas, es porque se recurre exclusivamente a la instrumentalización de la violencia  de dominio  estatal y al lenguaje viciado de la ignorancia y la manipulación. Para darle discontinuidad a un sistema social es necesario que se produzcan rupturas  en el uso y propiedad de los recursos materiales, técnicos y humanos. Las nuevas instituciones del deseo de la sociedad deben superar los límites de la invariabilidad en la que está el viejo sistema de reproducción ineficiente de la sociedad. Las generaciones nuevas, aparte de lo inevitable biológico,  provienen del ciclo de renovación de la tecnología, de la teoría económico científica, que posibilitan su crecimiento y renovación. Los hombres son las condiciones objetivas de su reproducción social. Lo extraordinario del cambio social es que desde lo viejo común y visible se llega al descubrimiento de  lo nuevo oculto generacional por la ideología anterior. Lo nuevo se manifiesta en la fuerza actual y necesaria de la Razón en la historia.
6
 Lo  nuevo no es el azar, sino lo que está dado en los límites de ruptura del sistema social que se afirma en la persuasión de la decadencia. Los elementos nuevos están dados en lo teórico y práctico de una sociedad  que se reproduce con un conjunto de relaciones sociales necesarias a un nuevo nivel de la verdad productividad de la conciencia y de la tecnología. Lo inactual persuasivo del dominio se manifiesta en el presente y en la indignación de las masas sociales que lo niegan. Pero este actual histórico no viene dado, sino que hay ganarlo a través de una nueva concepción práctica y teórica del mundo. La concepción del mundo actual es la conciencia del individuo actual. Lo general de la  persona está en lo general de la sociedad. El funcionamiento de la rueda del carro mítico de la historia se da a la vez en el conocimiento y en la experiencia de la producción del hombre. Lo nuevo está dado en lo cierto ineficiente social de dominio  y en su eliminación a través de la práctica del cambio social

viernes, 1 de marzo de 2013

Lo viejo y lo nuevo (1).


1
La historia de la cotidianidad aparece como un flujo incesante y homogéneo que atenaza el tiempo físico. Sin embargo, este flujo incesante admite rupturas de discontinuidad. Lo nuevo se incrusta en lo viejo y al igual que una cuña de acero rompe el bloque del flujo incesante de la historia, provocando que elementos sociales y económicos nuevos aparezcan como rupturas en la continuidad del tiempo cotidiano. Las estructuras sociales guardan los elementos ocultos que habrán de destruir las viejas. La invariabilidad de un sistema conlleva sus límites de ruptura. Las variables estructurales del sistema social establecen normas y deseos intencionales y desajuste entre las posibilidades de los deseos y los hechos objetivos. Las leyes del sistema social se ajustan a las diferencias entre las normas deseadas y las invariables del sistema en los límites de su perpetuidad. En este movimiento del deseo y la contradicción, se dan los equilibrios y desequilibrios de los elementos sociales viejos y lo elementos sociales nuevos. Para darle continuidad a un sistema social es necesario que se produzcan rupturas que superen los límites de su invariabilidad. Los elementos estructurales nuevos están dados en el funcionamiento estructural actual. Lo nuevo está dado en lo viejo. La aparición de los elementos sociales y económicos nuevos proviene de las insuficiencias de funcionamiento de los elementos sociales depreciados que impiden la aparición de nuevas leyes de funcionamiento social.  El hombre tiene que producir su vida en unas condiciones históricas relativas dadas, que pueden imposibilitar su propia existencia. Los elementos sociales depreciados impiden el funcionamiento de producción de las condiciones de supervivencia de la sociedad. Estos elementos depreciados frenan la renovación normal de la vida social. Son elementos sociales refractarios al cambio sustitutivo de las relaciones de dominio de las minorías sobre las mayorías. El poder de dominio de una minoría actual se articula en una práctica obsesivamente represiva en las nuevas condiciones materiales y mentales que exigen un cambio de situación de lo viejo depreciado. La vida social no se nos da definitivamente concluida, ya que hay que reproducirla  fuera de las estructuras económicas y mentales desfasadas, que conservan su invariabilidad como la continuidad de lo mismo a través de la violencia de la necesidad primaria de subsistir y la violencia instituida en un derecho perpetuativo de la invariabilidad de las relaciones de dominantes y dominados.
Una crisis socioeconómica desnuda la realidad social de las ideologías ancladas en el pasado y hace aflorar los elementos sociales nuevos, que habrán de sustituir las relaciones sociales de explotación económica y mental de la minoría sobre la mayoría. 
Los equilibrios y desequilibrios de reproducción de la sociedad imponen rupturas en el flujo cotidiano de la producción material del hombre y en los imaginarios políticos de las totalidades colectivas de poder y representación política. La estabilidad de la cotidianidad social y los flujos de ruptura se dan en las continuidades y discontinuidades conjuntivas de las estructuras sociales  en la totalidad social jerarquizada. Una totalidad social es un conjunto de estructuras materiales e ideológicas vinculadas como un Todo en un momento concreto de la historia. El Todo social tiene una sincronía de normas y hechos que habrán de posibilitar imprevistos que posibiliten la aparición de diacronías rupturistas. Una revolución son los efectos de las diacronías en las sincronías. Lo nuevo en lo viejo. La invariabilidad del sistema social  se desajusta en su incapacidad de reproducirse. Las normas y los hechos introducen leyes de ajustes y rupturas del sistema social. Lo nuevo de la historia está dado en los desajustes de las normas intencionales y los hechos. Los ajustes y desajustes de normas y hechos provocan diacronías violentas de reajuste en las relaciones de dominio. Una clase social de dominio no puede mantenerse en el poder político y económico exclusivamente a nivel de la producción de subsistencia económica de la mayoría social. No hay retorno a la barbarie de un excedente económico capitalista, que a absorba totalmente el nivel el tiempo necesario de trabajo para que a la vez produzca la vida colectiva asalariada (95% de la población activa) y posibilitar un excedente ganancial con un trabajo gratuito total. Si el mito de la izquierda es la Arcadia, el mito de la derecha económica es un salario nominal que se acerque al cero de salario real. El mito de los compradores de trabajo es que éstos vivan del aire. El hombre no es una cosa libre de usar en las unidades de producción, sino una fuerza de trabajo que requiere un nivel de subsistencia material capaz de mantenerla en funcionamiento en el proceso de producción. El trabajador gasta su valor de uso al establecer un valor de cambio salarial. Sus energías físicas y mentales en la jornada de trabajo se agotan y es necesario reponerlas por el consumo de reposición en el “tiempo libre” que se le permite. Con la salvedad de que tiene que  reponer necesariamente sus energías gastadas si quiere permanecer vivo. El límite de su libertad está dado en la jornada de trabajo siguiente que repone el salario.
 Para continuar en el proceso de producción tiene que reponer las energías gastadas junto a la amortización de las máquinas y el consumo de materiales. El hombre gasta sus energías vitales, pero necesita reponerlas en una reproducción de su vida en términos de trabajo objetivado y necesario para mantenerse y ceder el trabajo excedente y gratuito que deja a las unidades de producción. Mientras el hombre esclavizado es desposeído de la propiedad de su cuerpo, el trabajador asalariado sólo vende, si hay comprador, una fracción diaria de su vida laboral. Para el resto del tiempo no productivo es libre para reponer sus energías o destruir su organismo por falta de atención adecuada. Los hábitos de mantenerse en la existencia pertenecen al instinto de  perpetuación. Del esclavo propiedad existencial del esclavista a la venta salarial se determinan estadios de historia social. La compra del esclavo niega la jornada de trabajo laboral por la jornada natural. El esclavo es una parte de la naturaleza. El trabajador es parte de la jornada de trabajo. Cuando ésta cesa, el trabajador debe reponer sus energías materiales y psíquicas. El mundo del deseo está situado detrás de la jornada laboral. Un deseo sin medios de pago monetarios carece de validez real.
2
Para comprenden los movimientos continuos y discontinuos del sistema económico y social, en cualquier momento de la historia concreta, es necesario relacionar las estructuras económicos con la no económicas. El dato cuantitativo con  lo cualitativo. La producción de la materia y la producción de la ideología. El hombre está inmerso en la producción material, pero la vive simultáneamente en los actos ideológicos. No sólo trabaja la materia con la que trabaja, sino que la vive a través de sus vivencias. Vive su enajenación en el momento que gasta su energía física y mental. Trabaja para sí mismo como si fuera otro que lo extraña.
3
Ya se ha dicho, Lo nuevo del trabajo se da en el trabaja pasado. La vida actual revivifica el trabajo pasado. Lo nuevo da vida al pasado. En el proceso de trabajo el valor trabajo actual recupera el valor del trabajo pasado La aparición de elementos sociales y económicos nuevos están dados en los procesos sociales pasados. El pasado muestra los elementos económicos e ideológicos, provenientes de las insuficiencias de la producción: los elementos económicos depreciados por el uso y los excesos de capacidad de las instalaciones de producción industrial no aplicadas. Las   unidades de producción no aplicadas bajan las ganancias y actúan a la  baja sobre los salarios y el empleo.
El bajo nivel de productividad de las instalaciones de producción se deben a un  exceso de capacidad de producción no utilizada  bajo los efectos de un insuficiente consumo de elementos de producción directos  y una baja demanda  de bienes de consumo individual por altos precios monopolistas, y un nivel de salarios y empleo sometidos a los antagonismo de las relaciones de producción de bajos salarios y altas ganancias.
Lo viejo se da en la forma de distribución del producto neto en salarios bajos, bajo consumo individual, bajas oportunidades de inversión de las ganancias, en un mercado contraído por los bajos salarios y su corolario de demanda insuficiente, exceso de capacidad no utilizada industrial y financiera. Lo viejo ineficiente del sistema anula la renovación eficiente de lo nuevo. 

sábado, 9 de febrero de 2013

El pez en la pecera.


1
A partir de la crisis económica de los años sesenta del siglo XX, se han venido arrastrando la realidad social del sistema y los conceptos ideológicos, políticos y económicos, de la derecha neoliberal norteamericana y la de todos sus epígonos teóricos y burocráticos del economismo monetarista. Cuyos principios de actuación se habrían de basar en: a) La crisis fiscal de alto endeudamiento como efecto de una política expansiva de la demanda estatal que recaía en los precios inflacionarios, b) las políticas sociales expansivas del Estada del Bienestar que acrecentaban las diferencias entre ingresos y gastos estatales que incidían en déficit financiaros por los préstamos de los organismos internacionales, con su corolario de interés crecientes pagados con los ingresos decrecientes del Estado, c) la viabilidad incierta de la demanda del gasto social expansivo como consecuencia de la inflación de precios y el arrastre de salarios crecientes en los costes que producción, que se unía en razón creciente a la ineficacia del  expansionismo keynesiano a corto plazo del pleno empleo igualando los ahorros de las ganancias a la inversión. El aumento de la inversión empresarial envejecía las inversiones y no aplicaba la capacidad industrial a las nuevas inversiones en activos. Se   aumentaban los ingresos totales, pero sin originar decrecimientos de los costes fijos de amortización y obsolescencia y por tanto se producían caídas del excedente económico monopolista distribuido en los dividendos de los accionistas. Por tanto, los costes decrecientes monopolistas se ralentizaban por excesos de capacidad de producción y amortización de activos, cargados en los costes primarios, originando costes crecientes y precios monopolistas. Los precios monopolistas ascendían por incorporar el exceso de salarios y gastos de ventas. Los costes empresariales no productivos  alteraban los excedentes reales económicos.
 Los excesos de baja capacidad industrial, utilizada con rendimientos decrecientes en las inversiones productivas, se expandían en el círculo infernal de los rendimientos decrecientes y expansión de la inversión de capital y la contracción de la capacidad real de producción que recaía en el descenso de las utilidades industriales. La caída del excedente económico,  a causa de los rendimientos decrecientes de la capacidad industrial utilizada. La capacidad industrial no utilizada es un coste fijo. La no renovación de las inversiones de capital fijo por causa del exceso de capacidad no utilizada baja la productividad relativa de las inversiones y los costes salariales decrecientes disminuyen el excedente empresarial y por tanto el aumento del consumo de capital en bienes improductivos y la regresión de la inversión de capital. El sistema de producción se contrae en los bienes fijos del sector de producción y en el descenso del consumo en el sector de medios de vida. El efecto conjunto se da en una tasa general de paro creciente.  Los  excedentes decrecen con el descenso de la actividad del trabajo y las inversiones de bienes de capital obsoletas. El sistema de producción es un cuerpo envejecido que afecta a la totalidad de la sociedad. La inversión de bienes de capital se contrae ante un decrecimiento del excedente por efectos de la tasa de desocupación y la tasa de capacidad industrial inutilizada. La economía de producción depende directamente de los activos empleados de capital y de empleo.
Para los monetaristas, las ganancias industriales estaban afectadas por la inflación creciente de los costes de producción y el máximo de precio de mercado monopolista. La economía de la ganancia monopolista se esclerotiza en continuo decrecimiento de la oferta de producción y la caída de la  demanda potencial solvente.  Los capitalistas no pueden gastar más que lo que no consumen en capital invertido y los obreros sólo pueden gastar lo que cobran en salarios. El aumento del gasto de salarios por encima del ingreso origina niveles de endeudamiento en las familias y fuerza más tarde a la disminución del consumo y a la morosidad. El exceso del consumo capitalista en bienes de lujo disminuye la inversión  o aumenta el ahorro de capital improductivo.  Además la demanda del gasto social, proveniente del gasto y el endeudamiento públicos, altera al alza los precios; inflacionados por la demanda de sectores sociales estratificados sin demanda solvente. Se rompe el equilibrio  de precios de las empresas oligopolistas.
Para los monetaristas, la inflación surge de la financiación de un gasto público excesivo, tanto por la expansión de los sectores de demandas de servicios públicos como por el desarrollo del capital industrial a través del estímulo artificial de la demanda inflacionaria. Las ganancias no son reales, sino dinero inflacionario por la circulación monetaria. La demanda creciente, lejos de estimular la inversión a través de los precios de mercado monopolista y los costos decrecientes debido a la productividad general de las empresas, lo que hace es realimentar la inflación de los precios de monopolio y la obsolescencia de los equipos industriales bajo la incertidumbre de ganancias monetarias de dinero depreciado, cuyo efecto retrasa el proceso de renovación de los ciclos con excedentes económicos sin realización monetaria. De aquí se habría de deducir la necesidad económica de reducir el gasto público mediante unas políticas crediticias estrictamente restrictivas que desalentara la demanda inflacionaria, procurando el decrecimiento de los salarios  reales y su consumo potencial. Con la caída del gasto público, la reducción del déficit fiscal y la contracción de la demanda potencial socializada, se lograrían los ajustes de la capacidad industrial potencial con la capacidad real, la variación moderada de la productividad,  los precios de monopolios estabilizados, y los costos decrecientes y el excedente económico en crecimiento.
Las políticas del monetarismo ultraconservador de los sesenta aparecen hoy. El remedio de la caída de la demanda insolvente contraída,  crédito bancario reducido,  y las  decisiones de desinversión pública y privada producen el estancamiento económico con ganancias en los sectores monopolistas. Con una demanda contraída se imponen precios monopolistas y ganancias. La decisión económica de los sectores no monopolistas dará ganancia mínimas con costes crecientes de materiales de producción, costes fijos y bajos salarios. La inversión pública se contrae por debajo del nivel de subsistencia.
 Se diría  que el ayer es el hoy. O el pez está en la pecera. La invariabilidad de permanencia del pez en la pecera depende de las condicione interna del volumen de oxigeno y de la condición externa de la comida que se le suministra. El pez vivirá en sus invariantes.
2
Los excedentes empresariales están en razón directa con el decrecimiento de los  costes y el mantenimiento de precios de mercado monopolista. Los sectores económicos de pequeños empresarios de precios únicos concertados no se mantienen  reduciendo  los gastos de salarios que forman su demanda.
Los salarios son antagónicos  a los excedentes como parte de los costes. Si aumentas los salarios aumentan los costes y bajan las ganancias excedentarias. El capital monopolista esquiva los salarios altos incrementándoles en el precio de venta de mercado al igual que el resto de los costes sociales fijos que incorpora al valor del producto. Esta política económica de ventas de productos monopolistas de baja demanda favorece el crecimiento de los precios por la caída de la oferta. El mercado monopolista no se contrae a precios altos, costes decrecientes monetarios y  ganancias monetarias.
3
El sistema social de producción  se atasca en la acumulación de capital en mercancías que no realizan su valor monetario en el mercado. Se quedan sin vender las mercancías  mientras se desacelera la demanda de compra y la oferta de inversión de capital. El pivote del desarrollo de  la producción y el consumo es la relación de la tasa de  trabajadores activos y la tasa de trabajadores parados. El índice de paro marca absolutamente la situación económica de la oferta de producción y la inutilización de la capacidad industrial.
El decrecimiento del capital invertido en la producción y en  la circulación de las mercancías en su ciclo de mercancía-dinero causa crisis temporales en el crecimiento económico y una serie cronológica de efectos negativos: a) el crecimiento de la improductividad tecnológica, b) la sustitución del capital propio por préstamos que pagan insolvencias  empresariales. c) el aumento creciente del paro obrero que determina una reserva de obra que aún no ha envejecido o no se ha incorporado a la actividad de producción, la disminución creciente de la tasa de ganancia interna de producción afectada por la escasez de ganancias proveniente del paro obrero y la falta de utilización del equipo de producción industrial, d) la falta de retorno dinerario de masas de productos pendientes de consumo, e) la contracción del mercado de consumo es la contracción  de la producción, el crecimiento del déficit estatal, la morosidad en los retornos de las deudas y la contracción del crédito bancario.
4
No hay sustitución de máquinas por hombres, sino obsolescencia tecnológica a bajos niveles de producción con altos precios de los productos en el mercado. Disminuyen las ganancias internas de las unidades empresariales a causa de las disminuciones de capital en salarios. La acumulación de capital se detiene con el decrecimiento del capital variable que aporta la tasa interna de ganancia. No hay valoración interna del capital por la reducción de las cantidades de trabajo aplicadas en el proceso de producción.  Si decrecen las cantidades de trabajo invertidas en los procesos sectoriales de producción, decaen las ganancias internas  y el sistema social se contrae en las reacciones contrapuestas de la producción y negatividad del consumo de producción, y el consumo individual por la falta de conversión de las ventas en dinero. El sistema social se vuelve regresivo en la cronología del descenso de acumulación de capital a invertir y en el otro polo de la sociedad el avance de la pobreza artificial en millones de seres humanos.
El pez está en la pecera, pero sólo la actividad consciente de la sociedad lo mantendrá vivo.
Observación, la complejidad del tema económico tratado invita a considerar  que una revolución política no lleva a una revolución del modo económico de producción y circulación del capital. La revolución árabe pasa ahora por esta contradicción  de cambiar la sociedad económica por obra del cambio constitucional del Estado.