sábado, 21 de junio de 2014

La sociedad y la sospecha.


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¿De qué sospechan a las élites dirigentes? ¿Del hombre común que soporta con su trabajo los gastos de la antiproducción de las minorías que acumulan rentas y riqueza? ¿Del cansancio político de una sociedad sin soporte de integración igualitaria que muestran las encuestas y las manifestaciones de protesta? ¿Del juego ideológico de la democracia legal y la legitimidad popular de la gestión directa de la producción y la distribución? ¿Es plausible, que la adaptación del individuo a las circunstancias adversas, corresponda al símil pascaliano de la condición de la fe religiosa a una caña de bambú que no se adapta al viento? ¿No será esta caña flexible la resistencia al dominio de la violencia? ¿Las élites dirigentes tienen miedo a que una nueva sociedad dirija su destino en la función de estructurar al individuo común, como objetivo de la función del trabajo redimido de la explotación  y a favor de dar al individuo la felicidad de un orden justo? La masa social para sí, que  organiza con fines políticos y redistributivos el excedente de producción ganancial, causa pavor a la élite dirigente legal. La desigualdad de la pobreza y riqueza va a ser la cuestión política de nuestro tiempo de simulación teatral. De nuevo los ricos y pobres enfrentados. La acumulación de la riqueza y la renta en una minoría y la pobreza en la mayoría vuelven a traer a la historia la revuelta social como un agente económico. Tal vez por esto, los ciudadanos son escrutados a través del espionaje masivo del hombre común. La gente desnuda en los aeropuertos, la gente desnuda en sus móviles. Todos los individuos son espiados en su comunicación, en la enorme rotación de palabras y gestos cotidianos. En una sociedad cuarteada por la desigualdad, los individuos resultan sospechosos por sus desafectos a las élites de dominio. El enfrentamiento entre necesidad y riqueza se vuelve visible en la práctica económica y política de los dominados. Una caída del salario real es una redistribución económica creciente a favor de las élites. La inflación monetaria provoca un aumento de los precios a favor de los vendedores y  en contra de los compradores. No hay deflaciones de precios en los productos de consumo para asalariados. Los acreedores por deudas desean y obtienen legalmente que los préstamos se actualicen al nivel inflacionario en contra del nominal contractual de los préstamos.  La inflación es un agente económico de la división de clases sociales. Aparece como un deslizamiento  del bajo poder adquisitivo del dinero que gastan los asalariados. El 99% de la población activa. Los salarios de los agentes económicos empleados en la actividad de producción directa o en inactividades indirectas de la gestión se contraen en el estancamiento del crecimiento del bienestar. El salario real se deprecia con la caída del mínimo de subsistencia vital y el salario depreciado se alarga con las fracciones de trabajo gratuito  y alargamiento de la jornada de trabajo no pagada por sobrexplotación del trabajador. La intensidad del desgaste físico del exceso de trabajo  se incorpora en valor económico no retribuido, los crecimientos de la productividad, que se traducen en caídas de costes de producción, se trasladan a las ganancias extraordinarias a nivel de la elasticidad de la demanda del mercado monopolista o oligopolista. Se reducen los costes de producción  y se mantiene la oferta de producción a precios altos de venta, sin competencia de mercado. La élite piramidal, gestora y accionarial especulativa se vuelve de espaldas a la competencia del precio y a la amplitud de demanda con precios bajos. Se vende menos y se gana más con la oferta inelástica.
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La élite tiene miedo de que la masa social tome conciencia de su situación existencial de dominado y pobre. La burbuja de la ignorancia general debe rebotar en el frontón  de los conceptos ideológicos de la producción, la distribución desigual y la infelicidad. No debe caer en el fondo de pasividad política y no  volver a rebotar en las vidrieras deformantes del conformismo fatalista de la desorganización.
 Los acumuladores tecnológicos de organizaciones del espionaje guardan información de las desviaciones sociales a la obediencia. Los acumuladores archivan la reactivación de las multitudes como de potenciales enemigos. El enemigo es una variable terminada en un plural de ismos históricos. Terrorismo, anarquismo, comunismo, desviacionismo, y al izquierdismo. Siempre hay amenazas potenciales al derecho y al Estado a secas. El programa de escuchas está oculto y diseña juegos de enemigos y vigilantes en enfrentamientos continuos. El fin último es mantener el equilibrio de la desigualdad. El orden exacto de una multitud desigual y desquiciada en la producción de cosas y de seres vivos. La noche oscura de la desinformación de los medios de comunicación de masas. Reproducción del lenguaje manipulado de la sumisión.  La especie humana y las ganancias excedentarias apropiadas  y dirigidas desde el lenguaje y la coacción. La morfología del dominio se modifica y se vuelve flexible a la práctica de la confusión. Es la desinformación una máquina compleja  de tecnológica y psiquismo. Su esencia siempre es ser voluntad de poder y sujeto  de presa. La reducción de los objetivos de eficiencia máxima de bienestar social como un efecto adverso, necesario, escéptico y fracturado. La eficiencia máxima del espionaje es la mayor cantidad de gente espiada y fotografiada en la nada del escepticismo o en la orgía de la apatía de lo viejo social. Hay que captar el virus de la manipulación mímica del contagio en la servidumbre. Hay un flujo-virus que se adhiere a la piel de cuantos  atraviesan los controles de la información espiada a la información arquetípica de revolucionarios y siervos.  La información puede ser basura y de desecha, pero su importancia radica en controlar siempre el flujo incesante de conexión de máquinas activas,  gestos comunes  y palabras fuera de los códigos de habitabilidad. En las máquinas complejas de sospechas e información,  se encuentran los vínculos de los individuos codificados de cero al infinito.
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En el totalitarismo informativo lo importante es la cantidad de información reciclada por unidades eficientes de códigos binarios: esta palabra o este silencio, esta cara vulgar o inteligente, este gesto o estas gafas, la ropa y  el cigarrillo, el gesto plano y las intenciones inexpresivas. Si las masas sociales se esconden en sus intenciones de revestir la situación de opresión  se las incluye en máscara ira y ellas tienen que  ser vigiladas. La masa social común es útil, pero su sumisión es una variable que determina los límites del terreno de juego de la acción y la inacción del conocimiento y la ignorancia. Nadie es inocente para los catadores de las funciones estratificadoras del poder de la élite. Para ellos, las mariposas de la conspiración vuelan en resquicios de impunidad legal. Es una consigna eficaz de espionaje: los enemigos cambian con los objetivos marcados y las máquinas de control de información se tienen que adaptar a ellos. Los objetivos no se marcan en ortodoxos y nihilistas, sino en eficientes e ineficientes. La ortodoxia trasciende su ineficiencia y salta a la herejía. Es un vínculo de ritos que en circunstancias de coyuntura de desequilibrio se vuelve rupturista. El nihilismo es la negación de los valores aceptados en los archivos históricos del orden. El ortodoxo desea la trascendencia de la existencia, el nihilista atraviesa su existencia con un gesto heroico de mal lector. El vigilante es fóbico a los excrementos ocultos. Los instrumentos de vigilancia son de alta tecnología interceptadora o también de vigilantes jubilados, delatores a un cuarto de euro, que se sientan en banquitos, en medio de la calle, para detestar movimientos significativos ocultos de la gente que pasa. Su misión es la delación inmediata. Esta es una figura histórica de control utilizada en las épocas anteriores y posteriores en las  revoluciones del insurgente campesino o de la pequeña burguesía liberal del siglo XIX. Su amplitud iba de la aldea a las zonas urbanas.
 El exceso de vigilancia atrae lo experimentado del espionaje directo. En la sociedad de consumo masivo de información todo vale y es utilizado en las sociedades de multitudes indiferentes y pasivas a las consignas de los aparatos de propaganda, a las cámaras y a las pantallas de televisión gigante, en las que se dictan consignas subliminales en los objetos de deseo, los perfumes, el turismo caro  y los automóviles de gama alta. Se paga la vigilancia para que detrás del individuo haya un escarabajo, insecto coleóptero kafkiano de élitros lisos que se alimente de signos y que sus bolas de basura informativa estén dentro de los ordenadores y en las cloacas del espionaje, en las cuales depositan sus huevos excrementales informativos. En el estiércol informativo está la delación que muestra los desequilibrios del orden. El paroxismo de la paranoia lleva al estiércol delator. Hallar lo visible en lo invisible.  La vigilancia adquiere sentido ambivalente paranoico en la baba del caracol y en las palabras ceremoniales de los códigos. La baba caracol  del orden y la baba caracol de la adicción a la amapola del opio. El tiempo cronológico llega al sinsentido de las máquinas obsoletas de vigilancia, que acumulan  palabras y gestos.

Los grupos inquisitoriales imponen la delación por el miedo y la coerción, la tortura  y la ansiedad del pecado contra la fe. Se espían las palabras claves de la herejía en los hábitos, los rituales y los pensamientos murmurados. Las organizaciones de dominio reactivo hallan en el dolor físico y en la inseguridad económica los vectores fuerza de la sujeción del individuo a su rueda informativa. 

lunes, 19 de mayo de 2014

El individuo social regresivo.


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El individuo social implica su inmanencia en la totalidad. La sociedad en sus diversas regiones estructurales produce y su existencia y su modo de enfrentarse a la periodicidad material y cultural de su reproducción como ser vivo y como fuerza de trabajo productiva. No hay ningún salto en el vacío del conjunto social ni autoafirmación electiva fuera de la totalidad social. El individuo son sus relaciones sociales de producción que determina los modos de circulación, de circulación y de consumo como otros tantos momentos de una unidad. El trabajador pertenece a la clase capitalista antes de venderse en el mercado de trabajo. No se recorta como una sombra contra el fondo continuo de la producción, tanto si su fuerza de trabajado ha sido vendida efectivamente o como fuerza de trabajo en  potencia. No hay de realidad social efectiva fuera de la unidad de la totalidad social. Las perturbaciones de los delirios  paranoicos caen fuera de las acciones activas de los individuos sobre las condiciones reales de su mundo. La cultura y la producción es el uso de la materialidad y la conciencia de la continuidad social a través de la reproducción de los medios de consumo y los medios de producción. La continuidad social no  nos llega dada, se adquiere a través del conocimiento y transformación de las condiciones reales restrictivas de la escasez y la productividad. Estas restricciones causan  la continuidad y discontinuidad en el modo de producción social.  No hay fuerzas sociales prometeicas, sino coeficientes técnicos sociales de producción y antiproducción. No hay ningún paradigma de progreso social en el ámbito dogmático y flexible a las circunstancias que originan los delirios  de la ideología. No hay un flujo continuo de la progresividad desde la irracionalidad. El flujo continuo de la reinserción imaginaria en la unidad social se estanca y la situación real-obliga a los individuos a superar las condiciones restrictivas o desparecer en el mundo de la barbarie. El individuo social permanece obligado por la situación regresiva de los factores sociales de época. El alba es un instante  y el ocaso una eternidad. El llanto del instante se seca en las mejillas.
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 El individuo puede ser consciente o no de su condición de individuo social de clase, que debe protege sus intereses de grupo y defenderlos mediante la consciencia de sus antagonismos subjetivos y objetivos. Si la sociedad no produce al individuo, éste regresa, no a la naturaleza, sino al estado asocial del límite natural y técnico de regreso a la subsistencia. Deja de poseer las cualidades propias de ser individuo de una sociedad, que organiza la reproducción de la unidad de sus variables económicas e ideológicas  de permanencia.  No hay detrás del individuo nada que no sea la reproducción de su individualidad comunal a través del trabajo colectivo. El individuo es social en cuanto produce, consume y reproduce  la producción colectiva. El desengaño y el escepticismo son estados regresivos de la improductividad. Formas de no ser  ante una sociedad regresiva en su modo de reproducción, que ha destruido sus límites de reproducción material y cultural. Los límites involutivos no provienen de una situación metafísica de la condición humana, sino de la evidencia científica de las restricciones  materiales e ideológicas de un derrumbe social.
El derrumbe del individuo social es simultáneo a las desarticulaciones de las regiones de producción y la superestructura jurídica e ideológica sociales. La totalidad social se derrumba cuando capacidad de producir un nuevo modo de producción se vuelve una constante improductiva. No hay cambio de variaciones de la productividad social ante los límites naturales y tecnológicos. La clase dirigente llega al límite máximo de explotación del individuo sin que tenga conciencia de sus límites autodestructivos. Los contendientes de las dos guerras mundiales europeas desconocieron los conceptos de extinción y del límite de resistencia de una sociedad en guerra. El individua social fue sacrificado bajo los gritos nacionalistas de la Las Furias mitológicas del grito de la tierra común en la ideología del odio. Las Furias de la guerra eran  exterminadoras de los supuestos racionales de la continuidad social. La crisis económica evidencia su crueldad en el militarismo ideológico.  Lo fue desde la gran crisis de 1870, la de 1929 y la del 2008. La militarización ideológica de la sociedad es un proceso orgánico de  no superar los límites restrictivos de las relaciones sociales de clase en la producción y la ideología. La falta de lucidez de la unidad social  ante los límites de la involución de las condiciones de reproducción de un sistema social. La sin razón jalona los radicalismos exterminativos  sociales hasta el estado de barbarie.
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Una elevación de la ideología de la competividad del individuo no social  ha sido el imaginario de la función del mérito individual. Intereses de clase  para hallar la incrementar la capacidad adquisitiva del dinero por la acumulación que incremente la propensión al consumo de medios de vida y objetos de lujo de las minorías de la avaricia de la propiedad y los ingresos monetarios. La burocracia estatal y de partido político, la verticalidad piramidal empresarial estables un conjunto de reglas sociales del mérito del acenso y las caídas sociales en desgracia.  El mérito de la competitividad reside en la imposición absoluta del dominio de obediencia y el monopolio de los medios de producción y financieros. La sociedad monopolista de la minoría del mérito se enfrenta  a la máxima acumulación calculada de capital. Festeja la esencia acumulativa como un triunfo de la organización piramidal. El poseído por la gracia de la salvación y su voluntad de dominio.
 La voluntad de dominio blasona la aristocracia de la competencia de sangre noble. Su ortodoxia manifiesta que el liderazgo proviene del esfuerzo individual de coerción sobre los otros.  La voluntad de poder se perpetúa en la transmisión legal del patrimonio. Va del fautor a sus  herederos. El trabajador no transmite patrimonio alguno ni aun la pericia de su oficio. El capitalismo generacional, del economista  Schumpeter, procedía del acto de fe  de que las generaciones empresariales nacían de la inmanencia del modelo de producción capitalista. Eran de los capitanes de la industria capitalista generaciones que, eclosionaban como larvas, arrastrando las condiciones de supervivencia material y cultural del sistema social a través de las ganancias máximas  de sus negocios. Sólo estaban condicionados por su nivel congénito de ingenio y capacidad de revalorizar su capital a través del trabajo ajeno. El capital genera sus administradores y su capacidad de revalorización en la acción competitiva de mercado de precios. Schumpeter olvidó el mecanismo de la herencia jurídica patrimonial y el elitismo de la transmisión de la cultura a través de las instituciones generadoras de clase social de dominio. No hay eclosiones naturales de empresarios que no se apoyen en la estructura privada prestataria de capital o en las instituciones crediticias estatales. Al principio puede haber un huevo, pero luego se vuelve un  pollo. La tecnología de la información creada por individuos con ingenio ha terminado en las manos de los grandes aglomerados del capital accionarial  Los incrementos de la productividad y la ampliación del mercado están en gestores herederos de capital  y en la gestión empresarial piramidal de la aristocracia del dinero. No eclosionan totalidades renovadoras con un capital propio que imponga nuevas visiones de la inversión rentable  del capital sin la aportación del patrimonio legado o las conexiones financieras y tecnológicas de la productividad financiera del capital de préstamo de inversión. No se descubre el lazo del hombre natural con los portadores de riqueza acumulada. Hay la acumulación de riqueza en un poco de la sociedad y miseria en el otro. El registro de la riqueza material e ideológica es transmitido por herencia legal.
La brecha de la desigualdad crece o decrece través de la relación del crecimiento o decrecimiento de la apropiación privada de las ganancias del plustrabajo no pagado. No hay crecimiento de riqueza monetaria sin trabajo gratuito. Hay productividad creciente de valores de uso, pero no aumentos salarial. El dinero no produce dinero, sino como medio de compra del trabajo ajeno. El  crecimiento de la riqueza y de los ingresos pertenece al ámbito de actividad de producción social. El crecimiento de la renta trabajo no es mayor que el crecimiento de la riqueza social de valores de uso del ciclo de producción.  La inversión de capital dinero especulativa obtiene mayores ganancias ficticias de papel dinero legal que el capital industrial. La renta monetaria del salario es decreciente. El decrecimiento de la renta monetaria salarial marca niveles de desigualdad. La masa monetaria salarial decrece refleja la caída de los salarios por debajo del nivel medio de subsistencia. La masas monetarias apropiadas por la minoría dominante crece con la disminución de los salarios. Los salarios reales disminuyen  por las imposiciones fiscales del estado. La ganancia empresarial proveniente del trabajo directo  es menor que el sobre trabajo extraído por la ganancia. El sobre trabajo se traslada a las rentas especulativas a través del presupuesto de endeudamiento estatal, dándose correlativamente el crecimiento de los intereses a pagar y la disminución de las prestaciones sociales estatales. El ingreso nacional medido en cantidades de trabajo decrece mientras crece la renta monetaria medida en ganancias especulativas de endeudamiento estatal y la  venta-compra de renta fija en bonos y letras del tesoro y la variable de aumento de cotización bursátil  de acciones y obligaciones privadas.
Se ha sobrepasado, en su decadencia de productividad de valores reales, al capitalismo industrial de explotación salarial a favor del capitalismo especulativo financiero, a través de las políticas impositivas sobre las rentas del trabajo y la redistribución impositiva al capitalismo especulativo. La detracción de la masa salarias desde dos frentes: a) el plustrabajo  directo b) el plustrabajo indirecto por las imposiciones fiscales. Como el trabajador no puede gastar más de lo que gana, las imposiciones gravosas del estado disminuyen su mínimo de subsistencia salarial e incrementan su endeudamiento a corto  y largo plazo.
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La carencia de la utilización del factor variable del trabajo en los procesos de producción conduce a la falta de reproducción del sistema de  producción tanto a nivel salarial como en las ganancias industriales.

 El paro obrero es un límite a la capacidad de reproducción del sistema económico y social. El crecimiento de las masas sociales activas  improductivas causa profundos desequilibrios abiertos a la autodestrucción del sistema. Uno de estos desequilibrios es el retorno de la mendicidad en los trabajadores activos, que vuelven a marginalidad del limosneo y la olla comunal. Sobrevivir depende de relaciones de producción, pero también de relaciones sociales de coerción legal. La seguridad de sobrevivir se vuelve una variable dependiente de relaciones económicas regresivas a formaciones sociales de marginalidad superadas. La venta de fuerza de trabajo se vuelve una mercancía residual independiente del mínimo vital. Los trabajadores pobres y los trabajadores emigrantes deprecian la longevidad de sus vidas. Precios de intercambio depreciados. Al sacar fuera del salario de subsistencia al trabajador, la durabilidad de la vida se acorta. El individuo social se vuelve regresivo. Queda sometido a la inseguridad. Su vida no depende de él, sino de la explotación de las relaciones de mercado laboral nacional e internacional. No llegan a mantenerse ni el trabajador ni sus descendientes. La crisis económica recae en las masas sociales sujetas al capitalismo neoliberal de utilización del hombre como ganancia máxima.

lunes, 21 de abril de 2014

El individuo y su protagonismo en la historia.


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 El individuo está cifrado. Está hecho de fechas. Éstas lo determinan y agobian. Cada día es una fecha que se repite, que incide en dejarlo atrapado en el laberinto de los números de su vida. Es un tren que va deteniéndose hasta llegar a la vía muerta. Allí donde hay yerbajos de recuerdos y en tiempos de lluvia el  sol de la clarividencia, también los jaramagos amarillo de cera y canarios de goma. La inquietud de vivir se calma con los números positivos que aumentan y disminuyen en los depósitos de dinero. La adicción a tener marcas  de avaricia en  el rostro imbécil de los poseedores de fortunas. Ellos no son ricos hasta que la curva marginal de la eficiencia del capital acumulado crece hasta la saturación. A mayores cantidades de dinero mayor gradación psicológica negativa de la infelicidad del lujo. Los poseedores de gastos no ahorran. Sin dinero no hay gastos. Sí deudas. Gastan si tienen dinero o deudas. Están sometidos a la ley creciente de la insuficiencia de recursos económicos.  La concentración de capital y de renta es creciente en los ricos mientras que en el polo opuesto de los pobres  crece la pobreza. A los individuos trabajadores no se les compra su fuerza de trabajo o la vende por debajo del mínimo vital. Son los individuos sometidos al día final de la fe de la abundancia. Están ahí. Son millones de individuos que entran en las urbes para encontrar trabajo. En un movimiento emigratorio que llena los arrabales suburbiales de marginados que huyen de la inanición. Están desorientados, cogidos a los contactos de  los móviles. En cada llamada salta la liebre de la noticia. Un no o un sí. El lenguaje en dos monosílabos. Si hay trabajo, no hay trabajo. Un código binario. Los contactos decrecen y permanece el código binario. La no producción de empleo fluye y la circulación-velocidad de la masa monetaria se contrae hasta que los precios de las mercancías no realizan las ganancias por el decrecimiento de los precios de venta. La crisis económica desequilibra el equilibrio de la oferta y demanda monetaria.  La máquina teórica económica de K.Wickell: Una máquina simple, “El procedimiento es más bien simple: en la medida que los precios permanezcan sin cambiar la tasa de interés de los bancos debe permanecer sin cambiar. Si los precios aumentan, la tasa de interés de los bancos debe aumentar y si los precios caen, la tasa de interés debe ser disminuida y a partir de ese momento mantenida a ese nuevo nivel hasta que una nueva modificación de los precios demande una nueva modificación del interés en una dirección o la otra" “Dado que, de hecho, la economía (y la población) está creciendo, ese crecimiento se financia con crédito o dinero creado de la nada por las autoridades financieras y los bancos. Siempre y cuando ese dinero se preste a la misma tasa de interés normal, los precios se mantendrán.”
Ahora el marcador  flujo de la máquina de hacer dinero a la deflación de los precios y al aumento de la cantidad de dinero a inyectar de liquidez al sistema financiero. Para evitar la baja de precios de los productos financieros del mercado de valores especulativos.
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La máquina económica entra en las vía muerta de la escasez de inversión y el aumento del ahorro de los ricos espera un aumento de la tasa de interés para comparar la propensión marginal a mantener liquidez y el interés hasta que la ineficiencia del ahorro obligue a la disminución de la liquidez y a la inversión. Eficiencia psicológica de mantener la no liquidez de dinero  varía en razón directa al aumento de la rentabilidad de los activos líquidos o semilíquidos, depósitos y valores de capital, empujados por bajas tasas de interés, con grandes ofertas de dinero barato por los órganos económicos -financieros, que se inyectan en los circuitos de acumulación de capital especulativo. Las máquinas de fabricación  de dinero se conectan a las máquinas de diferencias gananciales especulativas. El dinero consume dinero hasta que el hastío de su función acumulativa y circulatoria produce las náuseas de la seguridad de la avaricia. Las máquinas impresoras de estampitas estatales son útiles sin hay recurso de capital sin utilizar a precios altos de monopolio. La máquina dinero se acopla a la máquina inversión de excedente y a la máquina de trabajo con precios mínimos de contratación. Si no hay recursos naturales ni humanos sin utilizar  la máquina dinero sube los precios con una producción baja.  Junto a la superproducción de dinero surge la  adicción a la no inversión real y a la producción irreal de objetos defectuosos. Las masas sociales se acuestan sobre el miedo de no ser utilizadas por los empresarios y no retribuidas con un salario que posibilite la continuidad de su vida. El consumo del miedo es el consumo de los salarios bajos y el desempleo. La escasez de producción, el desempleo en las empresas industriales y de servicios para rentabilizar el trabajo mal pagado y el consumo de objetos de lujo en deuda son síntomas de la economía de la decadencia.
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La máquina socia se deja al milagro de la pobreza asistida. Los códigos sociales de castigo se organizan en máquinas políticas de represión ideológica o en máquinas de violencia física.  Son máquinas de instinto exterminativo.  Las máquinas de producción industrial se adhieren a las máquinas de producción de dinero improductivo. Se adhieren a las máquinas de poder legislativo, a la máquina de organización territorial nacionalistas, a la máquina que reordena flujos de enfermedades mentales y se enganchan a los deseos imperativos, reproductivos de inseguridad ante  los límites internos biotecnológico. Las fechas del calendario devuelven la extraña vejez prehistórica de los abandonados.
Conviene repetirlo: El Ello es máquina de energía psíquica inconsciente, se inyecta a la circulación monetaria la convierte en dinero papel de deseo. El Ello conecta la represión y los instintos destructivos, se cuela en la corrupción especulativa financiera. El Ello es una relación de no sujeto y  no mundo. Una máquina que funciona en el vacío de los espacios infinitos del inconsciente. El Ello acopla las máquinas simples humanas  a máquinas complejas tecnológicas. De la azada del campesino a la central nuclear. En el Ello hay duración de consumo de energías. Las máquinas son flujos sádicos y masoquistas de agregados simbólicos de tecnología de producción y estancamiento. Las regresiones sádicas tecnológicas son retornos homicidas, que atraviesan las funciones regresivas del Estado intervencionista en la cotidianidad desprotegiendo las necesidades sociales que hacen del individuo un ser con realidad.
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No es un paroxismo de la decepción afirmar que el individuo más que un protagonista de la historia es un observador cansado de una vida que le han impuesto. El cansancio físico y moral de pertenecer a la casualidad del espectador, que atraviesa la calle consigo mismo sin ninguna percepción de existir para él ni para los demás. Arranca de un punto final de una avenida al comienzo de otra. Se repite hasta el agotamiento. Los demás, aquellos que pasan aturdidos por el cielo gris de la adversidad de estar como cosas, que traslada el tiempo a un lugar desconocido. Hay dolor en el debe metafísico de la náusea en el asfalto. La náusea que mancha los zapatos de la objetividad de la existencia. Una no objetividad  que cierra los ojos para no tener necesidad de mirar dos veces su miedo. No es el infierno de Dante, sino la pared de la casa y el fondo de la calle. Lorca escribía de los ladridos muy lejos del río. El río está soterrado y los perros van atados a las correas. Hay gente que arrastra carritos de huida por la estaciones de autobuses. Suelos desgastados por los cien mil zapatos de cien mil generaciones, sin fotografías que las recuerden. Ni tan siguiera los mendigos dejan sus zapatos  en la acera por temor a las multas de los vigilantes. Este mundo cerrado por la indiferencia de la náusea metafísica está compuesto de alambres que sujetan los pies y las manos. No hay huida a la llegada de los bárbaros que esperaba Kavafis:” Esperando a los bárbaros. ¿Qué  esperamos agrupados en el foro? Hoy llegan los bárbaros.  Porque la noche cae y no llegan los bárbaros. Y gente venida desde la frontera afirma que no hay bárbaros. ¿Y qué será hora de nosotros sin bárbaros. Quizá ellos fueran una solución después de todo.” Tampoco esperamos a Alicia. No hay espejos ni conejos. Quizá haya acabado el tiempo de los individuos que esperan la apuesta de la fe en el milagro de existir. Ni siquiera la apuesta pascaliana de la estrategia pragmática de la esperanza. ¿Por qué no ha de ser la crueldad la visión  de una sociedad en la que la clase social, el dinero y la ambición son los actores principales de la sumisión del ser acongojado por su nimiedad  de su existencia? El descubrimiento cierto de la vida antiheroica empuja  a la náusea de la nada sartriana. El individuo no se vuelve un ente universal por la responsabilidad moral. Es un par de zapatos gastados en el asfalto para  resistir dentro del impulso de la vida que  no se rehace. Pero hacerse a uno mismo es tener la fuerza de permanecer vivo en la condiciones del entorno social. La fuerza de la vida proviene de la necesidad de que querer ser permanencia, que se resiste a la incertidumbre, que  no se crea desde la instancias jerárquica de las máquinas sádicas de dar y de quitar. Saber es tener conciencia de las variables económicas y políticas que posibilitan la existencia o la no existencia. Y el individuo es un ser que sabe e ignora simultáneamente. El saber y la ignorancia entremezclan la exaltación báquica y el miedo a dejar de existir en la sombras del Hades. El terror del dolor contiene el desbordamiento de la inanidad y la pasión de salir por la puerta más estrecha para gastar los zapatos. El oscurecimiento más extremo es la aceptación del miedo como una fatalidad de la decepción. Se afirma que el individuo es más que un protagonista de la historia es un observador cansado de una vida que le han impuesto. El cansancio físico y moral de pertenecer a la casualidad del espectador, que atraviesa la calle sin ninguna percepción de existir para él ni para los demás. Arranca de un punto lejano de una avenida para llegar al comienzo de otra. Los demás, aquellos que pasan aturdidos por el cielo gris están con nosotros, pero tienen el mismo dilema de existir ante las máquinas desposeídas, acopladas a las máquinas del trabajo ajeno  y del dinero ajeno.

jueves, 20 de marzo de 2014

Ello y Sociedad.


Escribe Sigmund Freud, en su libro el Yo y el Ello, que la diferenciación de lo psíquico en consciente e inconsciente es la premisa fundamental del psicoanálisis. O dicho de otro modo: el psicoanálisis  no ve en la conciencia la esencia de lo psíquico, sino tan solo una cualidad de lo psíquico, que puede sumarse a otras o faltar en absoluto.”
El individuo se vuelve consciente dentro de los mecanismos psíquicos de la inconsciencia. Determinados impulsos psíquicos se escapan de la censura y se imponen sobre la resistencia del yo racional. Pero los psiquismos del inconsciente se pueden trasladar al psiquismo social.  La historia de la barbarie se engarza a las turbaciones de inconsciente enganchadas en el lenguaje persuasivo del dominio. No hay ninguna garantía científica de un yo que excluya las perturbaciones de los deseos del inconsciente. Hay algo inquietante que es la posibilidad de que el inconsciente individual esté manipulado hasta el extremo de adquirir la imputación de ser una parte deformada de la sociedad represiva.
No hay un yo transparente, un orden social racional kantiano que diferencie los intereses de la razón de los intereses de la barbarie. Dentro del individuo y la sociedad de  la barbarie, los instintos de muerte aparecen súbitamente. El paisaje interior del  inconsciente despótico está oculto y marcado por la simbología de la máquina estatal territorial del gran déspota de las ciudades y la tierra de las revoluciones urbanas del paleolítico. El gran déspota original de la ciudad de Ur asocia su inconsciente la conciencia general social con sus pulsiones de incesto, amor y muerte. 
Pero El ello no es sólo una máquina psíquica territorial, sino una máquina de producción de deseos. Es máquina de flujos seminales o la máquina tecnológica que destruye la tierra. Flujos documentales, archivos en piedras y vasijas y papiros, la máquina de inscripciones que deben entregar la memoria. Las máquinas tecnológicas y las máquinas burocráticas técnicas y sociales se montan unas sobre otras hasta llenar el espacio de la comunicación. Un lápiz es una máquina simple y una turbina nuclear una máquina compleja. Ambas escriben sobre la tierra y el dinero. Tierra y dinero grafías de dominio en el cuerpo extenso de la sociedad. Las grandes máquinas sociales montan con las grúas de la historia constitucional de los estados. El cuerpo de la tierra, el cuerpo del estado despótico, el cuerpo del capital dinero, el cuerpo sin órganos de los estados esquizofrénicos totalitarios. Todas las máquinas estatales provienen del primer estado de la ciudad de Ur y del déspota que tatúa su cuerpo con la transgresión de lo psíquico y la propiedad. Todos los símbolos arqueológicos del déspota de Ur están atravesados por la energía psíquica del Ello inconsciente del déspota de la producción asiático a la producción del capitalismo esquizofrénico.
 Volver la cabeza atrás, al curso de la historia, es hallarse con el Ángel del Apocalipsis.  Él ángel de las revoluciones y las contrarrevoluciones de la tierra de Ur y del oro y la plata para pagar los mercenarios. El Ángel de la cultura neolítica,  de la ciudad y griega, la ciudad cretense, las urbes precapitalista de la guerra de 1914-1918, las urbes militares de la II guerra mundial, las urbes de la favelas marcadas con grafitis y las torres verticales de cristal y aluminio de ciudad cibernética. Las ciudades agujeros de los cables ópticos pinchados, donde la voz y la escritura torpe son comunicaciones espiadas. Millones de individuos anónimos expuestos a la investigación para averiguar sus comportamientos, sus formas de amar y de competir con sus dudas. La guerra de estados, las guerras de sexos, de empresas, de ciclos fiscales contractivos de consumo regresivo y la desigualdad  milenaria de ricos y pobres desde la ciudad Ur a las ciudades neocapitalistas de Asia. Y siempre presente el límite interior de la muerte del individuo en los pabellones del cáncer y del sida junto círculo de la radiación nuclear infinita.
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 Ello se convierte en muerte, en cercamientos de ladrillos de  zigurat, en las murallas que defienden razas, religiones y pobreza, Todo más desde las dinastías chinas a los estados del imperialismo capitalista. Una presencia del Ello enmascarado en los códigos cuneiformes asirios, en las tecnologías de la información, de los flujos capitalistas de palabras en la banalidad del espionaje estatal sobre  sociedades serviles. Los mandatos del inconsciente sádico a la obediencia de la represión y el lenguaje arbitrario y lleno de represalias. Ello dios del poder. El dios que reina en la avaricia del dinero nominal y el desprecio de la mercancía humana, cuyo precio monetario se establece en los mercados laborales deslocalizados, de las regiones de materias primas y mano de obra barata, junto a las urbes de consumidores abastecidos por los impulsos inconscientes de las mercancías del deseo y el indeseo de lo actual y lo pasado.
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El Ello reina en las pulsiones inconscientes y en la sociedad irracional, fetichizada por la necesidad de sometimiento a la lógica del instinto de consumo. Todos ser vivo quiere permanecer vivo para el Ello, aunque el terror se convierta en el dogma de la existencia. El Ello es la tierra, el cuerpo, la máquina y la escritura. Es la esencia del tiempo sádico y masoquista. Todo ser es un ser para el tiempo. Para un tiempo físico que  incluye el deseo y la muerte como esencias. El tiempo  flujo homogéneo  que es energía a la máquina de máquinas del zigurat. Del tiempo simple de la cerilla encendida al tiempo complejo de la estructura  tecnológica.
Ello que incluye al yo adiestrado en la disciplina de los guerrilleros maoístas, que negaron la transmisión de la cultura sembrando cadáveres en las fosas del genocidio camboyano.
 El Ello inconsciente carga y funciona en todas partes. Ello es una máquina psíquica, pero una maquina que produce deseos de exterminio y de procreación. Los deseos despóticos de la política y los deseos de la gran orgía de cuerpos desnudos en azufre religioso. Ello funciona en todas partes, de una forma continua y discontinua. La máquina de la esquizofrenia capitalista de la mercancía y el dinero. Máquina  fría de la fisión nuclear y máquina caliente del amor. El Ello se deteriora  y arregla para recomenzar e unidades aglomeradas de cosas y órganos. Cubos de basura y perfumes. Es un órgano incestuoso y amoral y órgano de ritual del  recalentamiento ficticio de la piedad del derecho internacional. Eyacula flujos aditivos de drogas y energías que se desplaza por un espacio geométrico infinito.
El Ello es amoral, pero se vuelve trágico al exigir, a través del yo, la racionalidad del encadenamiento de la máquina de deseo émbolo y la máquina cilindro. El dios trágico del estado medieval exigía la racionalidad de la jerarquía trascendente al Todo  a la Nada. El todo y la nada son instantes de funcionamiento de la máquina paradójica que dice sí y no a la al amor y a la muerte. Se vincula el deseo de amor al odio extintivo.
EL Ello máquina, se inyecta a la tierra y a la convierte en mercancía dinero. Se desconecta de la tierra para vigilar los agujeros negros del Universo. El Ello es una relación de no sujeto y  no mundo. Una máquina que funciona en el vacío de los espacios infinitos del inconsciente. Ello acopla máquinas simples a máquinas complejas. De la azada del campesino a la central nuclear. En ellas  hay muerte. Las máquinas y las manos son flujos sádicos y masoquistas de agregados simbólicos de tecnología de producción y estancamiento. Las regresiones sádicas son  retornos homicidas  que atraviesan las funciones de exterminio.
El Todo social se deja esclavizar por el Estado Ello, por los códigos de funcionamiento del yo organizado políticamente  en una máquina del Ello. Las masas sociales se adhieren a las máquinas de poder, como el ciclista que se suicida frente a un tren de alta velocidad. La organización irracional reordena los flujos psíquicos y se engancha a los deseos imperativos reproductivos de seguridad ante a  los límites internos de superar el tiempo físico de la desaparición.
4
La producción de inseguridad fluye en el miedo de la inseguridad pasiva. La máquina de producción se articula  a la máquina de consumo. El alimento a la máquina dental. Juntos la superproducción de represión y adicción al consumo del miedo. La producción plena de capital industrial y especulativo para rentabilizar la esclavitud humana.
 Ello maquina a pleno rendimiento de las máquinas de máquinas, de individuos lanzaderas en los talleres de producción de tejidos baratos  y ocultos en Bangladesh. Anónimas realizaciones de valor económico, fetichizadas por el dinero basura de la divisa de baja cotización. Ofrendas a un dios trágico de la producción de pobres y al consumo de ricos, el dios siempre presente de la sobreproducción y el subconsumo. El individuo y la máquina se estacan en incesantes deseo de las odaliscas imaginarias. El todo social se desarregla en los equilibrios del subempleo humano y material. Ello se detiene y los flujos de mercancías, órganos de máquinas e individuos se estancan. No producen. Los equilibrios de los flujos de ingresos decrecen hasta un regresivo retorno a situaciones de supervivencia de máquina obsoletas e individuos detenidos en coyunturas sociales sin salida. El Ello se detiene.
Llega la oración del individuo trágico: “Que si esperamos es sin esperanza”.
 Ello máquina energía se ha vuelto un Ello psíquico moral. La moral trágica del todo social que espera incesantemente la única solución del milagro. Lo irracional del milagro es la única racionalidad. El límite interiorizado de la muerte natural se vuelve también el límite interior de la sociedad. Las variables de la producción y el consumo sociales se convierten en cantidades constantes. Una constante es un límite que obliga a lograr nuevas máquinas sádicas y nuevos individuos trágicos es sus propuestas de salvación.  El todo social manifiesta de manera trágica los límites internos de su reproducción. No hay una razón práctica que prevenga de las paradas de la máquina de la reproducción social. El límite devuelve inconsciencia a través de los flujos sádicos, inmanentes e ese límite trágico que espera una solución trágica.

El Ello y la máquina reinan sobre el Todo social. 

martes, 18 de febrero de 2014

Tal es la puerta.


Escribió Lao tse:
Ser y no ser salen del fondo único/ no se diferencian nada más que por sus nombres/ y ese fondo único se llama Oscuridad.
Oscurecer  esa oscuridad /
Tal es la puerta/.
Inevitablemente, en sus aciertos y desaciertos de cazar los valores de su vida, el individuo se halla en una profunda soledad de oscuridad y preguntas. Como un móvil insiste en penetrar en un tiempo homogéneo que corta las tijeras de la cotidianidad. El individuo transcurre desde el punto de inercia de su entrada en el mundo hasta incluirse en la producción de descendencia biológica y material. De un brinco, insiste en estar en una existencia que se acomode a las necesidades del tiempo histórico que le ha tocado. Saltar por sobre las constantes y variables de las oportunidades de vivir en la necesidad. Pero la oportunidad de la necesidad  se encastra en la en la dependencia de un no ser dependiente de las variables reduccionistas de lo que otros deciden. Su acercamiento al mundo de la necesidad y su satisfacción es un fenómeno complejo económico e ideológico. El mundo no se nos da envuelto en papel de regalo. Usualmente viene en papel de baja calidad, que metafóricamente es el precio de mercado. Una entrada anónima al recinto de la inconformidad de los intereses. Se la ortodoxia  del conjunto de principios de una ideología, donde el hombre es una cosa-valor trabajo que produce bienes de uso o es también una cosa que reproduce falsas  emociones irracionales.
Tal es la puerta oscura.
La puerta del ser y de la nada. Las circunstancias de ser o no ser en un entorno de enfrentamiento sociales ante a una puerta oscura. El finalismo existencial nos encuentra frente al espejo de lo que los demás son o no son. Como nosotros. El ser y la Nada es hallarse en la oscuridad de la pregunta esencial, cuál es el sentido de la vida. Del finalismo absoluto del individuo. Pero el finalismo es un dejarse adherir por la mayoría que acepta las reglas de la supervivencia y se ve obligada a servir en una sociedad irracional y reproblable. Al tener que decidir sobre el mundo, tiene que hacerlo eligiendo entre una conciencia falsa o verdadera. Una conciencia dominada o una conciencia libre. La conciencia dominada acepta el interés inmediato de la necesidad falsedad, conformándose a su precio inhumano. No resiste el desgajamiento personal por una euforia del integrado por una sociedad que espejea la comodidad inconsciente. La conciencia libre es una hipótesis categórica  de negación de la falsedad, aceptada en la protección eufórica de la seguridad de tener bienes de consumo  en una escala creciente. El adagio popular del estómago caliente y ríase la gente. La conciencia falseada nos lleva a indagar  la racionalidad o la irracionalidad, la falta de claridad que dificulta la precepción del dominio que la falsea. El individuo falseado es unidireccional en la comprensión de las relaciones sociales de dominio. No quiere preguntarse sobre el origen de los hechos que falsean su conciencia. Le falta luz sobre las condiciones de los hechos que le permiten vivir como un ser falseado. Es más, la conciencia falseada es la mueca del hombre que contagiado. La risa de la euforia se abre y muestra su ambigüedad de valor existencial. Para la conciencia real la esencia del mundo es un problema de condiciones reales que se entrelazan realizado las condiciones totales de supervivencia humana
2
Para Lao la conciencia falseada es un no ser y un ser. No abre que una pregunta por la categoría del ser y el no ser, sino en una síntesis que los integra. Tanto el  ser y el no ser  salen del fondo único de la síntesis de la oscuridad. Si el ser es el tiempo individual o cósmico, el no ser es su Nada. La Nada es la existencia del no ser en el tiempo. Si al tiempo de la conciencia falseada  lo introducimos en la historia, la Nada es el no ser de la historia. Pero ese fondo único que Lao llama Oscuridad es la Nada del ser y del no ser. ¿Por qué oscurecer la Nada? Lo negro sobre negro es una Puerta. No es la muerte, sino la Puerta. La atracción metafísica de la mente busca la dimensión de su ser por la oscuridad de su Nada. La Puerta hay que ennegrecerla para llegar al puno ser y no ser. La puerta ennegrecida que es un deber moral, a priori kantiano, de ser oscuridad para hallar el actor puro del ser que supere el no ser. La conciencia real de la conciencia imaginaria. Se debe existir por la negación irracional esencia del individuo falseado y negarlo por su ser pragmático que emerge de los excrementos irracionales, que afirman el dominio de la sociedad por individuos falseados. El dominio es el fondo oscuro de la historia. Se enfrenta al individuo para lanzarlo a la no esencia de sí mismo: La Nada del tiempo represivo y sacrificado de una sociedad unidimensional. La sociedad unidimensional reprime los valores éticos que la niegan. El individuo unidimensional tiene una conciencia falseada por la oscuridad del consumo como ideología. Es la Nada del ser en la indeterminación inhibida por lo que se manda.
3
Lao  escribe sobre el  hallazgo metafísico de la  puerta oscura para pintarla más oscura. El no ser ennegrecerlo hasta la oscuridad para encontrarse percibiendo la síntesis del ser y de la Nada. Una existencia individual de vivir  en la síntesis de su afirmación y negación. Vivir en una categoría mental y una necesidad biológica en la convivencia de la obediencia a la naturaleza y la necesidad social. La perplejidad de la libertad se corresponde a la necesidad de elegir. La perplejidad de una voluntad que elige al amo. El acto de elegir al amo, no supone que desaparezcan el amo y el esclavo. La elección del amo falsea la libertad. La sujeción del esclavo al amo es anterior al acto de la libertad como decisión de una conciencia libre. El esclavo es un no ser sujeto por su cadena. Las democracias formales permiten la elección de minorías, que ya están dadas antes de ser electas.
La puerta y su fondo oscuro Laosiano impiden llegar a ella a través de un acto electivo. Tiene que ser un acto libre del saber y la voluntad. La puerta ésta y no se elige con una actitud pragmática. No se abre con el juego del amo y el esclavo sumisos a la elección. Diríamos que la voluntad de no decidir oscurece la historia. Hay que pintar en lo negro para hallar la puerta. Enorme esfuerzo del individuo unidimensional que quiere entrar por la puerta oscura del no ser y La Nada. La sociedad industrial capitalista en su unidimensionalidad se da en la felicidad como euforia de consumo  y el esfuerzo encanallado de ofrecer el precio dinero del trabajo al rito fetichista de la mercancía hombre-cosa. Sin que haya ninguna fisura entre el individuo y la cosa, se venden cantidades de trabajo por el precio de un dinero de utilidad marginal. La producción del individuo se asienta en la máquina de producción marginal que implica la sumisión de los esclavos a los amos. La elección de los amos por los esclavos es una farsa política de represión. De cambio de cantidades de trabajo gratuitas  por la voluntad de acatamiento de la  ideología de sumisión.
La herencia laosiana queda traicionada en el mercado de los hombres y las mercancías. De individuos que en lugar de pintar y oscurecer no transgreden la oscuridad represora. El individuo unidimensional elige ser una cosa. No Ser una transgresión al orden institucional, que elige en un juego ideológico los electores de las instituciones sociales. Se quedan en  propietarios de bienes de producción y vendedores de salarios de subsistencia. La producción de mercancías para revalorizar el capital y degradar la rebeldía.  
Si hay una Nada que  produce mercancías con precios de mercado ¿No  quedará entonces el individuo como una cosa anexionada a la producción tecnológica y  la ideología política como un devenir de instituciones ideológicas para  necesidades falseadas?
4
 Se mantiene la sobredeterminación de la razón y la libertad por la producción de individuos sin criterio. En la irracionalidad se formaliza la constitucionalidad de la desigualdad.  Los conceptos de dominio se vuelven ambiguos por el lenguaje de la fascinación trascendente de la existencia como un no ser. La esencia del contenido de dominio está siempre en la interioridad del no ser. Los individuos se deslizan por el delante de la oscuridad sin que hayan modificado la ley universal de la desigualdad. Las masas sociales urbanas actuales están dentro de la invariabilidad de la inseguridad del no ser que proviene de la desigualdad económica. Los actores individuales y colectivos del ser desparecen del escenario social. Las relaciones sociales de dominio permanecen.  
Para Lao la metafísica del mundo es la perpetuidad del ser y el no ser de la ley de la desigualdad. Los intervalos oscuros de la irregularidad de la ley del no ser conforman los efectos negativos de una sociedad.
Ser y no ser salen del fondo único/
no se diferencian nada más que por sus nombres/
y ese fondo único se llama Oscuridad.
Oscurecer  esa oscuridad /

Tal es la puerta/.

lunes, 20 de enero de 2014

Opacidad y transparencia.


1
El conocimiento produce detrás de la percepción de los sentidos. El conocimiento no viene dado, no es una piedra que alguien extraño arroja contra la frente,  y hace sangrar la verdad por la percepción inmediata de los sentidos. Ante la verdad el individuo trabaja con la materia prima de conocimientos anteriores, las ideologías y representaciones caducas, las percepciones del mundo desfasadas, actúa con los instrumentos metodológicos  e instrumentales y produce conceptos. Todo es un proceso del cerebro que produce. Cualquier proceso de producción utiliza materias primas, instrumentos, procesos técnicos y logra un producto final que es un concepto.  La ideología es un pseudo proceso de producción ideológica que también usa los ciclos de las etapas de la materia prima ideológicas, los la metodología de la instrumentación y su producto final que es la expresión de sustituir la ciencia por la apariencia. El falsario sabotaje de la ideología en su desconexión con la verdad científica. El ver los conceptos del conocimiento es un ver la realidad donde no la ve la ideología. Un ver la verdad como un producto del cerebro, que trabaja con las percepciones, y la negación de las representaciones de una realidad idealizada por los intereses convencionales. La ciencia es una práctica teórica de producción de conceptos científicos. Es un ver del conocimiento donde la ideología no ve. El ver donde no se ve. El juego mental de la mirada  para captar las diferencias entre la ciencia y el no ver ideológico.
La ideología señala la realidad inmediata como la verdad. La mayor frustración del individuo en la senectud es  no comprender sin ver la falsedad de su apuesta por la ideología. El señalar como norma que obliga  es delimitar la esencia de la verdad. Las  palabras como marcadores señalan las cosas, pero no dan su verdad. La esencia de la verdad está por debajo de los signos. La esencia del saber no la encuentra el bastón del invidente. El bastón de invidente busca tanteando la piedra que lo hará caer. Quien busca señalando la distancia del sol por los sentidos lo hallará encima de su cabeza. Señala con el bastón del invidente. Golpea la realidad, pero la desconoce y en su no ver no produce conocimientos. No penetra la realidad al preferir disfrazarla con los signos vacíos de relación del lenguaje. Pregona la ceguedad gritando invita al desconcierto y al temor.  La letanía ideológica del leguaje económico o político es afásica en los conceptos. Trampea con la ceguedad del ver palabras amontonadas y hojas de cálculo con proyecciones estadísticas. La matemática es un instrumento de la producción de conceptos, pero no la producción misma. Producir el conocimiento racional es relacional lo aparente con la esencia. El ver no produce la realidad, sino que produce la ignorancia sobre el uso de la mirada y un  lenguaje como instrumento que enmascara los intereses de las minorías de la mirada falseada y el vocablo huero. Las retahílas de vocablos interesados, en manifestar la verdad de los intereses de las minorías, llenan los anaqueles de las bibliotecas ocultas en los sótanos que bifurcan la verdad del no ver en el ver.  La plegaría del ciego bibliotecario quiere ver verdad  en los libros abiertos sin lector. La suficiencia del ver fuera de la realidad. Se habla del ciego bibliotecario en la filosofía neoplatónica de la escuela de Alejandría. Cuando en la biblioteca de Alejandría, se quemaron los libros, y no el bibliotecario que los custodiaba, la plegaria de invidente bibliotecario fue que su mirada quedase fuera de las llamas para evocar el ver de las palabras. Las fantasías transgresoras sustituyen la realidad con lo imaginario. La gran fantasía verbal de que haya bienes imaginarios que sustenten a los individuos reales. La máquina fantástica de las facultades mentales para reproducir vocablos de cosas inexistentes e idealizar las reales.
2
 Los vocablos vacíos, desclavados de sus significados reales, se vuelven delirios oscuros del lenguaje onírico, que agarran la irrealidad psíquica  sadomasoquista.
 La ceguedad del ser que sufre está en la mirada posesiva de Otro que al mirarlo lo niega. No le permite ver tapando la razón con el servilismo del miedo. El servilismo es el finalismo de la fatalidad inducida. Algo así  al destino que ejerce el cruel sobre el dominado. El dominio es la voluntad de una  fuerza que quiere ser obedecida, que actúa de manera inevitable para modificar la relación de poder del de individuo con el servilismo de la esclavitud. La existencia de dominado queda abierta en canal. Un buey en el matadero. El matadero de las masas marginales actuales en las relaciones de dinero y poder. El dinero es la capacidad de compra del dominador en el dominado. El ser del individuo se vuelve precio de mercado y castigo del desempleo.
 La ideología económica  es una fuerza social organizada  que da existencia imaginaria a la producción material y espiritual de la sociedad. En la irrealidad económica, los hombres se vuelven de imaginario vidrio, como el personaje del relato cervantino. Y detrás del individuo de vidrio,  se ve la inmensidad de la insania como Nada.
La Nada sobredetermina las condiciones de existencia. La Nada es una unidad operativa que cuantifica unidades imaginarias de tiempo que convierten al ser humano en un no- ser que opera en la ceguedad. El gran Maligno cartesiano descubre, al final de la vida, que el individuo vive dentro de la ceguedad imaginaria de sus trincheras. Es tipo modal de una  ceguedad temporal que acaba con la gran desilusión de la época. Las nauseas del ver imaginario dan una colador del agua sucia al subsuelo psíquico. El subsuelo de los intereses materiales defendidos con los juegos imaginarios de la clase social, el individuo elegido y la masa de marginados. La moneda al aire que rebota en la sartén de bien y mal, situados donde se tuestan las oportunidades del oficio de inquisidor y de burócrata. La conciencia del oficio de vivir escribe en su Nada las condiciones sociales, variables y actuales de la escasez material e ideológica. Los productores de la Nada ideológica viven conscientemente con la máscara de su ideología. La Nada es una ideología invertida de las condiciones reales del ser del hombre en el mundo. Los sueños de La Nada es la inversión de las condiciones del individuo, cuyo temor hipertrofiado es tropezarse con alguien o con algo que sean reales. Las formas invertidas de la Nada  ideológicas actúan para mantener el conflicto del individuo real con el individuo de imaginario. Ahí se vive dentro de la opacidad de de las ideologías sociales. La ideología se vuelve un instrumento de falsas transparencias para confundir y atrasar a los marginados. La opacidad del individuo explica su obediencia a la jerarquía del temor y el orden. Ser opaco es un equilibrio  por no   verse mirado por el orden jerárquico. Esa terrible jerarquía de miradas que analizan el interior de la inconsciencia opaca. El individuo opaco se entrelaza a los vocablos vacíos de la Nada. La voluntad efectiva de los individuos opacos no actúa en la conciencia transparente de los dominantes con el rigor de la violencia que amenace romper la sociedad de dominio.
Los equilibrios de subsistir en los individuos opacos  integran los procesos de extrema crueldad masoquista. ¿Qué puede hacer un individuo  opaco? No hay nada en el mundo que no obedezca a las leyes de la oscuridad y la transparencia. La fascinación de la transparencia del poder jerárquico  corresponde a las fantasías estratégicas de los dioses que dominan el destino de las masas sociales opacas. Así se confirma la eficacia de la ley de la desigualdad de la oscuridad y la transparencia. La desigualdad de la oscuridad y la transparencia  se vuelve un factor de estabilidad del temor, que atraviesa las generaciones perpetuándose. Las máscaras transparentes  cambian sus gestos cínicos y los actores opacos se mantienen en el escenario público a través de la ubicuidad ambigua de la ausencia y  presencia obligadas.
 La ideología de los transparentes  se vuelve la ideología de los invidentes. La estructura compleja de las  opacidades y las transparencias, de las verdades y las mentiras  perpetúan la ley creciente de la oscuridad en la desigualdad legalizada. El escenario social del individuo opaco no cambia. Sólo cambian los personajes que le gritan los miedos de su conciencia irreflexiva. Y dentro del drama de la conciencia que duda de su opacidad,  individuo puede adquirir la dimensión rebelde que avanza por su destino en busca de ver por dentro de sí mismo.
3
La jerarquía de domino se perpetúa en las representaciones ideológicas de la transparencia y la opacidad. La transparencia de la propiedad privada de clase establece equilibrios estables de los bloques de dominio político. Los bloques políticos transparentan regímenes de poder absoluto y democracias de representación popular.

La esencia del poder de clase que concibe sus intereses particulares como intereses generales actúa con transparencia de su hegemonía   en el control de las relaciones de individuo Estado. Actualmente 1% de una minoría plutocrática controla el 50% de la riqueza social. Y lo hace con la transparencia de su dominio del aparato económico y político del Estado. En la transparencia de las leyes políticas se acumula la riqueza minoritaria.  Y las luchas sociales retornan a las luchas de clases  primitivas de la sociedad clásica por evitar la pérdida de la tierra por los campesinos hipotecados. Actualmente las luchas sociales se dan en el reparto del gasto público en atenciones sociales generales del salario, la propiedad privada de la vivienda, las atenciones sanitarias y educativas. En las luchas sociales actuales se utiliza la opacidad y la transparencia de la información. La opacidad debe ir derrumbándose en la concepción realista de las relaciones de poder entre opresores y oprimidos. Es necesario que el foco de luz del saber en la verdad disipe la ignorancia de los imaginarios de los individuos opacos.

sábado, 21 de diciembre de 2013

El Bosco: condena y salvación.

1
El Bosco nos lleva, a través de su pintura, al encuentro de la insuficiencia del hombre para hallar la salvación eterna. Insistentemente ironiza y se burla  con respecto  a las imperfecciones religiosas que correlacionan la fe y las servidumbres del pecado. El hombre siempre está entre las promesas del Jardín de las Delicias y el infierno interior y exterior de su condición religiosa. Las líneas de sus dibujos deforman los rostros hasta la crueldad de la caricatura del loco y el límite de las deformaciones corporales en la superficie rectangular del cuadro, que determina, con sus marcas cromáticas, la visibilidad ante el teocencentrismo finalista del hombre como medida de salvación. El Bosco se esfuerza denunciando la persistencia del pecador por renunciar a ser representante de dios. Por debajo de las masas de color de sus pinturas, surge la voz desesperada de quien quiere salir fuera de destino temporal para no encontrar el horror vacuo del Juicio final.
El Bosco muestra el mensaje  de un hombre que sale de la baja Edad media para encontrarse con el renacimiento de la cultura clásica en las instituciones políticas, jurídicas y económicas. El mensaje de la mediación de las formas legales de la moral sobre los contenidos cristianos de la presencia obstinada del pecado. Bosco, (1450-1516), rechaza un cristianismo que se huelga en la hipocresía de la liturgia, que conlleva los medios y los fines del poder de tener  bajo el disimulo moral. La sociedad está jerarquizada por la aristocracia del dinero, los gremios manufactureros,  el internacionalismo de la producción textil, la circulación del dinero, la aristocracia de los banqueros que controlan los préstamos internacionales a los estados, junto a las finanzas de la Curia del Vaticano. Frente a esta desorganización social desigual de las necesidades sociales, están las instituciones represivas, la pirámide del poder de la riqueza y el mar sin fin de la pobreza. El Bosco se asienta en la protesta religiosa, que exige organizar la Iglesia católica con la tradición del cristianismo primitivo. Los ejes ideológicos de vuelta al cristianismo, en los que El Bosco queda constreñido a su concepción del finalismo religioso de la existencia movida por el sentido de la trascendencia de los actos. La trascendencia mística del movimiento herético valdense que rechaza la veneración de imágenes, la transubstanciación, el Purgatorio, la veneración a María, las oraciones a los santos, la veneración de la cruz y las reliquias, el arrepentimiento de última hora, la necesidad de que la confesión se haga ante sacerdotes, las misas por los muertos y las indulgencias papales, la pena de muerte, el uso de armamentos y la participación en guerras. Aunque el trasfondo esencial de la herejía valdense y protestante es la pobreza y la conexión moral de la necesidad de que tierra sea de propiedad de las comunidades cristianas.
Ante la concepción valdense de las manifestaciones del  mundo religiosos primitivo, están las relaciones sociales de propiedad de la tierra, los gremios  y sus ordenanzas, la producción gremial, la coacción  de los reglamentos municipales dictados para aprovechamiento de minorías  que monopolización las compras de materias primas y las ventas de productos acabados. Los artesanos menores quedan fuera de la formación de los precios de venta y de fijaciones del mercado de trabajo. También  el pueblo de trabajadores desprotegidos por las leyes y las ordenanzas gremiales. La formación del salario y la jornada de trabajo se imputan al precio de venta. Se le excluye de los derechos civiles y políticos de la Comuna Política. Quedan prohibidas las asociaciones de obreros, sus asambleas y se le  divide como el pueblo del diablo  rebelde y el pueblo de dios sumiso.
 Para el Bosco, y por la manifestación social de su arte, la sociedad jerarquizada por la riqueza estaba condenada. Era necesario un retorno a un cristianismo de la pobreza como medio de salvación de la humanidad perdida. No había redención para ella desde una fe basada en el cristianismo sin los pobres. El infierno de El Bosco es denso como el aceite. La suma infinita del horror es la condenación del presente. La suma finita del horror es el infinito que repite los gritos de los castigados en el espanto  de la intemporalidad del mal.
2
El cuadro del Cristo con la Cruz acuestas de El Bosco es una  de las mayores expresiones acusativas artísticas de la indiferencia moral ante el individuo condenado.  A la caída del hombre-dios en desgracia por su rebelión contra la injusticia de la pobreza y su rebelión ante el desorden del mundo, se le contrapone la ley del castigo de la muerte o la a reclusión de la pobreza y la ignorancia a sus seguidores. La mística de la esperanza es barrida y expuesta en manifestación de delito contra el poder  y el castigo que éste impone por el desorden. Esta esencial división, la expresión religiosa y el deber del sometimiento a los poderes temporales, el Bosco la traza simbólicamente a través la diagonal  de la cruz, que divide el cuadro de izquierda a derecha, hundiendo a los personajes hacia el fondo del ángulo derecho. La diagonal de la cruz es el elemento espacial que atraviesa la composición pictórica. Introduce a la víctima inocente entre la indiferencia laica de sus ejecutores.  Los personajes del cuadro comentan unos con otros. Nunca se sabrá el sentido de sus comentarios. Pero es evidente que justifican las explicaciones legales del castigo. Exculpan el poder que ha sancionado el sacrificio del inocente. Los gestos de los personajes al igual que la diagonal de la cruz son instrumentos de tortura.
 La eepresentación de Cristo es el de un hombre inocente, dulce y joven. Está fuera de la audición de los comentarios. Es un hombre dentro de él mismo, en el crucial instante de aceptar su desaparición del mundo. El hombre, que sabe con certeza su muerte, se aparta del contacto del lenguaje. No hay conexión ilativa. Sólo en la diagonal de la cruz apoya la cabeza y muestra su semblante reflexivo. La agonía se convierte en mandato de promesa de orden espiritual. El Bosco eleva al sacrificado a la cercanía mística de la iluminación central del cuadro. Y esta luz de la reflexión física  y espiritual está fuera de los gritos y los gestos de los personajes del cortejo. La Verónica está también  fuera de lo inhumano, de la sinrazón de la barbarie. Ellos dos, Cristo y la Verónica, para el Bosco, son dos  seres que quieren huir mentalmente de la sinrazón. Una sinrazón, que el Bosco expresa, pintándola con individuos sayones, aglomerados, manchados con la indiferencia de la  práctica cotidiana del disimulo. Ellos, los personajes del cortejo, gesticulan, gritan, sin sonidos, sólo gestos histriónicos en el silencio de la pintura. Son seres traídos del oscuro tenebroso de las masas de siervos urbanos de la baja Edad Media. Se diría que la amargura del individuo está perdida en la brutalidad de la indiferencia, la jaculatoria de un bestiario.
 En el ángulo inferior derecho del cuadro, tres personajes del bestiario de la insania, cavan jadeando la expresión verbal de la injusticia. La mirada del espectador queda fija en ellos con el estupor que origina la sinrazón. Para El Bosco, la locura del mundo es la condenación del inocente. La multitud de los personajes, arracimados al acompañamiento, arrastran sobre la estulticia la explicación absoluta de la fatalidad del destino ciego del poder que decide la historia y a sus víctimas. Aunque una historia que el pintor quiere acercar a lo máximo a la mirada del espectador es un grito plástico del tiempo convertido en testimonio de lo imperecedero del mal y la locura. ¡Cuánto sufrimiento de las víctimas que cae como hojas en este caminar del hombre sobre el plano vertical de su existencia! Es el dolor que verifica el valor de la existencia. El Bosco hace un cuadro en la esencia de la verdad espiritual, testimoniando la inhumanidad hasta la desesperanza.
3. Adenda
En los siglo XVI, XVII Y XVIII, los Hospitales Generales, las parroquias y las Workhouses utilizaban los espacios carcelarios para los pobres y los locos. Espacios punitivos de la pobreza material y mental de los desajustes sociales de ricos y pobres. Estos espacios carcelarios  desempeñaban un doble juego de represión: a) la conversión de los vagabundos y mendigos  en trabajadores en épocas de bonanza económica, reabsorción del  desempleo y control de los alborotos y rebeliones sociales en las épocas de crisis. b) Controlar la tasa general  salarial media  cuando ésta subía por encima del nivel mínimo de pobreza. De forma que el salario mínimo actuara sobre los productos básicos manufacturados y de  alimentación de pobres. Los salarios reales pagados en los establecimientos de confinamiento para pobres, con costes salariares mínimos, era la medida para las alzas y bajas de los salarios generales y las ganancias medias de la industria. El Salario del bronce marcaba la situación del  mercado de las ganancias. El salario del bronce era el de subsistencia mínima del pobre que producía en las casas de internamiento. Esta variable salarial provenía de los establecimientos de confinamiento de pobres productores y marcaba los ascensos de los precios de los bienes básicos, constituidos en su coste por referencia a la mano de obra internada. El alza del precio de utilidad del trigo aumentaba las rentan de los propietarios hacendados y el salario en trigo del mínimo vital. Al aumentar los salarios reales y disminuir las ganancias de los sectores preindustriales, era necesario que la producción de trigo de los establecimientos de pobres bajara el precio del  mercado de trigo. La utilización de mano de obra barata internada en casas de pobres  afirmaba la dialéctica del trabajo como mínimo de subsistencia y de máxima ganancia. La energía humana, objetivada en el producto, era desvalorizada en términos reales de necesidad. La producción sobre la base constitutiva del trabajo, en el mínimo de subsistencia, era la relación de dominio económico para que el trabajo no llevase en sí sus propias ganancias.