viernes, 16 de julio de 2010

Kafka: Josef K.

Dostoievski, en “Memorias del subsuelo”, descubre para la novelística la psicología del hombre del resentimiento. Un individuo sin capacidad de olvido, que activa las huellas del inconsciente, los traumas de la humillación en una reiterada e interiorizada venganza. Las motivaciones de lástima y orgullo le llevan a fabulaciones sadomasoquistas. Con él, aparece el animal con memoria, que rumia sin olvido, que habrá de dar a la aparición de personajes del resentimiento totalitario, su aparición partidaria en las manifestaciones conservadoras de masas del siglo XX. Se uniforma bajo la connivencia y la financiación económica de grupos extremos, en su rencor anticapitalista y en su extremado rigor violento con las actividades de obreros, que reivindican mayores incrementos salariales o peticiones pacifistas en las crisis internacionales. El hombre del resentimiento atacará de manera exterminativa a los oponentes de clase económica e ideológica. Sus sentimientos de rencor se homogenizarán en las simetrías de los uniformes y en movimientos corporales rítmicos. Las sumisiones de mando y rango en la sombría posición del lumpenproletario. El desclase en la mediocridad vengativa. El rencor y el viciado monólogo de esperar escondido en la memoria del subsuelo. La flagelación humillante para penetrar en los delirios esotéricos del futuro, que aguarda en el tiempo del subsuelo.
Sin embargo, Josef K, de Kafka, es la creación literaria de un personaje al que se le limita la duración de la vida por ser un condenado que ignora la culpa por la que es castigado. Josef K cae bajo los límites represivos de instituciones sociales ocultas e independientes que aplastan las relaciones de una voluntad individual libre. Si el lenguaje dostoievskiano reitera la venganza obsesiva del hombre del rencor que se ha separado de la comunidad como sustancia de su realidad y pretende existir manteniendo las quemaduras de una conciencia humillada y sin olvido, Josef K es un individuo de una colectividad falseada que le predestina a ser una persona falsificada, incluirlo en la irracionalidad del ser atrapado en una cotidianidad sin valores absolutos de justicia y libertad. Un mundo social urdido en la ideología de la culpa irredimible, que da al individuo los atributos de estar apresado por delitos desconocidos. Josef K se enfrentará a la fatalidad del destino personal bajo el proceso por un delito del cual desconoce la causa. Es un ser predestinado por regulaciones jurídicas capaces de ejecutar y definir la fatalidad de la culpa irredimible, elevada a los distintivos de las bestias agresivas y solitarias de los seres modificados por la inoculación del odio.
En las anotaciones del diario, coexistentes a la escritura de la novela El Proceso, Kafka cuenta:“ No puedo seguir escribiendo. Me encuentro en el límite definitivo, ante el cual debo permanecer de nuevo décadas enteras, para empezar una vez más una nueva historia que quedará inconclusa. Este destino me está persiguiendo.”
Las novelas de Kafka suelen quedar inacabas, en correlación a las dilaciones de la intuición creadora, que dan sentido a la complejidad de una situación existencial angustiosa, de escaso perfeccionamiento formal y sentido real de los actos justos, en un mundo sin temor ni espera. Los estados de ánimo depresivos, le impiden a Kafka proseguir sus trabajos en un acto lúcido, que le posibilite intuir las formas del conocimiento, en la trabazón social del dominio de la familia autoritarias y la sociedad intransigente, que imponen la fuerza imperativa, monótona, persistente y absurda.
La sociedad kafkiana, de las dos décadas primeras del siglo XX, se hunde en un modelo de reproducción social autoritario, que se mantiene sobre la manipulación de las conciencia invertida por el empleo del poder absoluto. Kafka pertenece a una sociedad agotada, de relaciones de poder autoritarias, que se ocultan en un cinismo simplificador de la verdad para ocultar las discontinuidades de un orden social de inestabilidad interminable. Los relatos kafkianos están en la provisionalidad emocional e intelectiva de una concepción del mundo inmanente a los flujos temporales de la memoria histórica, en su extinción social. Si para Dostoievski hay el sufrimiento de la redención trascendente, para Kafka la fatalidad de su existencia pertenece a la oscuridad de una sociedad vigilada por la delación y la injusticia arbitraria. El individuo está sujeto al sinsentido de una sociedad, que deja la radicalidad de la existencia vacía, y el límite natural de la durabilidad en el silencio infinito de la muerte.
La vida de Josef K, en el Proceso, se determina sobre un delito desconocido, que le imponen fuerzas sociales irracionales. Su condena se manifiesta en la estructura de la tragedia del absurdo. La vida de Josef K habrá de ser la confirmación de una sentencia condenatoria por un delito que ignora. Nunca podrá defenderse hasta llegar al extremo de su asesinato como una víctima degollada. Josef K está en la gratuidad de la negación del hombre sin culpa, castigado por el procedimiento de conservación de una sociedad en decadencia.
Si la tragedia de la negación consiste en adoptar una actitud de no gustar ni participar de un mundo carente de valores trascendentes e intemporales, la tragedia de Josef K es la negación de un proceso judicial interminable del que ignora su procedencia y finalidad. Josef K buscará una entrada en la historia circular de los poseedores de la crueldad. Lo finito humano se adentra en lo infinito de la voluntad organizada en institución de poder. Josef K soporta el resentimiento, aplicado a debilitar y acabar con el hombre real y consciente.
La novela, “El Proceso”, se inicia con el arresto de Josef K. La Policía entra en su domicilio cuando él está dormido. Se encuentra desnudo ante la interrupción de los sujetos obedientes al mandato de detenerlo. La acción está dirigida a debilitar su identidad. Un individuo sorprendido está desnudo ante la coacción. El comienzo del terror exige que el individuo retorne a la desnudez natural.
“¿Quién es usted?- preguntó K, incorporándose en la cama. El hombre, sin embargo, pasó por lo alto la pregunta, como si fuera completamente natural su presencia en aquella casa y se contestó con una pregunta a su vez:
-Ha llamado usted.
-Anna tiene que traerme el desayuno-dijo K-, tratando de establecer por conjeturas, quién podía ser aquel hombre. Pero el otro no se entretuvo en dejarse examinar, sino que volviéndose hacia la puerta, la entreabrió para decir a alguien que parecía encontrarse detrás de ella:
- ¡Desea que Anna le traiga el desayuno!.
En la pieza vecina se oyó una risita que, a juzgar por el ruido, no era posible determinar si pertenecía a una o varias personas. Aunque el extraño no hubiera podido averiguar por esa risa lo que no sabía de antemano, dijo a K, en tono de aviso:
-Es imposible.”
Se inicia el acceso a la dependencia de la voluntad ajena. Es un factor de sorpresa y de debilitamiento de la conducta del detenido.
“-No quiero ni quedarme aquí, ni que usted me dirija palabra en tanto no me diga quién es.”
En la habitación vecina había otro hombre, sentado junto a la ventana abierta, y provisto de un libro, del que apartó la mirada al ver entrar a Josef K.
“-Hubiera debido de permanece en su habitación. ¿No se lo dijo Franz?
-Sí, pero, ¿qué desea usted?- dijo K, apartando los ojos del nuevo personaje para mirar a aquel a quien acababa de llamar Franz, que permanecía en el umbral de la puerta.”
Franz Kafka denuncia la pasividad del extraño, introduciendo en la narración a los espectadores que observan su detención, como si con ello intentase introducir la indiferencia con respecto a lo ajeno, dándole la singularidad del espectáculo de la desgracia extraña.
“Por la ventana abierta se volvió a ver a la anciana vecina, que continuaba apoyada en la suya, contemplando la escena con curiosidad verdaderamente senil, como para no perder nada de lo que allí ocurría.
K hizo un movimiento para liberarse de los hombres.
-No dijo el que estaba junto a la ventana, dejando su libro sobre una mesita y poniéndose de pie- No tiene derecho a salir está detenido.
K añadió: ¿por qué?
-No estamos aquí para decírselo. Vuelva a su cuarto y espere.
Ambos examinaron su camisa y le aconsejaron que se vistiera con ropa de inferior calidad, manifestándole que ellos se harían cargo de lo que llevaba puesto así como de toda su ropa blanca, y que se la devolverían en el caso de que el asunto terminase bien.
-El mejor, le dijeron, que nos confíe sus cosas para que las guardemos, pues en el depósito se producen con frecuencia pérdidas, y por otra parte allí se acostumbra a revender todo pasado cierto tiempo, sin que nadie se moleste en averiguar si el proceso ha terminado o no. De todas las maneras el depósito le devolverá a usted el dinero obtenido de la venta, pero no sería gran cosa ya que en la operación el precio no está determinado por la importancia de la oferta si no por los sobornos, y además la experiencia demuestra que esa sumas disminuyen al pasar de mano en mano.”
Los verdugos de los campos de exterminio arrancaban las muelas de oro a las víctimas y en las crisis económicas el patrimonio escaso de los trabajadores se vende a los compradores de oro. Las familias asalariadas no dejan patrimonio a sus sucesores. De una manera o de otra lo pierden en la vejez.
“¿Qué clase de hombres eran aquellos? ¿De qué hablaban?¿A qué departamento oficial pertenecían”.
Se disponía a comer su propio desayuno. Los esfuerzos de Josef K por identificarse resultan nulos. Los agentes no los admiten.
“No puede haber ningún error. Las autoridades a cuyo servicio estamos, y de las que únicamente conozco los grados inferiores, no son las que buscan los delitos del pueblo, sino que son atraídas por el delito y entonces nos envía a nosotros, los agentes de la ley y no puede haber ningún error.
-Yo no conozco esa ley- dijo K. (…)
-Tú lo ves William; reconoce que ignora la ley pero al mismo tiempo afirma que es inocente” (…)
Apoyados en la ventana de enfrente hallábase de nuevos los dos ancianos; pero ahora el número de espectadores había crecido, pues detrás de ellos se veía un hombre que les excedía mucho de altura. Éste tenía la camisa abierta en el pecho y no cesaba de retorcerse su barba rojiza entre los dedos.
Dijo el oficial: tampoco puedo decir que usted está detenido, o mejo dicho, no sé si lo está. La verdad es que está detenido y no sé más. (…) Mi misión era informarlo; ya lo he hecho, y he visto como lo ha tomado. Por hoy es suficiente, de modo que podríamos despedirnos, transitoriamente, por supuesto. Me imagino que querrá ir al banco.
“-¿Cómo puedo ir al banco si estoy arrestado?
-No me ha comprendido. Cierto que está detenido, pero eso no le impide en modo alguno cumplir con sus obligaciones. No debe alterar su vida cotidiana.
Por aquella noche- el tiempo había transcurrido muy rápidamente en medio de un activo trabajo y de una gran cantidad de cordiales felicitaciones en el día de su cumpleaños-K prefirió encaminarse a su casa inmediatamente.
Sí- dijo ella en voz baja-, pero no tiene que tomar la cosa demasiado a lo trágico. Son cosas que pasan en el mundo.”

jueves, 1 de julio de 2010

Kafka: La doctrina compasiva (y 3).

“En ese momento oyó el explorador un grito airado del oficial. Acababa de colocar, no sin gran esfuerzo, la mordaza de fieltro, dentro de la boca del condenado, cuando este último, con una náusea irresistible, cerró los ojos y vomitó. Rápidamente el oficial le alzó la cabeza, alejándola de la mordaza y tratando de dirigirla hacia el hoyo; pero era demasiado tarde, y el vómito se derramó sobre la máquina.
-¡Todo esto es culpa del comandante-gritó el oficial, sacudiendo insensatamente la barra de cobre que tenía enfrente. Me dejarán la máquina más sucia que una pocilga. (…) Durante horas he tratado de hacerle comprender al comandante que el condenado debe ayunar un día entero antes de la ejecución. Pero nuestra nueva doctrina compasiva no lo quiere así. (…) ¡Qué diferente era en otro tiempo la ejecución! Ya un día antes de la ceremonia, el valle estaba completamente lleno de gente; todos venían sólo para ver; por la mañana temprano aparecía el comandante con las señoras; las fanfarrias despertaban a todo el campamento; yo presentaba un informe de que todo estaba preparado; todo el estado mayor- ningún oficial se atrevía a faltar- se ubica en torno de la máquina; este montón de sillas de mimbre es un mísero resto de aquellos tiempos. La máquina resplandecía recién limpiada; antes de cada ejecución me entregaban piezas nuevas de repuesto. Antes cientos de ojos- todos los asistentes en punta de pie, hasta en las cimas de las colinas- el condenado era colocado por el mismo comandante debajo de la Rastra. Y entonces empezaba la ejecución.” El oficial rechaza la teoría compasiva.
La doctrina compasiva pretende sentimientos de conmiseración, pena o lástima, hacia quienes sufren calamidades o desgracias. Ella fue, a finales del siglo XIX, propagada ideológica, por los retornos de la crueldad extintiva de la jerarquía de dominio aristocrático y la exaltación de este sufrimiento a la esfera religiosa. Se proponía introducir el apoyo mutuo de los oprimidos en la participación de una comunidad idealizada. Unas comunidades carentes de la opresión del poder político y económico de las articulaciones contributivas de las rentas de vasallaje, bien en dinero o en prestaciones obligatorias del trabajo gratuito en las tierras feudales de la aristocracia. La formación medieval del excedente económico es transparente, no se presenta oculto como en el capitalismo. El trabajo gratuito en la tierra aristocrática aparecía en bienes de uso sin coste de salario. El trabajo gratuito de los campesinos, que causaba la riqueza de la aristocracia, se trababa con la miseria general. La riqueza llegaba del número máximo de días de trabajo, dedicados a las tierras del señor, y los exiguos días empleados en la producción de bienes para la subsistencia del trabajador. El dominio de propiedad, y de casta aristocrática, aumentaba el trabajo gratuito de producción y disminuía el trabajo de subsistencia en la parcela del campesino. La obtención de trabajo gratuito servil se daba en los imperios de Alemania y Austria-Hungría, Rusia, Turquía, Bulgaria, África y Asia.
El siglo XX presentaba la extrema desigualdad de la pobreza en continentes. La perpetuación metafísica de las relaciones de dominantes y dominados se perpetuaba en millones de campesinos, siervos del mundo. Los desheredados de la cultura y la alimentación. Los sobreexplotados por la violencia organizada. Millones hombres degradados en las experiencias simbólicas del hambre y la sumisión a un orden del poder jerarquizado. Las instituciones de dominio se posicionan en la desorganización de la resistencia de los oprimidos y el desplazamiento de esta opresión al misticismo y al fatalismo de la resignación ante el mal. El hambre de trabajo gratuito por parte de la jerarquía de dominantes es insaciable. Una reducción de los salarios reales es un aumento del trabajo gratuito. Las luchas económicas se establecen sobre el fundamento de la relación antagónica entre salarios y ganancias. El trabajo gratuito forma un excedente económico de clase en benes consumo inmediato, materias primas, y masas monetarias que se concretan en la circulación de los intercambios, a través de los precios nacionales e internacionales, en riqueza privada. La formación de excedentes económicos, por el trabajo no pagado, es la dinámica histórica de clase en la producción y la acumulación privada de la riqueza.
Nikoláievich Tolstoi (1828-1910), novelista ruso, emprende, a finales de 1882, la búsqueda de valores morales y sociales, que fuesen capaces de determinar un nuevo rumbo al egoísmo desenfrenado de la aristocracia por el excedente económico de los campesinos. La voracidad del trabajo gratuito, que concretaba la riqueza de la aristocracia y la miseria de los campesinos. Ante la situación destructiva del pueblo ruso, Tolstoi extendió, a través de su literatura la doctrina compasiva contra el mal. Era un mal metafísico, que no revolucionaría la situación de pobreza de los campesinos, pero les habría de servir para unirlos en la religión evangélica valdense. Los principios del evangelismo cristiano: amor hacia los seres humanos y resistencia ante las fuerzas del mal.
La teoría de la doctrina tolstoyana cimentó en los humanistas liberales y demócratas europeos, ante el inhumanismo de las monarquías absolutistas europeas y asiáticas. La salvación sumisa del pobre fue utilizada para cambiarla por una nueva situación de representatividad de las instituciones políticas por la aristocracia y burguesía industrial, que llevará a cabo una reforma política desde arriba para evitar la revolución desde abajo. La emigración de las masas de campesinos liberaba consumo que podría ser comercializado en las ciudades industriales. La emigración de campesinos hambrientos libera bienes de consumo y materias primas que se liberan del consumo para ser exportados y servir de canje para las importaciones de capital industrial. Los planes de estabilización económica, determinados en la reducción de los salarios reales, contienen el mismo efecto: disminuir el consumo interno para sustituirlo por el consumo externo. El consumo externo paga las deudas internacionales y aumenta la miseria interior. El trabajador paga con su necesidad las deudas de una sociedad de clases.
La teoría tolstoyana de retorno a un campesinado espiritualizado retrasó la visión de la evidencia de una sociedad atrapada por la propiedad privada del excedente agrario y del excedente industrial.
Volviendo a la novelística de Kafka, éste pone, en el diálogo del oficial ejecutor, el rechazo a la teoría compasiva, como el acto de una voluntad débil que se desprende de la necesidad del procedimiento ejecutor por la culpa indudable. El oficial le cuenta al explorador las ejecuciones públicas festivas en la Colonia Penitenciaria, durante el mandato del antiguo comandante- tótem. El oficial no comprende que se rechace la máquina-tótem y la mirada- lente que permite gozar del dolor en el acto afirmativo de la ceremonia de poder en la eliminación de los disidentes.
Se confiesa el oficial: “Y tanto yo como la obra del antiguo comandante estamos irremediablemente perdidos. (…) Fue para mí una verdadera felicidad de que asistiera solo a la ejecución. (…) Y ahora elevo ante usted una súplica: ayúdeme contra el comandante”. Con la agudeza del torturador, el oficial intenta explicarle al explorador un plan que no fallará. Le pide que colabore con él para darle normalidad a la ejecución ante las reticencias del nuevo comandante.
“-No.
El oficial parpadeó varias veces, pero no desvió la mirada.
-¿Desea usted una explicación?- preguntó el explorador.
-Así que el procedimiento no le convence- dijo el oficial para sí- y sonrió como un anciano que se sonríe de la insensatez de un niño, y a pesar de la sonrisa prosigue sus propias meditaciones-Entonces llegó el momento-dijo por fin, y miró de pronto al explorador con clara mirada, en la que se veía cierto desafío, cierto vago pedido de cooperación.
-¿Cuál momento?- preguntó inquieto el explorador, sin obtener respuesta.
- Eres libre-dijo el oficial al condenado, en su idioma; el hombre no podía creerlo- Vamos eres libre-repitió el oficial.
Entonces oficial empezó a deletrear la inscripción, y luego la leyó entera.
-“Sé justo”, dice-repitió el oficial. (…)
A pesar de la evidente prisa con que se quitaba la chaqueta del uniforme, para luego desvestirse, totalmente, para luego tratar cada prenda de vestir con sumo cuidado. (…) Ya estaba desnudo. El oficial se dirigió hacia la máquina. Era alucinante ver cómo la manejaba, y cómo ella le respondía. Apenas acercaba una mano a la Rastra, ésta se levantaba y bajaba varias veces, hasta adoptar la posición correcta para recibirlo; tocó a penas el borde de la Cama, y ésta comenzó inmediatamente a vibrar; la mordaza de fieltro se aproximó a la boca; se veía que el oficial hubiera preferido no ponérsela, pero su vacilación sólo duró un instante, luego se sometió y aceptó la mordaza en la boca. Todo estaba preparado, sólo las correas pendían a los costados, pero eran evidentemente innecesarias, no hacía falta sujetar al oficial. Apenas se cerraron las correas, la máquina comenzó a funcionar; la Cama vibraba, las agujas bailaban sobre la piel, la Rastra subía y bajaba. El explorador miró fijamente durante un rato. Trabajando casi silenciosamente la máquina pasaba casi inadvertida. (…) Lentamente la tapa del diseñador se levantó, y de pronto se abrió del todo. Los dientes de una rueda emergieron y subieron; pronto apareció toda la rueda, como si alguna enorme fuerza interior del Diseñador comprimiera las ruedas, de modo que ya no hubiera lugar para éstas; la rueda se desplazó hasta el borde del diseñador, cayó, rodó un momento con el canto por la arena, y luego quedó inmóvil. Pero pronto subió otra, y otras la siguieron, grandes, pequeñas, imperceptiblemente diminutas; con todas ocurría lo mismo, siempre que aparecía el Diseñador, pero aparecía un nuevo grupo, extraordinariamente numeroso, subía, caía, rodaba por la arena y se detenía. El oficial extendió las manos. En ese momento la Rastra con el cuerpo atravesado en ella, como solía hacerlo después de la duodécima hora. La sangre corría por un centenar de heridas, no ya mezclada con agua, porque también los canalículos del agua se habían descompuesto. Y ahora falló también la última función; el cuerpo no se desprendió de las largas agujas; manando sangre, pendía sobre el hoyo de la sepultura, sin caer. La Rastra quiso volver a la anterior posición, pero como si ella misma advirtiera que no se había librado de su carga, permaneció suspendida en el hoyo.
-Ayúdame- gritó el explorador al soldado y al condenado, y cogió los pies del oficial.
Los sistemas sociales desaparecen cuando se agotan las posibilidades de su permanencia. La Máquina-tótem desaparece con la desaparición de la vida del oficial ejecutor. La relación biunívoca del oficial y la máquina-tótem no admitía ninguna posibilidad de pervivencia fuera de las instituciones represivas que habían formado a ambos.
“En ese momento, casi contra su voluntad, vio el rostro del cadáver. Era como había sido en vida; no se descubría en él, ninguna señal de la prometida redención; lo que todos hallaban, el oficial no lo había hallado; tenía los labios apretados, los ojos abiertos, con la misma expresión de siempre, la mirada tranquila y convencida; y atravesada en medio de la frente la punta de la gran aguja de hierro.”
La historia kafkiana expresa la crueldad habitual de su tiempo de historia. Kafka sabe que el dolor tiene un sentido: proporcionar placer a alguien que lo inflige o lo contempla y mantener un orden social para la culpa y la expiación. Esto es lo que nos enseña la más larga y antigua historia del hombre: el castigo tiene aire de fiesta. Se hace del dolor consecuencia de la culpa. No se debilita la historia del dolor. Se fabrica más tecnología del horror. Se le interioriza para mantener la obediencia y el simbolismo de la prometida inmersión en el bien.

“

viernes, 18 de junio de 2010

Kafka: el procedimiento de la culpa indudable (2).

"¿Cómo la sentencia?-preguntó el explorador.
¿Tampoco eso sabe?-dijo el oficial asombrado, y se mordió los labios. (…) A una visita de semejante importancia ni siquiera se le ponga en conocimiento el carácter de nuestras sentencias, constituye también una insólita novedad, que…-Y con una maldición al borde de los labios se contuvo y prosiguió.- Yo no sabía nada, la culpa no es mía. De todos modos, yo soy la persona más capacitada para explicar nuestros procedimientos, ya que tengo en mi poder- y se palmeó el bolsillo superior-los respectivos diseños preparados por la propia mano de nuestro antiguo comandante.
“- ¿Los diseños del comandante mismo?- preguntó el explorador. ¿Reunía entonces todas las cualidades? ¿Era soldado, juez, constructor, químico y dibujante?
-Efectivamente- dijo el oficial asintiendo con una mirada impenetrable y lejana. (…) Nuestra sentencia no es aparentemente severa. Consiste en escribir sobre el cuerpo de este condenado, mediante la Rastra, la disposición que él mismo ha violado. Por ejemplo, las palabras inscritas sobre el cuerpo de este condenado- y el oficial señaló al individuo- serán: HONRA A TUS SUPERIORES.”
Para el oficial, la Rastra inscribe en el cuerpo del condenado una máxima universal para una voluntad de mandato universal. La máquina ejecutora y la memoria del comandante, su constructor, se han elevado al acto moral universal. La estima y el respecto a los superiores indica la ley de dependencia definitiva de individuos superiores sobre individuos inferiores. Como si hubiera un desarrollo evolutivo de la jerarquía de poder, el oficial traslada al presente la autoridad del Padre-Progenitor, y arrastra la historia inconscientemente a una prehistoria de deudores y acreedores, donde unos tienen una deuda que deben pagarla inexorablemente: La deuda que se interioriza en culpa y expiación. Las sociedades de la barbarie regresan a situaciones atávicas, en una inversión psíquica manipulada, hacia el origen en el que los deudores son marcados para que recuerden la relación definitiva entre acreedores y deudores. La deuda metafísica del castigo eterno. La máxima, coercitiva y atávica, de honrar a las jerarquías de acreedores se relaciona con la simbología del castigo por incumplimiento del pago concertado. La jerarquía punitiva que depende de la seguridad del tótem y la prohibición de destruirlo. El padre-tótem establece el régimen del tabú para dar continuidad a sus prerrogativas. Los hijos quedan sometidos al tabú. Concretan la existencia por las prohibiciones sancionadoras del padre. La historia de los hijos establece la necesidad del desplazamiento del Padre-Tótem de la vida real a la imaginaria de las ceremonias expiativas de la culpa. Franz Kafka conoce este desplazamiento del Padre-Tótem y el Hijo en la ceremonia expiativa de la Colonia Penitenciaria. Para Sigmund Freud, 1856-1939, el tótem se destruye por la acción violenta de los hijos. La historia muestra la destrucción del tabú para instaurar una jerarquía de los hijos, que elevan la existencia del padre al mito. El tótem sacrificado se sustituirá en los retornos mágicos de la obediencia ritual. El asesinato del padre arcaico, por los hijos, según Sigmund Freud, en Tótem y Tabú, establece que si el animal totémico es el padre, resultará que los dos mandamientos capitales del totemismo, las dos prescripciones tabú, que constituyen su nódulo, la prohibición de matar al tótem y la de realizar el coito con una mujer perteneciente al mismo tótem, coincidirán en contenido con los crímenes de Edipo, que mató a su padre y a su madre, y los deseos primitivos reprimidos por la prohibición, cuyo retorno o insuficiente represión formarán los estratos profundos de las enfermedades mentales: el nódulo de todas las neurosis. Pero la represión y la neurosis se subliman para dar inicio a la memoria histórica neurótica, a las deformaciones plásticas de la realidad psíquica en el delirio inconsciente. La sublimación se codifica punitivamente en los ceremoniales de la crueldad jerarquizada. Las codificaciones punitivas y las acciones de la memoria- mecanizada de las máquinas ejecutoras. La prohibición totémica se cuela en la estructura social por la jerarquización de los mandatos de obediencia y el correctivo sancionador de la desobediencia. La memoria-infantil del tabú se sublima en la cultura de la crueldad. En ella, el Padre-Tótem recupera la intensidad de la prohibición y penetra en la mitología de las máquinas superiores de la crueldad, cuya identidad es la carencia de olvido. La codificación operativa de la máquina acumula la deuda eterna y el castigo infinito. Las jerarquías se desplazan a los déspotas y a la unidad centralizadora del Estado-despótico. El Déspota-Dios se esconde oscureciendo la conciencia de los individuos. La culpa y el castigo se interiorizan en la ideología de la sumisión.
La máquina ejecutora kafkiana debe inscribir en el cuerpo del condenado: HONRA A LOS SUPERIORES. Los superiores salen de los límites de la horda primitiva para penetrar en la jerarquía de los supremos, de los excelentes, de los que carecen de sombras, de la horda de dioses y la multitud de sombras. La horda ilumina los códices sacros, la propiedad medieval de la tierra, la violencia del crimen, y la autoridad legisladora de las culpas, los castigos y su ejecución. De los rostros totémicos, proviene la luminosidad de los acreedores de la vida. La aristocracia de jerarquía sujeta al esclavo al castigo de perder la vida. Antes del cuerpo está el infinito de la culpa inscrita en la conciencia. La culpa es simultánea al hacer de la existencia. Su continuidad dura hasta la muerte. Por esto, la Rastra escribe la deuda infinita en el cuerpo del deudor. La dinastía Tudor inglesa marcaba con hierro candente, la “S” de Slave, esclavo, en la frente de los pobres expulsados de la tierra comunal, que huían de las persecuciones de la justicia real y de los ahorcamientos en racimos en los caminos reales. Las máquinas inquisitoriales de la fe y las máquinas reales: el hierro candente y las máquinas de estiramiento de los miembros hasta desencajarlos en gritos de fe dogmática. El oficial de la máquina ejecutora kafkiana asume la historia del terror para dar continuidad a la obediencia de la jerarquía del orden.
“El explorador miró rápidamente al condenado; en el momento en el que oficial lo señalaba, estaba cabizbajo y parecía prestar toda la atención de que sus oídos eran capaces para tratar de entender algo. Pero los movimientos de sus labios gruesos y apretados demostraban evidentemente que no entendía nada.
-¿Conoce su sentencia?
-No-dijo el oficial, tratando de proseguir inmediatamente con sus explicaciones, pero el explorador los interrumpió.
-¿No conoce su sentencia?
-No- replicó el oficial, callando un instante como para permitir que el explorador ampliara sus preguntas-.Sería inútil anunciársela. Ya la sabrá en carne propia. (…)
-Pero por lo menos ¿sabe que ha sido condenado?
-Tampoco-dijo el oficial, sonriendo como si espera que le hicieran otra pregunta extraordinaria.
-¿No?- dijo el explorador, y se pasó la mano por la frente-, entonces ¿el individuo tampoco sabe cómo fue conducida su defensa?
-No se le dio ninguna oportunidad de defenderse –dijo el oficial, y volvió la mirada, como hablando consigo mismo, para evitar al explorador la vergüenza de oír una explicación de cosas tan evidentes.
El oficial necesitaba describir el funcionamiento de la máquina-tótem al explorador. La descripción del aparato ejecutor, su comprensión, era necesaria para la continuidad de la misma.
“-Le explicaré como se desarrolla el proceso- dijo el oficial-. Yo he sido designado juez de la colonia penitenciaria. A pesar de mi juventud. Porque yo era el consejero del antiguo comandante en todas las cuestiones penales, y además conozco el aparato mejor que nadie. Mi principio es éste: la culpa es siempre indudable.” La culpa no admite duda. Es una marca que recae y se muestra sin necesidad de demostración que la confirme. Pertenece a los destinados padecerla.
“Usted desea que le explique este caso particular; es muy simple, como todos los demás. Un capitán presentó esta mañana la acusación de que este individuo, que ha sido designado criado suyo, y que duerme frente a puerta, se había dormido durante la guardia. En efecto, tiene la obligación de levantarse al sonar cada hora, y hacer la venia ante la puerta. (…) A noche el capitán quiso comprobar si su criado cumplía con su deber. Abrió la puerta exactamente a las dos, y lo encontró dormido en el suelo. Cogió la fusta, y le cruzó la cara. En vez de levantarse y suplicar perdón, el individuo se aferró a su superior por las piernas, lo sacudió diciendo: Arroja ese látigo, o te como vivo. Estas son las pruebas. El capitán vino a verme hace unas horas, tomé nota de su declaración y dicté inmediatamente la sentencia. (…) ¿Está todo aclarado? Pero el tiempo pasa y debería comenzar la ejecución y todavía no terminé de explicarle el aparato.” El principio de la culpa es siempre indudable pertenece a la actualidad de la crueldad. Actualmente la falta de derechos humanos, en las zonas degradadas y ocupadas de países sometidos, la aplicación de este principio de culpabilidad es una norma arbitraria y universal del terror.
“- Como usted ve la forma de la Rastra corresponde a la forma del cuerpo humano; aquí está la parte del torso, aquí estás las rastras para las piernas. Para la cabeza sólo hay esta agujita. ¿Le resulta claro? (…) Una vez que el hombre está acostado en la Cama, y ésta comienza a vibrar, La Rastra desciende sobre el cuerpo. Se regula automáticamente, de modo que apenas roza el cuerpo con la punta de las agujas; en cuanto se estable el contacto, la cinta de acero se convierte inmediatamente en una barra rígida. (…) La rastra parece trabajar uniformemente. Al vibrar, rasga con la punta de las agujas la superficie del cuerpo, estremecido a su vez por la Cama. Para permitir el desarrollo de la sentencia, la Rastra ha sido construida de vidrio. Y ahora cualquiera puede observar, a través del vidrio, cómo va tomando forma la inscripción sobre el cuerpo”.
El funcionamiento de la Rastra escribiendo el texto de la culpa sobre el dorso del condenado. El texto, inscrito en el cuerpo, se va ahondando durante doce horas. El desciframiento del texto, por individuo agonizante, lo percibe por sus heridas. Al final, la Rastra lo arroja al arroyo, donde cae en medio de la sangre, el agua y el algodón. El oficial anticipa el final victoriosamente. Luego hallará la agonía y la muerte al ser la víctima de la máquina.
“La sentencia se ha cumplido, y nosotros, yo y el soldado, lo enterramos”.
Franz Kafka escribe, sobre el genocidio industrializado, uno de los relatos apocalípticos supremos del siglo XX. Dice Kafka: “La injusticia del procedimiento y la inhumanidad de la ejecución eran indudables".

sábado, 5 de junio de 2010

Kafka: En la Colonia Penitenciaria ( 1).

Hay correlación necesaria entre realidad y ficción en la obra literaria de Franz Kafka. La novela corta de Franz Kafka,” la colonia Penitenciaria,” está escrita por los efectos de las relaciones sociales autodestructivas del poder jerárquico de dominio. La Primera Guerra Mundial basaba sus presupuestos de actuación en la reestructuración de un orden conservador durable en el dominio de una minoría oligárquica sobre las masas de población sometidas. Pretendía la resolución conservadora, en las contradicciones de poder, que introducían desigualdades y desequilibrios en las fuerzas que actuaban en los escenarios internacionales. Se prefería un orden belicista antes de someterse a una degradación en la organización de los Estados por categorías económicas y militares. La negatividad a un orden internacional desigual conllevaba a intolerancias y crueldades de medios y fines, con intenciones totalizadoras y devastadoras por un orden que exigía una nueva correspondencia de fuerzas actuantes en el escenario de la historia.
En la colonia penitenciaria, Franz Kafka revela las relaciones de dominio y sometimiento desde una situación particular a una general. Se dan en un lugar del plano de la historia excepcional y expresivo de la culpa y el castigo en actos de dominio. Las situaciones de violencia represiva provocan dos tipos de colonias penitenciarias. Las colonias penitenciarias interiores a la conciencia del individuo y las colonias penitenciaria exteriores. Las colonias penitenciarias interiores o psíquicas se conforman a través de traumas mentales, familiares y sociales autoritarios, interiorizados en culpas degradantes y expiaciones con síntomas sustitutivos. Las colonias penitenciarias exteriores concretan las decisiones políticas de los centros de poder y las represiones de una clase social dominante jerarquizada, y las expresiones de su poder absoluto.
Las colonias penitenciarias exteriores se instauran para mantener fuera de las luchas de clases a los revolucionarios, que buscan un orden social diferente. Se les deporta para cumplir el castigo y su anulación definitiva ante cualquier negación de las instituciones de dominio de la clase dirigente. Un rasgo básico expiativo, de las colonias exteriores, es la deportación de los condenados a regiones de los países colonizados por el Imperialismo del siglo XX.
La intencionalidad declarada, “En la colonia penitenciara”, es la de manifestar la correspondencia de culpa y expiación fuera de cualquier procedimiento legal y lógico. La anulación de los contenidos morales y la finalidad natural de conducir los actos humanos con el objetivo de la supervivencia más allá del orden político-metafísico, y las carencias naturales a las necesidades. La intención de que la conciencia del individuo se acople al mandato autoritario, la obediencia ciega, la crueldad fanatizada, la anulación de la cultura y la imposición de las simetrías punitivas de la culpa y el castigo. Llegar por el dolor hasta que la conciencia interiorice la culpa y la necesidad reparadora de su expiación. La sustitución de la culpa por el castigo: exclusivamente el castigo que domine la voluntad extraña al orden.
En el siglo XXI, las colonias penitenciarias se extienden a las regiones de la pobreza, países sometidos por la militarización de lo cotidiano y el control de los medios que permiten la subsistencia y reproducción de la población. La culpa y el castigo se vuelven masivos, y sobre ellos recae la exterminación.
Franz Kafka sitúa la acción de la novela en una colonia penitenciaria de un dominio tropical, en un territorio dominado y administrado por una potencia extranjera. El fatalismo, objetivo y apasionado de la novela, manifiesta el saber kafkiano de ver el estado de la crueldad absoluta en una colonia penitenciaria. La colonia penitenciaria kafkiana es una región recortada de la totalidad social del orden del siglo XX, donde las contradicciones se vuelven irreductibles a la síntesis de una concepción humanizadora. Franz Kafka inicia la narración escribiendo: “- Es un aparato singular-dijo el oficial al explorador, y contempló con cierta admiración el aparato, que le era tan conocido. El explorador parecía que había aceptado sólo por cortesía la invitación del comandante para presenciar la ejecución de un soldado condenado por desobediencia e insultos a sus superiores”.
La expiación de la culpa, en la colonia penitenciaria de Kafka, la lleva a un medio natural extremadamente agresivo y deshumanizador. En una descripción de medio natural, donde la novelística kafkiana confirma la desolación del individuo ante la precariedad finalista del hombre inscrito en los sentimientos desolados de su existencia ante la naturaleza y el destino social. Escribe Kafka: “En ese pequeño valle, profundo y arenoso, rodeado totalmente por riscos desnudos, sólo se encontraban, además del oficial y el explorador, el condenado, un hombre de boca grande y aspecto estúpido, de cabello y rostro descuidados, y un soldado, que sostenía la pesada cadena donde convergían las cadenitas que retenían al condenado por los tobillos y las muñecas, así como por el cuello, y que estaban unidas entre sí mediante cadenas secundarias.(…) De todos modos, el condenado tenía un aspecto tan caninamente sumiso, que al parecer hubieran podido permitirle correr en libertad por los riscos circundantes, para llamarlo con un simple silbido cuando llegara el tiempo de la ejecución.”
En este escenario de la colonia penitenciaria están implicados, en la irracionalidad del fatalismo, el oficial, el explorado, el condenado y el soldado, el aparato de ejecución y la memoria póstuma del comandante paranoico, que ha legislado y producido las condiciones de permanencia del castigo expiativo por medio de la máquina ejecutora. Los personajes habrán de dar la efectividad a la máquina-expiativa. El contexto de la novela da una concreción dramática, cerrada e impenetrable, a la razón natural y la voluntad moral. No hay porosidad en los conflictos inconciliables del poder y sumisión expiativa. De aquí, que Franz Kafka describa la obediencia del condenado de caninamente sumiso. En el espacio residual de la colonia penitenciaria, está instalado el aparato ejecutor y los actos de los personajes. La máquina ejecutora, que habrá de ocupar el centro unificador de las expresiones legales justificativas, verbales y corporales, en el imperativo máximo de mantener la anexión de culpa y castigo. Franz Kafka describe la causa del castigo, ejecución del condenado, por desobediencia e insultos a un superior jerárquico. Se relaciona la culpa con la disciplina a la jerarquía de mando. La indisciplina, que conlleva la pena de muerte, se corresponde a las normas de un estado de arbitrariedad y barbarie en la colonia penitenciaria. En la colonia penitenciaria hay un estado de normalidad extrema, ante la pena de muerte, para sostener el orden en la colonia penitenciaria. Hay una disciplina inhumana, en la conservación y el control efectivo del territorio extranjero militarmente ocupado. Para el oficial, que manipula la máquina ejecutora, la finalidad de supervivencia de la colonia está relacionada con la racionalidad unitiva de la penitencia y la máquina ejecutora. El deber de los residentes de la colonia está en no infringir los textos normativos y facilitar la legalidad de la condena con su indiferencia al proceso judicial. Los actos de ruptura con las normas determinan el castigo y la ejecución. Los actores, su culpa y expiación, están sometidos a la jerarquía de la eficiencia del aparato ejecutor, construido por el comandante extinto. La unidad del Todo de la colonia penitenciara se une al aparato ejecutor y a las normas. La máquina es la unificación del poder punitivo y la racionalidad eficiente de la tecnología. La máquina ejecutora da realización a las normas de culpa y expiación. La máquina es eficiente, en un proceso uniforme de relaciones de dominio y sometimiento, en la crueldad de la organización reactiva contra la negatividad que se opone al orden establecido. La máquina hiere, con sus agujas, el cuerpo del condenado y escribe, en sangre, el escrito de los motivos por los que se castiga. Escribe, en el cuerpo del condenado, la racionalidad legal de la norma. El texto de la culpa. La máquina ejecuta la condena en un cuerpo-texto, intensamente sujeto a los efectos de la conversión del hombre en una Cosa.
“Lástima que usted no haya conocido a nuestro antiguo comandante” Le dice el oficial al explorador. (…) Pero estoy divagando, y aquí está el aparato. Como usted ve, consta de tres partes. Con el correr del tiempo se generalizó la costumbre de designar a cada una de estas partes mediante una especie de sobrenombre popular. La inferior se llama la Cama, la de arriba el Diseñador, y esta, de en medio, la Rastra”.
“- Si la Rastra- dijo el oficial-, un nombre bien educado. Las agujas están colocadas en ella como los dientes de una rastra, y el conjunto funciona además como una rastra, aunque sólo en un lugar determinado, y con mucho arte. De todos modos, ya lo comprenderá mejor cuando se lo explique. Aquí sobre la cama se coloca al condenado. Primero le describiré el aparato, y después lo pondré en movimiento. Así podrá entenderlo mejor. Además, uno de los engranajes del Diseñador está muy gastado; chirría mucho cuando funciona, y apenas se entiende lo que uno habla; por desgracia, aquí es muy difícil conseguir piezas de repuesto. Bueno, esta es la Cama, como decíamos. Está totalmente cubierta por una capa de algodón en rama, pronto sabrá usted por qué. Sobre este algodón se coloca al condenado, boca abajo, naturalmente desnudo; aquí hay correas para sujetarle las manos, aquí para los pies, y aquí para el cuello. Aquí, a la cabecera de la Cama (donde el individuo, como ya le dije, es colocado primeramente boca abajo), esta pequeña mordaza de fieltro, que puede ser fácilmente regulada, de modo que entre directamente en la boca del hombre. Tiene la finalidad de impedir que grite o se muerda la lengua. Naturalmente, el hombre no puede alejar la boca del fieltro, porque si no la correa del cuello le quebraría las vértebras. (…) El aparato era una construcción elevada. La Cama y el Diseñador tenían igual tamaño, y parecían dos cajones de madera. El Diseñador se elevaba unos dos metros sobre la Cama; los dos estaban unidos entre sí, en los ángulos por cuatro barras de bronce, que casi resplandecían al sol. Entre los cajones, oscilaba sobre una cinta de acero la Rastra. (…) Tanto la Cama como el Diseñador tienen baterías eléctricas propias: la Cama la requiere para sí, el diseñador para la Rastra. En cuanto el hombre está bien asegurado con las correas, la Cama es puesta en movimiento. Oscila con vibraciones diminutas y muy rápidas, tanto lateralmente como verticalmente. En nuestra Cama, todos los movimientos están exactamente calculados; en efecto, deben estar minuciosamente sincronizados con los movimientos de la Rastra. Sin embargo, la verdadera ejecución de la sentencia corresponde a la Rastra”
La extraordinaria descripción kafkiana de la máquina ejecutora pertenece a la literatura de denuncia de la crueldad. Franz Kafka nos abre la pregunta de la finalidad del sentido universal del dolor en la Colonia Penitenciaria. ¿Cuál es el sentido del dolor? ¿Depende de él, el sentido total de la existencia? Preguntas actuales que se abren a la permanencia de la racionalidad moral.

sábado, 22 de mayo de 2010

Kafka: El gran Teatro integral de Oklahoma.

Hay un rasgo de escepticismo en Kafka, consciente o inconsciente, proveniente de las contradicciones conexionadas a época de extremado rigor represivo, en las instituciones políticas y religiosas. Del absoluto del poder sobre el individuo.
Franz Kafka establece la solución laboral imaginaria, de su personaje Karl, pensando en los estancamientos económicos de1873 a 1890, de 1894 a 1914.
Franz Kafka, en su novela América, establece irónicamente la premisa de una categoría económica ilógica: la de una demanda infinita empresarial de trabajo. Todo el que busca trabajo lo encuentra en el gran teatro integral de Oklahoma. Cuando Franz Kafka detiene la continuidad de su novela América, en el capítulo VIII, su personaje Karl Rossmann está abandonado a la mendicidad. Después de las desventuras convivenciales con Robinsón, Delamarde y Brunelda.Todos ellos estaban en los círculos de la necesidad, y la escasez, de los abandonados, repetidos y enmascarados en la picaresca. En los acontecimientos a las deformaciones psíquicas del suicidio y el desengaño del asilo. Estos hechos acorralaban a Karl hasta su expulsión laboral del hotel Occidental y la convivencia con los pícaros. Las tortuosas relaciones de amistad de Karl con los picaros, síntomas existenciales del individuo atrapado a una historia real de poseedores y desposeídos, en los imaginarios de la felicidad y las caídas en en los arcaísmos de la fortuna, desvaríos de la enfermedad mental. Karl se inicia en la experiencia de un mercado de trabajo saturado y un deambular por la oferta y demanda de trabajo, entre masas de trabajadores sin empleo.
Entonces Franz Kafka abre la imaginaria solución para Karl: la demanda infinita del mercado irreal de trabajo.
Franz Kafka lleva a Karl Rossmann al hallazgo de lo extraordinario, introduciendo en la narración de la novela lo insólito de las relaciones sociales de producción
“Al doblar una esquina Karl se tropezó con la siguiente inscripción: ¡En el hipódromo de de Clayton hoy se contratará, desde las seis de la mañana hasta la medianoche, el personal para el teatro de Oklahoma! ¡El gran teatro de Oklahoma os llama! ¡ Y llama sólo hoy, sólo una vez! ¡El que pierda ahora la ocasión, la perderá para siempre! ¡El que piense en su porvenir es de los nuestros! ¡Todos serán bienvenidos! ¡Este es el Teatro que está en condiciones de dar empleo a cualquiera! ¡Todos tendrán su puesto! ¡Felicitamos de antemano a todo el que se decida! ¡Pero apresuraos a fin de que seáis atendidos antes de medianoche! ¡A las doce cerramos todo y ya no volveremos abrir! ¡Maldito sea quien no nos crea! ¡Adelante Clayton! El Teatro de Oklahoma contratará a todo el que se decida. Entrega el porvenir a los que carecen de él, pero llama sólo una vez. No hay posibilidad de dudar. La duda separa al individuo del empleo. ¡Maldito sea quien no nos crea! Había mucha gente mirando aquel cartel, pero no provocaba demasiado interés. ¡Había tantos carteles; ya nadie creía lo que leía en los carteles. (…) En principio tenía un grave defecto: no decía ni una sola palabra acerca de la paga. Por poco importante que hubiera sido, el cartel debió mencionarla sin duda; no habría dejado de ser el elemento más tentador. Nadie quería ser artista y, en cambio, todo el mundo quería que le pagarán por su trabajo.”
La demanda infinita de trabajo sin salario: los trabajadores viviendo del aire.
Franz Kafka introduce la realidad en la forma existencial de seres olvidados de sí mismos. “Sin embargo, el cartel significaba una gran tentación. Todos serán bienvenidos, decía. Todos de manera que él también. No sería recordado todo lo que hasta aquel momento, nadie le reprocharía ahora lo que había hecho, nadie se lo reprocharía! Allí podría él presentarse y pedir un trabajo que no era ninguna vergüenza, sino al contrario, uno era invitado públicamente a tomarlo! ¡Allí estaba la promesa de que también a él se le ampararía.” La promesa de que todo hombre será amparado contra el mal es una promesa ideológica de la presencia en la historia de las soluciones imaginarias.
Cuando bajó en la estación de Clayton, escuchó el sonido de muchas trompetas. Era un sonido confuso, las trompetas no estaban afinadas, una con otra, y las tocaban precipitadamente. (…) ¡Y no entendía cómo podía hacer tales inversiones una empresa con el solo fin de contratar el personal!
Delante de la entrada del hipódromo se había levantado una tarima, larga y baja, sobre la cual centenares de mujeres- vestidas de ángeles, con ropas blancas y grandes alas a la espalda tocaban largas y brillantes trompetas doradas. (…) Las figuras de las mujeres parecían gigantescas y sólo sus menudas cabezas disminuían un tanto aquella sensación de grandeza.” En la descripción de estas mujeres- reclamo, Franz Kafka utiliza una ironía degradante para comunicar al lector lo inverosímil de la representación coral. (…)”!Pero exclamó Karl, ¿el teatro de Oklahoma tiene ingresos tan grandes como para solventar tales secciones de propaganda!” Franz Kafka se pregunta sobre la cantidad de ingresos monetarios que sirvan para cubrir los costes de propaganda. La pregunta de Kafka es un guiño al lector para que se percate del juego de literatura e imaginación. Desde la novelística cervantina, el autor incita al lector a leer el texto bajo la sospecha de la realidad que hay detrás de lo imaginario. Es la literatura de la sospecha.
“Karl se entregó a su contratación laboral con la ingenuidad de quien quiere hacerse de un trabajo respetable en el encuentro de la fortuna. Estaba feliz; era verdad que si aceptaba el ofrecimiento se le trasladaba del gremio de los actores y se le ponía entre los obreros técnicos, pero creía que se desenvolvería mejor en este tipo de trabajo. Por lo demás, y se repetía esto continuamente, en su trabajo, en su caso no se trataba tanto del tipo de trabajo que le dieran sino en general en alguna parte permanentemente. (…)Ya que se hizo necesario correr de prisa hacia la estación. Pero esto tampoco fue difícil, pues Karl lo advirtió sólo recién. Nadie llevaba pieza alguna de equipaje; el único equipaje era en realidad, el cochecito de niño de la mujer, que a la cabeza de la compañía y conducido por el padre, daba saltos como un barco sin timón. ¡Qué clase de gente desposeída, sospechosa, se había reunido allí; y se la recibía y atendida sin embargo tan magníficamente.(…) Cuando llegaron a la estación ya estaba el tren dispuesto. ( …) El viaje duró tres días y dos noches. (…) El primer día cruzaron amplias montañas. Moles de piedra de un negro azulado, se acercaban en cuñas hasta el mismo tren; se asomaba uno por la ventanilla y buscaba inútilmente las cumbres, allí se abrían valles oscuros, angostos, desgarrado, y uno indicaba con el dedo la dirección en que se perdían; allí venían anchos ríos corrientosos que deprisa se precipitaban en forma de grandes olas, sobre el quebrado cauce y, arrastrando en su seno mil olitas espumosa, se volcaba bajo los puentes que el tren se cruzaba, tan cerca, que el rostro se estremecía al hálito tibio de su frescura “
Franz Kafka, al igual que los místicos, propone en su poesía una conciliación de los seres humanos con una historia que se abra sobre la dignidad y santidad del hombre. Es difícil no evocar la mística de Franz Kafka ante estos dos versos suyos:
“Se volcaba bajo los puentes que el tren se cruzaba, tan cerca, / que el rostro se estremecía al hálito tibio de su frescura.” Una bella estrofa dística para los desposeídos de la tierra.
Franz Kafka conocía las teorías de Charles Fourier que abogaban por el cooperativismo social. Charles Fourier expuso un sistema social utópico basado en los falansterios, a partir de los cuales la comunidad se organizaría de modo cooperativo para distanciarse del inhumanismo capitalista. Pero al conocimiento místico y utópico hay que empujarlos, en la experiencia del plano inclinado de la memoria de la historia.
El empresario estadounidense P.T. Barnum creó "El mayor espectáculo del mundo" en 1871. Diez años después fundó, con James Anthony Bailey, el primer circo. Hay un cuadro pintado por Robert Lindneux, “La caravana de las lágrimas”, que refleja la emigración forzada de los indios norteamericanos, entre 1831 y 1835, desde el este de Estados Unidos al Territorio Indio, a Oklahoma. Entre las tribus que hicieron el viaje a pie estaban los cherokee, los creek, los choctaw y los chickasaw. En este movimiento migratorio los más débiles murieron, durante este largo y duro viaje. Oklahoma en sus orígenes estaba habitada por distintos pueblos indios como los cherokee, chickasaw, choctaw, creek y seminolas. En 1889 la zona fue abierta y tuvo lugar una famosa carrera para la ocupación de las tierras. El gran teatro integral de Oklahoma. Tal vez Franz Kafka conocía estas historias y las llevó a la experiencia de Karl, junto a su desaparición en el Teatro de Oklahoma.

lunes, 10 de mayo de 2010

Kafka: El Hotel Occidental.

Cualquier individuo queda inmerso en las condiciones existenciales de su época. Se encuentra invadido por un estilo de eludir y atraer la realidad de su supervivencia material e intelectual. Antes de ser propio es un no ser que repite los imaginarios de otros y los toma como suyos. Se tarda en tomar certeza de que estás siendo manipulado por los actores del dominio social. La ingenuidad consiste en identificarte con las máscaras que simulan gestos ajenos. Las experiencias de Karl Rossmann se presentan inusuales como cortaduras en la urgencia del presente. No distingue la monotonía de la represión que se ejerce sobre él. La continuidad de los hábitos implica sujetarse a una realidad manipulada, en un escenario existencial que determinan los antagonismos de las fuerzas sociales reales. Pero Karl está en el embudo de lo inesperado, que toma como suyo propio. Su vida se actualiza conformando eficacias emocionales, que lo mantenga a la espera de que se resuelvan las contradicciones reales por sí mismas.
Lo vivido del individuo se ajusta a las experiencias que no ha controlado. Establece compromisos con los Otros para no acentuar la angustia de su inseguridad. El pacto de su miedo es una correspondencia biunívoca de su inseguridad y la realidad manipulada.
Karl lee el texto de su existencia en una inmediatez que le impide comprenderlo. La opacidad del presente lo deja en la intuición de lo incierto. Cuando Karl Rossmann se obliga a cumplir los mandatos de sus pícaros amigos, quisiera establecer afinidad entre ellos y él mismo. Le llega la extrañeza de no ser como ellos, pero los acepta intimidado por la soledad de su situación personal. Las extrañezas por las situaciones, de la voluntad ajena de dominio, le llevarán al hallazgo de las relaciones de autoridad del Hotel Occidental y sus efectos negativos, en las posibilidades de establecer su vida dentro de los que mantienen las jerarquías reales y las imaginarias.
Karl Rossmann descubre el Hotel Occidental: “El hotel tenía ahora iluminados sus cinco pisos y alumbraba la carretera que pasaba delante. Afuera los automóviles seguían marchando, entregarse a la iluminación que interrumpía su continuidad. Venían desde lejos creciendo mucho más rápidamente que durante el día; tanteaban el suelo de la carretera con los blancos rayos de los faros. Con luces empalidecidas atravesaban el área luminosa del hotel y se internaban con rapidez en la oscuridad más distante con nuevos destellos”.
La iluminación estática del Hotel y la dinámica de la luz de los faros de los vehículos relacionan lo permanente con lo perecedero. En la existencia individual y colectiva se va abriendo lo perecedero en la opacidad del vitalismo. Karl Rossmann percibe la luz del hotel, y a la vez los faros de los automóviles, en una temporalidad que se entrevera de luz y de oscuridad. El claroscuro de la pintura barroca muestra la tensión de una sociedad reprimida en la pobreza y el Poder del Estado, mientras extrae de las sombras la espera de una renovación de la fe religiosa. La luz esconde detrás de ella la ceguedad. Karl, al que se le ha prometido un empleo, se ve en la luz del Hotel. Su aceptación de la sociedad se vuelve transparente. La luz del Hotel cubre exaltativa el entusiasmo de Karl. Su entusiasmo sobrelleva las dudas de su inseguridad. El Hotel Occidental era el final de la inestabilidad del emigrante.
Después de contemplar la luminosidad del Hotel, nos dice Franz Kafka: “Halló a sus compañeros profundamente dormidos, lo cierto era que había tardado demasiado. Justamente pensaba extender, entre unos papeles que había encontrado en la canasta, dándole así un aspecto apetitoso a lo que había traído, y despertar así a sus compañeros recién cuando todo estuviera listo.” La delicadeza del adolescente Karl a sus compañeros rufianes es extremadamente atenta. (…) “Cuando vio aterrado que su baúl, que había dejado cerrado y cuya llave llevaba en el bolsillo, estaba completamente abierto y la mitad de su contenido tirado en derredor sobre el pasto”.
En su desolación, Karl habría de padecer una de las sensaciones más intensas sobre la relación de los objetos perdidos y la memoria.
Añade Kafka:”De pronto se incorporó. Faltaba la fotografía. Estaba encima de las demás cosas del baúl, pero ya no aparecía por ninguna parte. Sólo faltaba la fotografía.
-No puedo hallar la fotografía- dijo con tono de súplica dirigiéndose a Delamarche.
-¿Qué fotografía- preguntó éste.
- La fotografía de mis padres- respondió Karl.
-No vimos ninguna fotografía- dijo Delamarche. (…)
Era más importante para mí que todo lo demás que hay en el baúl-dijo Karl que iba dirigiéndose al camarero, que iba de un lado a otro, revisando la hierba- porque es irremplazable ya no me enviarán otra.
Y al abandonar el camarero su inútil búsqueda añadió:
-Era el único retrato que poseía de mis padres. (…)
Nada queda por hacer- dijo el camarero. (…)
¡Todavía estoy aquí!
Pero no le respondió sonido alguno: sólo una vez cayó rodando una piedra cuesta abajo, quizá por causalidad, quizá por consecuencia de un tiro fallido.”
Esta es una de la escena más intensas de la relación memoria e historia, que relata Franz Kafka sobre lo perdido de la vida en la memoria. Los objetos perdidos nos alejan del tiempo pretérito, nos acercan a la desnudez del dato incierto del recuerdo. La existencia del ser se detiene en la desmemoria. Franz Kafka advierte de que no hay historia sin memoria. A partir de este instante, Karl se enfrenta a la desnudez total de los prisioneros que desnudaban en los campos de exterminio para que dejaran de tener identidad y exterminarlos.
La pérdida de la fotografía de sus padres supone a Karl entrar en la edad de la sumisión irracional, de saberse fuera de la memoria de los Otros. El anonimato intencional y universal de lo inhumano que penetra en la noche oscura del castigo y la huida.
La cocinera mayor le dijo: “-Bueno, dígame, pues, ¿no querría aceptar un trabajo, aquí, en el hotel?. (…) No le gustaría ser ascensorista, por ejemplo. Solo tiene que decir sí y lo es.” (…)
“- ¿Cómo se llama la ciudad?- preguntó Karl.
-No lo sabe?- respondió- Ramses.”
¿Cuándo se monta históricamente una máquina paranoica, por una organización psicosocial, que establece las condiciones del perseguidor y del perseguido? La máquina paroica quiere cambiar la realidad conforme a sus delirios. Todas las piezas de la máquina paranoica están constituidas por sensores, que marcan intensidades de adhesiones y repulsiones.
Franz Kafka era un escritor perspicaz en el hallazgo y descripción del las máquinas paranoicas psicosociales en su literatura. La máquina literaria motriz realiza el montaje de las máquinas paranoicas de los personajes novelados. Las máquinas paranoicas son productivas cuando los procesos dan rendimientos crecientes de lo individual familiar a lo estructural social jerarquizado. La locura individual se articula con las formaciones paranoicas históricas. Las piezas políticas, ideológicas y económicas se articulan a los órganos institucionales, entonces las regresiones, de los deseos paranoicos, vienen transformadas en objetos productores de terror.
Las máquinas paranoicas de poder se enganchan a máquinas excretoras improductivas. Franz Kafka describe sus máquinas paranoicas clásicas: en la Condena, el Castillo, la Metamorfosis, el Proceso (…) Los personajes soportan las agresiones de las máquinas paranoicas dejándose macar con los signos de sumisión y crueldad del delirio.
Cuando Karl Rossmann comienza su trabajo en el Hotel Occidental ajusta a su cuerpo una máquina paranoica. Su uniforme de ascensorista lo convierte en elemento humano de la máquina ascensor.
Dice Kafka: “En la sastrería del hotel le proporcionaron el uniforme de ascensorista, ornado con gran derroche de botones y cordones dorados, y sin embargo se estremeció un poco cuando se lo puso, pues la chaqueta, especialmente las axilas, era fría, rígida y húmeda al mismo tiempo por el sudor de los ascensoristas que la habían usado. Además el uniforme debió ser agrandado especialmente para Karl.(…) Karl dejó el salón del sastre ya convertido en ascensorista, con pantalones estrechos y una chaquetilla que, no obstante la afirmación contraria del sastre, le quedaba muy ajustada y lo tentaba continuamente a hacer ejercicios respiratorios, pues tenía deseos de comprobar si eran posibles. Después se presentó el camarero mayor a cuyas órdenes quedaría: un hombre elegante, arrogante, narigón, que tendría ya cuarenta años.” Las maquinas paranoicas de primer grado se enganchan a máquinas paranoicas inferiores para producir flujos ordenativos. La máquina del ascensor se engancha a los ascensoristas y al camarero mayor. “En general era un trabajo monótono a causa de la jornada de trabajo”. Las máquinas de producción paranoicas se detienen y se reinician incesantemente. “Los turnos se relevaban una vez durante el día, y otro por la noche”. El ascensorista es retribuido con las propinas de los clientes. No hay salario. La cortesía del ascensorista hace que el cliente pague su salario con la propina. Karl Rossmann se esfuerza incesantemente para atender a los clientes de los ascensores. Pero las máquinas ascensores funcionan bajo los intereses competitivos de los otros ascensoristas. Los flujos de propinas funcionan en los deseos de los clientes y el servilismo de los ascensoristas. Estos se vigilan y delatan para que la máquina paranoica adquiera sus máximas funciones persecutorias.
En esta lucha de Karl con los compañeros aparece uno de los personajes que introducen su fatalidad. Karl recibió una palmadita en el hombro.
-Buenas noches Sr Rossmann- dijo entonces el hombre-: soy Robinsón.
La máquina perversa de Robinsón se enganchaba a la máquina Karl-ascensorista.(…)
“Pero Karl retrocedió, pues la boca de de Robinsón despedía un inaguantable olor a aguardiente” ¿Qué cosa le queda al hombre en este mundo si no bebe? (…) “
–¿Rossmann no quieres venir a avernos alguna vez? Ahora lo pasamos muy bien- dijo Robinsón mirando a Karl (…)
-Rossmann me siento muy mal. (…)
Por fin de nuevo contó con unos momentos libres para echar una ojeada al lugar donde se hallaba Robinsón y lo vio muy encogido, acurrucado en un rincón y con el rostro contra las rodillas. Tenía muy echado hacia atrás su sombrero redondo y duro. (…)
-Robinson, si quiere que me ocupe de usted, haga un esfuerzo y camine ahora un corto trecho. Yo lo guiaré, ¿sabe?, hasta mi cama, donde podrá quedarse hasta sentirse bien.
La falta de Karl, de abandonar el servicio, le acarreará graves problemas con el ascensorista mayor. La culpabilidad de Karl se presentará como la necesidad de castigar el abandono del puesto de trabajo. La solidaridad de Karl con Robinsón desata la tragedia. La máquina paranoica se pondrá en funcionamiento.
“Cuando Karl entró en la oficina del camarero mayor, éste estaba tomando el desayuno: bebía un sorbo de su café con leche y controlaba luego una lista que, sin duda, le había llevado el portero mayor del hotel, que también estaba allí. Era un hombre grande a quien su amplio uniforme, profusamente adornado,- incluso sobre los hombros y bajando por los brazos le serpenteaban cadenas y cintas doradas-, hacía aparecer más ancho de hombros de lo que era ya por naturaleza. Un bigote negro y brillante estirado en puntas distantes como suelen usarlo los húngaros, no se movía con el más brusco movimiento de la cabeza. Además, el hombre, por el peso de su ropa, apenas podía moverse, con dificultad por lo general, y no estaba de pie sino con las piernas abiertas como estacas, para distribuir exactamente su peso”. Kafka describe una máquina de control jerárquico.
Karl pensó:”El hecho de que su problema pareciera tener tan poca importancia para el camarero mayor podía en verdad considerarse buen signo. Al fin y al cabo era eso lo más natural. Un ascensorista por cierto no tiene ninguna importancia, en absoluto, y por lo tanto, nada puede permitirse, mas por el mismo hecho que no significa nada, no puede generar tampoco un mal extraordinario. (…)” Franz Kafka ironiza sobre la culpabilidad del ascensorista en la organización del Hotel. Pero Kafka sabe que en una estructura autoritaria y jerárquica, la culpa es una manera establecer la sumisión del individuo en función del mecanismo Hotel. Por eso, cuando Karl se considera inocente, el camarero mayor inicia su ataque.” Haga el favor de aguardar aún un instante, Fedor, dejó la lista sobre la mesa, se incorporó de un salto elástico y encaró a Karl, gritándole de tal modo que éste, en el primer momento, asustado, no atinó sino a mirar fijamente dentro de aquel grande y negro orificio bucal.
-Abandonaste tu puesto sin permiso. ¿Sabes lo que significa eso? Pues significa perder el empleo. No quiero conocer tus disculpas; guarda tus mentiras; me basta de sobra el hecho de que no hayas estado. Si una sola vez tolero y disculpo, esto será suficiente para que en el futuro los cuarenta ascensoristas dejen sus puestos durante las horas de servicio y se me verá entonces a mí solo cargar con los cinco mil huéspedes escaleras arriba. (…)
“Karl se dio cuenta de que en realidad había perdido su puesto, ya que el camarero mayor ya lo había declarado y el portero mayor lo había repetido como si fuera un hecho consumado, y tratándose de un vulgar ascensorista seguramente no haría falta la confirmación de su cesantía por la dirección del hotel.” Karl se encontró frente a los que tienen capacidad de contratar y despedir empleados. El trabajador vive cada instante supeditado a la voluntad extraña que tiene poder para despedirlo. Carece de resistencia económica para esperar, por mucho tiempo, otro empleo. Es un ser perdido en la precariedad de la compra de su trabajo por Otro que lo ignora como persona.
“Y recordando todo esto se dijo Karl que él también había sufrido bastante como ascensorista, y que no obstante, todo había sido en vano, pues ahora, como veía, ese servicio de ascensorista no había sido, como esperaba, un eslabón previo para alcanzar un puesto mejor; por el contrario, había sido arrastrado ahora más abajo todavía; hasta había llegado a estar bastante cerca de la cárcel.(…)
Karl llegó pronto al aire libre, pero todavía tuvo que continuar andando a lo largo de la acera del hotel, pues no era posible llegar hasta la calle, ya que una fila de automóviles pasaba como a empellones frente a la puerta principal.”
Karl se quedaba en una calle de la ciudad Ramses, en su viaje a América.

jueves, 29 de abril de 2010

Kafka: El camino a Ramses.

Al igual que hay una trayectoria elíptica en la seducción de Karl Rossmann y su huida para ocultarse por la decisión sexual de una criada y las consecuencias en el núcleo familiar autoritario de la pequeña burguesía, hay otra trayectoria, real e imaginaria, que se sobrepone a la primera en forma de fortuna, para llevar a Karl a un proceso plutocrático con su tío el senador Edward Jacob y hasta su caída final e irracional en el futuro del camino a Ramses.
No hay en el joven Karl ningún saber del orden necesario en las necesidades naturales y su satisfacción mediante el trabajo vendido en el mercado laboral. De las condiciones de compra y venta de la fuerza de trabajo. Ignora las relaciones jurídicas de compra venta de la fuerza de trabajo. La pequeña burguesía de artesanos, mercaderes, agricultores, se ocultan el concepto del trabajo como el intercambio de cantidades del mismo por un salario, que repone las cantidades de energía física consumidas. La pequeña burguesía se somete al capital mediante la sumisión de la ignorancia. Karl Rossmann va de una idealidad de hidalguía a las burlas pícaras de adversarios en el camino de su experiencia, que se percatan de su ingenuidad ante el muro de la realidad. La novela “El Quijote” sirvió para descubrir la historia como un proceso de modificación de la realidad y el retraso con respecto a ella de la idealidad del tiempo pasado. El aprendizaje brutal del sufrimiento al trastocar la idealidad con la realidad.
Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), dramaturgo, poeta y novelista español, autor de la novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, produce el concepto de los retardos ideológicos con respecto a la actualidad de la historia. Hay en la caracterología de los personajes de Franz Kafka una actitud cervantina desmitificadora y crítica de la aventura de la fe y las riqueza metalizadas y mercantilizadas y la pobreza del pícaro marcado por el látigo y los grilletes.
Karl Rossmann experimenta la picaresca cierta y desafortunada del pragmatismo mercantilista, la visión del poder político y económico de su tío, y su expulsión del Paraíso plutocrático sin culpa. La ideología de la culpa oculta su pecado imaginario. La debilidad de carácter de Karl Rossmann proviene del ocultamiento del éxito social en la conducta deshumanizada de los Otros. Sin embargo, su voluntad de persistir en la regularidad de una conducta recta le hace soportar las quebraduras de las intenciones ajenas.
Al final de su expulsión de una clase social de la que participaba aprendiendo inglés, gestión administrativa para futuros negocios, y los ocios en la hípica y el uso del piano, decidió picarescamente, que desconociendo la dirección de la ciudad de New York, bien le vendría entonces una dirección cualquiera a su fortuna.
Llegó a una pequeña posada, miserable y extraña, solicitando la cama más barata. La descripción de la posada recuerda las posadas marginales de los suburbios. “En virtud de su pedido fue despachado por el dueño escaleras arriba, con un ademán, que parecía destinado a un dependiente suyo, y allí arriba lo recibió una mujer desgreñada, fastidiada por aquella interrupción de su sueño, que casi sin oírlo lo llevó, rogándole constantemente que anduviera sin hacer ruido, a un habitación cuya puerta cerró después, no sin haber echado antes su aliento a la cara con un “sstt”
La posada que presenta Franz Kafka tiene reminiscencias de la novelística de Charles Dickens (1812-1870). Pero el novelita inglés, construye la narración desde la crítica social fabiana del desprecio del capitalismo salvaje de inicios del siglo XIX. Franz Kafka sitúa consciente a su personaje ante las variantes del capitalismo competitivo inglés al capitalismo monopolista de los grandes magnates norteamericanos del siglo XIX.
Las posadas suburbanas de los barrios de New York marcan la pobreza artificial e intencional de bajos salarios y altas ganancias de arrendamiento del XX. La época económica de Charles Dickens es predominante en el auge del ferrocarril, la caldera de vapor y la industria textil. La época de Franz Kafka es la del automóvil, y todos sus agregados industriales, militares, y las vías de transporte terrestre de personas y mercancías con automóviles y camiones. El automóvil permitió la construcción de barriadas suburbiales y la industria petrolera.
El capitalismo competitivo del siglo XIX acaba en 1900 ante la aparición de la centralización bancaria y las concentraciones industriales. La producción de bienes reales correlaciona empleo y productividad. Los sectores industriales competitivos del siglo XIX desaparecen por ser producción con alto empleo y baja productividad. Las emigraciones de finales del XIX y XX se integran en un ciclo de desempleo crónico. La alta productividad de las empresas monopolistas industriales disminuyen la ocupación absoluta.Aparecerán divisiones empresariales, que asuman el paro de las empresas de alta productividad.
Esta es la paradójica situación migratoria y el vagabundaje de los personajes kafkiano del camino a Ramses: de la búsqueda mítica de oro en California a la miseria.
Ya Karl Rossmann llega a América, con masas emigratorias que forman ejércitos de reserva industrial y bajos salarios. Franz Kafka detiene intencionalmente a su personaje Karl, en el último capítulo de América, en El Gran Teatro integral de Oklahoma: el futuro imaginario de los continentes vacíos y el reparto de las tierras libre de propiedad, bajo la alternativa de la pequeña propiedad o la propiedad latifundista. Ambas alternativas dan diferentes formaciones de masas sociales de parados y empleados. La gran propiedad da bajo empleo y alta capitalización industrial, el reparto de la pequeña propiedad, alto empleo y baja capitalización industrial. En ambas situaciones bajos salarios.
Para continuar con el relato, Franz Kafka hará que Karl corra la cortina de una claraboya de la pequeña habitación de la pensión.” La habitación tenía dos camas, pero ambas estaban ya ocupadas. Karl vio a dos hombres jóvenes unidos en un pesado sueño y que no parecían ser muy dignos de confianza, en principio porque sin un motivo razonable aparente dormían vestidos: uno de ellos tenía puestos los zapatos.” Franz Kafka une juventud, pobreza, emigración y huida. Y estos rasgos marcaban una emigración de alta dificultad integradora. La carencia de identificación legal y el hondo sueño de los están huyendo de las autoridades policiales.
“No podía exponer a ningún peligro ese baúl que acababa de recobrar ni el dinero que llevaba” (…) Por lo demás, procedía, lógicamente con mucho cuidado, y al andar y al maniobrar con las cosas se esforzaba muchísimo por no despertarlos” Al abrir el baúl:”No faltaba nada en absoluto. En el bolsillo secreto no sólo estaba el pasaporte, sino el dinero que también había traído de su casa.” Karl sabía que su seguridad personal era su dinero. Entre él y la sociedad sólo había intercambio universal de dinero. (…) Karl se enteró de que los huéspedes eran mecánicos, Delamarche y Robinson, que desde hacía mucho tiempo no habían conseguir trabajo en New York, y que en consecuencia, habían llegado a una situación verdaderamente miserable. "Robinsón tenía intención de irse a Butterford, separada de New York por unos días, según se decía había vacantes.” (…)"La mayor parte del tiempo, caminaron en silencio.(…) Empezaron luego las caravanas de vehículos que llevaban víveres a New York: avanzaban de modo tan interrumpido, en cinco filas que ocupaban todo el ancho del camino, que nadie hubiera podido cruzarlo.(…) No había peatones, ni iban hacia la ciudad vendedores de feria, verduleras, como allí en el país de Karl; sin embargo, de vez en cuando surgían grandes automóviles chatos que llevaban una veintena de mujeres de pie con canastas a la espalda, quizá verduleras, que estiraban el cuello para ver bien el tránsito y de esa forma la esperanza de hacer el viaje más rápido.( …) Sobre unos vehículos, que llevaban diferentes leyendas, leyó Karl, no sin que se le escapara un leve grito, ( Se admiten obreros portuarios para la compañía de transportes Jacob.) El vehículo avanzaba muy lentamente y un hombrecito, encorvado, encogido y vivaz. Apostado en la escalerilla de coche, invitó a los tres paseantes a subir. Karl se refugió tras los mecánicos, como si en el vehículo pudiera estar el tío en persona y pudiera verlo. Estaba contento porque también rechazaron la invitación los otros. (…) Delamarché le pidió que le hiciera el favor de que no meterse en cosas que no entendía; que ese modo de contratar a la gente era una estafa infame y que la casa de Jacob tenía muy mala reputación en ese sentido en todo el territorio de Estados Unidos.”
De una manera fulminante, Franz Kafka nos introduce los mercados de trabajos clandestinos. Su información delata la formación de un mercado de trabajo oculto, que presuponía bajos salarios y largas jornadas de trabajo. Las luchas sindicales de los trabajadores de Estados Unidos eran por el control de la oferta y demanda de trabajo por un sindicato obrero. Extraordinaria captación kafkiana de la relación de explotación de trabajadores legalmente indefensos y empresas multinacionales organizadas. Un enfrentamiento del capital y el trabajo absolutamente actual. Las tendencias a la explotación de los trabajadores son de larga duración y coercitivas hasta formar tendencias cronológicas regresivas.
Franz Kafka abre las escenas de las situaciones económicas, despejando la niebla que las cubre. Sabe que el saber no se nos entrega de manera inmediata. El pensamiento ingenuo da a la visión inmediata la evidencia. De ahí sus confusiones ideológicas y pasionales.
Sobre el camino a Ramses, dice Kafka: “La niebla había desaparecido totalmente y en la lejanía figuraba una alta cordillera cuya ondulada cresta atraía la mirada hacia una nube aún más distante, atravesada por los rayos del sol. A la orilla del camino había campos mal labrados, que rodeaban grandes fábricas levantadas en terrenos libres, ennegrecidos por el humo.” Kafka nos indica la formación del valor de los terrenos de construcción industrial, desde la ocupación libre, hasta el valor diferencial económico, que implica terrenos mal labrados, que aumentan al precio creciente de la construcción industrial e inmobiliaria especulativas. Pero además nos deja el testimonio de la relación espacial de las fábricas y las viviendas en donde vivían los trabajadores. Sobre las que se ejercen arrendamientos altos y bajos a los lugares de las fábricas.
“En las grandes casas de la vecindad, aisladas y esparcidas titilaban muchísimas ventanas con muy diversos movimientos e iluminación, y en todos aquellos débiles balconcitos atendían a sus numerosos quehaceres mujeres y niños; mientras a su alrededor, ya descubriéndolos a la vista, ya ocultándolos, flameaban y se hinchaban con el viento matinal trapos y prendas de vestir colgados o tendidos. Si las miradas, deslizándose sobre las casas, se alejaban de ellas se veían volar las alondras en lo alto del cielo; más abajo las golondrinas revoloteaban a escasa altura de las cabezas de quienes iban en los vehículos.” Ciertamente Kafka no describe una barriada industrial y las labores domésticas de las mujeres y niños. El trabajo familiar de la mujer son ingresos no pagados al trabajador. Estas barriadas obreras, que circundaban las industrias, serían el modelo de crecimiento suburbano que arrastraba el automóvil y causaba el efecto multiplicador de la inversión y el empleo en el desarrollo capitalista. Posteriormente, este modelo quedará subdesarrollado en las barriadas de favelas, circundantes a las ciudades, de las emigraciones de los pobres con escasas oportunidades de trabajo estable y altos índices de pobreza extrema.
Luego de algunas peripecias de Karl, con la actitud picaresca de Delamarche y Robinsón, sobre el dinero de Karl, divisaron el letrero de Hotel Occidental.” Y después de recibir Karl el encargo de traer tocino, pan y cerveza se fue hasta el Hotel Occidental”.
Añade Kafka: “Seguramente había una gran ciudad no muy lejos, ya que el primer salón donde entró se encontraba repleto de una ruidosa multitud. Delante de la barra, que se extendía a lo largo de una de las paredes principales y de dos paredes laterales, corrían sin cesar muchos camareros con delantales blancos que les cubrían el pecho, y que no obstante no alcanzaban a satisfacer a los impacientes parroquianos, porque desde muy diferentes lugares, se escuchaban y volvían a escucharse continuar maldiciones y puñetazos en las mesas. Nadie se fijaba en Karl. Entonces Karl vio, unos pasos más adelante, a una señora de cierta edad, quien hablaba riéndose con unos parroquianos. (…) Si dijo Karl, no puedo conseguir nada aquí.” Karl experimenta el aislamiento de individuo y la multitud de competencia.
-Venga entonces conmigo muchacho, dijo ella.
Para Karl, comenzaba su trabajo en el Hotel Occidental. El emigrante encuentra empleo precario en el camino a Ramses.