sábado, 20 de septiembre de 2014

Las regresiones de la sociedad (2).
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Los historiadores y economistas románticos y clasicistas del siglo XIX introdujeron la hipótesis perfectiva por el evolucionismo de un sistema social lineal continuo y progresivo. Hipótesis perfectiva y evolutiva inmanente a la ley del perfeccionamiento de la formas naturales y sociales. La hipótesis evolutiva podría darse con una explicación por exaltación de la marcha de las civilizaciones sobre el soporte cronológico y homogéneo del tiempo que fuese la tela de un bastidor en el que se bordaran los acontecimientos políticos y sociales. Fue la exaltación voluntarista del racionalismo finalista de la sociología abstracta de la religión y método de conocimiento, que implicaban el fin de la historia en una teodicea teocrática. La historia de las civilizaciones iría adquiriendo su esencia perfectiva de la forma externa, jurídica y religiosa, por el diacronismo de aparición de  las circunstancias históricas en el flujo incesante del tiempo real, que limaría las impurezas del desarrollo de la esencia perfectiva oculta en la materia. Los máximo y los mínimos funcionales de los conflictos sociales se darían en la esencia enajenada de una realidad envuelta en impurezas. Esta realidad imperfectiva,  contraria a la esencia finalista de la espiritualidad del Estado y la sociedad civil, sería equilibrada por el poder de un Estado-nación racional en sus normas, perfeccionado en el uso de su monopolio de la violencia por la ley, el arte y la filosofía. Se estaba en el último estadio de la barbarie primigenia opuesta a la Razón de Estado, expresión legal de la perfección de la sociedad civil en su libertad de elegir la legitimidad del contrato social. En las cloacas de la historia quedaban los antagonismos de clase, status y casta. La mercancía, hombres y cosas, en su expresión jurídica de propiedad y contrato pertenecía a la esfera de la competitividad de la ganancia máxima mercantil y el desorden de la necesidad material y general de la sociedad por los recursos escasos del orden natural. La carencia y su satisfacción exigían el egoísmo de unos pocos, que en sus acciones inconscientes procuraban la satisfacción de todos. La historia del Espíritu era una esencia desplegada fuera de la necesidad alienada, pues ella misma se debe a un no ser para llegar a un ser en devenir puro.
Este razonamiento pertenecía al idealismo absoluto del devenir del flujo espiritual, que llevaba en sí su omnisciente perfectibilidad de las formas inmanentes  totalitarias empujando el carro de la historia universal.
No hay en tales circunstancias, perfectivas y progresivas del devenir histórico, ninguna negación que exprese la conflictividad de la historia de la sociedad como una totalidad viviente de complejos niveles de intereses contrapuestos, que se relacionan contradictoriamente al nivel de la incrustación de la estructura económica en las estructuras no económicas de una formación social real compleja. La estructura económica  determinante es una región de la estructura global y está predominada por la relación de los niveles  jurídico-políticos de dominio. La relación articulada de la instancia jurídica-política al nivel de la estructura económica posibilita que se desajuste la correspondencia de las instancias en su relación al nivel de la producción y las relaciones de propietarios de medios de producción y vendedores de trabajo. Este desajuste  ocasiona  los conflictos económicos y políticos de clase. Los enfrentamientos de los individuos de clase y las instancia de dominio político y económico, Estado regulador y  propietarios. La clase dominante, en la estructura jurídico- política, reacciona ante los desajustes sociales con la ambivalencia del dominio absoluto o modificándolo desde arriba: el origen de los desequilibrios de clase social. Se pretende la continuidad-discontinuidad reformada del control de la reproducción de las condiciones de producción y distribución del producto neto excedente del trabajo. La continuidad de las relaciones sociales por la continuidad monopolista del dominio económico y político de la clase social predominante.
La supervivencia de una sociedad es un equilibrio y desequilibrio discontinuos de las relaciones sociales de reproducción material y de las relaciones sociales legales de dominantes a dominados. Los elementos económicos e ideológicos del antagonismo de clase introducen  relaciones sociales, que marcan el campo histórico de actuación de los conflictos sociales transitivos de los modos sociales de lo nuevo ante lo viejo. Cuando se dice lo viejo y lo nuevo no hay referencia a la existencia del individuo en su permanencia como ser viviente en el plano de su nacimiento y extinción. Se refiere la vejez de la estructura de producción, su nivel de productividad actual y las relaciones actuales de propiedad y legitimidad. El envejecimiento de la sociedad es un mecanismo regulador de relaciones sociales conflictivas. Lo nuevo sería un nuevo nivel de desarrollo económico y con el desajuste de relaciones sociales  en las formas autoritarias de dominantes y subordinados.
Una nueva productividad del desarrollo económico de reproducción económica expande el crecimiento económico en valores de uso y la contracción del poder de dominio de clase predominante por las contradicciones de intereses generales y los intereses particulares de la minoría. La reordenación del dominio por la acción de la clase predominante pretende  mantener el equilibrio de la sociedad en un orden de mercancías-salario y mercancía-ganancias. Es decir, el trabajador asalariado y los propietarios de los medios de producción y distribución del excedente neto.

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No hay identidad en la cronología de desarrollo interno de las formas, que se encuentra en la raíz del evolucionismo económico y del historicismo. La superación de las contradicciones sociales de una concepción del mundo predominante no pertenece al voluntarismo de  la praxis histórica de una clase privilegiada, que mantiene una concepción general del mundo. Esta no identidad permite conceptuar la regresión histórica como una relación de discontinuidad en la continuidad del flujo lineal del tiempo en su progreso social. No  se sale de la regresión del sistema social desde el voluntarismo de una clase social, dotada de la posesión clarividente del progreso automático de la historia. La combinatoria de los elementos de una estructura de producción es una invariante del nivel de productividad y de las relaciones sociales de propiedad de los medios de producción y las relaciones que ellas engendran en las estructura jurídico-político e ideológica. Tales relaciones antagónicas de propietarios jurídicos y desposeídos contribuyen a la redistribución desigual del producto neto de una sociedad. El excedente de la producción apropiado por la propiedad de los medios de producción, por la clase que detenta esta propiedad, no se redistribuye a la clase dominada y pobre. Existe una clase negada  por su ausencia de propiedad y por tanto carente de participación en la distribución del producto neto.
Los antagonismos del nivel de desarrollo de una época histórica, las relaciones de propiedad y distribución del producto neto, constituyen los elementos de ruptura de la base económica y con ella la transformación de las estructuras jurídico-políticas y las formas ideológica desde las que la conciencia individual  percibe su situación objetiva. Este proceso de ruptura posibilita y determina  la regresión  de una formación social. Los individuos intervienen en la lucha de la historia, pero desde las condiciones  de los antagonismos de  la estructura económica y política. No hay un voluntarismo previo en el desarrollo del crecimiento ni en las regresiones. Las sociedad puede tomar decisiones económicas presentes de las que desconoce sus efectos futuros. Se puede decidir ampliar la producción  agraria o industrial sin prever los efectos de la ley de rendimientos decreciente de la tierra o de las máquinas de producción, o el crecimiento de los costes con una  producción decreciente para un crecimiento demográfico vacío de contenido económico. Se diría que los planteamientos de bienes y necesidades de hoy son límites invariantes del futuro regresivos o extintivo. Los individuos hacen la historia deslumbrados por el apremio de reproducir la existencia. Este apremio introduce las decisiones inconscientes del cambio de la producción y el consumo. Las propuestas de variación de la  producción, ante los límites invariantes de la productividad y de las relaciones de propiedad, están contaminadas en mayor o menos medida por el imaginario inconsciente de las alucinaciones políticas e ideológicas de continuidad de dominio y  subordinación de clase.  
La decadencia social es un proceso que aparece sin que haya conciencia de la actividad degradante de las invariantes económicas y políticas que se desarrollan en  la formación social.

La regresión a formas sociales superadas no dependen de una conciencia Única y omnisciente, sino de niveles de producción y productividad,  en una línea del tiempo social discontinua por los efectos de las luchas sociales, los límites invariantes de la reproducción y la variabilidad demográfica, en valencia de irracionalidad mitológica del deseo y la sociología de lo consuetudinario como progreso en la historia.

jueves, 21 de agosto de 2014

Las regresiones de la sociedad (1).


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¿En qué circunstancias del tiempo de la historia de la sociedad, como una totalidad de complejos intereses contrapuestos, se relacionan contradictoriamente los elementos económicos e ideológicos, que ellos introducirán las relaciones de variables sociales que marcan el campo histórico de actuación de los conflictos sociales de lo nuevo ante lo viejo? La juntura de la expansión del crecimiento económico con su contracción y con ella las deducciones de la  continuidad existencial de la sociedad en los diferentes niveles de sus contradicciones de clase. Se ilustraría este análisis como si se dedujeran las contradicciones de las piezas de un  puzle social, cuya descolocación provocaría conflictos de interpretación y representación de las relaciones sociales como antagonismos de una necesidad de cambio global del orden económico y de poder político, que se arroga una clase social en exclusiva voluntad de mantener el proceso de la historia eterno en su atemporalidad.
La existencia social se vuelve contradictoria ante el movimiento ideológico de continuidad eternitaria. Esto conlleva los movimientos imaginarios de la sociedad,  la manipulación del lenguaje ideológico exotérico y la obsolescencia de las categorías económicas del proceso de continuidad del complejo social. Como si la maquinaria de reproducción colectiva adquiriera  los movimientos imaginarios adversos de contracción del sistema económico y político, a formas primitivas de organización de las necesidades y su satisfacción. Las variables sociales de cohesión mostrarían, a través de la coerción legal y el castigo económico y físico, deformaciones primarias de inhumanidad. Esta implica el control autoritario de las  limitaciones sociales de la reproducción de la sociedad en una totalidad plena y viviente. Como si el autómata cartesiano de la totalidad social irracional se hubiera detenido y adquiriera la parálisis mecánica  de los movimientos de reflejos condicionados de premio y castigo.
Si la reproducción de la sociedad se contrae a regresiones existenciales pretéritas, la sociedad cae a formas de reproducción primaria. La existencia viviente de una sociedad es siempre el movimiento real y actual de las condiciones de permanencia de sus variables socioeconómicas de reproducción. La decadencia de la sociedad  es la consecuencia de los rendimientos decrecientes de estas variables de reproducción. Las insuficiencias categórica de respuestas colectivas racionales para la permanencia material y psicosocial de las secuencias del flujo variable de crecimientos y decrecimientos de la sociedad en momento actual del tiempo de la historia.
Los efectos humanos y técnicos de producción, distribución y circulación del producto total de producción social, se contraen y expresan totalidades improductivas de recursos humanos y materiales no aplicados. Entonces la sociedad industrial y de servicios habría de engancharse a la motricidad de formas primarias de existencia. Por ejemplo, a formas de producción y consumo agrario. La cima más expresiva de las regresiones sociales se da en la formación de masas sociales urbanas y semirrurales desocupadas y semiesclavizadas en el límite vital de permanencia junto a unidades de producción tecnológicas atrasadas para producir un excedente económico creciente. Diríamos entonces de una sociedad decadente.
Las regresiones a niveles de subsistencia de producción y excedente económico están acompañadas de instituciones políticas e ideológicas de alta eficacia de poder reactivo y negativo por denegación de la colectividad por el uso de la violencia legalizada.
Las instituciones políticas reactivas negativas mantienen una permanencia ideológica activa, atemporal a la génesis de las que provienen. Observando el castigo físico y económico de las formas actuales de las  institucionales de poder social, se calibra la eficacia de la duración de dominio de los grupos que las estructuraron y legislaron institucionalmente. Las instituciones de poder reactivo se mantienen inscritas en las regresiones por el nivel insuficiente de reproducción material de la sociedad. La decadencia económica de una sociedad no implica la complementariedad simétrica de  decadencia de las instituciones de poder. La aristocracia renacentista y absolutista del siglo XV y XVI perduró jerárquicamente en las instituciones de poder mucho más allá de las revoluciones sociales del siglo XVIII. Y la introducción de nuevas variables económicas y políticas evolutivas del crecimiento de los excedentes de producción no las sacaron del poder de decidir y gozar a estas minorías. Las jerarquías de poder se incrustan en los nuevos sistemas sociales de distribución y producción. La decadencia jerárquica de poder político  no es un reflejo de la crisis  del sistema económico. La transición de un sistema social a otro arrastra las condiciones ideológicas de permanencia de las minorías de poder. Las ilusiones del imaginario revolucionario transitivo está lleno de las sorpresas de la permanencia de los hábitos conservadores en las nuevas instituciones de poder político. La manzana podrida dura más en la cesta de las manzanas sanas.      
La permanencia de un sistema social jerarquizado se mantiene mientras no haya cumplido y agotado los fines de su eficacia real de dominio. Hasta que su voluntad de poder se vuelva reactiva a la necesidad de reproducir la sociedad progresivamente desde la necesidad real de la igualdad y la distribución de la riqueza. La totalidad de la producción de la existencia de lo humano es un devenir de lo viviente, que se perfecciona a través del conocimiento  de las variables  límites de las condiciones de reproducción histórica.  
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Los efectos económicos e ideológicos de una sociedad dominada por una minoría de dominio produce siempre los esquemas de los avances y regresiones de la sociedad capitalista. En el capitalismo se sufre colectivamente el desarrollo contradictorio del nivel de la producción y la revalorización del capital por las ganancias. Podría darse que haya una  estructura económica ineficiente para permitir el crecimiento acumulativo del capital invertido. La continua capacidad de generar ganancias de capital a través de los salarios se contrae en la crisis social. El consumo capitalista y la inversión de capital acumulado por el excedente generado en la reproducción se paraliza por insuficiencia de la inversión De manera que si las ganancias ahorradas y acumuladas se desigualan con la inversión de capital en bienes de producción y en  bienes inmediatos al consumo, las ganancias decrecen y hay desproporcionalidad de capital en los sectores industriales. Los precios y las ganancias con respecto a los bienes de producción decrecen mientras crecen los precios y las ganancias en el sector industrial de bienes de consumo. Superproducción de bienes de producción subconsumo de bienes de consumo. Desproporcionalidad  de la coyuntura económica que  entra en la crisis de decrecimiento de la inversión. La inversión no se iguala a las ganancias. Los beneficios decrecen con los aumentos de los salarios nominales decrecientes. De manera que hay una relación inversa de ganancias y salarios. La inversión capitalista decrece con salarios altos y pérdida en las ganancias. La inversión capitalista impone un mínimo vital en el valor de los salarios para obtener un máximo de ganancias. Las ganancias altas y acumuladas imponen  decrecientes  salarios reales  con oportunidades de inversión del capital.
Si la inversión en bienes de producción es mayor que la producción de bienes de consumo, se producirá una desproporción de los incrementos de los bienes de producción sobre los crecimientos menores de los bienes de consumo. La consecuencia de este desequilibrio será la superproducción de bienes de producción y el subconsumo de bienes de consumo directo dependientes de los ingresos reales. Los dos sectores industriales de la producción se desajustan conllevando el derrumbe del sistema económico real  y el decrecimiento  de la tasa uniforme  de ganancia del capital. Si los  capitalistas dejan de invertir y sólo ahorran, los asalariados se ven arrastrados al subconsumo por falta de producción y el crecimiento del paro.
Si la tasa de ganancias decrece, la inversión capitalista decrece. La falta de acumulación de capital, y por consiguiente el decrecimiento de la inversión, produce un estancamiento de la aplicación de los recursos económicos de inversión a la producción. El excedente económico acumulativo de las ganancias irá decayendo con la caída de la tasa de ganancias. Este efecto del subconsumo de bienes de inversión y bienes de consumo inmediato  no se corrige con una política económica expansiva de crédito barato si el aumento del consumo va acompañado del endeudamiento exterior. No se puede aumentar el consumo productivo de los sectores industriales, sino no hay  inversión de capital y ganancias crecientes acumuladas.
Este proceso de contracción diríamos que pondrá en marcha efectos económicos de reproducción regresiva a formaciones sociales anteriores al modelo capitalista. La decadencia de un sistema social es un proceso regresivo de la producción actual a procesos de producción y subconsumo imbricados en modelos primarios de subsistencias. La sociedad en su conjunto retrocede a formas de  subdesarrollo.
El subconsumo involuntario, por el decrecimiento de la tasa de ganancias del capital y la distribución decreciente de los ingresos reales salariales, en amplias capas sociales empobrecidas, conlleva la ineficiencia del crecimiento de las ganancias de inversión de capital contante sobre los salarios. La inversión de capital se detiene y con ella el decrecimiento de los efectos sociales de la existencia de la comunidad. No hay producción de ganancias capitalistas sin inversión de capital creciente, pero una inversión desproporcionada al consumo lleva el decrecimiento de la tasas de ganancias medias. La sociedad capitalista recibe el revés de la carencia de ganancias por exceso de inversión de capital en bienes de producción  y en decrecimiento de la inversión en bienes de consumo. La relación de la tasa de variación de bienes de producción es mayor que la variación de crecimiento de los bienes de consumo. Hay desproporcionalidad de los dos sectores y con ellos el inicio de la superproducción y el subconsumo conjuntos. Se provoca el derrumbe de la producción, las ganancias, los salarios y el crecimiento de masas sociales sin trabajo.
La sociedad entra en formación regresiva existencial. La avenida del tiempo de la historia se llena de masas sociales que buscan sobrevivir en el laberinto de la  subsistencia. Se abre la pregunta clave de la temporalidad de la historia: ¿ revolución o contra revolución?.  


lunes, 21 de julio de 2014

Productividad y decadencia.

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Los individuos escudriñan el mundo a través de las voces ausentes de los libros.  Ellas deciden su textura material y psíquica dentro de una totalidad social que permanece inexistente a la verdad por la ideología que la envuelve. El individuo está dentro del flujo del momento actual de la historia. Ensimismado en el tiempo cronológico apuesta por el devenir de su vida.   Observa y transforma  el mundo exterior para sobrevivir a la necesidad. Está  en la probabilidad de la de la certeza y de la falsedad. No es un gran jugador. Lanza los dados esperando que definan la distancia del azar con respecto a su destino. El individuo es un jugador que quisiera repetir el lanzamiento de dados hasta que a suma de las probabilidades le dé la certeza. Un destino a distancia de la inseguridad. El juego es incierto ante el flujo de rehacer el tiempo y su finalidad. El valor de darse la vida se  va haciendo de tiempo y asombro. El asombro es un oscurecer. El resultado de mezclar  colores complementarios. El color gris del tiempo en la paleta del  espejo.
Lo cierto del flujo del tiempo ideológico  es sumergir  la conciencia falseada. Arrojar fuera  la historia real del deseo y balbucir sonidos amputado de significados, pero llenos de ruido y la  furia de la desmemoria.
Se viene a  revivir ocasional mente fuera del lo habitual de la historia, de manera que revivir es vivir  en un pasado imaginario. Lo imaginario de un personaje  que  se arroja al escenario  con un texto, que argumenta sobre su ausencia de realidad. Quien se ausenta de su ser  quiere ser un espectador para escuchar  la pasión de la vida ajena. Sentarse esperando que alguien le explique la vida en el juego del mimo  por las sombras chinesca. Más que un negador pasivo es un simulador del lenguaje común y del escenario sentimental  de su época. Los grandes simuladores niegan que la historia  se haga en las relaciones sociales que marcan los ascensos y caídas del dominante y el dominado.
Por esto, los conceptos de lo que  somos  no son datos estadísticos, sino relaciones sociales de dominio y sumisión. Las cantidades son medidas de los efectos de relaciones sociales. La cantidad se vuelve cualidad en la ruptura de la cantidad. Se producen conceptos, la ideología y la ciencia, como  productos del cerebro que  se apropia de la realidad  desde su interioridad.
Las categorías económicas son conceptos de  relaciones sociales  en cuanto los individuos producen su existencia  al nivel de sus necesidades y deseos actuales. Quien viene a  vivir fuera de la producción de la historia revive el pasado imaginario de otros. La falsedad  es un  dominio de jerarquía ideológica. Lo imaginario  se arroja al cubo de la historia con un texto que argumente sobre la presencia de su índice de eficacia falsedad.
 Quien se ausenta de su compromiso escucha  la pasión de la vida ajena. El compromiso  no explica la vida  del mimo  en la sombras.
 Las catarsis de los antiguos griegos era un ritual de purificación de las personas afectadas por las impurezas del conocimiento del destino. Lo efectos emocionales, que causaba la tragedia en el espectador, purificaban la ceguera del no ver donde se debía ver pasión, temor y el horror  de las relaciones sociales de sus protagonistas: los héroes, el pueblo-coro y la ceguera del destino infausto en el tiempo de la historia.
 Las categorías económicas son conocimientos de las practicas de  relaciones sociales. Permiten la conexión de los medios y los procesos con los que la sociedad interviene produciendo su existencia colectiva  y sus relaciones con la Naturaleza.
 Los soportes práctico y teóricos  de la producción son los individuos agrupados en sectores de producción de bienes de producción y bienes de consumo, intercambio, circulación y servicios de mercancías para el consumo productivo y de la carencia que originan las necesidades de supervivencia.  
La vida económica  es la fuerza de producción incesante de la voluntad social que existe en cuanto produce y se reproduce. El grupo social pre-capitalista y capitalista  tienen que hacerse a sí mismo en la doble cuña de su necesidad biológica de especie y en su necesidad de sobrevivir. Los soportes reales del mundo social  están en  las estructuras técnicas, científicas y culturales del momento actual de la historia. Éste tiempo de historia da un conglomerado de relaciones reales e ideológicas, que  regulan las unidades de producción, las instituciones de orden, la desigualdad del reparto de la producción a través de la voluntad de dominio.
La juntura de la fatalista necesidad de lo real y la arbitrariedad ideológica de la propiedad privada por derecho y coerción sujeta la  conciencia al descenso de la sumisión o el ascenso a la rebeldía.
Por debajo de los estratos sociales del orden rígido, los individuos apuestan por el destino y la subjetividad  creativa  y la apuesta racional por superar su decadencia mediante la voluntad de producir la vida. Unos y otros viven y fantasean con las relaciones sociales, apiñados en la opacidad de las  relaciones activas y reactivas con la naturaleza humana y natural, y la decadencia como un proceso desde la individualidad del ser  a los  vericuetos aleatorios del no ser de la improductividad. La dedicación tecnológica  por los efectos de  las variable económicas activan la productividad de la fuerza social se une a períodos improductivos institucionales y económicas de  decadencia social.
 Llega la confusión ideológica a un destino reactivo que se acerca a tragedia aditiva de la Nada. El individuo  se aparta de estar obligado a producir su vida y reproducir al mismo tiempo la totalidad social. El sentido significativo  del se activo retorna a posiciones histórica de improductividad.  Llega la decadencia.
Se inscribe en el retorno lo inerte y esta inscripción tatúa la posibilidad del excedente creciente y la civilización. El ser viviente  vuelve a su no necesidad de permanecer vivo. Todo ser vivo quiere permanecer vivo. No hay nada en el destino que no sea un querer de la voluntad de estar vivo. La voluntad del viviente  es una relación de fuerzas  activas  y las fuerzas reactivas que lo afirman y lo  niegan. La caña existencial es flexible al reto de  la Nada.
La decadencia social la contradicción del pasado con respecto al presente. La rebeldía puede quedar inscrita en la superficie oscura de las historias que se han ido. El viento de la historia individual no está escrito las hojas de papiro de la historia.
Nos mueve la fuerza del poema del viento y la fuerza y la necesidad de estar vivo. Las categorías económicas son relaciones sociales. Los individuos, los grupos, las sociedades, producen, intercambian y consumen, productos sociales para reproducir su vida. No hay sociedad ni individuo sin el soporte de la perpetuación de su vida mediante el intercambio de trabajo por  medios de subsistencia. La sociedad necesita producir un excedente económico que mantenga las instituciones de parentesco y de poder social. Nadie se  puede instalar en una isla como  Robinsón Crusoe.  El individuo mantiene con la sociedad una relación de producción. Para hacerse sujeto social tiene que convertirse en objeto de producción y consumo económico para otro que le confiere la sociabilidad de los medios sociales.El excedente económico es la diferencia de los real producido y el consumo necesario. Si la producción es mayor  que el consumo necesario igual a excedente económico  creciente. La sociedad está en un proceso histórico entonces de incremento  de la producción y la acumulación  de relaciones de intercambio de las unidades de acumulación empresarial y de las instituciones  de poder ideológico. Si la producción es menor que el consumo necesario igual a un excedente económico  decreciente.  La sociedad está es un proceso de decadencia de las unidades de producción y el debilitamiento de las instituciones , militares e ideológicas. La caída de la supremacía de los imperios. El crecimiento económico está imbricado al crecimiento de la productividad  técnica y de la sociabilidad del individuo y la ciencia.Los procesos ideológicos de las minorías de dominio establecen conceptos económicos y políticos que relacionan propuestas sociales  inmovilistas, fijitas y eternitarias, de un orden perpetuamente presente, si no se modifican las relaciones capitalistas de producción, consumo, intercambio, precios, inflación, masas monetaria de crédito bancario, deuda pública y privada, déficit estatal. Los ingresos del excedente se vuelven inferiores a los gastos de consumo de las devoluciones de deudas y las prestaciones sociales.El incumplimiento de las relaciones de acreedores y deudores conlleva una regresión a estados sociales de pobreza general aumentativa  y la dislocación de las relaciones de dominantes y dominantes en el predominio de la utilización de la violencia. Éste incumplimiento de la producción de un excedente económico lleva a  conflictos de clases sociales. Si estos conflictos se agudizan se llegaría a situaciones de barbarie en la forma de gestionar el excedente económico decreciente por la violencia  institucional de Estado. La concepción ahistórica del orden social de la producción deberá llevar al infierno dantesco de la pobreza y la barbarie. Hay un orden social dado. No se sale de él sin la revolución de las relaciones sociales. La sociedad pudiera llegar a ser un apéndice del poder político organizado en derecho y coerción.Entre este derecho y esta coerción se deciden los desniveles  de subsistencia y riqueza. La ley de la desigualdad impregna todas las categorías económicas.Si el dominio  se fractura queda en su lugar el caos universal. La sociedad sólo admite las relaciones de dominio históricas. El dominio de decidir y ser obedecido es las hipótesis de continuidad de dominantes y dominados. La herejía de la utopía es apostar  por un orden social igualitario en las unidades de producción y en las instituciones de coerción  estatales conllevan sustancialmente  la contra revolución igualitaria.La permanencia de la sociedad de dominio tiene por objetivo inmovilizar las relaciones sociales por el miedo al azar del destino,  que sólo incluye  las catástrofes de la inseguridad como la caída de las fichas de dominó, alineadas en el orden preciso  de la supervivencia  de la desigualdad económica, la venta de la fuerza de trabajo a precio bajos y la obediencia de explotación  económica e ideológica de las clases dominada a la dominantes. La paz del orden social reactivo es la rendición  de los desposeídos a los  poseedores.


sábado, 21 de junio de 2014

La sociedad y la sospecha.


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¿De qué sospechan a las élites dirigentes? ¿Del hombre común que soporta con su trabajo los gastos de la antiproducción de las minorías que acumulan rentas y riqueza? ¿Del cansancio político de una sociedad sin soporte de integración igualitaria que muestran las encuestas y las manifestaciones de protesta? ¿Del juego ideológico de la democracia legal y la legitimidad popular de la gestión directa de la producción y la distribución? ¿Es plausible, que la adaptación del individuo a las circunstancias adversas, corresponda al símil pascaliano de la condición de la fe religiosa a una caña de bambú que no se adapta al viento? ¿No será esta caña flexible la resistencia al dominio de la violencia? ¿Las élites dirigentes tienen miedo a que una nueva sociedad dirija su destino en la función de estructurar al individuo común, como objetivo de la función del trabajo redimido de la explotación  y a favor de dar al individuo la felicidad de un orden justo? La masa social para sí, que  organiza con fines políticos y redistributivos el excedente de producción ganancial, causa pavor a la élite dirigente legal. La desigualdad de la pobreza y riqueza va a ser la cuestión política de nuestro tiempo de simulación teatral. De nuevo los ricos y pobres enfrentados. La acumulación de la riqueza y la renta en una minoría y la pobreza en la mayoría vuelven a traer a la historia la revuelta social como un agente económico. Tal vez por esto, los ciudadanos son escrutados a través del espionaje masivo del hombre común. La gente desnuda en los aeropuertos, la gente desnuda en sus móviles. Todos los individuos son espiados en su comunicación, en la enorme rotación de palabras y gestos cotidianos. En una sociedad cuarteada por la desigualdad, los individuos resultan sospechosos por sus desafectos a las élites de dominio. El enfrentamiento entre necesidad y riqueza se vuelve visible en la práctica económica y política de los dominados. Una caída del salario real es una redistribución económica creciente a favor de las élites. La inflación monetaria provoca un aumento de los precios a favor de los vendedores y  en contra de los compradores. No hay deflaciones de precios en los productos de consumo para asalariados. Los acreedores por deudas desean y obtienen legalmente que los préstamos se actualicen al nivel inflacionario en contra del nominal contractual de los préstamos.  La inflación es un agente económico de la división de clases sociales. Aparece como un deslizamiento  del bajo poder adquisitivo del dinero que gastan los asalariados. El 99% de la población activa. Los salarios de los agentes económicos empleados en la actividad de producción directa o en inactividades indirectas de la gestión se contraen en el estancamiento del crecimiento del bienestar. El salario real se deprecia con la caída del mínimo de subsistencia vital y el salario depreciado se alarga con las fracciones de trabajo gratuito  y alargamiento de la jornada de trabajo no pagada por sobrexplotación del trabajador. La intensidad del desgaste físico del exceso de trabajo  se incorpora en valor económico no retribuido, los crecimientos de la productividad, que se traducen en caídas de costes de producción, se trasladan a las ganancias extraordinarias a nivel de la elasticidad de la demanda del mercado monopolista o oligopolista. Se reducen los costes de producción  y se mantiene la oferta de producción a precios altos de venta, sin competencia de mercado. La élite piramidal, gestora y accionarial especulativa se vuelve de espaldas a la competencia del precio y a la amplitud de demanda con precios bajos. Se vende menos y se gana más con la oferta inelástica.
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La élite tiene miedo de que la masa social tome conciencia de su situación existencial de dominado y pobre. La burbuja de la ignorancia general debe rebotar en el frontón  de los conceptos ideológicos de la producción, la distribución desigual y la infelicidad. No debe caer en el fondo de pasividad política y no  volver a rebotar en las vidrieras deformantes del conformismo fatalista de la desorganización.
 Los acumuladores tecnológicos de organizaciones del espionaje guardan información de las desviaciones sociales a la obediencia. Los acumuladores archivan la reactivación de las multitudes como de potenciales enemigos. El enemigo es una variable terminada en un plural de ismos históricos. Terrorismo, anarquismo, comunismo, desviacionismo, y al izquierdismo. Siempre hay amenazas potenciales al derecho y al Estado a secas. El programa de escuchas está oculto y diseña juegos de enemigos y vigilantes en enfrentamientos continuos. El fin último es mantener el equilibrio de la desigualdad. El orden exacto de una multitud desigual y desquiciada en la producción de cosas y de seres vivos. La noche oscura de la desinformación de los medios de comunicación de masas. Reproducción del lenguaje manipulado de la sumisión.  La especie humana y las ganancias excedentarias apropiadas  y dirigidas desde el lenguaje y la coacción. La morfología del dominio se modifica y se vuelve flexible a la práctica de la confusión. Es la desinformación una máquina compleja  de tecnológica y psiquismo. Su esencia siempre es ser voluntad de poder y sujeto  de presa. La reducción de los objetivos de eficiencia máxima de bienestar social como un efecto adverso, necesario, escéptico y fracturado. La eficiencia máxima del espionaje es la mayor cantidad de gente espiada y fotografiada en la nada del escepticismo o en la orgía de la apatía de lo viejo social. Hay que captar el virus de la manipulación mímica del contagio en la servidumbre. Hay un flujo-virus que se adhiere a la piel de cuantos  atraviesan los controles de la información espiada a la información arquetípica de revolucionarios y siervos.  La información puede ser basura y de desecha, pero su importancia radica en controlar siempre el flujo incesante de conexión de máquinas activas,  gestos comunes  y palabras fuera de los códigos de habitabilidad. En las máquinas complejas de sospechas e información,  se encuentran los vínculos de los individuos codificados de cero al infinito.
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En el totalitarismo informativo lo importante es la cantidad de información reciclada por unidades eficientes de códigos binarios: esta palabra o este silencio, esta cara vulgar o inteligente, este gesto o estas gafas, la ropa y  el cigarrillo, el gesto plano y las intenciones inexpresivas. Si las masas sociales se esconden en sus intenciones de revestir la situación de opresión  se las incluye en máscara ira y ellas tienen que  ser vigiladas. La masa social común es útil, pero su sumisión es una variable que determina los límites del terreno de juego de la acción y la inacción del conocimiento y la ignorancia. Nadie es inocente para los catadores de las funciones estratificadoras del poder de la élite. Para ellos, las mariposas de la conspiración vuelan en resquicios de impunidad legal. Es una consigna eficaz de espionaje: los enemigos cambian con los objetivos marcados y las máquinas de control de información se tienen que adaptar a ellos. Los objetivos no se marcan en ortodoxos y nihilistas, sino en eficientes e ineficientes. La ortodoxia trasciende su ineficiencia y salta a la herejía. Es un vínculo de ritos que en circunstancias de coyuntura de desequilibrio se vuelve rupturista. El nihilismo es la negación de los valores aceptados en los archivos históricos del orden. El ortodoxo desea la trascendencia de la existencia, el nihilista atraviesa su existencia con un gesto heroico de mal lector. El vigilante es fóbico a los excrementos ocultos. Los instrumentos de vigilancia son de alta tecnología interceptadora o también de vigilantes jubilados, delatores a un cuarto de euro, que se sientan en banquitos, en medio de la calle, para detestar movimientos significativos ocultos de la gente que pasa. Su misión es la delación inmediata. Esta es una figura histórica de control utilizada en las épocas anteriores y posteriores en las  revoluciones del insurgente campesino o de la pequeña burguesía liberal del siglo XIX. Su amplitud iba de la aldea a las zonas urbanas.
 El exceso de vigilancia atrae lo experimentado del espionaje directo. En la sociedad de consumo masivo de información todo vale y es utilizado en las sociedades de multitudes indiferentes y pasivas a las consignas de los aparatos de propaganda, a las cámaras y a las pantallas de televisión gigante, en las que se dictan consignas subliminales en los objetos de deseo, los perfumes, el turismo caro  y los automóviles de gama alta. Se paga la vigilancia para que detrás del individuo haya un escarabajo, insecto coleóptero kafkiano de élitros lisos que se alimente de signos y que sus bolas de basura informativa estén dentro de los ordenadores y en las cloacas del espionaje, en las cuales depositan sus huevos excrementales informativos. En el estiércol informativo está la delación que muestra los desequilibrios del orden. El paroxismo de la paranoia lleva al estiércol delator. Hallar lo visible en lo invisible.  La vigilancia adquiere sentido ambivalente paranoico en la baba del caracol y en las palabras ceremoniales de los códigos. La baba caracol  del orden y la baba caracol de la adicción a la amapola del opio. El tiempo cronológico llega al sinsentido de las máquinas obsoletas de vigilancia, que acumulan  palabras y gestos.

Los grupos inquisitoriales imponen la delación por el miedo y la coerción, la tortura  y la ansiedad del pecado contra la fe. Se espían las palabras claves de la herejía en los hábitos, los rituales y los pensamientos murmurados. Las organizaciones de dominio reactivo hallan en el dolor físico y en la inseguridad económica los vectores fuerza de la sujeción del individuo a su rueda informativa. 

lunes, 19 de mayo de 2014

El individuo social regresivo.


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El individuo social implica su inmanencia en la totalidad. La sociedad en sus diversas regiones estructurales produce y su existencia y su modo de enfrentarse a la periodicidad material y cultural de su reproducción como ser vivo y como fuerza de trabajo productiva. No hay ningún salto en el vacío del conjunto social ni autoafirmación electiva fuera de la totalidad social. El individuo son sus relaciones sociales de producción que determina los modos de circulación, de circulación y de consumo como otros tantos momentos de una unidad. El trabajador pertenece a la clase capitalista antes de venderse en el mercado de trabajo. No se recorta como una sombra contra el fondo continuo de la producción, tanto si su fuerza de trabajado ha sido vendida efectivamente o como fuerza de trabajo en  potencia. No hay de realidad social efectiva fuera de la unidad de la totalidad social. Las perturbaciones de los delirios  paranoicos caen fuera de las acciones activas de los individuos sobre las condiciones reales de su mundo. La cultura y la producción es el uso de la materialidad y la conciencia de la continuidad social a través de la reproducción de los medios de consumo y los medios de producción. La continuidad social no  nos llega dada, se adquiere a través del conocimiento y transformación de las condiciones reales restrictivas de la escasez y la productividad. Estas restricciones causan  la continuidad y discontinuidad en el modo de producción social.  No hay fuerzas sociales prometeicas, sino coeficientes técnicos sociales de producción y antiproducción. No hay ningún paradigma de progreso social en el ámbito dogmático y flexible a las circunstancias que originan los delirios  de la ideología. No hay un flujo continuo de la progresividad desde la irracionalidad. El flujo continuo de la reinserción imaginaria en la unidad social se estanca y la situación real-obliga a los individuos a superar las condiciones restrictivas o desparecer en el mundo de la barbarie. El individuo social permanece obligado por la situación regresiva de los factores sociales de época. El alba es un instante  y el ocaso una eternidad. El llanto del instante se seca en las mejillas.
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 El individuo puede ser consciente o no de su condición de individuo social de clase, que debe protege sus intereses de grupo y defenderlos mediante la consciencia de sus antagonismos subjetivos y objetivos. Si la sociedad no produce al individuo, éste regresa, no a la naturaleza, sino al estado asocial del límite natural y técnico de regreso a la subsistencia. Deja de poseer las cualidades propias de ser individuo de una sociedad, que organiza la reproducción de la unidad de sus variables económicas e ideológicas  de permanencia.  No hay detrás del individuo nada que no sea la reproducción de su individualidad comunal a través del trabajo colectivo. El individuo es social en cuanto produce, consume y reproduce  la producción colectiva. El desengaño y el escepticismo son estados regresivos de la improductividad. Formas de no ser  ante una sociedad regresiva en su modo de reproducción, que ha destruido sus límites de reproducción material y cultural. Los límites involutivos no provienen de una situación metafísica de la condición humana, sino de la evidencia científica de las restricciones  materiales e ideológicas de un derrumbe social.
El derrumbe del individuo social es simultáneo a las desarticulaciones de las regiones de producción y la superestructura jurídica e ideológica sociales. La totalidad social se derrumba cuando capacidad de producir un nuevo modo de producción se vuelve una constante improductiva. No hay cambio de variaciones de la productividad social ante los límites naturales y tecnológicos. La clase dirigente llega al límite máximo de explotación del individuo sin que tenga conciencia de sus límites autodestructivos. Los contendientes de las dos guerras mundiales europeas desconocieron los conceptos de extinción y del límite de resistencia de una sociedad en guerra. El individua social fue sacrificado bajo los gritos nacionalistas de la Las Furias mitológicas del grito de la tierra común en la ideología del odio. Las Furias de la guerra eran  exterminadoras de los supuestos racionales de la continuidad social. La crisis económica evidencia su crueldad en el militarismo ideológico.  Lo fue desde la gran crisis de 1870, la de 1929 y la del 2008. La militarización ideológica de la sociedad es un proceso orgánico de  no superar los límites restrictivos de las relaciones sociales de clase en la producción y la ideología. La falta de lucidez de la unidad social  ante los límites de la involución de las condiciones de reproducción de un sistema social. La sin razón jalona los radicalismos exterminativos  sociales hasta el estado de barbarie.
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Una elevación de la ideología de la competividad del individuo no social  ha sido el imaginario de la función del mérito individual. Intereses de clase  para hallar la incrementar la capacidad adquisitiva del dinero por la acumulación que incremente la propensión al consumo de medios de vida y objetos de lujo de las minorías de la avaricia de la propiedad y los ingresos monetarios. La burocracia estatal y de partido político, la verticalidad piramidal empresarial estables un conjunto de reglas sociales del mérito del acenso y las caídas sociales en desgracia.  El mérito de la competitividad reside en la imposición absoluta del dominio de obediencia y el monopolio de los medios de producción y financieros. La sociedad monopolista de la minoría del mérito se enfrenta  a la máxima acumulación calculada de capital. Festeja la esencia acumulativa como un triunfo de la organización piramidal. El poseído por la gracia de la salvación y su voluntad de dominio.
 La voluntad de dominio blasona la aristocracia de la competencia de sangre noble. Su ortodoxia manifiesta que el liderazgo proviene del esfuerzo individual de coerción sobre los otros.  La voluntad de poder se perpetúa en la transmisión legal del patrimonio. Va del fautor a sus  herederos. El trabajador no transmite patrimonio alguno ni aun la pericia de su oficio. El capitalismo generacional, del economista  Schumpeter, procedía del acto de fe  de que las generaciones empresariales nacían de la inmanencia del modelo de producción capitalista. Eran de los capitanes de la industria capitalista generaciones que, eclosionaban como larvas, arrastrando las condiciones de supervivencia material y cultural del sistema social a través de las ganancias máximas  de sus negocios. Sólo estaban condicionados por su nivel congénito de ingenio y capacidad de revalorizar su capital a través del trabajo ajeno. El capital genera sus administradores y su capacidad de revalorización en la acción competitiva de mercado de precios. Schumpeter olvidó el mecanismo de la herencia jurídica patrimonial y el elitismo de la transmisión de la cultura a través de las instituciones generadoras de clase social de dominio. No hay eclosiones naturales de empresarios que no se apoyen en la estructura privada prestataria de capital o en las instituciones crediticias estatales. Al principio puede haber un huevo, pero luego se vuelve un  pollo. La tecnología de la información creada por individuos con ingenio ha terminado en las manos de los grandes aglomerados del capital accionarial  Los incrementos de la productividad y la ampliación del mercado están en gestores herederos de capital  y en la gestión empresarial piramidal de la aristocracia del dinero. No eclosionan totalidades renovadoras con un capital propio que imponga nuevas visiones de la inversión rentable  del capital sin la aportación del patrimonio legado o las conexiones financieras y tecnológicas de la productividad financiera del capital de préstamo de inversión. No se descubre el lazo del hombre natural con los portadores de riqueza acumulada. Hay la acumulación de riqueza en un poco de la sociedad y miseria en el otro. El registro de la riqueza material e ideológica es transmitido por herencia legal.
La brecha de la desigualdad crece o decrece través de la relación del crecimiento o decrecimiento de la apropiación privada de las ganancias del plustrabajo no pagado. No hay crecimiento de riqueza monetaria sin trabajo gratuito. Hay productividad creciente de valores de uso, pero no aumentos salarial. El dinero no produce dinero, sino como medio de compra del trabajo ajeno. El  crecimiento de la riqueza y de los ingresos pertenece al ámbito de actividad de producción social. El crecimiento de la renta trabajo no es mayor que el crecimiento de la riqueza social de valores de uso del ciclo de producción.  La inversión de capital dinero especulativa obtiene mayores ganancias ficticias de papel dinero legal que el capital industrial. La renta monetaria del salario es decreciente. El decrecimiento de la renta monetaria salarial marca niveles de desigualdad. La masa monetaria salarial decrece refleja la caída de los salarios por debajo del nivel medio de subsistencia. La masas monetarias apropiadas por la minoría dominante crece con la disminución de los salarios. Los salarios reales disminuyen  por las imposiciones fiscales del estado. La ganancia empresarial proveniente del trabajo directo  es menor que el sobre trabajo extraído por la ganancia. El sobre trabajo se traslada a las rentas especulativas a través del presupuesto de endeudamiento estatal, dándose correlativamente el crecimiento de los intereses a pagar y la disminución de las prestaciones sociales estatales. El ingreso nacional medido en cantidades de trabajo decrece mientras crece la renta monetaria medida en ganancias especulativas de endeudamiento estatal y la  venta-compra de renta fija en bonos y letras del tesoro y la variable de aumento de cotización bursátil  de acciones y obligaciones privadas.
Se ha sobrepasado, en su decadencia de productividad de valores reales, al capitalismo industrial de explotación salarial a favor del capitalismo especulativo financiero, a través de las políticas impositivas sobre las rentas del trabajo y la redistribución impositiva al capitalismo especulativo. La detracción de la masa salarias desde dos frentes: a) el plustrabajo  directo b) el plustrabajo indirecto por las imposiciones fiscales. Como el trabajador no puede gastar más de lo que gana, las imposiciones gravosas del estado disminuyen su mínimo de subsistencia salarial e incrementan su endeudamiento a corto  y largo plazo.
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La carencia de la utilización del factor variable del trabajo en los procesos de producción conduce a la falta de reproducción del sistema de  producción tanto a nivel salarial como en las ganancias industriales.

 El paro obrero es un límite a la capacidad de reproducción del sistema económico y social. El crecimiento de las masas sociales activas  improductivas causa profundos desequilibrios abiertos a la autodestrucción del sistema. Uno de estos desequilibrios es el retorno de la mendicidad en los trabajadores activos, que vuelven a marginalidad del limosneo y la olla comunal. Sobrevivir depende de relaciones de producción, pero también de relaciones sociales de coerción legal. La seguridad de sobrevivir se vuelve una variable dependiente de relaciones económicas regresivas a formaciones sociales de marginalidad superadas. La venta de fuerza de trabajo se vuelve una mercancía residual independiente del mínimo vital. Los trabajadores pobres y los trabajadores emigrantes deprecian la longevidad de sus vidas. Precios de intercambio depreciados. Al sacar fuera del salario de subsistencia al trabajador, la durabilidad de la vida se acorta. El individuo social se vuelve regresivo. Queda sometido a la inseguridad. Su vida no depende de él, sino de la explotación de las relaciones de mercado laboral nacional e internacional. No llegan a mantenerse ni el trabajador ni sus descendientes. La crisis económica recae en las masas sociales sujetas al capitalismo neoliberal de utilización del hombre como ganancia máxima.

lunes, 21 de abril de 2014

El individuo y su protagonismo en la historia.


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 El individuo está cifrado. Está hecho de fechas. Éstas lo determinan y agobian. Cada día es una fecha que se repite, que incide en dejarlo atrapado en el laberinto de los números de su vida. Es un tren que va deteniéndose hasta llegar a la vía muerta. Allí donde hay yerbajos de recuerdos y en tiempos de lluvia el  sol de la clarividencia, también los jaramagos amarillo de cera y canarios de goma. La inquietud de vivir se calma con los números positivos que aumentan y disminuyen en los depósitos de dinero. La adicción a tener marcas  de avaricia en  el rostro imbécil de los poseedores de fortunas. Ellos no son ricos hasta que la curva marginal de la eficiencia del capital acumulado crece hasta la saturación. A mayores cantidades de dinero mayor gradación psicológica negativa de la infelicidad del lujo. Los poseedores de gastos no ahorran. Sin dinero no hay gastos. Sí deudas. Gastan si tienen dinero o deudas. Están sometidos a la ley creciente de la insuficiencia de recursos económicos.  La concentración de capital y de renta es creciente en los ricos mientras que en el polo opuesto de los pobres  crece la pobreza. A los individuos trabajadores no se les compra su fuerza de trabajo o la vende por debajo del mínimo vital. Son los individuos sometidos al día final de la fe de la abundancia. Están ahí. Son millones de individuos que entran en las urbes para encontrar trabajo. En un movimiento emigratorio que llena los arrabales suburbiales de marginados que huyen de la inanición. Están desorientados, cogidos a los contactos de  los móviles. En cada llamada salta la liebre de la noticia. Un no o un sí. El lenguaje en dos monosílabos. Si hay trabajo, no hay trabajo. Un código binario. Los contactos decrecen y permanece el código binario. La no producción de empleo fluye y la circulación-velocidad de la masa monetaria se contrae hasta que los precios de las mercancías no realizan las ganancias por el decrecimiento de los precios de venta. La crisis económica desequilibra el equilibrio de la oferta y demanda monetaria.  La máquina teórica económica de K.Wickell: Una máquina simple, “El procedimiento es más bien simple: en la medida que los precios permanezcan sin cambiar la tasa de interés de los bancos debe permanecer sin cambiar. Si los precios aumentan, la tasa de interés de los bancos debe aumentar y si los precios caen, la tasa de interés debe ser disminuida y a partir de ese momento mantenida a ese nuevo nivel hasta que una nueva modificación de los precios demande una nueva modificación del interés en una dirección o la otra" “Dado que, de hecho, la economía (y la población) está creciendo, ese crecimiento se financia con crédito o dinero creado de la nada por las autoridades financieras y los bancos. Siempre y cuando ese dinero se preste a la misma tasa de interés normal, los precios se mantendrán.”
Ahora el marcador  flujo de la máquina de hacer dinero a la deflación de los precios y al aumento de la cantidad de dinero a inyectar de liquidez al sistema financiero. Para evitar la baja de precios de los productos financieros del mercado de valores especulativos.
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La máquina económica entra en las vía muerta de la escasez de inversión y el aumento del ahorro de los ricos espera un aumento de la tasa de interés para comparar la propensión marginal a mantener liquidez y el interés hasta que la ineficiencia del ahorro obligue a la disminución de la liquidez y a la inversión. Eficiencia psicológica de mantener la no liquidez de dinero  varía en razón directa al aumento de la rentabilidad de los activos líquidos o semilíquidos, depósitos y valores de capital, empujados por bajas tasas de interés, con grandes ofertas de dinero barato por los órganos económicos -financieros, que se inyectan en los circuitos de acumulación de capital especulativo. Las máquinas de fabricación  de dinero se conectan a las máquinas de diferencias gananciales especulativas. El dinero consume dinero hasta que el hastío de su función acumulativa y circulatoria produce las náuseas de la seguridad de la avaricia. Las máquinas impresoras de estampitas estatales son útiles sin hay recurso de capital sin utilizar a precios altos de monopolio. La máquina dinero se acopla a la máquina inversión de excedente y a la máquina de trabajo con precios mínimos de contratación. Si no hay recursos naturales ni humanos sin utilizar  la máquina dinero sube los precios con una producción baja.  Junto a la superproducción de dinero surge la  adicción a la no inversión real y a la producción irreal de objetos defectuosos. Las masas sociales se acuestan sobre el miedo de no ser utilizadas por los empresarios y no retribuidas con un salario que posibilite la continuidad de su vida. El consumo del miedo es el consumo de los salarios bajos y el desempleo. La escasez de producción, el desempleo en las empresas industriales y de servicios para rentabilizar el trabajo mal pagado y el consumo de objetos de lujo en deuda son síntomas de la economía de la decadencia.
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La máquina socia se deja al milagro de la pobreza asistida. Los códigos sociales de castigo se organizan en máquinas políticas de represión ideológica o en máquinas de violencia física.  Son máquinas de instinto exterminativo.  Las máquinas de producción industrial se adhieren a las máquinas de producción de dinero improductivo. Se adhieren a las máquinas de poder legislativo, a la máquina de organización territorial nacionalistas, a la máquina que reordena flujos de enfermedades mentales y se enganchan a los deseos imperativos, reproductivos de inseguridad ante  los límites internos biotecnológico. Las fechas del calendario devuelven la extraña vejez prehistórica de los abandonados.
Conviene repetirlo: El Ello es máquina de energía psíquica inconsciente, se inyecta a la circulación monetaria la convierte en dinero papel de deseo. El Ello conecta la represión y los instintos destructivos, se cuela en la corrupción especulativa financiera. El Ello es una relación de no sujeto y  no mundo. Una máquina que funciona en el vacío de los espacios infinitos del inconsciente. El Ello acopla las máquinas simples humanas  a máquinas complejas tecnológicas. De la azada del campesino a la central nuclear. En el Ello hay duración de consumo de energías. Las máquinas son flujos sádicos y masoquistas de agregados simbólicos de tecnología de producción y estancamiento. Las regresiones sádicas tecnológicas son retornos homicidas, que atraviesan las funciones regresivas del Estado intervencionista en la cotidianidad desprotegiendo las necesidades sociales que hacen del individuo un ser con realidad.
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No es un paroxismo de la decepción afirmar que el individuo más que un protagonista de la historia es un observador cansado de una vida que le han impuesto. El cansancio físico y moral de pertenecer a la casualidad del espectador, que atraviesa la calle consigo mismo sin ninguna percepción de existir para él ni para los demás. Arranca de un punto final de una avenida al comienzo de otra. Se repite hasta el agotamiento. Los demás, aquellos que pasan aturdidos por el cielo gris de la adversidad de estar como cosas, que traslada el tiempo a un lugar desconocido. Hay dolor en el debe metafísico de la náusea en el asfalto. La náusea que mancha los zapatos de la objetividad de la existencia. Una no objetividad  que cierra los ojos para no tener necesidad de mirar dos veces su miedo. No es el infierno de Dante, sino la pared de la casa y el fondo de la calle. Lorca escribía de los ladridos muy lejos del río. El río está soterrado y los perros van atados a las correas. Hay gente que arrastra carritos de huida por la estaciones de autobuses. Suelos desgastados por los cien mil zapatos de cien mil generaciones, sin fotografías que las recuerden. Ni tan siguiera los mendigos dejan sus zapatos  en la acera por temor a las multas de los vigilantes. Este mundo cerrado por la indiferencia de la náusea metafísica está compuesto de alambres que sujetan los pies y las manos. No hay huida a la llegada de los bárbaros que esperaba Kavafis:” Esperando a los bárbaros. ¿Qué  esperamos agrupados en el foro? Hoy llegan los bárbaros.  Porque la noche cae y no llegan los bárbaros. Y gente venida desde la frontera afirma que no hay bárbaros. ¿Y qué será hora de nosotros sin bárbaros. Quizá ellos fueran una solución después de todo.” Tampoco esperamos a Alicia. No hay espejos ni conejos. Quizá haya acabado el tiempo de los individuos que esperan la apuesta de la fe en el milagro de existir. Ni siquiera la apuesta pascaliana de la estrategia pragmática de la esperanza. ¿Por qué no ha de ser la crueldad la visión  de una sociedad en la que la clase social, el dinero y la ambición son los actores principales de la sumisión del ser acongojado por su nimiedad  de su existencia? El descubrimiento cierto de la vida antiheroica empuja  a la náusea de la nada sartriana. El individuo no se vuelve un ente universal por la responsabilidad moral. Es un par de zapatos gastados en el asfalto para  resistir dentro del impulso de la vida que  no se rehace. Pero hacerse a uno mismo es tener la fuerza de permanecer vivo en la condiciones del entorno social. La fuerza de la vida proviene de la necesidad de que querer ser permanencia, que se resiste a la incertidumbre, que  no se crea desde la instancias jerárquica de las máquinas sádicas de dar y de quitar. Saber es tener conciencia de las variables económicas y políticas que posibilitan la existencia o la no existencia. Y el individuo es un ser que sabe e ignora simultáneamente. El saber y la ignorancia entremezclan la exaltación báquica y el miedo a dejar de existir en la sombras del Hades. El terror del dolor contiene el desbordamiento de la inanidad y la pasión de salir por la puerta más estrecha para gastar los zapatos. El oscurecimiento más extremo es la aceptación del miedo como una fatalidad de la decepción. Se afirma que el individuo es más que un protagonista de la historia es un observador cansado de una vida que le han impuesto. El cansancio físico y moral de pertenecer a la casualidad del espectador, que atraviesa la calle sin ninguna percepción de existir para él ni para los demás. Arranca de un punto lejano de una avenida para llegar al comienzo de otra. Los demás, aquellos que pasan aturdidos por el cielo gris están con nosotros, pero tienen el mismo dilema de existir ante las máquinas desposeídas, acopladas a las máquinas del trabajo ajeno  y del dinero ajeno.