martes, 19 de mayo de 2015

Flores secas y gárgolas.


1

Todo cuanto hay en el mundo tiende a su extinción otoñal. No hay nada que no sea contradictorio al predominio del tiempo sobre la existencia. La analogía extintiva más obsesiva es el de la piedra y la flor. Hay algo sobrecogedor en la intemporalidad  sorpresiva de la permanencia  de las gárgolas góticas de las catedrales, con sus miradas inquisitivas y los rosetones vidriados que dan su luz como un grito de intemporalidad. La rosa de cristal y la gárgola que vomita agua sobre la gente que pasa abrumada por peso que se acumula a  su espalda. Los sueños de color que se reflejan a través de las vidrieras en los seres extraviados que sólo encuentran la piedra y no la flor.

Las gárgolas muestran la indiferencia de su ser de piedra ante el deambular de la luz  comprometida en mantener la permanencia de la apariencia. Lo bloques humanos ciegos  de furia y ruido esconden sus miradas a las gárgolas de canteros proféticos del tiempo, que quisieran significarse en la memoria de la piedra para ser guijarros  de caminos. Siempre se percibe la nostalgia de aquellos constructores de catedrales que sabían que no verían su trabajo terminado. Ni dos generaciones bastan para que la piedra acabada dé testimonio del presente único del cantero,  que la martillea y rompe para darle molde. Dejando en la piedra por pura vanidad y envidia sus iníciales que nadie habrá de ponerle rostro.

 Soledad humana de formadores de símbolos ante su vivientes ser, que habrá de sentir también el vértigo de su desaparición en las calles frías y en los conflictos del hombre resentido con el hombre dominado.

 Vértigos existenciales ante el simbolismo de una existencia vacía de conciencia eterna, que siente la angustia  de su desaparición como vaciamiento de cera fundida en la forma de piedra y flor seca.

El Ser de cera fundida en la angustia de su existencia arrojada a la preocupación de continuar existiendo. Vaciamiento del quehacer de un ser en sueños inconscientes y trabajos que no excluyen la inseguridad de la piedra que rueda como la moneda. No se descifran actuales,  los poderes internos y externos de fuerzas contrapuestas que afirman y  niegan una temporalidad medida por lo inesperado de la trascendencia. Las gárgolas testimonian la ligera  levedad de la piedra y la historia.

El individuo en su ajenidad no se percibe como la seca temporalidad de la caña pensante pascaliana. El pensamiento como orgullo de la condición humana en un mundo insuficiente y ciego y en un hombre entre la bestia y el ángel. Entre la burla absurda intemporal de la gárgola y los pétalos de la rosa seca. La gárgola que es absurda en la medida que está dentro de un tiempo sin porvenir y sin conciencia  de sí.

 El hombre y la piedra cargan con el absurdo del porvenir.

Existente esfuerzo de correlación de la Nada y la paradoja del salto a la irracionalidad del porvenir, Kierkegaardiano absurdo ene la paradoja de existir negando y afirmando la inmortalidad o el orgullo Nietzcheano de la hacer la vida una heroica afirmación finita fuera del resentimiento y la culpa.

 Solas están las pesadillas de la historia sobre las miradas ciegas de las gárgolas, que como  anónimas arqueologías muestran  la transitividad del individuo por el flujo heraclitiano del río sin retorno al origen. Heráclito no sumerge en el agua del río al simbólico niño- dios de Juan Ramón Jiménez en la luz de las adelfas. La alegría de la luz  cayendo sobre el rostro del niño- dios en el jardín de las delicias inocentes de la atemporalidad. La Poesía niega la  muerte cuando los hombres aplican la duración de las flores para  medir la existencia del hombre dentro del mundo. Se aplicó la duración de la existencia cuando se quiso  que los números fueran la medida de los dioses.

Lluvia de números sin flores para la abertura de un girasol que da la espalda a la sombra breve, en cuanto que lo que se da en la luz es la pretensión de vivir en la  no angustia de lo perecedero del número. La luz crea la cultura clásica de lo eterno en los héroes  convertidos en destino.
2
En la angustia de un ser constituido de tiempo, parece  como si las gárgolas desconocieran la  irracionalidad del porvenir y se hubieran transformado en rapaces con cuerpo de reptil. Serían seres simbólicos colgados del tiempo de la burla, mirando hacia abajo y sujetas al muro que las mantiene en el aire, con el rictus sarcástico del que tiene la verdad simple de no existir sin angustia de no ser. No ser sabiendo que estás hecho de tiempo, que irá erosionando su permanencia en el mundo por los hechos físicos causados  por el viento y la lluvia. La gárgola transmite el desconocimiento de quien la esculpió para la burla premonitoria de quien sabe que la piedra durará más que el escoplo que labra las piedras. No les ponían los canteros fechas a las gárgolas. Eran desagües de lluvia que debía llegar al suelo y no  a los muros de la iglesia.
La gárgola piedra para defender lo perentorio de la oscuridad y la erosión  de la vanidad de los que levantan templos para orar y no morir. La gárgola desagua la lluvia de la temporalidad sobre los textos religiosos,  que propone el poder fuera de la causalidad  interna del flujo  degradante de la historia.
 La historia simbólica que no previene los efectos límites de la voluntad de querer permanecer. Voluntad de querer estar fuera de la representación de los fenómenos naturales y dentro de lo simbólico permanente.  
En la causa de la voluntad hay efectos incontrolados de caducidad absoluta de la medida del tiempo, que se desplaza al futuro imaginario por la ambición de adquirir la inmortalidad por obra de la fe, que construye arquitectura sociales. Arquitectura  sociales que esconden la ambición de  escapar del presentimiento obsesivo de la muerte.

 El bufón destruye con su ambigüedad conceptual los estratos religiosos y políticos del poder lógico de decidir la historia como un flujo temporal de la voluntad de poder de sucesión. Las  formas de poder encarnadas en la ley biológica y la ordenación de los cambios sociales políticos a través de los herederos de las arquitectura sociales. Los símbolos del poder pretenden permanecer  en los vericuetos de la representación textual del arte o en los sacrificios sociales generacionales,  que ejercen el miedo de no existir bajo la pandemia o el genocidio. 

martes, 21 de abril de 2015

Psiquismo y reproducción económica.


 1
Ha aparecido una momia preinca recientemente, así ella es como una aparición sorpresiva de un hallazgo histórico en el lugar  final de los desechos en un basurero de Perú. Los ladrones de la momia han debido de arrojarla, por miedo a su detención o por falta de demanda precio a un  contenedor de basura. La momia expresa en su deformación ostensiblemente el horror de la muerte presentida en la tortura del instante.
 El maxilar extremadamente deformado, expresando el dolor de un grito agónico sin esperanza. En ella, en la momia, está la expresión inhumana de un animal sacrificado. Es como si quedara dislocada la experiencia de vivir, cercada por la certeza de la fuga del flujo vital. Ella es la imagen de la nada ante la negrura del tiempo. No se sabe si fue su muerte natural o la víctima de un sacrificio. La transgresión del tiempo de su historia están dentro de su grito agónico. Ella es como si fuera un aviso gestual, una boca de arcilla abierta y húmeda, donde se hubiera introducido un puño de hierro para formar su boca deforme. Tal vez ella era el miedo a la revelación intuitiva de su forma de morir, y que le obligaba a sellar el grito con un puño de hierro en una masa de arcilla húmeda.  Su espanto del tiempo infinito de la muerte fuerza su testimonio de los sacrificios rituales, configurado con ellos a las divinidades de las relaciones de la tierra y el cielo, del agua y la sequía. La fecundidad y la esterilidad. Hay en ella, un grito momificado que bien pudiera compararse a los muertos en los campos de exterminio de la II Guerra Mundial. Hombres, mujeres y niños formando montoneras de cadáveres casi momificados o momificados, que expresaban, en su martirio, la denuncia del grito de los inocentes contra los verdugos. La sustitución de la ley moral por el crimen organizado como un proceso de producción de muerte. La sustitución de un orden moral por un método de exterminio. Dios sustituido por las élites del poder de la violencia de los cuerpos militares pretorianos.
 Era la muerte industrial del totalitarismo de Estado como una organización mafiosa de la jerarquía del crimen organizado a nivel de las instituciones civiles y militares, con la expansión ideológica de un modelo de exterminio global bajo los indicadores étnicos de la raza y la expansión militar conquistadoras de la jerarquía de la vida y de la tierra. Conversión de la ley moral en la ley de la violencia mecanizada en un código de frases incrustadas y alineadas amontonadas en la irracionalidad del lenguaje autoritario.
En la momia incaica hay la posible tortura religiosa del rito, que encadena la improductividad de la tierra, sus rendimientos decrecientes, con la fertilidad de la sangre. La aristocracia  sacerdotal de los sistemas sociales comunitarios primitivos establecían su jerarquía de poder social sobre los rendimientos crecientes o decrecientes agrarios y los sistemas cosmológicos, que influyen imaginariamente sobre la producción agraria excedentaria y el orden divinizado de las jerarquías de poder de casta.
 Se presiente la unidad sistemática de sangre y las variaciones de la producción agraria, en la crueldad de los crímenes rituales de las organizaciones agrarias comunitarias, tributarias de excedentes económicos. Las relaciones de dominio y producción necesitaban apoyarse en los rituales cosmológicos y biológicos. La escasez de producción de alimentos originaba desórdenes sociales entre campesinos y los nobles de casta. Entonces los rendimientos de productividad decrecientes desordenaban la magia de los privilegios y se retornaba ficticiamente a ellos mediante la simulación ritual de la  fertilidad de la tierra y de la sangre humana derramada por la víctima.
El terror directo del castigo y el miedo inducido por la inseguridad son factores económicos de rango fundamental, tanto en las organizaciones sociales comunitarias de la tierra  como en las organizaciones sociales urbanizadas por la  tecnología  industrial y la comunicación.
El miedo a poderes sociales e ideológicos religiosos trascienden la vida cotidianidad en una  huida a lo subjetivo del miedo. Pero el miedo a la supervivencia es un factor de producción. Los individuos trabajan asustados por sus bajos rendimientos y el castigo que implica. El terror provoca crecimientos de la intensidad del desgaste extra del trabajo y su acortamiento de la longevidad de la vida, Se produce más, porque el individuo es reprimido por la censura psíquica del orden exterior y del orden interiorizado de la obediencia. El psiquismo de las variaciones de la productividad social por los mecanismos traumáticos han sido practicados por la ideología religiosa y política. Los sacrificios humanos de los sistemas económicos tributarios marcan un extremo superior de la intensidad del trabajo por el miedo. Los sacrificios humanos intensificaban la necesidad del crecimiento de la producción. Este crecimiento de la producción se daba y ejercía en la extracción del sobre trabajo excedente de las tierras cultivadas por los campesinos en sus parcelas de uso como en las tierras estatales. El crecimiento del excedente económico de valores de uso iba acompañado de la variabilidad cuantitativa de la  intensidad de la fuerza de trabajo en el ciclo económico  victimario.
 La falta de productividad, o de la escasez natural del ciclo de reproducción de valores de uso y la reproducción de los significados religiosos victimarios, multiplican la identidad de la realidad excedentaria estatal y la violencia del terror organizado por el lenguaje gestual simbólico, ante  las transgresiones de las víctimas en sus rendimiento de producción crecientes o decrecientes, rendimientos del sobre trabajo expoliado que debe sufragar las amplitudes mecánicas del poder religioso y estatal.
A mayor organización represiva del Estado, mayor excedente de valores de uso gratuitos extraídos del trabajo excedente de las comunas campesinas. Una transferencia del excedente económico por una relación de distribución desigual  entre los campesinos y el Estado.
Si disminuye la producción se reduce la parte de consumo campesino y se mantiene el sobre trabajo estatal. Sin continúa la reducción del excedente aumenta correlativamente el sacrificio de la tortura, que intensifican  los dioses conciliables con la religión de la tierra y los imaginarios simbólicos  de crueldad sacerdotales y estatales.
La propiedad de los gestos simbólicos, de los cálculos astronómicos y de la escritura, es de la nobleza sacerdotal. Los campesinos están vacíos de palabras y llenos de imágenes verbales y el  concepto Multipolar de los agrupamientos demográficos de relaciones de parentesco, agrupamientos de significados sanguíneos,  que acogen al matriarcado o al patriarcado. La interpretación genealógica del sexo determinada la estructura de la comunidad de linaje. La metáfora pura de dominio de linaje exige una obediencia  interpretadora de medios económicos, semillas y herramientas, que traslucen relaciones de desigualdad.
El código sanguíneo se anexiona la igualdad y la desigualdad  para separar los linajes opuestos por la sangre, semilla de perpetuidad para ser  la costra de la supervivencia del grupo. La transmisión metafórica del origen en su oposición al lenguaje del dominio estatal. El medio social de régimen de la consanguinidad como realidad del agrupamiento de la continuidad social.
Importa el concepto de excedente económico como medio que transmite el contenido de formación de las jerarquías y las servidumbres. El medio de explotación del uso de la tierra se convierte en el flujo económico de  imaginarios que flotan en las funciones críticas de la resignación al dominio estatal. Como una plaga de adherencias residuales teórico-mágicas se transfieren los sacrificios que ocultan metafóricamente la realidad de las luchas sociales. Las metáforas simbólicas verbales cambian los instintos de rebelión en pasivos reflejos de rebaños domesticados.

 Los signos manipulados se van inscribiendo en el cuerpo  de la existencia de los dominados. La esencia de la existencia viene a ser la manipulación de los poseedores de los medios simbólicos. La  tersura del Ser de la servidumbre  convierte en rugosa la piel de la tierra. De este dominio servidumbre debe despegarse Una Voluntad Única sin crítica, de organización punitiva de los elementos antagónicos de la realidad instrumental de los manipuladores. El universal irracional y categórico de la momificación  del individuo ante la inautenticidad de su existencia en una reproducción  psíquica y económica.

sábado, 21 de marzo de 2015

Los individuos apresados.


1
Los individuos apresados y vigilados para que pierdan el sentido del tiempo y del espacio, en las cárceles tecnológicas, están dentro de espacios frágiles de tela o de ladrillo. Vigilantes y presas están en el mismo espacio legal, las normas se dictan implicando a priori la culpa del apresado. La presa se encuentra en el espacio abstracto de la norma y el castigo. Los recintos confiscatorios de la libertad  se ocultan y amontonan sus caretas  de múltiples rasgos faciales idénticos en la mímica del drama y la comedia. Kafka y las máscaras griegas en lo anónimo de los catálogos de la postmodernidad del individuo deshumanizado, que espera se disocie la ley de los intereses materiales. Una ley  kantiana sin fines de premio y castigo. Un rayo de luz en el tiempo puro de individuos que no lleven en los cerones la carga de la intención culposa.
A los apresados por el tiempo de la desgracia, normalmente se les ves con los ojos tapados, cascos sin audición, vestidos que no dejan pasar el aire. Se les suprime la condición natural de los sentidos. Pueden rezar mentalmente o hablar con los seres que se esconden en la memoria. Los rezos de los ciegos sin oyentes, rezando buscando rastros de gente que algún día se acercaron levantando el polvo de la tierra. No se sabe qué rezan o el significado de su oración mental. Presos sedados en sus mudas palabras, viajeros en un patio alambrado con vigilantes, gobernados por voces que avisan de los movimientos físicos de comer, dormir o declarar.
En su habitabilidad de apresados no hay ni luz ni sonido como si no esperaran jamás la relación de la fusión del espacio-tiempo ni la comunicabilidad de los presagios de la historia. No es un momento metafísico de la trascendencia, sino la situación de la opacidad  de un dios que  no abriera los ojos a la iniquidad.
2
Es difícil mantener la dicotomía de la oración y la extrema desesperación de la certeza de la inexistencia. La presunción de la muerte es un existente, pero la inexistencia es un cosa. Una cosa es un algo que proviene de fuera, que golpea y deja su rastro de Nada que hiere. Las palabras murmuradas no esperan respuesta, serían una comunicación escondida, con el golpe duro de la  pena  del no ser del individuo presa. El apresado se encuentra agarrado por los vendedores de mandatos, de la jerga de los gritos sin concordia armónica  de los ortodoxos y heterodoxos del sistema regulador de los indeseos y sus aplicaciones en métodos del tortura: No respirar en el agua de la bañera o las picaduras eléctricas en los genitales, o quedar colgados de las axilas hasta que los  huesos sean ramas rotas, brazos sin función, excepto la del dolor extremo, apéndices y muñones que se descuelgan desgarrados.
 El individuo es un ser resistente al grito de dolor y boquea como los peces su falta de aire ante la muerte. Basta un dolor de más o un golpe con el antebrazo en el en el cuello, o una patada en la cabeza, o el gas desprendido del tubo de escape de un automóvil requisado o robado.
No hay autoría en la barbarie de la tortura, ni en el error metodológico o  en el estupro sin proclamar que el desprecio del torturados desiguala el placer  campesina sirviente y la mujer de clase media culta. La proclama del estupro es universal  para  el torturador.
3
La ortodoxia de la barbarie mata el riachuelo de la sangre de la víctima que sube y baja por sus venas. La fe del bárbaro torturador es la apuesta de la nada contra la nada, donde el cuerpo torturado, la muerte misma en un mundo donde el poder  tiene el doble filo de la palabra, donde  el torturado marca la obediencia de la tortura. La obediencia sin gesto al mandato violento. El hálito que se entrega como si fuera la respiración del pez o el zureo de la paloma escondida en el alero o en la tierra arcillosa.
La obediencia  se vuelve un mandando donde el miedo se satura de dolor  y su temor al grito.
Asomarse al tiempo de la historia sufriente del perseguido es hallarse frente a la inyección letal o el pelotón de fusilamiento de sicarios en los basureros urbanos, o en las cárceles donde se entierran en anonimato los cuerpos exánimes con un disparo en la espalda o en la nuca.
En los instantes de la angustia suprema  podrían ser una sombra el  reflejo de la sumisión del individuo, que como sombra camina por laguna Estigia o los  valles de los libros sagrados de la conformidad, que dicen el nombre de las cosas santas ocultas en  la huida interior de la subjetividad, que espera el salto infinito de la apuesta a la trascendencia.
 4
El sufismo es el camino que pretende purificar el corazón del que teme y espera. Convertir los latidos del corazón de una paloma en el órgano donde se concentra el espíritu de la espera.
La profecía ciega que dice «en el ser humano hay un trozo de carne que si está sano, todo él está sano, y si está corrupto, todo él está corrupto, y ese órgano es el corazón». Es el camino del amor profundo a Dios.
Los sentimientos se agrandan como espirales de polvo que pretenden llegar a la paz interior del marginado perseguido. Idries Shah escribió «Si das lo que puede ser tomado, no estás dando realmente. Toma lo que te dan, no lo que quieres que te den. Da lo que no puede ser tomado». Terrible opúsculo del miedo del hombre perseguido por la intolerancia. Dar hasta las migajas de pan de tu corazón para que busquen los gorriones y te dejen rezar.
Los guetos está preparados para que el hombre no tenga ni la quietud de rezar. Ni siquiera el afligido llanto de una niña chilena que pide morir sedada por la imposibilidad de vivir. El rezo de la quietud depende del poder del Estado. No hay escape contra la ortodoxia de los que escriben leyes para que se obedezcan por los sometidos.
Causa profundo dolor de la historia de la desesperación  de los perseguido. La ortodoxia del quietismo que fue un movimiento místico en el siglo XVII, fue propuesto por el místico español Miguel de Molinos en su Guía espiritual que desembaraza el alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro de la paz interior.
Enseñaba la pasividad en la vida espiritual y mística, ensalzando las virtudes de la vida contemplativa. Sostenía que el estado de perfección únicamente podía alcanzarse a través de la abolición de la voluntad: es más probable que Dios hable al alma individual cuando ésta se encuentra en un estado de absoluta quietud, sin razonar ni ejercitar cualquiera de sus facultades, siendo su única función aceptar de un modo pasivo lo que Dios esté dispuesto a conceder.
Molinos apresado y condenado a reclusión perpetua fue condenado al exilio.
5
Somos las imágenes de quien pregunta por nuestro sentido de la libertad interior. Filosofar es un fin de la comprensión y está dada en la descripción de la palaba, se vuelve inconsistente como los pétalos de la flor o el caminar del viento en el cielo nublado.
¿Tiene cada hombre una concepción del mundo? O como  decía Antonio Cramsci cada hombre es un filósofo. ¿Pero no hay una concepción de la  filosofía que se constituye por una teoría general y una praxis que exige cambiar las condiciones del mundo oscuras del dominio y la manipulación de los valores sociales? ¿La filosofía no se convierte en una concepción del mundo en cuanto es la vez una teoría y una praxis de los agentes sociales en una formación social total, que deriva en su formación global por las asimetrías de las luchas sociales?. ¿Este hombre común gramsciano no ha integrado su subjetividad en la realidad de manera que conciencia y realidad se han vuelvo caras de la misma moneda alienante? ¿Cómo situarlo  fuera en su crítica y praxis instintivas en las formaciones sociales de dominio? Este hombre común lleva en sí la comprensión de su destino en el mundo y su comprensión está limitada por su experiencia vital.

sábado, 21 de febrero de 2015

El éxtasis de las palabras y su tiempo imaginario.


1
No hay evidencia empírica del éxtasis irracional. Sólo se manifiesta el monólogo interior de la creación poética. Sólo la polifonía de las voces interiores que cruzan sus ritmos como si fuesen una orquesta de jazz. Las voces poéticas de Elliot laboran y celebran la amargura honesta de la falta de evidencia empírica del sujeto con su objeto exterior. Hay espacio y tiempo íntimos poéticos. Una arquitectura vertical de palabras integradoras, que ascienden hacia los sonidos color de la poesía exasperada de Rimbeau. Las letras poéticas manchadas del color de agua, que reflejan el cielo y los rosetones de las vidrieras góticas, los amarillo de los campos de girasoles de Van Goght, las plazuelas escondidas, que acumulan el tiempo en sus cajitas de nácar. Tiempo familiar y patrio en los versos humildes del humanismo de Giner de los Ríos en Antonio Machado, los caballitos del carrusel de madera de Verlaine, los pájaros inquietos, los álamos rumorosos, las estelas, de la poesía del deseo inmortal  de luz de Juan Ramón Jiménez, los senderos y las fuentes romántica del Carmen de los Mártires en Granada.
Ascensiones en las agarraderas del éxtasis de la palabra vida, en su blancura de espacio y tiempo entrelazados como ramos de cerezas o alhelíes. Pero siempre Un Todo de palabras, que envuelve la imposibilidad de retener evidencias perdurables del éxtasis, que se eleve al instante de la verdad de lo real, de la trascendencia del individuo sobre el tiempo de su cotidianidad. Individuo confuso y herido por los ritos mentales y la cadencia del cuerpo y la mente, hecho afines a la tierra seca y a los soplos jadeantes de  corazón herido que siente el fondo de sus palpitaciones.
 Las sílabas interiores de las voces que se detienen y orillan  en la memoria borrada de experiencias. Siempre este ser arrojado al tiempo cotidiano, obligado a la autenticidad, pero bordeado por extrañas formaciones culturales cínicas y amorales de necesidad y  penuria.
2
En este espacio y tiempo interiores, el individuo ansía encontrarse una claridad cegadora del espacio oscuro y de la luz fría, que emiten los objetos de una cultura que afirma la utilidad del ser como una cosa arrojada y manipulada. Hay en la palabra poética espacio y tiempo íntimos que se presentan sorpresivamente al movimiento de las ramas y las hojas de los álamos otoñales. Movimiento sorpresivo que afirma el sentimiento dilatado de la creación de las formas rítmicas sonoras del éxtasis, siempre ausente y siempre presente. Después del éxtasis del instante interior, llega la sequedad, los síntomas alucinatorios de la abstinencia. El ciclo del éxtasis y su abstinencia alcanza la saturación salobre de las palabras remachadas de dolor. Dolor e inconsciencia poética de Allan Poe, expirando en las callejuelas fétidas, olor basura de los lugares marginales, basureros de despiece de las formas del éxtasis verbal, la evidencia contrapuesta del éxtasis que son los gruñidos de los animales hambrientos de su muerte.
Este arrojamiento opresor del individuo expirante muestra la palanca del delirio de los que ya han perdido la belleza de los sonidos y los ritmos de las formas sonoras trascendentes.
La ascensión al éxtasis se retrae a la mirada vacía del individuo herido, que observa, detrás de una ventana sin cristales, el éxtasis vacuo de los ritmos de los versos, la verdad imaginaria perseguida por la ausencia. La realidad de la historia basurero, devastadora en el sucio uso de las bolsas de plástico para guardar los cadáveres de pobres en la morgue de la ciudad de Chicago. El espacio negro de plástico negro, que niega el éxtasis por su carencia de verdad, por su descarado elitismo de la torre de marfil, levantada en el laberinto de ladrillos cocidos de la Torre de Babel, en la ciudad zigurat construida para encerrar al deudor con la cuerda de ahorcado de los préstamos, la obsesiva presencia de la desarmonía de los plazos de cobro y los intereses. Zigurat de la pobreza, filtrada en los narcóticos de las favelas, en el plumaje de las palomas sucias, que se levantan conjuntamente al horizonte gris sucio, contaminado, desde las calles repletas de mondas amarillas, de individuos que viven su desgracia de condenados sin techo, sin esperar otro éxtasis que la falta de dolor, abandono del individuo que encuentran su sentido agónico en el vértigo residual de la pobreza plana, de cuantos  carecen de pan  y de agua.
3
Al fin del deambulatorio de la esperar, el éxtasis de la palabra se aboca a la inmediatez cierta de la duplicidad del mundo real y del mundo imaginado de las palabras enganchadas al tiempo de los ritos agónicos de supervivientes de guetos, en los imaginarios usurarios de una economía sádica del dinero necesario y del dinero usura, fondo real del castigo de una sociedad abismada en la afirmación económica de la fragmentación del individuo en los ingresos monetarios escasos.
El éxtasis de la formas del lenguaje es una estrecha abertura o tal vez la sorpresa de una situación especial que muestra sin máscara el sosegado juego de la ausencia de una visión verbal, entrecruzado de lluvia intemporal  y de lágrimas de ceniza.
La abertura de las formas del lenguaje separara los bordes duros del orden del dominio rutinario o de la voluntad de retrasar el miedo a la nada. La persistente monomanía de los círculos andados por la expresión estética del amor y el desamor en una habitación de paredes encaladas, blancor sobre blancor, hasta el rebote del crepúsculo otoñal.
La abertura del éxtasis oculto por una pequeña puerta de madera, resquebrajada por el deseo de ver donde no se puede ver ninguna experiencia, salvo la brisa en los sauces de las aguadas de los pintores, filósofos taoístas que incluyen el no y el sí en una síntesis interior, aunque en toda habitación de las formas místicas de la síntesis hay una claraboya sorpresiva de claridades  para los solitarios pensadores del equilibrio del no y el sí, a su reflexión de apertura de la paradoja  para ser y no ser en el mismo momento.
En los tiempos de Lao Sé, se vio caer por la claraboya algún pájaro audaz con alas de cera, pero luego su cuerpo caliente y fláccido fue recogido por una mano blanca, de abultadas venas azuladas, flujo lento de la sangre, de restos desgarrados de neumáticos y bolsas de plástico, de naranjas o migajas de pan. Si ocasionalmente se abriera la claraboya por una voluntad de hacer la realidad, las miradas alcanzarán la santidad del filósofo que escribe, sobre los márgenes de las páginas de la Cábala, la posibilidad de penetrar por la luminosidad de la mirada el caer de las gotas de lluvia y las  plumas de pájaros, los insinuados sinsentidos de imágenes bosquejos en las paredes encaladas, manchadas de grises o de mensajes sorpresas que suscitan el intento de descifrar los signos sin sonidos.
 Un signo sin sonido es la sorpresa de hallar el vacío de su significado. Podría significarse arbitrariamente hasta llegar al grueso glosario de un único significado de  arcaico desuso.
 Ya es sabido que las manchas incitan a la esquizofrenia interpretativa de voces interiores, que reprochan la necrosis del yo abandonado a las redes represivas de la inconsciencia marcada como las bestias que cargan con la culpabilidad  de los manipuladores de la ideología moral. La conciencia se engancha a la tortura de  voces borradas, irreconocibles, que podrían ser voces sádicas interiores que exigen la nada. Hay que pasar el dedo índice por entre los resquicios de la conciencia para interpretar la sonoridad de las voces interiores, a veces agudas y otras graves, pero siempre acusativas.
En el espacio y tiempo íntimos, suele haber un estante librería  con libros de páginas desgarradas por las idealizaciones, por antiguas misivas de desencuentros furtivos de amor. Si  se halla el primer libro de dios, de pastas de nácar  y dibujos de lirios, tal vez haya el supuesto de inocencia de que el objetivo único del saber es el hallazgo de  un Dios, descifrado en una hoja seca de papiro que flota en el estanque de los ausentes.

Hay un espacio mental para una vía intuitiva, donde el saber y los estados del yo experimenten la locura de conocer  por las palabras del silencio. Ajenas palabras en todos sus formas, al universo, a las criaturas, a los entes mentales   y todo el conjunto en la propia claraboya de luz dudosa, depositaria de los secretos del Verbo. La luz de la claraboya se enciende y  juega con arbitrarias sombras unitivas del ser y el no ser que demoran el fin del individuo y sus ritmos verbales imaginarios.

miércoles, 21 de enero de 2015

Brevedad y sinceridad moral.


1
¿Podría ser nuestra vida interior constate en su actitud moral y verdadera en su conocimiento?.¿ Exteriorizar la moralidad  como el imperativo absoluto de la verdad y la justicia ajeno a los intereses materiales de una sociedad impregnada de competencia y egoísmo?. ¿Sería un acto de reflexión tomado desde el exterior a la realidad?.¿ La visión de un cosmonáuta desde su nave reflexionara las condiciones reales de la gente que se afana por debajo de él?.
¿O nos quedaríamos con el individuo ilustrado que se pregunta sobre los fines de su práctica moral con un farol que alumbre las sombras de cada atardecer moral de una sociedad, apresada en la necesidad de entregarse al sueño inevitable del fatalismo irracional organizado desde la injusticia de la minoría dominante contra el individuo?.
Para el filósofo senequista, la insoportable desventura de la vida es el acto de ver caer el tiempo soportado en la clepsidra, en interpretar la brevedad del tiempo como una oclusión de la angustia de vivir para morir. El cierre completo de una vida que se ajusta a su brevedad vital y moral. Pero repetidamente lo breve del vivir se toma pleonásticamente  para determinar una trayectoria de inicio tan corta como la abertura de la mirada del gato sobre el ratón. El punto de inicio se une al punto final y el recorrido decrece continuamente hasta terminar en infinitesimal. No hay posibilidad de hallar el espacio recorrido sin recurrir abiertamente a la aceptación de la brevedad de la vida como el  efecto absoluto de un poder material, que dispone de vida como un juego arbitrario de aceptar la disciplina antes que desobedecer el mandato. La voluntad del emperador romano decide la duración vital del aristócrata propietario. La justicia moral se pliega a los intereses materiales de aquel que decide la privacidad oligárquica del patrimonio del reo. Cerrar los ojos ante la muerte por no poseer el valor de elegir el puñal regicida y  republicanita de Bruto.
La brevedad de la vida es una conclusión empírica sacada por un corredor que no avista la meta nada más que ante su mirada cegata. Entonces, la brevedad de la vida es un rostro desconocido detrás de una máscara. La brevedad de la vida nos viene dada por la experiencia de otro superior que decide unilateralmente el concepto mecánico del agotamiento de la energía humana por el dinamismo conformista del miedo.
Hay una detención brusca de la energía dinámica del individuo para no presentarse ante un punto imaginario moral, que se toma como límite de la desesperación y el estallido de la rebeldía. El punto donde la obediencia y el error de la pasividad crean los límites del individuo aislado y su historia personal modificada por la voluntad ajena. La desesperación no calcula  probabilidades existenciales. Es un arrebato de la pasión de no obedecer ni al tiempo físico ni al poder. Caminar con una pértiga a la anticipación de una muerte sin protección de red. El equilibrista del vértigo que ha superado la condición del hombre sometido. ¡Hay tanta cobardía del que mira desde abajo la osadía del equilibrista, que cede a la sumisión del miedo previsor de la duración, tanto como al frío de la muerte por congelamiento del viejo enfermo abandonado en el espacio anónimo de la calle!.
2
Hay una forma de brevedad de la vida que es calcular la brevedad con unidades probabilísticas de error y certeza. Unidades de probabilidad existencial por suma de unidades del tiempo. El éxito es durar más que tu adversario y el error lo contrario. El Capitalismo es un producto de permanencia con unidades complejas de valorización del capital y competencia de realización monetaria de su producción de mercado. Las unidades de probabilidad de realización del valor de producción incorporado en un mercado de competencia perfecta con el mercado imperfecto de competencia oligopolista.  La probabilidad compleja del sistema económico acentúa la brevedad del tiempo de realización de la venta y el cobro de las mercaderías. La probabilidad compleja de la producción y su realización se traslada a la competencia del individuo para asegurar su vida mediante la venta de su trabajo en el mercado. Se vuelve dependiente de las condiciones históricas del salario del miedo. Estas condiciones económicas individuales y colectivas se corresponden a ciclos cortos y complejos de producción económica y realización monetaria. De manera que la brevedad de la vida colectiva se corresponde y acopla  a las consecuencia del entorno socio-económico de mercado de mercancías con valor de cambio. Las situaciones de aceptación del poder circunscriben círculos amplificativos donde la brevedad de la vida moral sencilla del filósofo, ya no resulta doctrinalmente compatible a la del ciudadano marginal del tardo capitalismo macro urbano. Si bien es cierto que sobre la vida siempre recae la probabilidad compleja de la sociedad, también la historia del hombre transcurre en la variabilidad de la voluntad reflexiva que no se somete al futuro indiciado.
La ciencia y sus conocimientos tecnológicos de productividad son discontinuos. Sus saltos van desde los conocimientos prelógicos a los conocimientos técnoindustriales que revalorizan el capital industrial y financiero y el armamento de guerra.  La ciencia produce conocimientos técnicos por ciclos históricos acumulativos. De manera que la brevedad o la longevidad de la tecnología se corresponden a ciclos acumulativos inversores de rentabilidad superior de la técnica en sustitución de capital humano. El capital  y la tecnología  está en estos ciclos de acumulación de ganancias. Cada época da un tecnología de tipología finalista en sus rendimientos.
3
El individuo automatizado hoy nace y muere en hospitales con contadores demográficos. El individuo se le registra al nacimiento y se le lanza al vaivén de la duración incierta. No hay una filosofía de aceptación o rechazo estoico de los mandatos de obediencia. No se soporta el destino, sino que se determina su duración como el de una máquina. Habrá un mayor o menor tiempo de amortización, pero la máquina volverá a un estado de no operatividad absoluta. Hay cálculos de eficiencia y durabilidad internos, pero nunca una trascendencia interna que nos defina como seres con mayor o menor libertad de acción y reacción no mecanizados. No hay un sistema de acción y reacción teleológicos, tiempo para repensar el trayecto vital de un móvil predeterminado hacia su detención. No hay un recorrido del autoestopista que mida la dirección exacta de su término. La estación terminal no está prefigurada por una voluntad reflexiva, sino que habrá una mayor o menor inflexión de la curva de amortización, y esta curva funcional nos dará la operatividad absoluta de eficiencia y durabilidad internas. Sus puntos de inflexión no se determinan por trascendencia moral, que defina seres o máquinas con mayor o menor durabilidad  predeterminada.
La máquina además funciona imperfectamente, se estropea y anticipa su final por motivaciones de depreciación de sus componentes y diseño. Un mal diseñador limita la eficiencia marginal del material e incluye la depreciación anticipada de la máquina como una probabilidad cercana a la unidad.
 En el individuo psiquis y terapia son las mochila mentales de la neuronas. La degradación de las neuronas es la degradación del lenguaje, No hay ni sociedad ni individuos sin lenguaje. No hay caminos de razonamiento sin conexiones de funcionamiento al lenguaje. Sin palabras no hay filosofía del tiempo. La memoria es un acumulador de funcionamiento limitado. La memoria desparece en la inexactitud de las conexiones de los sonidos y su concepto. El sufrimiento es un algo perverso antes los sonidos desconectados  del objeto.
La mirada del sujeto hacia atrás es una búsqueda de conexiones neuronales. La tragedia del olvido echa la mirada turbia atrás. Pero lo acontecido son huellas en la arena de la desmemoria. Las huella memoriales tanto de unos como  de los otros interpretadas al borde de lo racional- irracional.
4
¿Son mis huellas o las de otro imaginario?. Los zapatos rotos que se tiran nos llevan a los proyectos vitales borrados o ausentes. ¿Todo los dejamos con el gesto cansado de lo usado carente ya de utilidad?. No recordamos los zapato que nos han mantenido, ni las caras que nos parecieron bellas o las palabra cálidas del un poema de amor en la mirada de unos ojos lejanos, que nunca se volverán a contemplar.
Sensaciones, en trayectos anónimos, que al sentirlas parecen el cristal de la última ventana vital de una aguja infectada. Un pinchazo en la apreciación psíquica  equivocada de los sentimientos.
El zureo de los palomas en los aleros nos trae el trayecto breve de los sentimientos y  la rutina de la seguridad de hallar el mismo rostro en el espejo de mano.
5
En las películas del clasicismo cinematográfico, los personaje en blanco y negro arrojan el cigarrillo por la ventana y ante ellos se abría el camino de uno largo y nuevo. Eran extramente humanos por ese largo camino que se adentraba en la oscuridad de una calle arbolada. El cigarrillo y el gesto inmóvil de quien tiene todo el tiempo para viajar encendiendo cigarrillos en los momentos de misteriosas sonrisas de aventuras, nunca mostradas al fin de la película. El fin de la vida no es el fin de una película en blanco negro. Es mucho más lento y sufrido.  No hay un camino abierto a los sentimiento cálidos del retorno y al trayecto del susurro de voces de brevedad y sinceridad del individuo y su mundo.
A lo más, con un gesto sorpresivo hallamos momentos-imágenes, momentos-palabras. La voluntad reflexiva de lo que somos, o de lo que hemos queridos ser como proyecto, se nos viene encima cuestionando la errática variedad de más errores de apreciación de la realidad  y su imagen deseada y razonada bajo la finalidad-eco de las palabras. Hay una cuestión teórica  de determinación  de valor moral y de su aceptación y rechazo por nuestra obsesión por lo práctico. Si no se acepta el valor moral de la vida, nuestra vida  cae en el abismo de la practicidad de lo útil. Consentimos darle a la vida una valor depreciativo.

domingo, 21 de diciembre de 2014

La filosofía crítica.


1
En algunas vueltas de la mirada de la edad  atrás del camino, se viene a confirmar el retorno del tiempo imaginario sobre el tiempo real. El tiempo imaginario recreado empapa el  tiempo perdido en el sabor y en la mirada de cualquier hombre. La subjetividad expresa la voluntad idealista del que ha  querido llegar al finalismo vital para entender las sombras de la incertidumbre como el idealismo platónico de las  ideas-verdad y realidad-apariencia. La ideas se van orillando transparentes en la temporalidad de la meditación de lo que ya es ausencia.
Este hombre cualquiera se vuelve hacia adentro de su tiempo como si fuera una parte del pan de su ración de indigencia. Su pasado es un sueño diurno que se elabora  para  convertirlo en una madeja de objetos desmaterializados, que se relacionan con desplazamientos oníricos  irreconocibles.
Extraña madeja interior del psiquismo de la voluntad de un yo desvitalizado, reconocible por su sombra exterior que llega de plegamientos y retazos memoristas. De impresiones de una filosofía cotidiana del individuo envejecido, que retoma la necesidad psíquica de sobrevivir ante el mal del vacío sin pasado.
 Este proceso de la memoria se manifiesta como agua que fluye sin tocar la ribera con juncos del río metafórico de la vida. No cae el agua del recuerdo desde arriba, sino que viene de una conciencia alerta a su deshielo. Hay que ahormarse a la inquietud de la sed de vivir.
Sobrellevar las miradas sin ver en la cotidianidad los objetos de amor y de silencio. Los actos cotidianos del no ser y los desconciertos de la apuesta del destino y el destino sin apuesta.
Cualquier hombre tiene su filosofía como  tiene su vida, entre la sumisión y la rebelión, como  la afirmación del pasado y el porvenir ante las sombras  cavernarias de la manipulación de la memoria y del lenguaje, que se originan por el dominio vital del sometimiento a la necesidad.
La filosofía del hombre cualquiera se problematiza cuando lo que se imagina ser no se corresponde con su hacer. La observación sobre uno mismo está viciada de parcialidad Sobre uno mismo están sobrepuestos los vestido de las ceremonias del autoengaño con sonrisas.
Los problemas de la filosofía del hombre cualquiera  provienen de querer dar respuesta urgente al sinsentido de la relación de lo imaginario y lo real. la imaginación y la vida real. Al final de ese tiempo activo, hay que discernir  si uno es más o un menos que su encuentro del ser lo privado y del hacer lo social participando.
 Los real y lo imaginario son los problemas de cualquier filósofo de la  filosofía cotidiana  que  lo convierte un  hacerse de arcilla  de sí mismo.  De hacer la filósofo de su cotidianidad.
2
Hay un tiempo de chucherías, de regalos a manos llenas de nuestra ignorancia. En el instante de las ofrendas para evitar el vacío de la no identidad del querer y del hacer, que  nos exigen una respuesta a las cuestiones fundamentales del sentido moral interiorizado y la coacción exterior.. La imagen de la privacidad legalizada del individuo que se apoya en sus muletas externas cuando está arrojado al castigo de la imposición de derechos coactivos. El hombre cualquiera es libre cuando interioriza la realidad que lo coacciona para subvertirla. El hombre cualquiera es dócil  cuando es irreal. La riqueza imaginaria carece de orden interno.
El  mundo no se nos da en la mirada indiferente. Se nos da cuando hacemos el mirar  por detrás de la sombra, que nos convierten en filósofos idealista de la irrealidad. Nos convertimos en filósofos de viajes imaginarios sobre una conciencia desollada.
La conciencia desollada por las fuerzas coercitivas del derecho formal, de los actos humanos arbitrarios en la utilidad de lo privado económico, pero vigilados por el poder físico de la restricción y la legalidad que está estrictamente separada de la moralidad. La utilidad como derecho positivo, separada de la moralidad, nos da los límites de la propiedad útil máxima. La garantías de libertad del individuo como unión sin separación de su propiedad vital y las formas de caducidad del derecho moral como virtud interior. La contradicción entre legalidad y moralidad cierra el escape imaginario de los grandes problemas sociales de sumisión y la rebeldía en un marco histórico de contradicciones económicas categóricas al comportamiento de los  individuos privados y aislados en su habitualidad de la coacción externa. De aquí que las fuerzas coercitivas del derecho formal lleven a plegarse los desquiciamientos de la no aceptación de la realidad conflictiva interiorizada y rechazada por el recitativo de la aceptación del infierno amoral para salir de del dominio externo. Las adormideras del filósofo positivista para dar convergencia a la idealización del dolor imaginario como solución al dolor real.
El filósofo de la idealización del dolor imaginario nos grita: " Cuanto peor mejor. La crisis no es el mal, sino su solución. Reír con boca de payaso hasta reventar el sentimiento negativo." Se tiene que afirmar el sentido imaginario y necesario de estar bien en la papelera de reciclaje del conformismo o en el estatismo de pertenecer al proceso coercitivo de la aceptación del mundo sin fisuras." Reír malditos hasta que no podáis más, que luego vendrá la alegría interior infantil con los juguetes maravillosos de la resignación iluminada.
 Este filósofo cualquiera del polo positivo y no del polo negativo pertenece a lo residual de la resignación y a la manipulación de esta crisis de la sociedad unidimensional.
El filósofo que no critica no quiere saber el porqué de las coacciones del uso de la utilidad y la desutilidad de la economía y del derecho como factores asimétricos originados por la actividad privada del mercado del comprador de mercancías y vendedor de su tiempo, a precio de salario de trabajo, para adquirirlas y consumirlas.  La situación de una crisis social aparece siempre formulada en lado oscuro de la irracionalidad del sometimiento a la resignación,  sin el vértigo racional de la rebelión.
3
La filosofía del hombre crítico está en asaltar el sinsentido formal del derecho positivo sin moral vital, saltar por encima de la oscuridad de la manipulación de las formas de dominio positivo de la coacción para llegar a convenir un pacto social de liberación del individuo de sus coacciones. Tiene que ser  dominador de su oscuridad irracional y de su enajenación de con las luces imaginarias. La filosofía es voluntad crítica que se compromete ante el positivismo del mal necesario y el falso reír de la esclavitud que no se lamenta.
Un haber para la filosofía crítica es oponerse al destino irracional. No una oscuridad que promete y oculta, sino una luz que compromete. El compromiso de ser crítico es un salto por encima de la sumisión al influjo del engaño de la palabra metáfora confusa, bajo la cual está el peligro de vivir fuera de los conflictos de una realidad política, que admite la pobreza del individuo abandonado y sin quehacer. No hay que ser una abertura abierta al virus de la sumisión ni al destino social con la risa cínica o la genuflexión oriental.
 La esencia de la filosofía crítica es la búsqueda de la situación histórica en las hondonadas del miedo a las coacciones. Las sombras y la caverna no nos vienen dadas como la elasticidad de la piel. No estamos hechos de la piel de nuestras sombras resignadas. La positividad metafísica del mal útil enfoca al precipicio de la resignación y a la fábula de la buena y mala esperanza. No basta al filósofo crítico el cansancio del hombre ni el borrado de las palabras  abiertas al manipulador del positivismo consolador.
En el instante del conflicto de realidad y coacción, el hombre debe ser un filósofo crítico de su existencia, la no aceptación brusca  de detención de un vitalismo práctico.

 Quienes se asoman  a la alucinación azul del cielo irreal y extraño quieren que su filosofía sea el ímpetu del despertar las piedras y no los pájaros. Y yo me quedará y se quedarán los pájaros y el pensamiento crítico que nos devuelve la ley pública de la filosofía y su sentido múltiple de la apuesta humana reflexiva por la felicidad. Vuelve la filosofía para dar sombras ciertas al compromiso crítico de la existencia. Se debe no estar en la oscuridad de las ideas- palabra, que anulan las ideas de los individuos reales, la situación histórica. Las evocaciones de quienes han  visto sombras para luego decir que son la realidad misma. Los recuerdos que se enganchan al discurso conformista son flores de papel que habrán de desaparecer con las primeras lluvias del compromiso del pacto de la realidad política y social. Las palabras hueras desaparecen. El lenguaje que se aprende con respecto a la sumisión  se olvida. Nada  es arbitrario a la voluntad que no quiere ser manipulada en su realidad.

viernes, 21 de noviembre de 2014

La búsqueda de la verdad.


¿El transcurso de las Totalidades sociales en la historia sería, tal vez, un flujo de acontecimientos en un momento actual de estas totalidades,  que habrían de modificar los elementos de su sincronía en diacronías de nuevas formaciones complejas de producción, autoridad y democracia?
 Las dinámicas de las contradicciones sociales  son las causas que alteran las combinaciones de los elementos institucionales sincrónicos de dominio de un todo social complejo, temporal y contradictorio en las relaciones sociales de supervivencia. La sincronía del Todo se deforma en las asimetrías de temporalidades de rezago de partes del Todo ante las necesidades totales de la sociedad en su momento actual. Un Todo social se rezaga ante el inmovilismo conservador de las minorías, frente a la solución mayoritaria de los conflictos sociales, derivado de causas económicas e institucionales de poder político, ante los antagonismos de las relaciones sociales de producción y distribución de la riqueza, desigualmente distribuida entre mayoría social carente de propiedad y minoría dirigente propietaria.
 La minoría social dominante es la que detenta la hegemonía mediante la conversión  de sus intereses en intereses generales a través de su ideología predominante. Una clase dirigente se sirve de la Unidad Centralizada del Estado para imponer la concepción ideológica de la minoría dirigente.
La ideología de predominio vuelve a los individuos seres invisibles ante  los efectos de desorganización de los dominados por la ideología dominante. La invisibilidad de los necesitados que acceden a ser dominados, ante las reivindicaciones económicas y políticas que marcan relaciones sociales contradictorias.
 La invisibilidad de los conflictos de los individuos esconden  la visibilidad de las contradicciones de las partes económica, política e ideológica del Todo social. El orden ideológico de centralidad del poder político dominante da invisibilidad a los conflictos sociales de mayorías sobre minorías. Los elementos sociales diacrónicos rupturistas del orden político y económico  se distancian de la realidad mediante la reacción hegemónica de los intereses  del bloque dominante, instalado en las relaciones de vigilancia y castigo.
Las diacronías rupturistas de las instituciones de poder social serían la simbología mítica del Ulises de Homero por el universo del mandato irracional de los dioses, y el destino oculto y fatalista de los hombres, sometidos a la vigilancia de los dioses.
 La promesa teleológica de redención del sufrimiento infrahumano se convierte en la sumisión del individuo a su necesidad de sobrevivir. La  contradicción que se origina en la desigualdad económica y en el orden rígido del poder centralizador del Estado viene a ser un destino que se debe soportar pasiva o críticamente.
El simbolismo histórico de Ulises habría de servir de acicate contra el delirio  ideológico de sumisión al destino mítico predeterminado. Delirio mítico en tanto  búsqueda  de felicidad del héroe en  su permanencia heroica en el  mundo de los dioses y los hombres. A pesar de la oposición de los dioses con máscaras de oro, los hombres se habrán de enfrentar al destino que le ha sido determinado.
Mitología griega, como cualquier ideología, oculta la conflictividad real del orden desigual de nobles y esclavos. La conflictividad con la aristocracia por la búsqueda y obtención de la representatividad política de los intereses sociales de los dominados ante los dominantes en los poderes del Estado. La aventura de la historia social da la expresión la sociabilidad de la representación política de los intereses de la mayoría. Ulises aristócrata,  perdido en su individualidad de navegante, en la tripulación de una nave, que ha de divisar un pasado histórico carente de valor colectivo. Mitología del final ineludible de la lucha agónica del individuo social frente a las condiciones de dominio, cuyo ocaso habrán de determinar sus posibilidades existenciales de continuidad.
La existencia individual se da en las condiciones de su supervivencia colectiva. Las relaciones de compromiso quedan en el esfuerzo colectivo de la aventura por las vicisitudes de la historia de las relaciones de dominio. El individuo al hacerse una conciencia de totalidad salta por sobre la desventura mágica de vivir fuera de la fragilidad de los individuos de cristal.  El individuo de cristal siempre está en la nave de la oscuridad del mito o en la deslumbrante nada de su destino.
¿Cómo saltar por sobre la Nada invidente hasta hallar la esencia del individuo colectivo, como progreso existencial en el devenir de la historia?.
 Si se está inmerso en la oscuridad repetida del lenguaje- mantra, que desvía la irracionalidad del individuo sacrificado, cómo no admitir la huida hacia atrás del relato de la historia, contado por un loco lleno de furia y terror. O el mito del destino pertenece a las manifestaciones oníricas del desvíos del impulso psíquico a lo simbólico, que oculta  la angustia de los conflictos fundamentales de la sociedad  o el escapismo idealista de una esencia humana, que pertenece al juego de la Nada y el Tiempo.
¿El devenir del tiempo nos entrega el relato de la pasividad de un  sujeto perdido en el laberinto de su miedo comunitario? El laberinto de las hojas de Otoño y el pelo encanecido son el resultado de tiempo vivido. La existencia al final da constancia del devenir del flujo del río del tiempo. Una existencia equivalente al  paseo del invidente ajeno al flujo de la vida, a su precipicio oculto de temporalidad, Hambre del tiempo necesario para cumplir el viaje imaginario de retorno a Ítaca. Ser el primer término de una sucesión infinita de acontecimientos en el país de los cíclopes, donde el monstruo Polifemo secuestra a Ulises y sus compañero en la caverna de la realidad absoluta del mal. Cuando la tragedia de la historia parece concluir devorando a los griegos. Ulises emborracha al monstruo y le quita su único ojo, con lo que logra escapar con el resto de sus compañeros. La redención del héroe a través de la droga, ¿no nos permite ejemplarizar en el juego de existir mediante la droga que detiene el flujo temporal de la visión única de nuestra experiencia apresada en los conflictos existenciales?. Polifemo es la visión única de la existencia apresada en la caverna de la droga y los símbolos oníricos míticos. Los símbolos que relatan la liberación del individuo apresado por la docilidad del juego de los vigilantes y su castigo. Los vigilan para castigarlos.
El niño que se descubre por  primera vez en un espejo  sabrá por siempre que su yo es una cosa vigilada por otro que se oculta detrás de él y no se ve  en la imagen del espejo. Polifemo se oculta detrás del espejo. Un dios unidireccional que cosifica la libertad de saberse un ser reflejado en el mundo de los vigilantes. Quien descubre a los vigilantes sabrá de su soledad, pero también de su decisión de existir con la responsabilidad de su ser único. Inquieta una pregunta, ¿quién nos lleva ante el espejo?. ¿El azar o la necesidad?. ¿Nos encontramos frente al espejo de nuestro yo en la medida que somos parte de una totalidad de juegos de placer y  dolor?. ¿ O son las circunstancias aciagas las que determinan la certeza de que somos un yo que se forma a través del castigo y la vigilancia? La imagen de una escalera que asciende a un descansillo donde hay un espejo, por donde se debe pasar para saber del miedo al ojo de Polifemo. Resumen de una historia. El miedo es una sensación fría de advertencia a la vida. El vigilante y el vigilado reflejados en el fondo de un espejo social, donde se dirimen los conflictos de un Estado de unidad totalizadora. En ella está el conjunto de seres atrapados en una sociedad mercantil de compradores y vendedores de mercancías, en la que se incluye la mercancía humana como fuerza de trabajo. Propietarios de dinero y vendedores de trabajo.

Al final está el espejo que nos devuelve la imagen de la frustración de solidaridad económica y social por la usurpación legal de los recursos de producción y la desigual distribución de salarios y ganancias. Los significantes vacíos de la invidencia de lo que se debe ver y no se ve relacionan el dominio de supremacía con su significado oculto de cinismo y crueldad.

 En la metáfora pura del ocultamiento de la realidad desaparece la relación de lo real y lo imaginario. La desaparición de la realidad y su ocultación por los  imaginarios ideológicos arrastra el significado real a la ambigüedad de las cajas sonoras del lenguaje vacío. Sonoridad de cajas musicales en los imaginarios que quedan definidos por el ocultamiento de la verdadera realidad en su antagonismos de dominio y sumisión. La metáfora pura de una sociedad de dominio de minorías organizadas sobre mayorías desorganizadas.