jueves, 20 de agosto de 2015

Tianjin.

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Las tragedias sociales desplazan aparentemente el momento histórico actual a momentos pasados. Los acontecimientos sociales se desplazan de la línea del tiempo a un círculo cerrado trágico. Tianjin desplaza sus efectos a las guerras nucleares y los accidentes de las centrales nucleares. Pero en Tianjin además de los efectos devastadores de una explosión en el sistema urbano e industrial,  implica el caos  de un modelo de producción dominante  y de la  no eficacia de la convivencia social y la no eficacia del modelo político transitivo de formas agrarias a formas  neocapitalistas ultra liberales.
El fenómeno destructivo de Tianjin,  los hemos visto extraños no residentes, lo hemos tenido como  la percepción visual inmediata de la destrucción generalizada del hombres y objetos industriales. Una explosión que manifiesta en su destrucción el ciclo del capital industrial anarquizado y  las relaciones de complicidad y corrupción que conlleva. La explosión casi nuclear se da en el escenario histórico de la ciudad china de Tianjin. No es un acontecimiento diacrónico casual, sino el desarrollo económico de la dinámica de una sociedad precapitalista, que avanza impulsada por desarrollos de producción tecnológicos importados por sociedades industriales postcapitalistas, en edades de declive y  caducidad innovadora en las relaciones  de producción.
 Es el tránsito de una sociedad agraria a una sociedad industrial avanzada a través de desarrollos espasmódicos de excesos de producción y bajo consumo interno, por la relación de alta productividad de valores de uso con fuerzas de trabajo de salarios  bajos  e ingresos monetarios, que originan ciclos correlativos de altas ganancias de acumulación de capital. Una productividad científica importada impone un ciclo de producción y comercial de alto consumo internacional, sobre la base de precios de venta bajos y alta demanda, que vienen a determinar intercambios desiguales de cantidades de trabajo de baja y alta calificación  y de alta amortización capital fijo que no retorna como inversión de renovación de capital nuevo. El entrelazamiento de bajos salarios y altos beneficios de plusvalía relativa interna y bajo consumo interno obliga a alto consumo externo a precios bajos en precios divisas apreciadas.
El beneficio interno nacional, recortado en los precios de venta exterior,  permite la subida  de los precios internacionales externos de las mercancías exportadas  y la conversión de las ganancias internas residuales en créditos financieros bancarios para  activos bursátiles internacionales, en escaleras de sectores punteros de ofertas y demandas no nacionales e   integrados en fetichismo del dinero inversión a corto plazo que recogen los créditos apalancados  en las diferencias del interés del préstamos con las diferencias de cotización al alza de valores mobiliarios. El tiempo especulativo de ganancias por sectores especializados en subir la escalera espiral del alza, al infierno de la incertidumbre.  Infierno financiero que proviene de ahorros-salarios  internos prestados a intereses bajos con la garantía de las acciones compradas a la baja. Luego la burbuja de compradores-vendedores y la caída de las cotizaciones con la quiebra del comprador-deudor y retornos de endeudamiento a corto plazo por los préstamos inversionistas. El lema bankiano de todos somos banqueros.
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Las ventas externas de mercancías  en moneda extranjera posibilitan compras de medios activos aplicados a la deuda pública nacional y extranjera con bajo rendimiento. La producción exterior de productos a mercados exteriores,  a precios bajos, origina pagos en divisas  que  adquieren medios de producción y tecnología a precios altos en los mercados exteriores de  moneda sobrevaloradas.
Juego especulativo de abundancia y escasez de dinero extranjero que aprecia y deprecia la moneda propia. Con la moneda nacional depreciada se venden productos interiores a precios bajos y  se compran productos a precios altos. Diferencias de valor que obligan al crecimiento de la producción y a desequilibrios con ofertas bajas de precios de venta, que  bajan el margen de ganancia sobre el coste de producción.  Al contrario, la abundancia de ofertas de producción exportada de los países vendedores,  en divisas depreciadas, dan jerarquía de demanda externa con altas ganancias absorbidas a la producción interna.  
Metafóricamente esta situación de sobreproducción y subconsumo en las sociedades industriales, en sectores capitalistas, no homogenizados en las plusvalías medias, desplaza capitales de los sectores de alta tecnología y baja plusvalía a los sectores de baja tecnología y alta plusvalía. Alto desarrollo desigual en el país.
Los efectos económicos de la desigualdad sectorial y social los hemos percibido en las pantallas de televisión como una repetición retórica de las experiencias visuales  nucleares de los documentos televisivos. Pero hoy las imágenes no evocan otra realidad y su percepción no procede de un espectador in situ, sino de un espectador sin presencia inmediata. Según las imágenes televisivas ha habido una explosión de niveles nucleares en una zona de alto desarrollo. Una explosión percibida en la pantalla televisiva con un mensaje de radiaciones expansivas, a través de imágenes.
El espectador ha podido asistir al preámbulo aleatorio del futuro construido en la superproducción y el subconsumo de mercancías y de residuos  tóxicos arsénicos   deficientemente almacenados, que implican  reducir inversiones de capital, no incorporado a los valores de producción y coste de ventas.
Ha sido la destrucción avanzada de un sistema económico en un  espacio y un tiempo histórico  para un modo de producción acumulativo de grandes excedentes industriales y retardos de exportación con ganancias variables decrecientes, carentes de mercado de consumo interior y adquisiciones de divisas en su valor real, decrecientes, de mercados exteriores y materializadas en deuda pública externa  de dudoso retorno inmediato.
 La contradicción de desarrollo creciente y acumulativa de superproducción de mercancías y  subconsumo interior, desinversión en organización y capital fijo, junto a residuos tóxicos acumulados  por la anarquía de  producción y almacenamientos a costes bajos, son efectos de una estructura  económica acumulativa que se desplaza en el caos.
Para el individuo educado en la ética de situar la producción al servicio del hombre, resulta  aterrador la destrucción del medio urbano, ecológico y las víctimas por la acción desordenada por las relaciones sociales de minorías dirigentes, que niegan al hombre la cúspide del humanismo y la perdurabilidad. Prefieren el momento final de la ganancia monetaria acumulativa y la visión de su destino minoritario, desde un edificio rascacielos,  para que sus  vidas no estén  en el breve vuelo de una mariposa financiera  o el tiempo interior  de una historia condicionado  por sus límites internos  tecnológicos y biológicos.
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Pero la muerte puede estar  fuera de los límites biológicos interiores por las plagas naturales virales, del hambre, la enfermedad y la guerra. La brevedad de la vida no es una inferencia filosófica estoica, la sorpresa de un acontecimiento fortuito, sino la experiencia social de un modo de producción social caótico en su finalismo de superproducción. Las masas monetarias inflacionarias de los créditos a bajo interés y las deflaciones  de la crisis destruyen valor de cambio de las mercancías con subidas y caídas de precios no equivalentes  en valor.
 Los  aumentos de la oferta de producción global y la contracción de la demanda global  a nivel de masas monetarias salariales reducidas provocan la aparición de las crisis en sus límites de productividad creciente y  relaciones de propiedad ancladas en la obtención de ganancias por acumulaciones de trabajo gratuito monetizado. El trabajo gratuito monetizado se ha convertido en el valor de la moneda divisa. Si una moneda se deprecia para hallar mercado, entrega cantidades de valor trabajo en valores de uso gratuitos. Se quiere salvar la superproducción entregando cantidades de trabajo no pagadas y materializadas en valores de uso monetario. Se establece una economía de regalo de valores de uso  al mercado exterior, a la vez que se reducen los  niveles de consumo necesarios interiores de la población.
 Los órganos máquinas de la producción se desgastan en un alto nivel de obtención de rendimientos y desinversión de ganancias que ocasionan la sobre abundancia de capital fijo no aplicado. Los órganos máquinas se vuelven obsoletos con la consecuencia de un organismo maquinal desgatado por su uso. La muerte residual de la máquina de producción es una desinversión de capital. La desinversión de capital industrial define la edad  del capital y los postulados económicos mecanicistas  de la supervivencia maquinal.
Las radiaciones provenientes de la ciudad de china de Tianjin muestran la superproducción de mercancías sin salida monetaria al mercado de consumo exterior y el almacenamiento de materiales tóxico, junto a núcleos de población asalariada a niveles inferiores de supervivencia. El desprecio al hombre como fin lo convierte en un medio que puede ser destruido. Perseguir el concepto de una crisis social es hallar el concepto de la correspondencia entre productividad y propiedad de los medios de producción, conclusión que nos lleva al trabajo sin propiedad, salarios bajos y  largas jornadas laborales en los límites de la superproducción de ganancias no realizadas y un sistema monetario de desiquivalencia de divisas. Esta desiquivalencia monetaria, de monedas fuertes y depreciadas, no hallan sus límites de intercambio por las fluctuaciones de la superproducción y el subconsumo.
La historia cronológica es una serie de acontecimientos coexistentes en la línea  homogénea del tiempo ideológico o empirista. Esta historia es comparable a la muerte de un anciano en una silla de invalido, que mira los efectos de desgaste físico en causas aparentes. La mariposa moribunda industrial y el viejo en una silla de inválido detrás de una cristalera son máquina obsoletas. Son máquinas deficientes por uso y rendimientos. La estructura de la muerte se articula a una combinación de elementos al azar, y a una  carencia de tiempo por  sorpresa y desutilidad.   
Las crisis sociales manifiestan los límites de su temporalidad. Manifiestan el círculo inmóvil  de sus rendimientos decrecientes y la inmovilidad de sus relaciones sociales en el derecho y el Estado. Las crisis son límites al modo de producción y al sistema de propiedad privada de los medios de producción de valores de uso.
Una crisis financiera manifiesta la incapacidad  de la distribución del dinero-rentas para realizar el consumo de la producción. Hay subconsumo con exceso de dinero depreciado, precios altos,   mal distribuidos entre propietarios y asalariados.

La crisis social es un espejo roto donde se ven fragmentos de imágenes de sistema de caos que camina sobre ellos. El ojo no puede unir los fragmentos de una sola vez y  entonces lo imaginario sustituye lo real. Nadie que toma una decisión conociendo el efecto de su límite. La voluntad hace de máquina que bombea arena y levanta un muro. Se desconoce la máquina y el muro. Las crisis son siempre límites al movimiento circular de la sobre producción social de riqueza privada y  la tendencia al decrecimiento de la tasa de ganancia. El subconsumo conlleva la pérdida de mercado y la depreciación del valor del dinero y los salarios-consumo.

martes, 21 de julio de 2015

La gallinita ciega.


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La gallinita ciega de la realidad busca el deseo. La búsqueda de la realidad, por un ser inyectado de alucinaciones, un querer vivir asido al entorno represivo. Realidad de la memoria del deseo que se agarra al cuerpo multiforme de Eros y Thanatos. La vida del deseo y los sueños ciertos de la muerte. Luis Cernuda lo poetizó "En un lugar donde habite el olvido", donde ya la memoria del deseo sea una piedra entre ortigas.
La gallinita ciega del corro de niños que canta mientras otro, con los ojos tapados de cigarras,  busca, alguno de los escondido para salvarse de la venda que le cubre los ojos. Gallinita ciega del deseo en la oscuridad de la realidad. El reverso de la realidad es la oscuridad. Como una luz de almendra nuestra claridad está dentro de la oquedad del viaje imaginario del deseo de amar para existir. La esencia de lo que somos se nos entrega envuelta en las sombras irracionales de la predestinación del objeto no deseado de fuego,  viento y agua.
Debemos encontrar la realidad de tú eres el escondido, tanteando la memoria involuntaria del inconsciente colectivo. La cultura colectiva de la realidad enfrentada al deseo de nuestro inconsciente  general. La cultura inmóvil en una densa niebla, en la noche de las cosas sin brisa y sin nombre de crueldad. Sobre la subjetividad que quiere abrirse con el amarillo del girasol  y el verde oscuro de la conciencia de cristal.
 La memoria consciente falsea la memoria inconsciente. Los pétalos secos de las azucenas  tapan la mano que ansía los pájaros escondidos, de alas recortadas por el viento de las tardes de Estío.
 Los años pasan sobre la carne para convertir su tersura en piedra quebrada de caminos y sin final en los estanques sin agua. No hay tiempo consciente que contenga cajas de música y colibrís libando. Hay tiempo en los troncos viejos de los castaños, en las cuestas empinadas que buscan los cuadros del grito, ¡Del ay repetido y el sonido de las  campana por espacio sin fuente y sin árboles!     
Pasa el deseo antes que el cuerpo tenga memoria de sí mismo, por la densa espuma de  imágenes traumáticas, de los sucesos del miedo que conformaron la estructura de carácter del individuo, que se apoya en las esquinas de las fachadas encaladas, de color blanco y muerte amarillenta.
Los hechos del grito y del castigo que torturaban los escondrijos de las lágrimas de sal y de cera. Ecos y gritos como espirales de miedo que se introdujeron por las rendijas de las ventanas abiertas, donde velaban el cadáver de aquella mujer, entrevista por la gallinita ciega con un plato de sal y unas tijeras en el vientre para que no se hinchara y no entrase en el Orto, en la oscuridad mortal sin una moneda de plata y una mortaja. Y desde ese ahí a la espera del ángel regido por motivaciones ajenas, vestidas de símbolos oníricos, de la nada  y el displacer.
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Sin embargo, hay en la conciencia un rumor de caracolas, una furia de amor y de olvido, o el poema inacabado de palabras musitadas en la niebla de todos. Los sueños que no se recuerdan, inconscientes raspaduras de imágenes perdidas con los ojos abiertos. Como si ante la muerte y la decadencia, surgiera un canto de olvido.
Ante la vida dada, el inconsciente del rumor del mar y del viento. Es desesperante la historia individual, sino se encuentra con ese rumor profundo, que aspira al sueño de ser más que la piedra o la ceniza esparcidas. Se necesita saltar por encima del inconsciente  con el puro rumor de palabras que un día fueron de amor y de olvido. Las palabras de los dioses exiliados que han huido del mito colectivo. Dioses de neumáticos quemados, olor que sube  por encima del ruido de las calles y de los gritos ajenos. Algún día de juventud fuimos capaces, a escondidas, de besar los senos de Venus, en los museo sin cámaras de vigilancia del Estado, fuerza  que está dentro de la conciencia voluntaria de sobrevivir.
Rumores de lluvias que nos dicen  de la respiración de pez y de la simbología del inconsciente colectivo. Esa estructura del lenguaje pez entre aguas de sonidos, que articula olvidos y sueños de sobresaltos de arena, en el laberinto de los ecos y la espuma del mar crepuscular. Los oídos de arena en las islas griegas, arena blanca de sumisión y fatalidad y del mito efímero en la flor y en los labios.
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 El individuo vive su malestar ocultándose de la miradas. Oculto en el juego de las luces y las sombras en los día otoñales de las hojas y los pájaros, ocultarse del juego de los dorados campanarios de la juventud audaz.
Inconscientes de sombras y hondos pozos a donde no llega la yedra ni los peces de plata de las promesas de amor. Queriendo saltar por encima de la costumbre que come basura nos tropezamos con el resentimiento erosionado del convivir. Queriendo vivir  nos viven. Vivir falseado en el relato de piedra de pórfido con las marcas de labios y  gritos ausentes de gente, que se mueve en multitud en el tablero de ajedrez de los días blancos y negros. !Ay, aquel grito del déspota que mataba jilgueros en la jaulas¡. Matar al jilguero que esperaba la mañana para huir! El dolor del cuerpo enflaquecido que prueba el acíbar del golpe de lágrimas.
Allá por la línea magenta de la callejas de cal y los riachuelos de agua sucia rota por la botas de los vencedores. Botas en los arriates, allá por la sangre sin simiente. Elevación del inconsciente a la altura de la historia muerte.
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La pureza de la flor y de las nubes bienaventuradas de los que sólo tienen las manos llenas del coral del abandono.  De un corazón que sólo es murmullos de ruiseñores y fondo gris del aullido de los sufrimientos padecidos. Quizá sean quejas de oprimidos que nunca escucharon zureos de palomas en los aleros de los tejados del viento. Por esas rendijas por donde el viento mueve las alamedas. Allí, qué lugar, hay pájaros y  niños que miran el agua de las acequias.
La historia no cuenta lo oculto del dolor de los prisioneros con uniformes naranjas en las islas dichosas del altar mar del son cubano. No hay en ellas un narrador de memorias lleno de furia y terror.
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 No hay posibilidad alguna de una memoria social que dure con la esquizofrenia de la alegría. No hay capacidad de no ser para que el pájaro se vuelva tortuga. No tiene la piedra la semilla escondida, ni la del ser muda negación de negación. La estructura social del inca sometido al terror de los dioses y los obreros comiendo pan de opio indio. La trompa del elefante colonial produciendo valor gratis como dinero. La araña  totalitaria comiendo excedentes de dinero mientras las moscas comen subsistencias  y máquinas de materias fecales monetarias, que obtiene una clase poseída de la propiedad instrumental y organizativa del proceso de trabajo.
La gran araña de los bloque de piedra esparcidos del imperio jemer. El imperio budista de la duración de los dioses, que  se debió al crecimiento de la productividad de la producción arroz, plantado en los cenagales de lluvia, manchada con el amarillo y el jade de los señores de los rezos y de la guerra.
Crecimiento de semillas para los arrastradores de piedras talladas con la imaginación del nacimiento del mundo y su espiritualidad de estanques de peces dorador. Lastradas  reencarnaciones de leyendas de piedad para los seres ausentes de piedad. Mantras, bocas secas de rezos y dedos engarfiados en vientres de piedra.
 Crecimientos de los lodos fluviales mientras se canta a la lluvia  que llena los riachuelos, y los campos de arroz con tres y cuatro cosechas anuales, que alimentan el desvarío de la presencia de dios en su ausencia. Excedentes económicos que forman imperios, ejércitos y Estados burocráticos  de ciudades de dioses y emperadores. La inmortalidad de la piedra es erosión y robo de monos y arqueólogos colonialistas. La  ideología al dios hindú, Visnú  esperanza de piedra sobre los campos de arroz y té.
 La relación de incrementos o decrementos  de excedente económico es correlativa a expansión o contracción del poder político, militar y urbano de una minoría social sacralizada sobre el trabajo de los campesinos. No hay excedente económico sobre una estructura natural, sino hay un valor trabajo intensificado de las cantidades de trabajo aplicadas ordinarias y las condiciones instrumentales renovadas y de organización del proceso del trabajo.
En estas civilizaciones el excedente económico es visible y se obtiene extraeconómicamente por la religión. Los valores de uso circulan del campesino a la aristocracia militar en metamorfosis del dinero mercancía. El campesino divide la cosecha en bienes de subsistencia y bienes tributables. Ellos subsisten si el excedente crece por la producción y no por la reducción del consumo de subsistencia. Las grandes luchas sociales de aristocracia  y campesinado proviene por la desigualdad de bienes de subsistencia,  que se transfieren  al excedente de explotación, que marca los jalones de la discontinuidad de la historia en la servidumbre y la revolución.

La gallinita ciega se esconde en la oscuridad por el temor de descubrir la impiedad del modo tributario de vasallos y señores. Los valores de uso del trabajador se vuelven valores de cambio monetarios para unas minorías dominantes de dioses, que se esconden en la noche, coercitivos y  ocultos, que bien entretejen la crueldad trascendente o bien encuentra arañas que llevan al silencio del rezo o al suicidio del dios del hambre.

domingo, 21 de junio de 2015

La crónica de la historia y el ojo que no ve.


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El concepto machadiano del tiempo implica que la existencia del individuo está en  su historia como una estela en el mar. Contiene la vida el sentido del sin sentido del querer estar en un mundo trascendente, cuando vivir es andar un camino sin volver la cabeza atrás y sin dejar rastro de huellas.
 No hay mirada hacia atrás para fijar la marcha inicial del tiempo ni mirada a su momento finalista. La ceguedad del ojo que mira y no ve. La mirada atrás es hallarse con un lastre cultural ajeno. Un saber que barre la identidad del sujeto con la culpa de las  circunstancias no queridas y que no fueron electivas. 

Yo soy el hijo de la ira o de la sumisión. Lógica que abrevia la responsabilidad de hacer el camino con la continuidad ajena. Paralelismo de la deducción de individuo esclavo  liberado que resuelve eliminar su pasado olvidando a su amo. Los esclavos liberados festejan una libertad regalada. Olvidarse del amo es hallarse con unavoluntad que carece de finalidad  de lo ético. El odio se integra en la negación del amo como una paradoja. No hay ninguna unidad superior que dé la síntesis agónica del esclavo y del amo. Ambos  permanecen con diferentes disfraces en el escenario histórico. Ambos se necesitan para afirmar la no historia. Lo permanente frente al devenir. Las cicatrices del látigo marcan  el olvido de la existencia amenazada. O tal vez el grito mudo del Entonces.

La libertad  no es premura de una vida donada. Para ser libre se exige los impulsos agónicos de la conquista del ser por negación absoluta del no ser de dominio. La libertad  amnésica es una mutilación de la voluntad de querer ser.  La  no existencia se vuelve un plus para desvivirse fuera del hacer. Un no hacer que permite a otra voluntad el ofrecimiento de la tela de araña vigilada por un arácnido.
 La desmemoria  no es voluntaria, ni el sentido del ser es una cosa ajena para ser un común intrascendente. No se recuerda para no querer ver el  tiempo prestado de medios sumisión y fines vacíos. La desmemoria no  elimina el olvido como un acto intencional. No valorar los actos del individuo dominado es el fiel de una balanza que pesa la entrega del esclavo y el dominio de la libertad del amo. La carencia de memoria es un barro que ciega  el ver de historia y moralidad. Diríamos que carecemos de historia en cuanto esta carece de un ver moral de los actos. La afirmación de estar ahí como una cosa donde se apoyan las emociones del lugar del olvido.
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El no ver lo que se puede ver es la crónica de oficio, donde ojo no ve porque quiere una realidad disfrazada. La realidad disfrazada es un vivir en un espectáculo de guiños y gestos de marionetas. Hay ver cuando el tiempo de los hechos se afirma con disfraces. El tiempo es un flujo que adiciona cantidades homogéneas a la espera su significado de rutina adhesiva de palabras y hechos repetidos como náuseas. Penélope, la mujer de Ulises, hacía e y rehacía el bordado de la túnica de su marido ausente para que los pretendientes a los esponsales no alcanzaran el tiempo como un devenir de días transcurridos y borrados.
Lo cotidiano vivido teje y desteje la espera de algo oculto a la mirada. La cotidianidad  se constituye en hacer y borrar los días esperando la crónica falseada del acontecimiento, que se alarga y acorta por no verlo dentro de la espera.
 El juglar cronista espera los hechos épicos para contarlos en el festejo de la palabra escrita y oral. Los hechos se leen ante el hacedor de los mismos y por tanto laudatorios. Se diría que el juglar cronista es un criado y burócrata escritor de fábulas.
El juglar cronista conoce la ficciones de la mitología y pretende ocultar con la escritura  a su modelo real. El fabulador mitológico nunca se permite la verdad de los hechos, porque desconoce el valor transitivo del testimonio escrito. Ni tan siquiera hay una conciencia crítica en él ante lo que escribe y así desenfoca los hechos reales.
La historia juglaresca adula a quien da un legado de injusticia. Con la intencionalidad de dar validez a su relatos para oyentes futuros falsea el texto. La realidad falseada, con la pátina amarilla del tiempo, termina adquiriendo una arquitectura de palabras, que se elevan como un túmulo de hechos narrados sin más verdad que la incluyente ceguera  de no ver lo que se debe ver.
Cuando alguien lee crónicas falseadas se encuentra con la voz interior  del cronista que lee para el lector desde el texto interiorizado. Como cualquier ideología, la crónica es flexible a la conformidad de su doblez  de unir al lector y a la voz del texto.
La crónica fabula y  se vuelve verosímil en cuanto la palabra es un significante arbitrario sobre el que se puede cargar cualquier significado errante, como si fuera una acémila en una cuesta de bajada adoquinada, cargada  con los  sinónimos de otras épocas y ahora fuegos de  artificio para gestas heroicas sin verificación. Significados erráticos que tunden la superficie del tambor de hojalata.
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Los cronistas chinos taoístas quisieron escapar del cortejo imperial, descifrando los acontecimientos sociales por los rasgos celestes, el vuelo de las grullas o los patos silvestres en vuelo hacia el ocaso como extraordinario acontecimiento del movimiento de la Tierra. Vuelos signos al atardecer del Sol y movimiento de la brisa en los ramajes del sauce. También la historia  como la contradicción del ciclo celeste y sus manifestaciones de sequía en la tierra que se ara y en la lluvia que no llega. La naturaleza a través de las sequías que queman las semillas y entierran los cuerpos.
Los grandes movimientos revolucionarios de los campesinos contra los emperadores venían enlazadas a las situaciones de desequilibrios de la Naturaleza y el poder de la casa imperial. Los desequilibrios del ecosistema y las relaciones sociales. La rebelión campesina marcaba la instauración de un orden social nuevo en sus principios de desarmonía  a través de las luchas de campesinos y cortes imperiales.
 Como si el porvenir del individuo en la historia estuviera escrito en las desarmonías del hombre y la Naturaliza politizada.  El vuelo sin  grullas en el atardecer era un día sin historia. Un día vacío de preguntas sobre realidad y destino. Preguntas ausentes en tanto no fluye el contenido visible de la historia. Enfrentamientos entre realidad y destino. Atreverse a ser,  con presencia en la cavidad del tiempo, es un acontecer que fluye como el río y alcanza las preguntas que determinan la esencia del porvenir. Leer lo invisible  volcado en fracciones de tiempo discontinuas, que admiten la adhesión de teoría y praxis. Ese balbuceo de la verdad en la boca del niño. Arqueología del saber que encuentra la verdad en la lectura de una voz escrutadora del texto.
El sentido último del cronista es fabular las acciones irracionales de las minorías para mantener el equilibrio de poder único, La necesidad de dar continuidad al acontecer de los que se entregan a la manipulación para defender sus intereses económicos. Los desequilibrio entre poder y necesidad se traducen en revoluciones y sumisiones. La revolución es un desequilibrio de la estructura social del azar del privilegio frente a grandes masas sociales que desorganizan la desigualdad. El enfrentamiento del individuo masa que se da con el crecimiento de su saber en praxis.
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¿Pero cómo escribir la historia de una agonía inscrita en el límite de una irrealidad que tiene que quedar en una estructura social caduca?. ¿Puede el lenguaje y su mitología alcanzar a explicar el límite contradictorio de la realidad y la cultura? ¿ O frente a ese límite sólo queda el silencio que sustituye a la crítica?
Un silencio enlazado al miedo. A los delatores en  el arroyo de la crueldad. El silencio enseñando el significado oculto de la complicidad del individuo en un mundo donde la permanencia hay que encontrarla en la sumisión del gesto y la palabra. La trascendencia de sobrevivir en el miedo. El miedo hay que encontrarlo en las órdenes de acatamiento de los símbolos autorizados.
La historia narrada  escucha la voz del confidente en el estancamiento de la libertad del agua estancada de un pozo  o el oyente alucinado al que pudieran haberle llegado voces admonitorias en la  medianoche, con los cipreses quietos, y el griterío despótico de los que hicieron de los hombres cosas de trabajo y  muerte.
Ese grito despótico que sube del pozo de la historia no es sólo un bloque memorialista, sino un bloque que cuelga a las víctimas como racimos  de paja que cuelgan del cuello de la víctima elegida.
El momento actual de la historia es la coyuntura propicia al enfrentamiento social de los sometidos. Muestra el cambio necesario de la inmoralidad de la propiedad del hombre por el hombre a la sociabilidad del hombre como fin de acercamiento.

La historia como relato de los ojos que se abren al mundo, asombrados por su claridad. injusta. Pero la claridad del amanecer humano no es la sumisión del hombre enfrentado a la venta de su trabajo en fracciones de tiempo a cambio de un precio en dinero que expresa una cantidad de alimentos que fluctúa con la variabilidad de los precios. Los movimientos económicos de precios de alimentos y salarios han sido el motor de las grandes revoluciones de ricos contra pobres. Igual que la lluvia y la sequía. La gran revolución de 1789 fue la manifestación de las subidas extraordinarias de precios por encima de los salarios de subsistencia. El desorden violento de las migraciones de los campesinos que huían de las malas cosechas a la caridad de las ciudades. El hambre es la revolución sin ideas. Viene del instinto de supervivencia. El animal social que encuentra la actitud violenta  para sobrevivir. 

martes, 19 de mayo de 2015

Flores secas y gárgolas.


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Todo cuanto hay en el mundo tiende a su extinción otoñal. No hay nada que no sea contradictorio al predominio del tiempo sobre la existencia. La analogía extintiva más obsesiva es el de la piedra y la flor. Hay algo sobrecogedor en la intemporalidad  sorpresiva de la permanencia  de las gárgolas góticas de las catedrales, con sus miradas inquisitivas y los rosetones vidriados que dan su luz como un grito de intemporalidad. La rosa de cristal y la gárgola que vomita agua sobre la gente que pasa abrumada por peso que se acumula a  su espalda. Los sueños de color que se reflejan a través de las vidrieras en los seres extraviados que sólo encuentran la piedra y no la flor.

Las gárgolas muestran la indiferencia de su ser de piedra ante el deambular de la luz  comprometida en mantener la permanencia de la apariencia. Lo bloques humanos ciegos  de furia y ruido esconden sus miradas a las gárgolas de canteros proféticos del tiempo, que quisieran significarse en la memoria de la piedra para ser guijarros  de caminos. Siempre se percibe la nostalgia de aquellos constructores de catedrales que sabían que no verían su trabajo terminado. Ni dos generaciones bastan para que la piedra acabada dé testimonio del presente único del cantero,  que la martillea y rompe para darle molde. Dejando en la piedra por pura vanidad y envidia sus iníciales que nadie habrá de ponerle rostro.

 Soledad humana de formadores de símbolos ante su vivientes ser, que habrá de sentir también el vértigo de su desaparición en las calles frías y en los conflictos del hombre resentido con el hombre dominado.

 Vértigos existenciales ante el simbolismo de una existencia vacía de conciencia eterna, que siente la angustia  de su desaparición como vaciamiento de cera fundida en la forma de piedra y flor seca.

El Ser de cera fundida en la angustia de su existencia arrojada a la preocupación de continuar existiendo. Vaciamiento del quehacer de un ser en sueños inconscientes y trabajos que no excluyen la inseguridad de la piedra que rueda como la moneda. No se descifran actuales,  los poderes internos y externos de fuerzas contrapuestas que afirman y  niegan una temporalidad medida por lo inesperado de la trascendencia. Las gárgolas testimonian la ligera  levedad de la piedra y la historia.

El individuo en su ajenidad no se percibe como la seca temporalidad de la caña pensante pascaliana. El pensamiento como orgullo de la condición humana en un mundo insuficiente y ciego y en un hombre entre la bestia y el ángel. Entre la burla absurda intemporal de la gárgola y los pétalos de la rosa seca. La gárgola que es absurda en la medida que está dentro de un tiempo sin porvenir y sin conciencia  de sí.

 El hombre y la piedra cargan con el absurdo del porvenir.

Existente esfuerzo de correlación de la Nada y la paradoja del salto a la irracionalidad del porvenir, Kierkegaardiano absurdo ene la paradoja de existir negando y afirmando la inmortalidad o el orgullo Nietzcheano de la hacer la vida una heroica afirmación finita fuera del resentimiento y la culpa.

 Solas están las pesadillas de la historia sobre las miradas ciegas de las gárgolas, que como  anónimas arqueologías muestran  la transitividad del individuo por el flujo heraclitiano del río sin retorno al origen. Heráclito no sumerge en el agua del río al simbólico niño- dios de Juan Ramón Jiménez en la luz de las adelfas. La alegría de la luz  cayendo sobre el rostro del niño- dios en el jardín de las delicias inocentes de la atemporalidad. La Poesía niega la  muerte cuando los hombres aplican la duración de las flores para  medir la existencia del hombre dentro del mundo. Se aplicó la duración de la existencia cuando se quiso  que los números fueran la medida de los dioses.

Lluvia de números sin flores para la abertura de un girasol que da la espalda a la sombra breve, en cuanto que lo que se da en la luz es la pretensión de vivir en la  no angustia de lo perecedero del número. La luz crea la cultura clásica de lo eterno en los héroes  convertidos en destino.
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En la angustia de un ser constituido de tiempo, parece  como si las gárgolas desconocieran la  irracionalidad del porvenir y se hubieran transformado en rapaces con cuerpo de reptil. Serían seres simbólicos colgados del tiempo de la burla, mirando hacia abajo y sujetas al muro que las mantiene en el aire, con el rictus sarcástico del que tiene la verdad simple de no existir sin angustia de no ser. No ser sabiendo que estás hecho de tiempo, que irá erosionando su permanencia en el mundo por los hechos físicos causados  por el viento y la lluvia. La gárgola transmite el desconocimiento de quien la esculpió para la burla premonitoria de quien sabe que la piedra durará más que el escoplo que labra las piedras. No les ponían los canteros fechas a las gárgolas. Eran desagües de lluvia que debía llegar al suelo y no  a los muros de la iglesia.
La gárgola piedra para defender lo perentorio de la oscuridad y la erosión  de la vanidad de los que levantan templos para orar y no morir. La gárgola desagua la lluvia de la temporalidad sobre los textos religiosos,  que propone el poder fuera de la causalidad  interna del flujo  degradante de la historia.
 La historia simbólica que no previene los efectos límites de la voluntad de querer permanecer. Voluntad de querer estar fuera de la representación de los fenómenos naturales y dentro de lo simbólico permanente.  
En la causa de la voluntad hay efectos incontrolados de caducidad absoluta de la medida del tiempo, que se desplaza al futuro imaginario por la ambición de adquirir la inmortalidad por obra de la fe, que construye arquitectura sociales. Arquitectura  sociales que esconden la ambición de  escapar del presentimiento obsesivo de la muerte.

 El bufón destruye con su ambigüedad conceptual los estratos religiosos y políticos del poder lógico de decidir la historia como un flujo temporal de la voluntad de poder de sucesión. Las  formas de poder encarnadas en la ley biológica y la ordenación de los cambios sociales políticos a través de los herederos de las arquitectura sociales. Los símbolos del poder pretenden permanecer  en los vericuetos de la representación textual del arte o en los sacrificios sociales generacionales,  que ejercen el miedo de no existir bajo la pandemia o el genocidio. 

martes, 21 de abril de 2015

Psiquismo y reproducción económica.


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Ha aparecido una momia preinca recientemente, así ella es como una aparición sorpresiva de un hallazgo histórico en el lugar  final de los desechos en un basurero de Perú. Los ladrones de la momia han debido de arrojarla, por miedo a su detención o por falta de demanda precio a un  contenedor de basura. La momia expresa en su deformación ostensiblemente el horror de la muerte presentida en la tortura del instante.
 El maxilar extremadamente deformado, expresando el dolor de un grito agónico sin esperanza. En ella, en la momia, está la expresión inhumana de un animal sacrificado. Es como si quedara dislocada la experiencia de vivir, cercada por la certeza de la fuga del flujo vital. Ella es la imagen de la nada ante la negrura del tiempo. No se sabe si fue su muerte natural o la víctima de un sacrificio. La transgresión del tiempo de su historia están dentro de su grito agónico. Ella es como si fuera un aviso gestual, una boca de arcilla abierta y húmeda, donde se hubiera introducido un puño de hierro para formar su boca deforme. Tal vez ella era el miedo a la revelación intuitiva de su forma de morir, y que le obligaba a sellar el grito con un puño de hierro en una masa de arcilla húmeda.  Su espanto del tiempo infinito de la muerte fuerza su testimonio de los sacrificios rituales, configurado con ellos a las divinidades de las relaciones de la tierra y el cielo, del agua y la sequía. La fecundidad y la esterilidad. Hay en ella, un grito momificado que bien pudiera compararse a los muertos en los campos de exterminio de la II Guerra Mundial. Hombres, mujeres y niños formando montoneras de cadáveres casi momificados o momificados, que expresaban, en su martirio, la denuncia del grito de los inocentes contra los verdugos. La sustitución de la ley moral por el crimen organizado como un proceso de producción de muerte. La sustitución de un orden moral por un método de exterminio. Dios sustituido por las élites del poder de la violencia de los cuerpos militares pretorianos.
 Era la muerte industrial del totalitarismo de Estado como una organización mafiosa de la jerarquía del crimen organizado a nivel de las instituciones civiles y militares, con la expansión ideológica de un modelo de exterminio global bajo los indicadores étnicos de la raza y la expansión militar conquistadoras de la jerarquía de la vida y de la tierra. Conversión de la ley moral en la ley de la violencia mecanizada en un código de frases incrustadas y alineadas amontonadas en la irracionalidad del lenguaje autoritario.
En la momia incaica hay la posible tortura religiosa del rito, que encadena la improductividad de la tierra, sus rendimientos decrecientes, con la fertilidad de la sangre. La aristocracia  sacerdotal de los sistemas sociales comunitarios primitivos establecían su jerarquía de poder social sobre los rendimientos crecientes o decrecientes agrarios y los sistemas cosmológicos, que influyen imaginariamente sobre la producción agraria excedentaria y el orden divinizado de las jerarquías de poder de casta.
 Se presiente la unidad sistemática de sangre y las variaciones de la producción agraria, en la crueldad de los crímenes rituales de las organizaciones agrarias comunitarias, tributarias de excedentes económicos. Las relaciones de dominio y producción necesitaban apoyarse en los rituales cosmológicos y biológicos. La escasez de producción de alimentos originaba desórdenes sociales entre campesinos y los nobles de casta. Entonces los rendimientos de productividad decrecientes desordenaban la magia de los privilegios y se retornaba ficticiamente a ellos mediante la simulación ritual de la  fertilidad de la tierra y de la sangre humana derramada por la víctima.
El terror directo del castigo y el miedo inducido por la inseguridad son factores económicos de rango fundamental, tanto en las organizaciones sociales comunitarias de la tierra  como en las organizaciones sociales urbanizadas por la  tecnología  industrial y la comunicación.
El miedo a poderes sociales e ideológicos religiosos trascienden la vida cotidianidad en una  huida a lo subjetivo del miedo. Pero el miedo a la supervivencia es un factor de producción. Los individuos trabajan asustados por sus bajos rendimientos y el castigo que implica. El terror provoca crecimientos de la intensidad del desgaste extra del trabajo y su acortamiento de la longevidad de la vida, Se produce más, porque el individuo es reprimido por la censura psíquica del orden exterior y del orden interiorizado de la obediencia. El psiquismo de las variaciones de la productividad social por los mecanismos traumáticos han sido practicados por la ideología religiosa y política. Los sacrificios humanos de los sistemas económicos tributarios marcan un extremo superior de la intensidad del trabajo por el miedo. Los sacrificios humanos intensificaban la necesidad del crecimiento de la producción. Este crecimiento de la producción se daba y ejercía en la extracción del sobre trabajo excedente de las tierras cultivadas por los campesinos en sus parcelas de uso como en las tierras estatales. El crecimiento del excedente económico de valores de uso iba acompañado de la variabilidad cuantitativa de la  intensidad de la fuerza de trabajo en el ciclo económico  victimario.
 La falta de productividad, o de la escasez natural del ciclo de reproducción de valores de uso y la reproducción de los significados religiosos victimarios, multiplican la identidad de la realidad excedentaria estatal y la violencia del terror organizado por el lenguaje gestual simbólico, ante  las transgresiones de las víctimas en sus rendimiento de producción crecientes o decrecientes, rendimientos del sobre trabajo expoliado que debe sufragar las amplitudes mecánicas del poder religioso y estatal.
A mayor organización represiva del Estado, mayor excedente de valores de uso gratuitos extraídos del trabajo excedente de las comunas campesinas. Una transferencia del excedente económico por una relación de distribución desigual  entre los campesinos y el Estado.
Si disminuye la producción se reduce la parte de consumo campesino y se mantiene el sobre trabajo estatal. Sin continúa la reducción del excedente aumenta correlativamente el sacrificio de la tortura, que intensifican  los dioses conciliables con la religión de la tierra y los imaginarios simbólicos  de crueldad sacerdotales y estatales.
La propiedad de los gestos simbólicos, de los cálculos astronómicos y de la escritura, es de la nobleza sacerdotal. Los campesinos están vacíos de palabras y llenos de imágenes verbales y el  concepto Multipolar de los agrupamientos demográficos de relaciones de parentesco, agrupamientos de significados sanguíneos,  que acogen al matriarcado o al patriarcado. La interpretación genealógica del sexo determinada la estructura de la comunidad de linaje. La metáfora pura de dominio de linaje exige una obediencia  interpretadora de medios económicos, semillas y herramientas, que traslucen relaciones de desigualdad.
El código sanguíneo se anexiona la igualdad y la desigualdad  para separar los linajes opuestos por la sangre, semilla de perpetuidad para ser  la costra de la supervivencia del grupo. La transmisión metafórica del origen en su oposición al lenguaje del dominio estatal. El medio social de régimen de la consanguinidad como realidad del agrupamiento de la continuidad social.
Importa el concepto de excedente económico como medio que transmite el contenido de formación de las jerarquías y las servidumbres. El medio de explotación del uso de la tierra se convierte en el flujo económico de  imaginarios que flotan en las funciones críticas de la resignación al dominio estatal. Como una plaga de adherencias residuales teórico-mágicas se transfieren los sacrificios que ocultan metafóricamente la realidad de las luchas sociales. Las metáforas simbólicas verbales cambian los instintos de rebelión en pasivos reflejos de rebaños domesticados.

 Los signos manipulados se van inscribiendo en el cuerpo  de la existencia de los dominados. La esencia de la existencia viene a ser la manipulación de los poseedores de los medios simbólicos. La  tersura del Ser de la servidumbre  convierte en rugosa la piel de la tierra. De este dominio servidumbre debe despegarse Una Voluntad Única sin crítica, de organización punitiva de los elementos antagónicos de la realidad instrumental de los manipuladores. El universal irracional y categórico de la momificación  del individuo ante la inautenticidad de su existencia en una reproducción  psíquica y económica.

sábado, 21 de marzo de 2015

Los individuos apresados.


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Los individuos apresados y vigilados para que pierdan el sentido del tiempo y del espacio, en las cárceles tecnológicas, están dentro de espacios frágiles de tela o de ladrillo. Vigilantes y presas están en el mismo espacio legal, las normas se dictan implicando a priori la culpa del apresado. La presa se encuentra en el espacio abstracto de la norma y el castigo. Los recintos confiscatorios de la libertad  se ocultan y amontonan sus caretas  de múltiples rasgos faciales idénticos en la mímica del drama y la comedia. Kafka y las máscaras griegas en lo anónimo de los catálogos de la postmodernidad del individuo deshumanizado, que espera se disocie la ley de los intereses materiales. Una ley  kantiana sin fines de premio y castigo. Un rayo de luz en el tiempo puro de individuos que no lleven en los cerones la carga de la intención culposa.
A los apresados por el tiempo de la desgracia, normalmente se les ves con los ojos tapados, cascos sin audición, vestidos que no dejan pasar el aire. Se les suprime la condición natural de los sentidos. Pueden rezar mentalmente o hablar con los seres que se esconden en la memoria. Los rezos de los ciegos sin oyentes, rezando buscando rastros de gente que algún día se acercaron levantando el polvo de la tierra. No se sabe qué rezan o el significado de su oración mental. Presos sedados en sus mudas palabras, viajeros en un patio alambrado con vigilantes, gobernados por voces que avisan de los movimientos físicos de comer, dormir o declarar.
En su habitabilidad de apresados no hay ni luz ni sonido como si no esperaran jamás la relación de la fusión del espacio-tiempo ni la comunicabilidad de los presagios de la historia. No es un momento metafísico de la trascendencia, sino la situación de la opacidad  de un dios que  no abriera los ojos a la iniquidad.
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Es difícil mantener la dicotomía de la oración y la extrema desesperación de la certeza de la inexistencia. La presunción de la muerte es un existente, pero la inexistencia es un cosa. Una cosa es un algo que proviene de fuera, que golpea y deja su rastro de Nada que hiere. Las palabras murmuradas no esperan respuesta, serían una comunicación escondida, con el golpe duro de la  pena  del no ser del individuo presa. El apresado se encuentra agarrado por los vendedores de mandatos, de la jerga de los gritos sin concordia armónica  de los ortodoxos y heterodoxos del sistema regulador de los indeseos y sus aplicaciones en métodos del tortura: No respirar en el agua de la bañera o las picaduras eléctricas en los genitales, o quedar colgados de las axilas hasta que los  huesos sean ramas rotas, brazos sin función, excepto la del dolor extremo, apéndices y muñones que se descuelgan desgarrados.
 El individuo es un ser resistente al grito de dolor y boquea como los peces su falta de aire ante la muerte. Basta un dolor de más o un golpe con el antebrazo en el en el cuello, o una patada en la cabeza, o el gas desprendido del tubo de escape de un automóvil requisado o robado.
No hay autoría en la barbarie de la tortura, ni en el error metodológico o  en el estupro sin proclamar que el desprecio del torturados desiguala el placer  campesina sirviente y la mujer de clase media culta. La proclama del estupro es universal  para  el torturador.
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La ortodoxia de la barbarie mata el riachuelo de la sangre de la víctima que sube y baja por sus venas. La fe del bárbaro torturador es la apuesta de la nada contra la nada, donde el cuerpo torturado, la muerte misma en un mundo donde el poder  tiene el doble filo de la palabra, donde  el torturado marca la obediencia de la tortura. La obediencia sin gesto al mandato violento. El hálito que se entrega como si fuera la respiración del pez o el zureo de la paloma escondida en el alero o en la tierra arcillosa.
La obediencia  se vuelve un mandando donde el miedo se satura de dolor  y su temor al grito.
Asomarse al tiempo de la historia sufriente del perseguido es hallarse frente a la inyección letal o el pelotón de fusilamiento de sicarios en los basureros urbanos, o en las cárceles donde se entierran en anonimato los cuerpos exánimes con un disparo en la espalda o en la nuca.
En los instantes de la angustia suprema  podrían ser una sombra el  reflejo de la sumisión del individuo, que como sombra camina por laguna Estigia o los  valles de los libros sagrados de la conformidad, que dicen el nombre de las cosas santas ocultas en  la huida interior de la subjetividad, que espera el salto infinito de la apuesta a la trascendencia.
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El sufismo es el camino que pretende purificar el corazón del que teme y espera. Convertir los latidos del corazón de una paloma en el órgano donde se concentra el espíritu de la espera.
La profecía ciega que dice «en el ser humano hay un trozo de carne que si está sano, todo él está sano, y si está corrupto, todo él está corrupto, y ese órgano es el corazón». Es el camino del amor profundo a Dios.
Los sentimientos se agrandan como espirales de polvo que pretenden llegar a la paz interior del marginado perseguido. Idries Shah escribió «Si das lo que puede ser tomado, no estás dando realmente. Toma lo que te dan, no lo que quieres que te den. Da lo que no puede ser tomado». Terrible opúsculo del miedo del hombre perseguido por la intolerancia. Dar hasta las migajas de pan de tu corazón para que busquen los gorriones y te dejen rezar.
Los guetos está preparados para que el hombre no tenga ni la quietud de rezar. Ni siquiera el afligido llanto de una niña chilena que pide morir sedada por la imposibilidad de vivir. El rezo de la quietud depende del poder del Estado. No hay escape contra la ortodoxia de los que escriben leyes para que se obedezcan por los sometidos.
Causa profundo dolor de la historia de la desesperación  de los perseguido. La ortodoxia del quietismo que fue un movimiento místico en el siglo XVII, fue propuesto por el místico español Miguel de Molinos en su Guía espiritual que desembaraza el alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro de la paz interior.
Enseñaba la pasividad en la vida espiritual y mística, ensalzando las virtudes de la vida contemplativa. Sostenía que el estado de perfección únicamente podía alcanzarse a través de la abolición de la voluntad: es más probable que Dios hable al alma individual cuando ésta se encuentra en un estado de absoluta quietud, sin razonar ni ejercitar cualquiera de sus facultades, siendo su única función aceptar de un modo pasivo lo que Dios esté dispuesto a conceder.
Molinos apresado y condenado a reclusión perpetua fue condenado al exilio.
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Somos las imágenes de quien pregunta por nuestro sentido de la libertad interior. Filosofar es un fin de la comprensión y está dada en la descripción de la palaba, se vuelve inconsistente como los pétalos de la flor o el caminar del viento en el cielo nublado.
¿Tiene cada hombre una concepción del mundo? O como  decía Antonio Cramsci cada hombre es un filósofo. ¿Pero no hay una concepción de la  filosofía que se constituye por una teoría general y una praxis que exige cambiar las condiciones del mundo oscuras del dominio y la manipulación de los valores sociales? ¿La filosofía no se convierte en una concepción del mundo en cuanto es la vez una teoría y una praxis de los agentes sociales en una formación social total, que deriva en su formación global por las asimetrías de las luchas sociales?. ¿Este hombre común gramsciano no ha integrado su subjetividad en la realidad de manera que conciencia y realidad se han vuelvo caras de la misma moneda alienante? ¿Cómo situarlo  fuera en su crítica y praxis instintivas en las formaciones sociales de dominio? Este hombre común lleva en sí la comprensión de su destino en el mundo y su comprensión está limitada por su experiencia vital.

sábado, 21 de febrero de 2015

El éxtasis de las palabras y su tiempo imaginario.


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No hay evidencia empírica del éxtasis irracional. Sólo se manifiesta el monólogo interior de la creación poética. Sólo la polifonía de las voces interiores que cruzan sus ritmos como si fuesen una orquesta de jazz. Las voces poéticas de Elliot laboran y celebran la amargura honesta de la falta de evidencia empírica del sujeto con su objeto exterior. Hay espacio y tiempo íntimos poéticos. Una arquitectura vertical de palabras integradoras, que ascienden hacia los sonidos color de la poesía exasperada de Rimbeau. Las letras poéticas manchadas del color de agua, que reflejan el cielo y los rosetones de las vidrieras góticas, los amarillo de los campos de girasoles de Van Goght, las plazuelas escondidas, que acumulan el tiempo en sus cajitas de nácar. Tiempo familiar y patrio en los versos humildes del humanismo de Giner de los Ríos en Antonio Machado, los caballitos del carrusel de madera de Verlaine, los pájaros inquietos, los álamos rumorosos, las estelas, de la poesía del deseo inmortal  de luz de Juan Ramón Jiménez, los senderos y las fuentes romántica del Carmen de los Mártires en Granada.
Ascensiones en las agarraderas del éxtasis de la palabra vida, en su blancura de espacio y tiempo entrelazados como ramos de cerezas o alhelíes. Pero siempre Un Todo de palabras, que envuelve la imposibilidad de retener evidencias perdurables del éxtasis, que se eleve al instante de la verdad de lo real, de la trascendencia del individuo sobre el tiempo de su cotidianidad. Individuo confuso y herido por los ritos mentales y la cadencia del cuerpo y la mente, hecho afines a la tierra seca y a los soplos jadeantes de  corazón herido que siente el fondo de sus palpitaciones.
 Las sílabas interiores de las voces que se detienen y orillan  en la memoria borrada de experiencias. Siempre este ser arrojado al tiempo cotidiano, obligado a la autenticidad, pero bordeado por extrañas formaciones culturales cínicas y amorales de necesidad y  penuria.
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En este espacio y tiempo interiores, el individuo ansía encontrarse una claridad cegadora del espacio oscuro y de la luz fría, que emiten los objetos de una cultura que afirma la utilidad del ser como una cosa arrojada y manipulada. Hay en la palabra poética espacio y tiempo íntimos que se presentan sorpresivamente al movimiento de las ramas y las hojas de los álamos otoñales. Movimiento sorpresivo que afirma el sentimiento dilatado de la creación de las formas rítmicas sonoras del éxtasis, siempre ausente y siempre presente. Después del éxtasis del instante interior, llega la sequedad, los síntomas alucinatorios de la abstinencia. El ciclo del éxtasis y su abstinencia alcanza la saturación salobre de las palabras remachadas de dolor. Dolor e inconsciencia poética de Allan Poe, expirando en las callejuelas fétidas, olor basura de los lugares marginales, basureros de despiece de las formas del éxtasis verbal, la evidencia contrapuesta del éxtasis que son los gruñidos de los animales hambrientos de su muerte.
Este arrojamiento opresor del individuo expirante muestra la palanca del delirio de los que ya han perdido la belleza de los sonidos y los ritmos de las formas sonoras trascendentes.
La ascensión al éxtasis se retrae a la mirada vacía del individuo herido, que observa, detrás de una ventana sin cristales, el éxtasis vacuo de los ritmos de los versos, la verdad imaginaria perseguida por la ausencia. La realidad de la historia basurero, devastadora en el sucio uso de las bolsas de plástico para guardar los cadáveres de pobres en la morgue de la ciudad de Chicago. El espacio negro de plástico negro, que niega el éxtasis por su carencia de verdad, por su descarado elitismo de la torre de marfil, levantada en el laberinto de ladrillos cocidos de la Torre de Babel, en la ciudad zigurat construida para encerrar al deudor con la cuerda de ahorcado de los préstamos, la obsesiva presencia de la desarmonía de los plazos de cobro y los intereses. Zigurat de la pobreza, filtrada en los narcóticos de las favelas, en el plumaje de las palomas sucias, que se levantan conjuntamente al horizonte gris sucio, contaminado, desde las calles repletas de mondas amarillas, de individuos que viven su desgracia de condenados sin techo, sin esperar otro éxtasis que la falta de dolor, abandono del individuo que encuentran su sentido agónico en el vértigo residual de la pobreza plana, de cuantos  carecen de pan  y de agua.
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Al fin del deambulatorio de la esperar, el éxtasis de la palabra se aboca a la inmediatez cierta de la duplicidad del mundo real y del mundo imaginado de las palabras enganchadas al tiempo de los ritos agónicos de supervivientes de guetos, en los imaginarios usurarios de una economía sádica del dinero necesario y del dinero usura, fondo real del castigo de una sociedad abismada en la afirmación económica de la fragmentación del individuo en los ingresos monetarios escasos.
El éxtasis de la formas del lenguaje es una estrecha abertura o tal vez la sorpresa de una situación especial que muestra sin máscara el sosegado juego de la ausencia de una visión verbal, entrecruzado de lluvia intemporal  y de lágrimas de ceniza.
La abertura de las formas del lenguaje separara los bordes duros del orden del dominio rutinario o de la voluntad de retrasar el miedo a la nada. La persistente monomanía de los círculos andados por la expresión estética del amor y el desamor en una habitación de paredes encaladas, blancor sobre blancor, hasta el rebote del crepúsculo otoñal.
La abertura del éxtasis oculto por una pequeña puerta de madera, resquebrajada por el deseo de ver donde no se puede ver ninguna experiencia, salvo la brisa en los sauces de las aguadas de los pintores, filósofos taoístas que incluyen el no y el sí en una síntesis interior, aunque en toda habitación de las formas místicas de la síntesis hay una claraboya sorpresiva de claridades  para los solitarios pensadores del equilibrio del no y el sí, a su reflexión de apertura de la paradoja  para ser y no ser en el mismo momento.
En los tiempos de Lao Sé, se vio caer por la claraboya algún pájaro audaz con alas de cera, pero luego su cuerpo caliente y fláccido fue recogido por una mano blanca, de abultadas venas azuladas, flujo lento de la sangre, de restos desgarrados de neumáticos y bolsas de plástico, de naranjas o migajas de pan. Si ocasionalmente se abriera la claraboya por una voluntad de hacer la realidad, las miradas alcanzarán la santidad del filósofo que escribe, sobre los márgenes de las páginas de la Cábala, la posibilidad de penetrar por la luminosidad de la mirada el caer de las gotas de lluvia y las  plumas de pájaros, los insinuados sinsentidos de imágenes bosquejos en las paredes encaladas, manchadas de grises o de mensajes sorpresas que suscitan el intento de descifrar los signos sin sonidos.
 Un signo sin sonido es la sorpresa de hallar el vacío de su significado. Podría significarse arbitrariamente hasta llegar al grueso glosario de un único significado de  arcaico desuso.
 Ya es sabido que las manchas incitan a la esquizofrenia interpretativa de voces interiores, que reprochan la necrosis del yo abandonado a las redes represivas de la inconsciencia marcada como las bestias que cargan con la culpabilidad  de los manipuladores de la ideología moral. La conciencia se engancha a la tortura de  voces borradas, irreconocibles, que podrían ser voces sádicas interiores que exigen la nada. Hay que pasar el dedo índice por entre los resquicios de la conciencia para interpretar la sonoridad de las voces interiores, a veces agudas y otras graves, pero siempre acusativas.
En el espacio y tiempo íntimos, suele haber un estante librería  con libros de páginas desgarradas por las idealizaciones, por antiguas misivas de desencuentros furtivos de amor. Si  se halla el primer libro de dios, de pastas de nácar  y dibujos de lirios, tal vez haya el supuesto de inocencia de que el objetivo único del saber es el hallazgo de  un Dios, descifrado en una hoja seca de papiro que flota en el estanque de los ausentes.

Hay un espacio mental para una vía intuitiva, donde el saber y los estados del yo experimenten la locura de conocer  por las palabras del silencio. Ajenas palabras en todos sus formas, al universo, a las criaturas, a los entes mentales   y todo el conjunto en la propia claraboya de luz dudosa, depositaria de los secretos del Verbo. La luz de la claraboya se enciende y  juega con arbitrarias sombras unitivas del ser y el no ser que demoran el fin del individuo y sus ritmos verbales imaginarios.