lunes, 9 de mayo de 2011

Atlantes y Erinias:Crisis social y grupos ideológicos (5a).

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El inicio del proceso histórico del largo conflicto en las relaciones internacionales, que implicó décadas de guerras y sufrimientos humanos, durante los cincuenta años primeros del siglo XX en Asia Oriental, se puede paradójicamente sintetizar en un texto telegráfico:
La Guerra Ruso-Japonesa (8 de febrero de 1904 a 1905) surgió de imperialismo de Rusia y Japón en Manchuria y Corea. El ejército imperial japonés venció a su oponente ruso. Esta victoria transformó el poder económico y político en el Este de Asia.
Tras el texto abreviado está la barbarie militar y económica en millones de seres sacrificados por intereses económicos, políticos e ideológicos. Fueron enfrentamientos nacionales para obtener las secuencias rituales de dominio y subordinación en todas las estructuras de la formación social de Asia. Las ambiciones expansionistas de las élites militares y empresariales japonesas en las zonas geográficas chinas y coreanas, que garantizaban la articulación de la producción industrial en el exterior y el consumo interno de bienes de consumo y militares. El control de los recursos naturales y humanos de los países dominados fue el sustrato expansivo del capitalismo nipón y del imperialismo.
2 La crisis rusa.
a) Dejó de funcionar económicamente la conexión de liberación de la propiedad de siervos y su huida emigratoria a la industria y a la pequeña producción. La guerra puso en primer plano las deficiencias institucionales del Estado zarista en cuanto pertenecían a un modo medieval de reproducir la sociedad, cuyo excedente económico no era progresivo sino regresivo. No generaba producción ni consumo para implicarse en un imperialismo militar. El capitalismo ruso se desorganizaba en masas explotadas de trabajadores emigrados a las ciudades industriales.
b) Se contrajo la formación y ampliación de un mercado nacional e internacional de importaciones y exportaciones.
c) Mercado nacional financiero se aplicaba a financiar la deuda de guerra a altos intereses, descuidando la financiación de las unidades empresariales.
Como si se tratara de un cinerama, la derrota militar de Rusia frente a Japón manifestó a los grupos ilustrados rusos y a los grupos de anarquistas, nihilistas, burguesía y pequeña aristocracia, la decadencia del Estado Zarista. Se constataba, en las élites de Rusia, que se entraba en la categoría de subordinación internacional de los gigantes con los pies de barro de principios del siglo XX.
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Además, las consecuencias económicas y militares del zarismo estaban afectadas por el desplazamiento de recursos económicos a un ejército de proporciones desmesuradas. Un ejército de leva mal equipado y con una disciplina jerárquica de castigo organizativo. Este ejército consumía la producción industrial y los bienes de consumo. El imperialismo militarista redistribuía el excedente económico al consumo militar y deprimía el industrial y el de la población. Si la relación de producción menos consumo igual a excedente económico, se diría, que a una producción decreciente, con un consumo en mínimos vitales, el excedente aplicado al ejército sería a cuenta del decrecimiento del capital productivo de bienes de consumo y bienes de producción.Con excedentes económicos bajos, en un capitalismo incipiente, la guerra habría de limar la producción y el empleo. Así como ampliar el hambre en las zonas industriales y campesinas. La preparación de la guerra, durante las dos primeras décadas del siglo XX, limitaba el consumo productivo para atender el consumo militar. Esto suscitó dudas en el capitalismo de préstamo internacional por la posible quiebra del Estado zarista. Las menores entradas de capital internacional obligaron a aumentar las exacciones tributarias. El Estado zarista limitaba el salario de los trabajadores y campesinos- jornaleros y mantenía exenta de tributación a la aristocracia rusa. Altos tributos, salarios bajos y hambre habrían de alertar la conciencia política de clase oprimida. Todo poder de clase dominante quiere conseguir sus objetivos máximos eliminado la oposición de los intereses de las clases dominadas. Todo poder de clase dominada quiere limitar los intereses de las clases dominantes. El antagonismo de clase es un antagonismo de poder en estado permanente de desequilibrio catastrófico.
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El hambre y la derrota militar de la guerra rusa –japonesa provocaron manifestaciones y huelgas de los trabajadores de las zonas industriales y mineras. La derrota militar del imperialismo ruso alcanzó su punto álgido en 1905. Las fuerzas sociales opuestas al zarismo denunciaban el mal gobierno y la necesidad de reformas políticas que llevaran a una gestión abierta, popular y eficiente del Estado. Las fuerzas sociales afectadas por la guerra: las familias de obreros, campesinos y soldados adquirieron conocimiento de estar explotados por una aristocracia egoísta e ineficiente en la industria, en la propiedad de la tierra y en la gestión de las instituciones del Estado. Las crisis sociales profundizan la realidad social ya sin la opacidad de la ideología. Los procesos revolucionarios se inician cuando las clases sociales subordinadas afrontan una resistencia instintiva contra las fuerzas de la violencia organizada.
El acontecimiento, que desencadenó el proceso revolucionario de 1905, comenzó cuando una muchedumbre (200.000 personas), desarmadas, de obreros, campesinos, mujeres y niños, dirigida por el pope Gapon se encaminó hacia el Palacio de Invierno, residencia del Zar en San Petersburgo, pretendiéndole hacerle llegar una serie de peticiones:
a) Convocatoria de una asamblea constituyente.
b) Mejoras salariales.
c) Jornada de ocho horas.
d) Libertad de sindicación.
Por respuesta, la manifestación obtuvo una violenta represión que se saldó con más de mil manifestantes muertos. Este acontecimiento fue denominado el "Domingo Sangriento". La reacción de los habitantes de San Petersburgo se concreto en una oleada de protestas, acompañada de la paralización del sistema productivo como consecuencia de las huelgas y motines. En San Petersburgo y Moscú surgieron las primeras asociaciones de obreros y campesinos, los soviets.
Convocatoria de una asamblea constituyente.
El Manifiesto de Octubre teóricamente otorgaba a Rusia un régimen político similar al de los países democráticos occidentales.
Ello suponía: La concesión de libertades cívicas.
La extensión del derecho al voto a todas las clases, es decir, el sufragio universal.
La creación de una Duma (parlamento o asamblea) con poderes legislativos elegida democráticamente, con lo que la monarquía teóricamente pasaba de ser absoluta a constitucional. La autocracia pasaba a democracia política. No obstante en la práctica, el zar se reservó el control de la Duma a través de un consejo de Estado, el derecho a veto de los acuerdos de la Duma y de su facultad de disolverla. El sufragio universal fue abolido y sustituido por el sufragio censitario.
Mejoras salariales. Aumento de salarios para las unidades empresariales implicaba disminución de ganancias y de competencia.
Jornada de ocho horas: El acortamiento de la jornada de trabajo suponía el decrecimiento de la producción y de las ganancias y la falta de utilización intensiva de los equipos industriales. De aquí que el poder zarista no habría de admitir ninguna de la reivindicaciones de los trabajadores y campesinos.
5 Los grupos ideológicos opuestos al zarismo.
Los grupos ideológicos opuestos al zarismo pretendían retornar a relaciones de poder igualitario que se vinculaban a formas asociativas de sociedad popular y sin Estado. No se quería a una burocracia política y militar que se incrustara en los centro del poder político institucional. Centros de poder que no contenían ni racionalidad ni moral imperativa y universal. Las crisis resaltaba la arbitrariedad inhumana del absolutismo. La arbitrariedad de la acción represiva que no necesitaba justificarse ante la legalidad y la moralidad. El uso de la fuerza del Estado ante las necesidades de sobrevivir de los dominados. El uso de la fuerza para conseguir los fines de dominio de grupos instalados en las unidades económicas y en los centros de poder del Estado. Los antagonismos ideológicos de razón y moralidad se difundían en los grupos sociales opuestos a la política absolutista del zarismo.

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